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¿A qué velocidad leen los niños y adolescentes?

14 Oct

Revista de Psicodidáctica acaba de publicar un meta-análisis sobre velocidad lectora que he realizado junto con Milagros Tapia y Gerardo Aguado. Este trabajo sintetiza los datos de 113 medidas de lectura en voz alta y 54 medidas de lectura silenciosa en alumnado desde el primer curso de Educación Primaria hasta el 2º curso de Bachillerato.

Los resultados obtenidos en lectura en voz alta fueron:

  • 1º de primaria: 49 PPM (13 estudios)
  • 2º de primaria: 73 PPM (21 estudios)
  • 3º de primaria: 85 PPM (18 estudios)
  • 4º de primaria: 104 PPM (13 estudios)
  • 5º de primaria: 114 PPM (11 estudios)
  • 6º de primaria: 124 PPM (11 estudios)
  • 1º de ESO: 134 PPM (9 estudios)
  • 2º de ESO: 136 PPM (6 estudios)
  • 3º de ESO: 143 PPM (4 estudios)
  • 4º de ESO: 164 PPM (4 estudios)
  • 1º de bachillerato: 161 PPM (2 estudios)

En lectura silenciosa, los datos combinados muestran estas velocidades:

  • 1º de primaria: 30 PPM (2 estudios)
  • 2º de primaria: 79 PPM (3 estudios)
  • 3º de primaria: 95 PPM (4 estudios)
  • 4º de primaria: 125 PPM (7 estudios)
  • 5º de primaria: 137 PPM (7 estudios)
  • 6º de primaria: 155 PPM (6 estudios)
  • 1º de ESO: 180 PPM (7 estudios)
  • 2º de ESO: 176 PPM (6 estudios)
  • 3º de ESO: 180 PPM (6 estudios)
  • 4º de ESO: 200 PPM (3 estudios)
  • 1º de bachillerato: 186 PPM (2 estudios)

Aunque he señalado las velocidades en palabras por minuto (PPM) algunos estudios, sobre todo con el alumnado de los primeros cursos emplearon una medida de palabras correctamente leídas por minuto en la evaluación de la lectura en voz alta.

Foto de Meadowsaffron

Momento de la evaluación

Basta con echar un vistazo para ver que el curso de los evaluados influye notablemente en su velocidad lectora. El curso explica un 74,5% de la varianza sistemática de la velocidad de la lectura en voz alta y el 68,8% en la lectura silenciosa. En la lectura en voz alta se encontraron diferencias significativas entre los cursos 1º y 2º, 2º y 3º y 3º y 4º. En cambio, en la lectura silenciosa, solo se encontró una diferencia significativa entre 1º y 2º de primaria. A partir de esos, no las diferencias entre cursos consecutivos no llegaron a ser significativas.

Pero la mejora de la velocidad lectora parece tener un carácter progresivo, no de saltos curso a curso. En algunos casos fue posible establecer en qué trimestre del curso se realizó la evaluación de la velocidad. En la lectura en voz alta de 1º y 2º de primaria, la velocidad en el tercer trimestre es significativamente mayor en el primer trimestre.

País

En casi todos los cursos, la velocidad lectora de las muestras españolas fue significativamente mayor que la de las muestras americanas, evaluadas en de Colombia, Chile, Nicaragua, Honduras, Perú, Cuba, Argentina, México, Estados Unidos y Ecuador.

Más información

En esta entrada del blog de Intralíneas se puede encontrar más información sobre el tema, con enlaces al meta-análisis que estoy conectando y a otras referencias y trabajos sobre velocidad lectora.

 

 

Lectura ultrarrápida, ¿una leyenda urbana?

20 May

La posibilidad de leer a grandes velocidades comprendiendo y recordando lo que se ha leído es muy atractiva. Este atractivo, junto con noticias o registros anecdóticos de personas que alcanzan grandes velocidades y las propuestas de métodos y programas de lectura rápida han contribuido a que esta idea persista y, en ocasiones, se introduzca en las escuelas.

Pero hay, por lo menos, tres grandes limitaciones en nuestras capacidades que parecen no ser compatibles que la posibilidad de hacer lectura rápida:

  1. Nuestra forma de percibir y procesar los caracteres impresos que funciona con unos movimientos oculares muy rápidos (movimientos sacádicos) y unos momentos de fijación, en los que se extrae información, con una serie de limitaciones en cuanto a la duración de la fijación y a la cantidad de información que se puede extraer.
  2. La comprensión, en condiciones de lectura normal no es algo fácil. Cuando nos enfrentamos a textos complejos es común que tengamos que realizar algunas acciones para poder comprenderlos: releerlos, hacerse preguntas, parafrasear, tratar de sintetizar la información…
  3. La memoria está muy relacionada con la comprensión. Ambas son muy variables dependiendo de las características de cada persona, pero no parece razonable pensar que si habitualmente me cuesta recordar información de un texto (precisamente la escritura se inventó para no tener que recordar toda la información) lo vaya a hacer mejor con un aumento de la velocidad.

En el blog ya han aparecido algunas entradas relacionadas con la lectura rápida que nos indican que:

  • Según una revisión de Marc Brysbaert, en lectura silenciosa en inglés los adultos alcanzan entre 175 y 320 palabras por minuto (PPM). En español, su velocidad media sería 278 PPM.
  • Aplicaciones que presentan los textos palabra por palabra, en la misma zona de la pantalla (de modo que no es necesario realizar movimientos saccádicos) y a gran velocidad, como Spritz, afectan negativamente a la comprensión. Uno de los motivos es que impiden hacer regresiones, es decir volver atrás en el texto para solucionar problemas de comprensión.
  • Kim Peek mostró unas habilidades especiales de lectura y memoria. Se afirma que leía una página en unos 8 o 10 segundos, que recordaba gran parte de la información de más de 9000 libros y que era capaz de leer dos páginas simultáneamente. A pesar de haber sido evaluado con distintas pruebas, incluyendo neuroimagen cerebral apenas hay información sobre su habilidad de lectura. No era consciente de utilizar ninguna técnica o forma especial de leer y nunca pudo enseñar a otras personas a conseguir un rendimiento tan espectacular.

Tanto que leer y tan poco tiempo

Tanto que leer y tan poco tiempo: cómo leemos y ¿puede ayudarnos la lectura rápida? es un artículo publicado en 2016 por cinco investigadores, entre los que se encuentra, en primer lugar, Keith Rayner, un gran especialista en el estudio de los movimientos oculares durante la lectura. Para él fue una publicación póstuma, ya que murió en 2015.

El artículo valora las propuestas de lectura rápida a partir de lo que se conoce sobre el proceso de lectura y señala, nuevamente, la relación inversa que hay entre velocidad y precisión/comprensión. Si el lector no tiene como objetivo profundizar en el texto, entonces puede utilizar el “skimming” y echarle un vistazo rápidamente, con una comprensión moderada. No se me ocurre ninguna expresión para traducir la palabra “skimming”. Este término tiene distintos significados como “rozar la superficie de algo” o “leer saltándose partes” o “estudiar de una forma poco sistemática”.

Curiosamente, la recomendación que dan los autores de la revisión para mejorar la velocidad lectora es practicar la lectura y mejorar el lenguaje, por ejemplo, adquiriendo vocabulario, ya que consideran que la habilidad lingüística es el núcleo de la velocidad lectora. Esto puede parecer extraño pero la habilidad para reconocer palabras es el factor que mejor predice la velocidad lectora. Nuestros movimiento oculares y la duración de las fijaciones durante la lectura están más relacionados con la comprensión del texto que con habilidades para el control del movimiento ocular.

Las palabras más frecuentes se leen con mayor velocidad y las palabras que uno ha leído anteriormente se leen más rápido que la que encuentra por primera vez.

Subvocalización

Muchos lectores pronunciamos mentalmente el texto cuando leemos. En muchos casos se pueden observar movimientos en los labios o, con los medios, adecuados, actividad en la laringe similares a los que se darían en una lectura en voz alta. Algunos métodos de lectura rápida consideran que esas subvocalizaciones son un impedimento para alcanzar una mayor velocidad lectora ya que anclan la lectura mental a la velocidad que se mantendría en la lectura en voz alta.

Los autores de la revisión presentan varias investigaciones que indican que el habla interna es habitual en nuestra lectura y es contraproducente evitarla, sobre todo en los textos o tareas de lectura más complejas.

Monos

¿Y eso cómo se interpreta? las palabras polisémicas y los homónimos no pueden interpretarse correctamente si no se leen en un contexto. Esto hace que las técnicas de skimming aparezcan problemas de comprensión añadidos. No solo se procesa menos información, sino que aumentan las probabilidades de que lo que se lee tenga un sentido dudoso. No es lo mismo “después de trabajar se quitaron los monos”, “los monos chillaban en la jaula” o “me enseñó unos vestidos muy monos”.

Al parecer, el contexto también ayuda a interpretar palabras que tienen una forma muy parecida como “clamo”, “calmo” o “calmó”. No solo eso, sino que el contexto puede ayudar a leer más rápido algunas palabras.

Las ambigüedades también pueden ocurrir en oraciones enteras como “finalizó la búsqueda de los estudiantes”. Uno se puede imaginar que algunos alumnos habían desaparecido. ¿Su búsqueda finalizó porque los encontraron? ¿Quizá se suspendió porque pasado un tiempo no habían sido encontrados? Si hemos pensado en esto y seguimos leyendo que “el profesor les pidió que apagaran los ordenadores y, al volver a clase, se colocaran en grupos”, es probable que volvamos atrás en el texto para buscar otra interpretación de la oración que no tiene sentido: ¡ah!, los estudiantes estaban en un aula de informática buscando algo. Algunos métodos de lectura rápida enseñan a evitar las regresiones, es decir, los movimiento oculares hacia partes del texto que ya han sido leídas. Pero, resulta que la mayor parte de las regresiones se realizan con la intención de solucionar problemas de comprensión.

El índice de eficiencia lectora

A veces los programas de formación en lectura rápida evalúan la lectura antes y después del programa. Los autores de la revisión sugieren que puede haber mejoras debidas al uso de la misma prueba en estas evaluaciones, de modo que tras el programa, el texto de evaluación y sus preguntas ya son familiares para el lector, o debidas a que la prueba que se emplea tras el programa es más fácil que la que se emplea antes.

También es común que la habilidad lectora se mida con un índice de eficiencia lectora que se obtiene multiplicando el número de palabras leídas por minuto por el porcentaje de respuestas acertadas. Esta forma de presentar la información puede ser confusa ya que tendemos a entender que una puntuación más alta es mejor.

Por ejemplo, supongamos que leo un texto de 5000 palabras a la velocidad media de un adulto. Tardo en leerlo 18 minutos y mi velocidad lectora ha sido de 278 palabras por minuto. Después de leerlo realizo una prueba de comprensión con 10 preguntas de elección múltiple con 4 alternativas de respuesta. Si contesto correctamente a 9 preguntas, mi índice de eficiencia lectora ha sido 278 * 0,9 = 250,2. Ahora imaginemos que leo otro texto de 5000 palabras a la velocidad de 5000 palabras por minuto. Lógicamente, tardo un minuto en leerlo, pero al realizar la prueba de comprensión solo acierto dos preguntas. La verdad es que si alguien hace esa prueba sin leer el texto ni las preguntas, no sería extraño que acertase un par de ellas por azar. En este caso, mi índice de velocidad lectora es 5000 * 0,2 = 1000. Con respecto al anterior se ha multiplicado por cuatro pero, ¿realmente mi lectura ha sido más eficiente?

Los cursos de lectura rápida

La idea del entrenamiento en lectura rápida parece ser de Evelyn Wood, una profesora de instituto que 1959 presentó un programa de formación en lectura rápida. Wood formó, con su marido, una compañía que creó numerosas franquicias en Estados Unidos. Las bases de este método han influido mucho a todas las propuestas posteriores y son:

  1. Aumentar la amplitud perceptiva: la mayor parte de las propuestas de lectura rápida considera que la cantidad de información que se recoge con una fijación ocular se puede mejorar con el entrenamiento y llegar a percibir grupos de palabras y frases completas con una sola fijación. Algunos métodos hablan de entrenar la visión periférica para conseguir esa amplitud. Otros proponen una lectura en zig-zag, incluso que una página se lea de arriba abajo y otra de abajo arriba.
  2. Evitar las regresiones.
  3. Suprimir la subvocalización: se considera que la voz interna que acompaña a la lectura es un mal hábito, producido por el hecho de que aprendemos a leer en voz alta antes de leer en silencio y se propone leer de una forma únicamente visual.

Los autores de la revisión cuestionan estos principios indicando que los datos disponibles sobre lectura indican que:

  • Nuestra capacidad de procesar el texto está limitada por el reconocimiento de las palabras y por la comprensión del texto, siendo poco probable que aprender a realizar los movimientos oculares de otra forma cambie esto.
  • Procesar las palabras del texto en un orden distinto al habitual en las oraciones o procesar partes aisladas de información dificulta su reconocimiento y comprensión.
  • Los movimientos de regresión durante la lectura suelen servir para mejorar la comprensión.
  • Los estudios sobre entrenamiento de la visión periférica no han encontrado que dé como resultado una lectura más rápida y con buena comprensión.
  • La subvocalización o voz interna parece tener un papel importante en la lectura silenciosa para la identificación de palabras y la comprensión.

Pero el presidente Kennedy leía a 1200 palabras por minuto

La verdad es que no tenemos noticias de que nadie evaluara la velocidad lectora y la comprensión del señor Kennedy, pero uno de los respaldos con los que cuentan las propuestas de lectura rápida es la existencia de personas que leen a gran velocidad. Se pueden encontrar noticias que dicen que el récord del mundo de lectura rápida lo tiene Anne Jones, con 4200 palabras por minuto.

Howard Berg fue reconocido en la edición de 1990 del Libro Guinnes de los récords como el lector más rápido, con una velocidad de 25000 palabras por minuto. Según dice la nota del libro “ha convencido a varios presentadores de televisión de que comprende y recuerda lo que ha mirado, quizá no los detalles, pero sí los conceptos, aplazando los detalles para una lectura más lenta“.

También se puede encontrar información sobre María Teresa Calderón, indicando que llegó a leer a una velocidad de 80000 palabras por minuto con el 100% de comprensión. Al parecer utilizaba una técnica de lectura gestalt en la que realizaba skimming y completaba las lagunas con sus conocimientos. Esta técnica permite leer más rápido cuanto mayor es tu conocimiento sobre el texto.

Por mucho que el estudio de de la lectura muestre que no tiene sentido aspirar a grandes velocidades con una buena comprensión del texto, este tipo de datos siempre permite argumentar que los lectores ultra rápidos leen de una forma diferente. Al fin y al cabo, también hay personas con otras capacidades extraordinarias, como las de recordar números. Sin embargo parece que se trata de buenos adivinadores o de gente con muchos conocimientos más que de personas con una superhabilidad de lectura.

En la segunda mitad del siglo XX se publicaron varios estudios realizados con lectores rápidos o con personas que habían realizado cursos de lectura rápida indican que su comprensión se ve resentida y sugieren que se basan en sus conocimientos y en la capacidad para inferir el contenido del texto a través de la información parcial que recogen de él.

 

 

Enseñar fluidez lectora en el aula

6 Nov

La revista de estudios sobre lectura OCNOS ha publicado un artículo que describe la experiencia de aplicación de un programa de mejora de la fluidez lectora basado en evidencias. Sus autores son Luis Castejón, Soledad González-Pumariega y Ana Cuetos.

El programa se realizó con 36 alumnos de 2º de Educación Primaria de un colegio público de Asturias, durante 7 meses. La intervención comenzó con una formación a las maestras sobre la fluidez, su importancia, sus componentes y la forma de desarrollarla.

Como sucede a menudo en este tipo de publicaciones, el texto es bastante parco en la descripción de la intervención. En primer lugar, se estableció una línea base aplicando individualmente a cada alumno tres pequeñas pruebas de lectura: palabras cortas de alta frecuencia, palabras largas de baja frecuencia y oraciones. A partir de los resultados, las maestras establecieron tres niveles: riesgo, emergente y establecido.

Foto de Archives New Zealand

En el trabajo con los alumnos hubo bastante flexibilidad para agruparlos, de manera que se trabajaba con toda la clase, en pequeños grupos en el aula o individualmente fuera del aula. Se contó con apoyos para hacer posible esto. Las maestras elaboraron listas de palabras que los alumnos leían individualmente tres o cuatro veces. Tras eso, se medía el tiempo y si se superaba el criterio se pasaba a otra lista. Solo se informa de que el criterio para el grupo de riesgo era un tiempo igual o superior a la media de la clase en la línea base. Si no se superaba el criterio, al alumno se le entregaba otra lista del mismo nivel. Puntualmente se realizó práctica en casa de los alumnos, a través de una libreta.

En las palabras cortas de alta frecuencia, el tiempo medio de lectura pasó de 14 a 11 segundos y en las palabras largas de baja frecuencia, de 35 a 22 segundos. El tiempo de lectura de frases también disminuyó en todos los alumnos, pero persistió una dificultad para interpretar los signos de puntuación.

Al tratarse de un diseño con una evaluación antes y otra después de la intervención, sin grupo de control, no es posible determinar en qué medida las mejoras observadas se deben a la intervención o otras razones, como la mejora en lectura que los alumnos tendrían a lo largo de un curso escolar, en el que seguramente, también practicaron esta habilidad en las asignaturas escolares o fuera del colegio. Por otra parte, echo en falta una descripción más detalla de lo que se hizo, los materiales que se emplearon y cómo se organizó el trabajo.

Tres estrategias para mejorar la fluidez lectora en primaria

9 Oct

Natalia Ferrada y Paula Outón publicaron en 2017 una revisión narrativa sobre estrategias para mejorar la fluidez lectora en Educación Primaria.  Es un tema sobre el que tienen bastante conocimiento. Paula Outón dirigió la tesis doctoral de Natalia Ferrada, en la que aplicaron un programa de mejora de la fluidez lectora a 11 estudiantes chilenos con dislexia. Este programa estaba basado en el teatro de lectores y, a partir del estudio realizado, han realizado varias comunicaciones en congresos y un artículo en Revista de Logopedia Foniatría y Audiología.

Las tres estrategias que se proponen ya han sido expuestas en el blog, así que completaré la información con algunos enlaces a entradas anteriores sobre ellas. Una de las cosas más interesantes del artículo de Ferrada y Outón es que no se limita a revisar la investigación sobre la eficacia de estas estrategias didácticas, sino que para cada una propone un procedimiento, es decir, explica cómo se podrían desarrollar.

Las técnicas son:

Lectura repetida (yo la suelo llamar lecturas repetidas)

Actividad en la que el alumno, de forma independiente o con ayuda, lee un texto varias veces. Es difícil de utilizar con cantidades grandes de alumnos y puede producir cansancio o aburrimiento si no se cuida bien la parte de la motivación.

Esta estrategia ha sido tratada en el blog en:

Lectura en parejas

Este procedimiento también se llama lectura conjunta o tutoría entre iguales y consiste en emparejar al alumnado del aula para que lean de forma que uno supervise la lectura del otro y le ofrezca indicaciones para mejorarla. Es habitual (aunque no siempre es así) que los papeles de lector y supervisor vayan rotando entre los alumnos que forman la pareja.

Esta forma de trabajar ha sido una de las que más se han mencionado en el blog, aunque quizá me he centrado más en sus efectos sobre la comprensión que en la mejora de la fluidez:

Teatro de lectores

El teatro de lectores es una técnica en la que los alumnos preparan la representación de un guión teatral que es leído al público.

Es la estrategia menos investigada de las tres y apenas la he mencionado en el blog, sin llegar a dedicarle una entrada solo para ella:

Natalia Ferrada en un congreso. Foto enlazada de UNAP

 

 

Las pruebas de eficiencia lectora de Rafael Bisquerra

25 Sep

Entre las distintas herramientas para la evaluación de la lectura y la comprensión, tenemos un conjunto de pruebas que publicó Rafael Bisquerra en 1994 y que quizá han pasado injustamente desapercibidas. Estas pruebas están recogidas en el libro Eficiencia lectora. La medición para su desarrollo. La verdad es que llegué a este libro porque sabía que incluye datos de referencia sobre velocidad lectora, que es un tema sobre el que estoy trabajando actualmente. Pero al verlo no podía dejar de pensar en por qué no están más extendidas estas pruebas y en que quizá sean aprovechable a pesar de los años transcurridos desde su publicación.

El autor decidió no incluir un baremo de la comprensión lectora (sí que existe de la velocidad) proponiendo el cálculo del porcentaje de preguntas correctamente respondidas y proporcionando una estimación de que un acierto del 70% es un resultado medio. Probablemente, la falta de baremos ha sido la razón para que las pruebas no hayan sido empleadas en psicopedagogía. Sin embargo, veo en ellas una serie de cualidades por las que quizá convendría tenerlas en cuenta:

  1. Es un conjunto de evaluaciones muy extenso con pruebas para primaria, ESO, bachillerato y adultos. Abarca, por tanto, un rango de edad mayor que el del conjunto de PROLEC-R y PROLEC-SE-R, ya que incluye un nivel para universitarios o adultos, que es algo sobre lo que me han consultado muchas veces.
  2. Sí que contiene un baremo para evaluar la velocidad lectora, en lectura silenciosa.
  3. En los textos se realizan tanto preguntas de elección múltiple como preguntas abiertas.
  4. En los tres primeros niveles, las pruebas se presentan tanto en letra manuscrita como en letra de imprenta.
  5. El material es muy asequible. Es una característica que comparte con las pruebas ACL. En ambos casos se encuentra el inconveniente de que el formato libro es poco adecuado para utilizar directamente y es necesario fotocopiar las pruebas o transcribirlas. Además, la legalidad de esas reproducciones es dudosa, ya que la nota legal del libro indica que está prohibida su reproducción sin el permiso de los propietarios de los derechos del libro.

 

 

Velocidad lectora: el indicador maldito.

1 Feb

¿A qué velocidad tendría que leer un alumno de…? Es una pregunta que me hacen de vez en cuando y curiosamente no es fácil de responder. El currículo español establece que, al terminar la educación primaria, un alumno “lee en voz alta diferentes tipos de textos apropiados a su edad con velocidad, fluidez y entonación adecuada”, que “descodifica con precisión y rapidez todo tipo de palabras”, o que “lee en silencio con la velocidad adecuada textos de diferente complejidad”.

Sin embargo, no proporciona ninguna referencia sobre qué velocidad de lectura es adecuada o suficientemente rápida. Por tanto, si se evalúa la velocidad lectora, se hace con referencias no oficiales o mediante el juicio del profesor.

Respecto a referencias no oficiales… no es fácil encontrarlas, pero hay algunas. Por ejemplo, Rafael Bisquerra obtuvo datos sobre velocidad lectora a distintas edades que, creo que se pueden encontrar en este libro (reedición de una obra de 1994).

Otras referencias, que merecen un comentario más extenso son las de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México.

El curioso caso de las referencias mexicanas de velocidad lectora

En 2010, la SEP publicó unos estándares nacionales de habilidad lectora estableciendo el número de palabras por minuto que los alumnos deberían leer en voz alta al terminar el curso. Uno de los documentos publicados para divulgar estas referencias indica:

No se trata de obtener forzosamente los valores máximos, sino al menos el mínimo suficiente de acuerdo al grado escolar y buscar, después la mejora constante; al mismo tiempo, se debe poner especial énfasis en que los niños y jóvenes comprendan lo que leen.

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Otras versiones de la tabla incluían referencias de velocidades en las que el nivel se podría considerar bajo y en las que el alumno necesitaría algún tipo de apoyo.

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No he encontrando información sobre cómo se construyeron estas referencias, pero son coherentes con los datos de velocidad media de lectora obtenidos en esos cursos en distintas investigaciones. La propuesta añadía también un procedimiento y algunos materiales para que padres y profesores pudieran evaluar periódicamente y registrar la velocidad de lectura.

No he seguido bien lo que sucedió con estos estándares, pero, además de ser muy criticados, en la actualidad no los encuentro en la web de la SEP y algún compañero mexicano me ha indicado que hace tiempo que no están vigentes. Entre las críticas que se hacían a la propuesta he encontrado:

  • Falta de sustento pedagógico.
  • Efecto negativo sobre la motivación para la lectura.
  • Efecto negativo sobre la comprensión.
  • Dificultades prácticas para su aplicación.

Relación entre velocidad y comprensión

Existe una relación entre velocidad de lectura y comprensión lectora. En inglés, la velocidad en la lectura de textos y la comprensión lectora tienen una relación significativa (r = 0,48). En lenguas transparentes (el español es una de ellas) la relación entre velocidad y comprensión lectora es similar (r = 0,60 en los primeros cursos de primaria y r = 0,48 en los posteriores). Pero lo más interesante es que en las lenguas transparentes, la velocidad lectora predice la comprensión mejor que la precisión en la descodificación.

No conozco ninguna síntesis de la investigación sobre la relación entre velocidad y comprensión en español, pero veamos datos de algunos estudios:

  • Hay estudios que presentan una relación notable entre velocidad de lectura y comprensión lectora (r = 0,81).
  • En otros, el valor es menor (r = 0,31), aunque lo habitual es encontrar una relación significativa.
  • La relación entre velocidad lectora y comprensión (r = 0,52 en textos narrativos y r = 0,34 en textos expositivos) es similar a la relación entre precisión en la lectura de palabras y comprensión.
  • En alumnado de 1º de primaria, la velocidad lectora (r = 0,35) predice la comprensión lectora mejor que la precisión en la descodificación.
  • El silabeo y el deletreo durante la lectura, en 2º curso de primaria, correlacionan negativamente con la comprensión lectora (r = -0,46).

Las diferencias en los resultados de los distintos estudios están influidas por la forma como se evalúan la velocidad y la comprensión. Por ejemplo, los estudios en que se evalúan con el mismo texto tienden a dar resultados más altos que los estudios en que se valoran con pruebas independientes.

Una cuestión en la que no voy a profundizar es si las mejoras en la velocidad lectora se traducen en mejoras en la comprensión. Quien tenga mucho interés en este punto puede mirar esta entrada del blog sobre los resultados de la técnica de lecturas repetidas y esta otra con un estudio sobre esa técnica, realizado en español.

Concluyendo

En el tiempo que llevo trabajando en educación he visto varias veces cómo cuando se proponen sistemas para evaluar la velocidad de lectura, referencias para valorarla o actividades para mejorarla, aparece una postura opuesta que califica esas iniciativas de reduccionistas o equivocadas. Quizá ese sea el motivo por el que no disponemos de unas referencias claras acerca de cómo evoluciona la velocidad lectora y qué sería lo normal en cada edad.

Indico algunas razones por las que sería interesante tener en cuenta esta medida de lectura.

  1. Tal como hemos podido ver, la velocidad lectora se relaciona con la comprensión lectora.
  2. La velocidad de lectura es fácil de medir. El procedimiento es sencillo, aunque la medida de la velocidad de lectura en voz alta es laboriosa porque se debe hacer de forma individual. También existen formas de medir la velocidad de la lectura silenciosa que se pueden emplear con una clase completa, pero para el profesorado resultan menos fiables.
  3. Una velocidad lectora muy baja es un motivo para sospechar la existencia de una dislexia, dificultad o trastorno en el aprendizaje de la lectura.
  4. Existen actividades y estrategias para la mejora de la velocidad lectora. No está del todo claro su impacto sobre la comprensión. Desde un punto de vista teórico, conseguir una automatización de los procesos de descodificación que permita leer con fluidez y sin esfuerzo permite que los recursos mentales (limitados) que se emplean durante la lectura se puedan dedicar a la comprensión.
  5. Es posible que alumnos con velocidades de lectura bajas comprendan correctamente los textos, pero eso suele suceder si se dan condiciones favorables (tiempo extenso para trabajar el texto o textos sencillos). Cuando el tiempo de trabajo es limitado, la baja velocidad de lectura es un impedimento.

Muchas de las críticas que se hacen a las evaluaciones de la velocidad lectora dan por supuesto que se convierte en el único objetivo de la lectura y que se empuja a los alumnos a leer a velocidades tan altas que dificulten la comprensión. Si esto sucede, estaría de acuerdo con ellas. Sin embargo, unos estándares de velocidad lectora no tienen por qué motivar una carrera sin sentido a batir algún tipo de récord escolar. Pueden ser, simplemente, un rango que oriente sobre lo que sería normal o esperable en cada curso y que sirva como referencia para detectar problemas y valorar progresos.

 

 

 

Guía de evaluación de destrezas lectoras: educación primaria y secundaria

26 Oct

Desde hace varios años, las comunidades españolas realizan evaluaciones diagnósticas anuales del alumnado de ciertos cursos. En estas evaluaciones es habitual que se emplee alguna prueba de comprensión o de competencia lectora. Eso hace que las administraciones recojan una gran cantidad de datos sobre el nivel de lectura de los alumnos.

La Agencia Andaluza de Evaluación Educativa ha creado, a partir de esos datos, tres pruebas de evaluación de la lectura que se ofrecen en dos documentos:

La prueba de 2º de primaria es la que se utilizó en la evaluación ESCALA del curso 2010-2011. Las pruebas de 6º y 4º de ESO son las que se aplicaron en la evaluación del Plan de lectura y bibliotecas escolares, que se hizo en el curso 2009-2010.

Una peculiaridad de estas pruebas es que los alumnos leen los textos en silencio y después en voz alta. de modo que se evalúan la velocidad y la exactitud además de la comprensión. En 6º también se valora el vocabulario que utiliza el alumno para contar el contenido del texto y hay una puntuación de dominio sintáctico basada en la entonación y la forma de interpretar los signos de puntuación. La comprensión se evalúa mediante preguntas y también preguntando cuál es la idea principal del texto.

En realidad, estas pruebas no ofrecen una puntuación de comprensión lectora, sino que sus baremos se refieren a la eficacia lectora, en la que se tienen en cuenta tanto la velocidad de lectura como la comprensión.

Ya he añadido la ficha de las dos pruebas a la página de tests estandarizados de comprensión lectora. Con estos, creo que la página dispone de enlaces a 14 tests diferentes de comprensión puestos a disposición del público por sus autores o editores.

 

 

Importancia de la fluidez lectora

30 Dic

¿Cuáles son los métodos más efectivos para mejorar la comprensión lectora?, ¿hacer resúmenes, los mapas mentales, comentar los textos en asamblea, señalar las idas principales…? Al tratar de responder a esa pregunta es posible que no aparezca uno de los más importantes: leer el texto con fluidez. Incluso parece una pregunta trampa: claro que no se entienden los textos si no sabes leer bien, pero una cosa es la “lectura mecánica” y otra es la comprensión.

El caso es que leer con corrección y leer con fluidez están entre las variables que más se relacionan con la comprensión lectora y, muchas veces, son cuestiones olvidadas en los planes de mejora de la comprensión.

Qué es la fluidez lectora

La fluidez se ha definido de distintas maneras a lo largo del tiempo. Se ha considerado que leer con fluidez era leer deprisa, leer sin esfuerzo o leer con buena entonación. En la actualidad se suele entender que la lectura fluida es la que se hace:

  • Sin errores, o con un número mínimo de ellos.
  • Con una velocidad adecuada.
  • Agrupando correctamente los elementos (no hacer pausas dentro de una palabra o en un sintagma).
  • Respetando los signos de puntuación.
  • Dando una entonación similar a la que se suele utilizar en el lenguaje oral.

Aspectos de la fluidez que se relacionan con la comprensión

Marta Álvarez-Cañizo, Paz Suárez-Coalla y Fernando Cuetos han publicado un artículo titulado the role of reading fluency in children’s text comprehension. En este trabajo seleccionaron a 20 lectores con buenos resultados en comprensión oral y malos resultados en comprensión lectora. Compararon su lectura en voz alta con la de otros 20 lectores con buenos resultados en comprensión oral y lectora.

Los autores encontraron diferencias significativas entre los dos grupos en estas variables:

  • Número de errores de lectura en las palabras de contenido.
  • Número de pausas inadecuadas
  • Entonación de las oraciones declarativas
  • Entonación de las oraciones interrogativas (en los alumnos de 3º de primaria, no en los de 6º).

 

 

 

Spritz. ¿Se puede leer a 1000 palabras por minuto?

24 Jun

Imagen de computerhoy.com

Spritz es una aplicación para dispositivos electrónicos que presenta los textos palabra por palabra y a gran velocidad. La idea es que como las palabras siempre se presentan en la misma zona de la pantalla, no es necesario realizar movimientos oculares durante la lectura. Además, permite la lectura en aparatos de pequeño tamaño, como teléfonos móviles o relojes.

Como se puede ver, una de las letras de cada palabra aparece en color rojo y situada entre dos señales denominadas “marca de control”.

Lo provocador de Spritz es que sugiere la posibilidad de leer a velocidades tan grandes como 1000 palabras por minuto, con buena comprensión y sin gran esfuerzo.

Existen otras aplicaciones parecidas, como Readline, incluso algunas anteriores a Spritz como Velocity o Speed Reader. Curiosamente, el principio en el que se basa Spritz, que es la presentación visual serial rápida, fue propuesto en 1970 por Kenneth Forster. Curiosamente, su idea no era aumenar la velocidad lectora, sino estudiar si la sintaxis de las oraciones influyen en la forma como percibimos las oraciones con sintaxis compleja. Ya como advertencia primera, Forster encontró que al aumentar la velocidad de presentación se deterioraba la percepción de las oraciones complejas.

¿A qué velocidad se puede leer?

Se suele considerar que los adultos leemos con una media de 250 palabras por minuto, y Keith Rayner indica que con esfuerzo, un adulto habituado a leer puede forzarse a conseguir hacerlo a poco más de 500 palabras por minuto. Muchos métodos de lectura rápida prometen velocidades de 1000 palabras por minuto, o incluso mayores. Estas velocidades se pueden conseguir, pero la comprensión del texto se deteriora notablemente (Just y Carpenter, 1987; Miyata et al. 2012).

Tanto las persona entrenadas en lectura rápida como los lectores que, sin esa formación intentan leer lo más rápido que puedan, consiguen velocidades altas (por encima de las 400 palabras por minuto) “saltándose” la lectura de partes del texto. Esto les permite responder con cierta precisión a preguntas sobre aspectos estructurales o generales del texto, especialmente si se trata de uno sencillo, pero les dificulta adquirir información sobre detalles del contenido, a no ser que se trate de lectores con muchos conocimientos sobre el tema del que trata el texto.

La velocidad de lectura está determinada por bastantes factores, como las características del texto (tamaño de letra, complejidad, longitud de las líneas…) o la habilidad del lector. El sistema de adquisición de la información a través de la vista es un factor interesantísimo y con el que empezó hace más de un siglo el estudio científico de la lectura.

En la adquisición de la información hay que tener en cuenta:

  • Los movimientos oculares (movimientos sacádicos) para fijar la mirada en distintos lugares del texto. Aquí es importante su duración y la proporción de movimientos que se hacen hacia partes del texto que ya se han leído (regresiones).
  • Las fijaciones oculares, que son los momentos en los que la vista se detiene y se extrae información. Lo más importante para considerar la velocidad lectora es la duración de estas fijaciones y su amplitud, es decir, cuánta extensión del texto se percibe en cada una de ellas.

Hay otros factores que influyen en la velocidad a la que se lee, por ejemplo el saltarse palabras (skipping) durante la lectura. Lo cierto es que los movimientos oculares, que Spritz hace innecesarios para leer, son mucho más breves que las fijaciones oculares, por lo que su supresión, en principio no aporta una gran ganancia de velocidad. También es cierto que presentación serial del texto impide la realización de regresiones, que en una lectura normal pueden ser el 15% de los movimientos oculares (Rayner, 1998). Si se eliminan los movimientos de regresión, también se eliminan las fijaciones que se hacen en esas regresiones. Por último no hay que descartar la posibilidad de que la lectura rápida se consiga, sencillamente por no leer todas las palabras del texto.

¿Son eficaces los dispositivos tipo Spritz?

Aunque Spritz presenta ventajas indudable, como la posibilidad de leer en pantallas de un tamaño muy pequeño, no parece que vaya a convertirnos en superlectores. En primer lugar, imposibilita hacer regresiones, de manera que la comprensión del lector se deteriora (Schotter, Tran y Rayner, 2014). En segundo lugar, una vez que se elige la velocidad de presentación, esta se mantiene constante, de modo que el lector no puede ralentizar esa velocidad en los pasajes más difíciles o complejos, una estrategia muy común entre los buenos lectores.

Spritz puede servir para la lectura de mensajes o textos sencillos, presentados a una velocidad moderada. Si no se dan esas condiciones, probablemente, se limitará la comprensión del texto. Como dice esa cita que se atribuye a Woody Allen: “hice un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme ‘Guerra y paz’ en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia”.