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Lectura ultrarrápida, ¿una leyenda urbana?

20 May

La posibilidad de leer a grandes velocidades comprendiendo y recordando lo que se ha leído es muy atractiva. Este atractivo, junto con noticias o registros anecdóticos de personas que alcanzan grandes velocidades y las propuestas de métodos y programas de lectura rápida han contribuido a que esta idea persista y, en ocasiones, se introduzca en las escuelas.

Pero hay, por lo menos, tres grandes limitaciones en nuestras capacidades que parecen no ser compatibles que la posibilidad de hacer lectura rápida:

  1. Nuestra forma de percibir y procesar los caracteres impresos que funciona con unos movimientos oculares muy rápidos (movimientos sacádicos) y unos momentos de fijación, en los que se extrae información, con una serie de limitaciones en cuanto a la duración de la fijación y a la cantidad de información que se puede extraer.
  2. La comprensión, en condiciones de lectura normal no es algo fácil. Cuando nos enfrentamos a textos complejos es común que tengamos que realizar algunas acciones para poder comprenderlos: releerlos, hacerse preguntas, parafrasear, tratar de sintetizar la información…
  3. La memoria está muy relacionada con la comprensión. Ambas son muy variables dependiendo de las características de cada persona, pero no parece razonable pensar que si habitualmente me cuesta recordar información de un texto (precisamente la escritura se inventó para no tener que recordar toda la información) lo vaya a hacer mejor con un aumento de la velocidad.

En el blog ya han aparecido algunas entradas relacionadas con la lectura rápida que nos indican que:

  • Según una revisión de Marc Brysbaert, en lectura silenciosa en inglés los adultos alcanzan entre 175 y 320 palabras por minuto (PPM). En español, su velocidad media sería 278 PPM.
  • Aplicaciones que presentan los textos palabra por palabra, en la misma zona de la pantalla (de modo que no es necesario realizar movimientos saccádicos) y a gran velocidad, como Spritz, afectan negativamente a la comprensión. Uno de los motivos es que impiden hacer regresiones, es decir volver atrás en el texto para solucionar problemas de comprensión.
  • Kim Peek mostró unas habilidades especiales de lectura y memoria. Se afirma que leía una página en unos 8 o 10 segundos, que recordaba gran parte de la información de más de 9000 libros y que era capaz de leer dos páginas simultáneamente. A pesar de haber sido evaluado con distintas pruebas, incluyendo neuroimagen cerebral apenas hay información sobre su habilidad de lectura. No era consciente de utilizar ninguna técnica o forma especial de leer y nunca pudo enseñar a otras personas a conseguir un rendimiento tan espectacular.

Tanto que leer y tan poco tiempo

Tanto que leer y tan poco tiempo: cómo leemos y ¿puede ayudarnos la lectura rápida? es un artículo publicado en 2016 por cinco investigadores, entre los que se encuentra, en primer lugar, Keith Rayner, un gran especialista en el estudio de los movimientos oculares durante la lectura. Para él fue una publicación póstuma, ya que murió en 2015.

El artículo valora las propuestas de lectura rápida a partir de lo que se conoce sobre el proceso de lectura y señala, nuevamente, la relación inversa que hay entre velocidad y precisión/comprensión. Si el lector no tiene como objetivo profundizar en el texto, entonces puede utilizar el “skimming” y echarle un vistazo rápidamente, con una comprensión moderada. No se me ocurre ninguna expresión para traducir la palabra “skimming”. Este término tiene distintos significados como “rozar la superficie de algo” o “leer saltándose partes” o “estudiar de una forma poco sistemática”.

Curiosamente, la recomendación que dan los autores de la revisión para mejorar la velocidad lectora es practicar la lectura y mejorar el lenguaje, por ejemplo, adquiriendo vocabulario, ya que consideran que la habilidad lingüística es el núcleo de la velocidad lectora. Esto puede parecer extraño pero la habilidad para reconocer palabras es el factor que mejor predice la velocidad lectora. Nuestros movimiento oculares y la duración de las fijaciones durante la lectura están más relacionados con la comprensión del texto que con habilidades para el control del movimiento ocular.

Las palabras más frecuentes se leen con mayor velocidad y las palabras que uno ha leído anteriormente se leen más rápido que la que encuentra por primera vez.

Subvocalización

Muchos lectores pronunciamos mentalmente el texto cuando leemos. En muchos casos se pueden observar movimientos en los labios o, con los medios, adecuados, actividad en la laringe similares a los que se darían en una lectura en voz alta. Algunos métodos de lectura rápida consideran que esas subvocalizaciones son un impedimento para alcanzar una mayor velocidad lectora ya que anclan la lectura mental a la velocidad que se mantendría en la lectura en voz alta.

Los autores de la revisión presentan varias investigaciones que indican que el habla interna es habitual en nuestra lectura y es contraproducente evitarla, sobre todo en los textos o tareas de lectura más complejas.

Monos

¿Y eso cómo se interpreta? las palabras polisémicas y los homónimos no pueden interpretarse correctamente si no se leen en un contexto. Esto hace que las técnicas de skimming aparezcan problemas de comprensión añadidos. No solo se procesa menos información, sino que aumentan las probabilidades de que lo que se lee tenga un sentido dudoso. No es lo mismo “después de trabajar se quitaron los monos”, “los monos chillaban en la jaula” o “me enseñó unos vestidos muy monos”.

Al parecer, el contexto también ayuda a interpretar palabras que tienen una forma muy parecida como “clamo”, “calmo” o “calmó”. No solo eso, sino que el contexto puede ayudar a leer más rápido algunas palabras.

Las ambigüedades también pueden ocurrir en oraciones enteras como “finalizó la búsqueda de los estudiantes”. Uno se puede imaginar que algunos alumnos habían desaparecido. ¿Su búsqueda finalizó porque los encontraron? ¿Quizá se suspendió porque pasado un tiempo no habían sido encontrados? Si hemos pensado en esto y seguimos leyendo que “el profesor les pidió que apagaran los ordenadores y, al volver a clase, se colocaran en grupos”, es probable que volvamos atrás en el texto para buscar otra interpretación de la oración que no tiene sentido: ¡ah!, los estudiantes estaban en un aula de informática buscando algo. Algunos métodos de lectura rápida enseñan a evitar las regresiones, es decir, los movimiento oculares hacia partes del texto que ya han sido leídas. Pero, resulta que la mayor parte de las regresiones se realizan con la intención de solucionar problemas de comprensión.

El índice de eficiencia lectora

A veces los programas de formación en lectura rápida evalúan la lectura antes y después del programa. Los autores de la revisión sugieren que puede haber mejoras debidas al uso de la misma prueba en estas evaluaciones, de modo que tras el programa, el texto de evaluación y sus preguntas ya son familiares para el lector, o debidas a que la prueba que se emplea tras el programa es más fácil que la que se emplea antes.

También es común que la habilidad lectora se mida con un índice de eficiencia lectora que se obtiene multiplicando el número de palabras leídas por minuto por el porcentaje de respuestas acertadas. Esta forma de presentar la información puede ser confusa ya que tendemos a entender que una puntuación más alta es mejor.

Por ejemplo, supongamos que leo un texto de 5000 palabras a la velocidad media de un adulto. Tardo en leerlo 18 minutos y mi velocidad lectora ha sido de 278 palabras por minuto. Después de leerlo realizo una prueba de comprensión con 10 preguntas de elección múltiple con 4 alternativas de respuesta. Si contesto correctamente a 9 preguntas, mi índice de eficiencia lectora ha sido 278 * 0,9 = 250,2. Ahora imaginemos que leo otro texto de 5000 palabras a la velocidad de 5000 palabras por minuto. Lógicamente, tardo un minuto en leerlo, pero al realizar la prueba de comprensión solo acierto dos preguntas. La verdad es que si alguien hace esa prueba sin leer el texto ni las preguntas, no sería extraño que acertase un par de ellas por azar. En este caso, mi índice de velocidad lectora es 5000 * 0,2 = 1000. Con respecto al anterior se ha multiplicado por cuatro pero, ¿realmente mi lectura ha sido más eficiente?

Los cursos de lectura rápida

La idea del entrenamiento en lectura rápida parece ser de Evelyn Wood, una profesora de instituto que 1959 presentó un programa de formación en lectura rápida. Wood formó, con su marido, una compañía que creó numerosas franquicias en Estados Unidos. Las bases de este método han influido mucho a todas las propuestas posteriores y son:

  1. Aumentar la amplitud perceptiva: la mayor parte de las propuestas de lectura rápida considera que la cantidad de información que se recoge con una fijación ocular se puede mejorar con el entrenamiento y llegar a percibir grupos de palabras y frases completas con una sola fijación. Algunos métodos hablan de entrenar la visión periférica para conseguir esa amplitud. Otros proponen una lectura en zig-zag, incluso que una página se lea de arriba abajo y otra de abajo arriba.
  2. Evitar las regresiones.
  3. Suprimir la subvocalización: se considera que la voz interna que acompaña a la lectura es un mal hábito, producido por el hecho de que aprendemos a leer en voz alta antes de leer en silencio y se propone leer de una forma únicamente visual.

Los autores de la revisión cuestionan estos principios indicando que los datos disponibles sobre lectura indican que:

  • Nuestra capacidad de procesar el texto está limitada por el reconocimiento de las palabras y por la comprensión del texto, siendo poco probable que aprender a realizar los movimientos oculares de otra forma cambie esto.
  • Procesar las palabras del texto en un orden distinto al habitual en las oraciones o procesar partes aisladas de información dificulta su reconocimiento y comprensión.
  • Los movimientos de regresión durante la lectura suelen servir para mejorar la comprensión.
  • Los estudios sobre entrenamiento de la visión periférica no han encontrado que dé como resultado una lectura más rápida y con buena comprensión.
  • La subvocalización o voz interna parece tener un papel importante en la lectura silenciosa para la identificación de palabras y la comprensión.

Pero el presidente Kennedy leía a 1200 palabras por minuto

La verdad es que no tenemos noticias de que nadie evaluara la velocidad lectora y la comprensión del señor Kennedy, pero uno de los respaldos con los que cuentan las propuestas de lectura rápida es la existencia de personas que leen a gran velocidad. Se pueden encontrar noticias que dicen que el récord del mundo de lectura rápida lo tiene Anne Jones, con 4200 palabras por minuto.

Howard Berg fue reconocido en la edición de 1990 del Libro Guinnes de los récords como el lector más rápido, con una velocidad de 25000 palabras por minuto. Según dice la nota del libro “ha convencido a varios presentadores de televisión de que comprende y recuerda lo que ha mirado, quizá no los detalles, pero sí los conceptos, aplazando los detalles para una lectura más lenta“.

También se puede encontrar información sobre María Teresa Calderón, indicando que llegó a leer a una velocidad de 80000 palabras por minuto con el 100% de comprensión. Al parecer utilizaba una técnica de lectura gestalt en la que realizaba skimming y completaba las lagunas con sus conocimientos. Esta técnica permite leer más rápido cuanto mayor es tu conocimiento sobre el texto.

Por mucho que el estudio de de la lectura muestre que no tiene sentido aspirar a grandes velocidades con una buena comprensión del texto, este tipo de datos siempre permite argumentar que los lectores ultra rápidos leen de una forma diferente. Al fin y al cabo, también hay personas con otras capacidades extraordinarias, como las de recordar números. Sin embargo parece que se trata de buenos adivinadores o de gente con muchos conocimientos más que de personas con una superhabilidad de lectura.

En la segunda mitad del siglo XX se publicaron varios estudios realizados con lectores rápidos o con personas que habían realizado cursos de lectura rápida indican que su comprensión se ve resentida y sugieren que se basan en sus conocimientos y en la capacidad para inferir el contenido del texto a través de la información parcial que recogen de él.

 

 

Spritz. ¿Se puede leer a 1000 palabras por minuto?

24 Jun

Imagen de computerhoy.com

Spritz es una aplicación para dispositivos electrónicos que presenta los textos palabra por palabra y a gran velocidad. La idea es que como las palabras siempre se presentan en la misma zona de la pantalla, no es necesario realizar movimientos oculares durante la lectura. Además, permite la lectura en aparatos de pequeño tamaño, como teléfonos móviles o relojes.

Como se puede ver, una de las letras de cada palabra aparece en color rojo y situada entre dos señales denominadas “marca de control”.

Lo provocador de Spritz es que sugiere la posibilidad de leer a velocidades tan grandes como 1000 palabras por minuto, con buena comprensión y sin gran esfuerzo.

Existen otras aplicaciones parecidas, como Readline, incluso algunas anteriores a Spritz como Velocity o Speed Reader. Curiosamente, el principio en el que se basa Spritz, que es la presentación visual serial rápida, fue propuesto en 1970 por Kenneth Forster. Curiosamente, su idea no era aumenar la velocidad lectora, sino estudiar si la sintaxis de las oraciones influyen en la forma como percibimos las oraciones con sintaxis compleja. Ya como advertencia primera, Forster encontró que al aumentar la velocidad de presentación se deterioraba la percepción de las oraciones complejas.

¿A qué velocidad se puede leer?

Se suele considerar que los adultos leemos con una media de 250 palabras por minuto, y Keith Rayner indica que con esfuerzo, un adulto habituado a leer puede forzarse a conseguir hacerlo a poco más de 500 palabras por minuto. Muchos métodos de lectura rápida prometen velocidades de 1000 palabras por minuto, o incluso mayores. Estas velocidades se pueden conseguir, pero la comprensión del texto se deteriora notablemente (Just y Carpenter, 1987; Miyata et al. 2012).

Tanto las persona entrenadas en lectura rápida como los lectores que, sin esa formación intentan leer lo más rápido que puedan, consiguen velocidades altas (por encima de las 400 palabras por minuto) “saltándose” la lectura de partes del texto. Esto les permite responder con cierta precisión a preguntas sobre aspectos estructurales o generales del texto, especialmente si se trata de uno sencillo, pero les dificulta adquirir información sobre detalles del contenido, a no ser que se trate de lectores con muchos conocimientos sobre el tema del que trata el texto.

La velocidad de lectura está determinada por bastantes factores, como las características del texto (tamaño de letra, complejidad, longitud de las líneas…) o la habilidad del lector. El sistema de adquisición de la información a través de la vista es un factor interesantísimo y con el que empezó hace más de un siglo el estudio científico de la lectura.

En la adquisición de la información hay que tener en cuenta:

  • Los movimientos oculares (movimientos sacádicos) para fijar la mirada en distintos lugares del texto. Aquí es importante su duración y la proporción de movimientos que se hacen hacia partes del texto que ya se han leído (regresiones).
  • Las fijaciones oculares, que son los momentos en los que la vista se detiene y se extrae información. Lo más importante para considerar la velocidad lectora es la duración de estas fijaciones y su amplitud, es decir, cuánta extensión del texto se percibe en cada una de ellas.

Hay otros factores que influyen en la velocidad a la que se lee, por ejemplo el saltarse palabras (skipping) durante la lectura. Lo cierto es que los movimientos oculares, que Spritz hace innecesarios para leer, son mucho más breves que las fijaciones oculares, por lo que su supresión, en principio no aporta una gran ganancia de velocidad. También es cierto que presentación serial del texto impide la realización de regresiones, que en una lectura normal pueden ser el 15% de los movimientos oculares (Rayner, 1998). Si se eliminan los movimientos de regresión, también se eliminan las fijaciones que se hacen en esas regresiones. Por último no hay que descartar la posibilidad de que la lectura rápida se consiga, sencillamente por no leer todas las palabras del texto.

¿Son eficaces los dispositivos tipo Spritz?

Aunque Spritz presenta ventajas indudable, como la posibilidad de leer en pantallas de un tamaño muy pequeño, no parece que vaya a convertirnos en superlectores. En primer lugar, imposibilita hacer regresiones, de manera que la comprensión del lector se deteriora (Schotter, Tran y Rayner, 2014). En segundo lugar, una vez que se elige la velocidad de presentación, esta se mantiene constante, de modo que el lector no puede ralentizar esa velocidad en los pasajes más difíciles o complejos, una estrategia muy común entre los buenos lectores.

Spritz puede servir para la lectura de mensajes o textos sencillos, presentados a una velocidad moderada. Si no se dan esas condiciones, probablemente, se limitará la comprensión del texto. Como dice esa cita que se atribuye a Woody Allen: “hice un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme ‘Guerra y paz’ en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia”.

 

Cosas raras

6 Nov

El otro día leí en un periódico especializado en educación que una noticia sobre el uso de un dispositivo tecnológico que ayuda a mejorar la lectura. Con el tiempo he ido desarrollando una intuición parecida al sentido arácnido de Spiderman que me produce inquietud ante algunas intervenciones pedagógicas, psicológicas o neurológicas, sobre todo cuando “aceleran el aprendizaje”, “solucionan las dificultades” o producen resultados espectaculares mediante unas técnicas que “aún son poco conocidas”. Las intuiciones me pueden servir para tomar mis propias decisiones, pero como no espero convencer a nadie diciendo que algo me parece bien o me parece mal decidí informarme más sobre el tema.

Imagen publicada por El Heraldo de Soria

Qué tecnología se emplea

Al principio de la búsqueda las únicas referencias que encontraba eran noticias en periódicos sobre la presentación del sistema en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Soria, que curiosamente no mencionaban al fabricante o distribuidor del aparato. Probando con distintas palabras clave sacadas de esas noticias encontré la web de SAS (Sistema de Aprendizaje Significativo) relacionada con el invento. Aunque también se presenta como Progrentis, que creo que es lo mismo.

Copio y pego lo que dicen de su sistema:

El SAS es un sistema escolar interactivo 100% en línea que mejora el aprendizaje de los alumnos a través de un método de alto impacto que perfecciona la lectura silenciosa comprensiva, competencia instrumental cognitiva cuya finalidad es servir de medio para alcanzar el aprendizaje significativo.

El SAS desarrolla destrezas que facilitan la decodificación del texto y por lo tanto promueve habilidades de pensamiento de nivel superior como el análisis, la síntesis y la abstracción.

Antes de iniciar el programa, los alumnos no entrenados tienen un coeficiente de aprendizaje promedio de 125 PEM (palabras efectivas por minuto = velocidad de lectura por el porcentaje de comprensión). El SAS logra aumentar en promedio ese coeficiente a 400 PEM con un nivel de comprensión del 80% como mínimo.

Fundamento y eficacia

En las 33 preguntas frecuentes que se contestan en la web ninguna está referida a estudios sobre la eficacia del programa (supongo que dispondrán de ellos para asegurar que el SAS aumenta la competencia lectora de 125 a 400 palabras efectivas por minuto). Sí que se contesta a una pregunta sobre el fundamento científico del programa:

La metodología del SAS se fundamenta en los estudios neuro-visuales del médico alemán A.W. Volkmann, desarrollador del taquistoscopio, adaptados a la educación por la psicopedagoga norteamericana Evelyn Wood y desarrollados en una herramienta informática por firmas de tecnología internacionales.

Para la ilustración cultural de los lectores del blog he buscado algún dato, y el señor Volkmann presentó el primer taquitoscopio (aparato que presenta imágenes o palabras durante un tiempo controlado que puede ser muy breve) en 1859, y Evelyn Wood (1909-1995) creó un sistema de lectura rápida que publicó en 1959 (qué casualidad, 100 años después de la presentación del taquitoscopio).

Según la noticia publicada en ABC

Los alumnos que han participado en este programa han doblado su velocidad de lectura, comprendiendo al menos el 80 por ciento del texto e incluso hay algún alumno que la ha multiplicado por cinco, con seiscientas palabras efectivas, cuando la media en un adulto es de 200-250, según ha subrayado Juan Guerrero, responsable nacional del sistema.

Sí que he encontrado un par de informes de progreso de clase con un sistema antes – después en esta web.

En la noticia de ABC dice que el sistema está diseñado en Chile y avalado por el Ministerio de Educación de Guatemala. Respecto a lo segundo solo he encontrado que el ministerio ha mostrado interés por el programa ImpulSAS Guatemala. Respecto a lo primero no he encontrado gran cosa, pero sé que en España distribuye el programa el grupo EIM.

Cómo funciona

Según la web de SAS la intervención se basa en:

  • Mejorar el movimiento ocular para evitar regresiones.
  • Ampliar el campo visual para optimizar las fijaciones.
  • Independizar los sentidos para evitar la sub-vocalización.

Resulta curioso que consideren que SAS no es un programa de lectura rápida (aquí una entrada anterior sobre uno de esos programas), sino un programa para la mejora de la comprensión, y estén utilizando técnicas propias de muchos sistemas de lectura rápida. Hay una, en concreto, que me gustaría comentar, que es la segunda: evitar regresiones. Aproximadamente un 15% de los movimientos oculares durante la lectura son regresiones (volver a fijar la vista en algo que ya se ha leído). Estas regresiones parecen tener cierta relación con la comprensión (Ver página 387 de eye movements in reading and information processing: 20 years of research. Siento no haber encontrado una referencia más actual): el número de regresiones parece aumentar cuando el texto es más difícil. Una de las causas probables de las regresiones es la detección de problemas en la comprensión: cuando el lector se da cuenta de que su interpretación no es correcta vuelve atrás para encontrar información que le ayude a encontrar el sentido de lo que está leyendo. De hecho, en los colegios enseñamos y animamos a los alumnos a volver atrás y releer cuando notan que algo no va bien. Teniendo en cuenta todo eso, tendría que haber una muy buena razón para enseñar a los alumnos a leer sin hacer regresiones.

En realidad la web de SAS no menciona las gafas Visualizer, de modo que no me queda claro si forman parte del sistema o son algo independiente. Las gafas esas son lo que más me despista, porque en las distintas webs donde se presenta el SAS se ofrecen datos de las consabidas mejoras espectaculares de la eficiencia lectora pero no se mencionan las gafas y, en algunas, se ven claramente fotos de alumnos trabajando en la pantalla del ordenador. Si mejoran tanto la velocidad de lectura con el trabajo en la pantalla ¿qué aportan los anteojos Visualizer?

He mirado varios modelos de gafas de seguimiento ocular (eye tracking glasses) y no he encontrado ninguna igual que la se ve en el video que acompaña la entrada. De modo que no puedo decir sobre sus funciones más que lo que se ha dicho en el vídeo o en la prensa.

Por precaución

He tenido ya contacto con alguna empresa que adquiere una licencia de un sistema de lectura rápida y trata de encontrar clientela en los colegios (no hay nada malo en eso cuando se hace de forma honesta). Alguna vez he visto comentarios de gente más radical o más harta que yo que proponen que el distribuidor del sistema haga una demostración práctica, con un texto seleccionado al azar, y que evalúe su comprensión alguien que lo conozca bien (“aquí tiene el Crátilo de Platón, léalo a 500 palabras por minuto y después del profesor de filosofía le hará unas preguntas”).

Como llevo algunos años interesado en la revisiones de investigación he encontrado una cosa que parece casi universal, al menos en lectura y comprensión: las evaluaciones con pruebas preparadas por los investigadores o por los creadores de una intervención producen (habitualmente) resultados más altos que las evaluaciones estandarizadas. Por tanto, una buena herramienta es el uso de un test de lectura y comprensión (hay bastantes para elegir en la página de tests) para valorar el progreso de los alumnos que han seguido el método de intervención.

No tengo noticia de que ninguna de las intervenciones de lectura rápida (a veces reconvertidas en comprensión) que he conocido anteriormente haya tenido especial éxito comercial, cuando con los resultados que presentaban no me quedaba duda de que, si eran ciertos, en tres o cuatro años todos estaríamos utilizándolas. Yo voy a esperar.

Kim Peek

23 Ago

Buscando información sobre estudios experimentales con métodos de lectura rápida me encuentro con la referencia a Kim Peek (1951-2009), un estadounidense famoso por sus habilidades de lectura, memoria, cálculo de fechas y musicales, y, famoso, sobre todo, por haber servido de inspiración al personaje Raymond Babbit en la película Rain Man. Peek fue evaluado por la Sociedad Médica de Wisconsin, especialmente por el psiquiatra Darold A. Treffert, experto en el síndrome del savant, o del idiota sabio (idiot savant, nombre heredado de tiempos en que “idiota” era un término médico sin especiales connotaciones peyorativas), como se denomina a las personas que manifiestan habilidades especiales en áreas muy concretas mientras que presentan dificultades serias en aspectos importantes de la vida cotidiana.

En 2004 fue evaluado por la NASA, donde estudiaron su cerebro mediante técnicas de tomografía y resonancia magnética. Anteriormente, en 1988 ya se le había realizado otra resonancia cerebral. A pesar de estos estudios, hay pocos datos sobre Peek en publicaciones científicas con criterios rigurosos. Evidentemente tanto Peek como sus familiares tienen absoluto derecho a la confidencialidad de estos datos, pero sorprende poder conocer su diagnóstico médico o  su cociente intelectual, o ver imágenes de su cerebro en documentales o magazines y que en la base de datos PsycINFO solo aparezca mencionado en la recensión de un libro de Simon Baron-Cohen sobre la empatía.

Sobre sus habilidades de lectura, cuatro años antes de su muerte Peek había memorizado más de 9.000 libros. Tardaba entre 8 y 10 segundos en leer una página. En algunos sitios se afirma que era capaz de leer dos páginas simultáneamente, una con cada ojo, pero no he encontrado ninguna información sobre cómo se comprobó esta capacidad.

Peek nació con problemas cerebrales, que incluían malformaciones en el cerebeloy en el hemisferio izquierdo,  y la ausencia de cuerpo calloso (el tejido que conecta los dos hemisferios del cerebro).  En 1988 obtuvo un cociente intelectual de 87 en un test de inteligencia, con un perfil muy irregular, en el que se mezclaban puntuaciones muy altas con puntuaciones muy bajas de los distintos subtests. Entre los problemas que presentaba, necesitaba ayuda para acciones de la vida diaria como abrocharse la ropa o lavarse los dientes, y tenía dificultades con el lenguaje abstracto y figurado, pero comprendía buena parte del material que leía y era capaz de establecer relaciones entre distintas informaciones, especialmente en los temas de su interés: historia, deportes, cine, geografía, exploración espacial, Biblia, literatura y música clásica.

Al parecer no era consciente de utilizar alguna técnica o recurso especial para conseguir leer de esa forma tan espectacular, y, evidentemente, nunca pudo enseñar a otras personas a hacerlo.

Información adicional

· Sociedad médica de Wisconsin: información sobre Kim Peek.
· Inside the mind of a savant.