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Enseñar a construir inferencias. Tres revisiones.

Sin viento la nave no avanzaba. El capitán ordenó que hubiera permanentemente dos hombres armados en la puerta de la despensa.

No entenderíamos correctamente este texto sino pensásemos que sucede en el mar, la nave es un barco, no una nave espacial. Concretamente, se trata de un barco de vela. El capitán está preocupado porque se puedan producir robos de víveres. Parece que el viaje va a durar más de los previsto y tendrán que racionar los alimentos. Los hombres que están en la puerta de la despensa tienen como misión disparar a quien intente robar…

Curiosamente, toda esa información, que es clave para comprender ese breve texto no se encuentra en él. Entonces, ¿de dónde ha venido? Forma parte de los conocimientos del lector. Esto son las inferencias: información que no aparece de forma explícita en un texto pero que el lector (o quien lo escucha) añade a la representación que forma de su contenido.

La construcción de inferencias es un proceso muy importante para la comprensión del lenguaje y, por tanto, para la comprensión lectora. Se ha realizado mucha investigación sobre los tipos de inferencias que se forman al leer y sobre cuándo y en qué condiciones se realizan, pero ha habido mucha menos investigación sobre cómo enseñar a los alumnos a construir inferencias y sobre el efecto de esa enseñanza sobre la comprensión.

Hasta fechas recientes solo conocía una revisión de la investigación sobre construcción de inferencias: Effective teaching of inference skills for reading, de Anne Kispal. Pero, recientemente, se han publicado otros dos trabajos de síntesis:

Eficacia

El entrenamiento de la habilidad para construir inferencias parece producir un efecto positivo sobre la comprensión lectora en alumnado con desarrollo típico y con dificultades de lectura. Normalmente, en esas intervenciones se trabajaba de forma individual o con grupos de hasta 10 alumnos. La mayor parte de las intervenciones eficaces se han realizado en pequeños grupos de trabajo.

La práctica de la construcción de inferencias mejora la comprensión, en general, la comprensión inferencial y, además, en los alumnos con dificultades de lectura, mejora la comprensión literal. La eficacia es mayor en los alumnos de cursos más bajos que en los de cursos más altos.

Por otra parte, los programas tienden a ser breves, la mayoría de los investigados tenía menos de 10 horas de duración.

Actividades

Las actividades más comunes para la enseñanza de la construcción de inferencias son:

  1. La localización en el texto de palabras clave que ayuden a responder a preguntas inferenciales realizadas después de la lectura.
  2. La activación de conocimientos previos.
  3. Responder a preguntas inferenciales.

Otras actividades utilizadas en los programas de enseñanza han sido: la generación de autopreguntas y autoexplicaciones, estrategias metacognitivas de supervisión de la propia comprensión y la toma de perspectiva.

Para la organización de la enseñanza se han empleado la explicación directa y el modelado del profesor, programas de enseñanza de estrategias, discusiones en grupo y actividades de escritura.

 

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La relación entre saber resumir y el rendimiento en lectura

El número 30 de PISA in focus se dedicó a una cuestión bastante especulativa: cómo mejoraría el rendimiento de los estudiantes desfavorecidos si conocieran estrategias de aprendizaje.

El caso es que en 2009 se pidió a los participantes que describieran cómo resumían los textos que leían. Para ello tenían que elegir una opción:

  1. Puedo cuidadosamente chequear si los hechos más importantes en el texto están representados en el resumen.
  2. Leo el texto, subrayando las oraciones más importantes; luego las escribo con mis propias palabras como un resumen.
  3. Escribo un resumen, luego chequeo que cada párrafo se incluya en el resumen.
  4. Antes de escribir el resumen, leo el texto la mayor cantidad de veces posible.
  5. Trato de copiar de manera rigurosa todas las oraciones posibles.

Bueno, no puedo seguir sin indicar que la traducción, sobre todo la del primer ítem, no me parece muy afortunada. Tampoco costaba tanto decir “compruebo cuidadosamente si los hechos…”, que es bastante más claro.

Los expertos de los países participantes consideraron que las estrategias 1 y 2 son las más efectivas, la 3 y la 4 moderadamente efectivas y la 5 la más ineficaz de la lista.

Relacionando la forma de responder a la pregunta sobre cómo se resumen los textos con los resultados en competencia lectora, PISA in focus encuentra que:

  • Hay una diferencia de 107 puntos en competencia lectora entre quienes eligen las mejores estrategias y los que solo conocen lo mínimo para resumir.
  • Sistemáticamente, los alumnos de contestos desfavorecidos tienden a elegir estregias menos eficaces que las que eligen los alumnos de contextos socioeconómicamente favorecidos.
  • Se puede encontrar cierta relación entre los resultados en competencia lectora de los países participantes y la forma en que sus alumnos contestaron a la pregunta sobre cómo hacen resúmenes.

PISA in focus ofrece este mapa, en el que he destacado los países hispanohablantes. Se percibe claramente cómo los países tienden a ordenarse linealmente y cuanto mejor es el conocimiento de las estrategias eficaces para resumir, mejor es la competencia lectora. También es interesante mirar las excepciones, por ejemplo, Hong-Kong, donde se obtuvo un resultado notable en competencia lectora, a pesar de que sus alumnos no mostraron conocer las estrategias más eficaces de lectura, o Italia, el país en el que los estudiantes seleccionaron las estrategias más eficaces, pero tuvieron un rendimiento en lectura inferior al promedio.

Y me parece que aquí se acaba lo interesante porque, a partir de estos datos, los redactores de PISA in focus se dedican a hacer pedagogía-ficción, tratando de estimar cuanto mejoraría el rendimiento de los alumnos de contextos desfavorecidos si conociesen mejores estrategias para resumir. Lo que sucede es que tenemos una correlación (al menos eso lo reconocen), por lo que resulta muy aventurado pensar que se producirá esa mejora.

Ya que nos hemos metido en el género de la pedagogía-ficción podríamos pensar en un grupo de alumnos que recibieron una enseñanza básica de la lectura y no volvieron a leer nunca más. Años después nos encontramos con que su competencia lectora es muy baja y su conocimiento sobre las mejores estrategias para resumir es bastante primitivo. Tenemos una relación, pero no mejoraremos la competencia lectora enseñándoles buenas estrategias para resumir, sino haciendo un trabajo intenso y general de la lectura.

La verdad es que hubiera sido más interesante hacer una comparación entre el rendimiento de alumnos de contextos desfavorecidos que eligieron las estrategias más eficaces para resumir y los que eligieron las menos adecuadas.

 

 

 

 

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Efectos de las auto-preguntas sobre la comprensión lectora

Las autopreguntas son una estrategia para controlar y mejorar la comprensión lectora haciéndose preguntas pensadas por uno mismo o propuestas por el profesor. Estas preguntas se pueden hacer antes, durante y después de la lectura.

Algunas formas de hacerse autopreguntas son:

  • LPC (RAP en inglés): consiste en (L) leer un párrafo, (P) preguntarse acerca de su contenido y (C) contarlo o tratar de parafrasearlo.
  • 5 preguntas generales sobre una historia (autosupervisión de los elementos de la narración): ¿quiénes son los personajes principales?, ¿dónde se desarrolla la historia?, ¿sobre qué trata la historia?, ¿cuáles son los problemas o conflictos?, ¿cómo termina la historia?
  • Hacerse preguntas a partir de una palabra clave, como ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿dónde? o ¿por qué? Estas preguntas pueden aparecer en una tarjeta o en un organizador gráfico.
  • Proporcionar a los alumnos preguntas incompletas como “¿en qué se parecen ______ y ______?”.
  • Dar a los alumnos una lista de posibles preguntas y señalar en el texto varios puntos en los que pararse y hacerse esas preguntas.
  • PLR (ART en inglés): consiste en (P) hacerse dos preguntas, (L) leer con atención y (R) responder a las preguntas. A continuación, se ponen en común las preguntas y las respuestas con un compañero.
  • Hacerse preguntas a partir de la información que proporcionan los títulos y subtítulos.
  • Estrategia SQA (KWL en inglés): se completa una tabla con tres columnas que corresponden a (S) lo que sé sobre el tema, (Q) lo que quiero saber y (A) lo que he aprendido.
  • SQ2R y SQ3R: echar un vistazo al texto (scan), hacerse preguntas (questions), leer (read), contar lo que se ha leído (retell o recite) y comprobar si se ha respondido a las preguntas formuladas (review).
  • P-AMD-L (TWA en inglés): una estrategia compleja en la que se siguen nueve pasos para (P) pensar (A) antes de leer, (M) mientras se lee y (D) después de la (L) lectura.
  • QAR: en inglés se le llama question-answer relationship y consiste en responder a cuatro tipos de preguntas en las que la respuesta se encuentra (1) en un oración del texto, (2) en dos o más oraciones o párrafos adyacentes, (3) de forma implícita en el texto y (4) en los conocimientos del lector.

Espero que en el futuro también se pueda tener en cuenta mi propuesta de los cinco tipos de preguntas inferenciales aunque, por ahora, no ha sido investigada su eficacia para la mejora de la comprensión.

Eficacia de las autopreguntas

La eficacia de esta estrategia ha sido revisada en varias ocasiones. La primera vez fue en 1985, por Bernice Wong, que encontró resultados variados y una pauta: las autopreguntas eran eficaces en aquellas intervenciones en las que se había entrenado su uso con recursos como el modelado, la imitación y el refuerzo.

En 1996 Barak Ronsenshine, Carla Meister y Saul Chapman publicaron otra revisión en la que encontraron un efecto grande y también  señalaron que eran recomendables el uso de pistas (por ejemplo las palabras clave), comenzar con una versión sencilla de la tarea antes de pasar a otra más compleja, utilizar el modelado y el pensamiento en voz alta, controlar la dificultad del material y emplear tarjetas recordatorio o listas de control.

En la foto: Christina Rouse y Sheila Alber-Morgan

La revisiones más actuales han sido publicadas en 2014 por Christina Rouse y en 2015, por Laurice Joseph, Sheila Alber-Morgan, Jennifer Cullen y Christina Rouse. La más extensa ha sido la última, en la que se localizaron 35 estudios con grupo de control publicados en revistas científicas. La mayoría de estos estudios muestran resultados positivos en comprensión lectora por el uso de estrategias de autopreguntas. En estos resultados positivos hay que hacer algunas matizaciones:

  • Los alumnos con problemas de rendimiento o dificultades de lectura se benefician de las autopreguntas cuando se les enseña a utilizarlas de forma explícita y sistemática con modelado, práctica guiada y práctica independiente valorada por el profesor.
  • Estrategias como SQ3R o SQA han proporcionado resultados variados, tanto con efectos positivos como sin efectos.
  • Estrategias como LPC o P-AMD-L han proporcionado resultados variados dependiendo del tipo de medida utilizada para valorar la comprensión.

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Mejorar la comprensión de textos científicos de los alumnos con dificultades de aprendizaje

El alumnado con dificultades de aprendizaje obtiene peores calificaciones que sus compañeros en las áreas de contenido, como Ciencias Naturales o Ciencias Sociales. En cierta manera es lógico puesto que la mayoría de ellos tienen problemas de lectura y se trata de áreas en las que es muy común el uso del libro de texto.

Incluso en enfoques de tipo constructivista en los que se plantean experiencias para que el alumno observe reflexione y obtenga conclusiones, es precisio consultar materiales escritos como libros o páginas web. Además, a menudo carecen de conocimientos que les permitan comprender conceptos complejos.

Erica Kaldenberg (en la foto), Sarah Watt y William Therrien han publicado un meta-análisis sobre las intervenciones para mejorar la comprensión de textos científicos. En primer lugar, localizaron 20 estudios, procedentes de 12 artículos en los que se planteaban intervenciones para mejorar la comprensión de textos científicos. En esos estudios habían participado alumnos desde 5º de primaria hasta 1º de bachillerato.

Resultados

En conjunto, las intervenciones producían un efecto grande (0,98). Los resultados de las intervenciones realizadas con alumnado con dificultades de aprendizaje no eran significativamente diferentes de las realizadas con grupos mixtos de alumnos (con y sin dificultades). En tercer lugar, las pruebas de seguimiento, que indican las mejoras observadas un tiempo después de terminada la intervención, reflejaban un efecto moderado (0,69).

 

Las intervenciones

Los investigadores distinguieron dos grupos de intervenciones. El primero estaba basado en la enseñanza explícita de una selección de vocabulario por medio de la repetición de las definiciones, la práctica con los términos enseñados o la elaboración de mapas semánticos.

El segundo grupo, más heterogéneo, estaba formado por las intervenciones en las que se enseñaban estrategias de comprensión como el uso de organizadores gráficos, hacerse preguntas o el análisis de la estructura de los párrafos. El efecto de los estudios basados en la enseñanza de vocabulario (1,25) fue casi el doble que el de los estudios basados en la enseñanza de estrategias (0,64). Además, la enseñanza de vocabulario parece tener un impacto mayor en los alumnos con dificultades de aprendizaje que en los alumnos sin dificultades.

Las recomendaciones de los autores se la revisión son que para mejorar la comprensión de textos científicos en el alumnado con dificultades de aprendizaje se empleen recursos como los siguientes:

  • Mapas semánticos.
  • Enseñanza directa de un vocabulario seleccionado, explicando y recordando sus definiciones.
  • Estrategias mnemotécnicas para recordar conceptos clave.
  • Análisis de la estructura de los textos científicos, especialmente interpretando las palabras y expresiones que relacionan la ideas.
  • Identificación de las ideas clave de los texto y de las ideas secundarias que las desarrollan.
  • Uso de organizadores gráficos.
  • Promoción de una actitud activa durante la lectura, señalando dudas o haciéndose preguntas.

 

 

 

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Intervenciones metacognitivas: una síntesis

No es la primera vez que menciono las intervenciones metacognitivas en este blog. Aunque el nombre puede asustar, estas intervenciones tratan de mejorar una serie de destrezas muy importantes en la lectura, como leer con un objetivo, controlar durante la lectura si se está comprendiendo el texto y detectar lagunas en la comprensión para poder utilizar estrategias que las solucionen. La mejora de la metacognición se considera una forma adecuada y bien fundamentada de mejorar la comprensión lectora.

Annaberg Ladenschild Buchhandlung. Fotografía de Andreas Praefcke (CC 3.0)

Estoy tratando de completar el súper-resumen sobre la mejora de la comprensión lectora, agrupando los datos de todos los estudios de síntesis que sea capaz de localizar, y por eso, en esta entrada comento una revisión que fue presentada, en un symposio sobre metacognición celebrado en 1998, por Chris Chiu, titulada Synthesizing Metacognitive Interventions: What Training Characteristics Can Improve Reading Performance.

Eficacia de las intervenciones y factores que influyen sobre ella

Tal como indica el título, este estudio revisa investigaciones sobre la eficacia de programas para la mejora de la metacognición. Concretamente, se analizaron los datos de 43 estudios, en los que habían participado 3.475 alumnos. En general, las intervenciones metacognitivas producían mejoras sobre la comprensión lectora, con un tamaño del efecto de 0,67. Tal como suele ocurrir en la investigación sobre comprensión lectora, las investigaciones que valoraban la comprensión lectora con tests estandarizados mostraban un tamaño del efecto (0,24) menor que las que evaluaban la comprensión lectora con otras pruebas (0,61) [me resulta extraña esta distribución de resultados que, en ambos casos es menor que el efecto combinado de todos los estudios].

Otras variables que influían significativamente sobre los resultados son:

  • El aplicador de la intervención: los programas aplicados por los investigadores y sus colaboradores produjeron mejores resultados que los aplicados por los profesores. Esto puede indicar que es necesaria cierta formación para aplicar estos programas, pero el autor de la revisión sugiere que también podría significar que los investigadores saben cómo van a ser valorados los alumnos y les preparan para superar la prueba.
  • Las intervenciones intensivas (más días a la semana) producían peores resultados que las intervenciones poco intensivas (menos días a la semana). Este es un resultado contrario a lo que se esperaría por es sentido común y sobre el que el autor no da muchas explicaciones. La duración total del programa no tuvo un efecto apreciable sobre los resultados.
  • Las intervenciones resultaron más eficaces en alumnos de 5º de primaria o mayores. Según la autora esto indica que para beneficiarse de las intervenciones metacognitivas, los alumnos tienen que haber desarrollado unas habilidades que pueden no estar presentes en los más pequeños.

Buscando una aplicación práctica

Hasta aquí, los resultados de la revisión de Chiu, que nos indican que la enseñanza y uso de estrategias metacognitivas puede ser una buena idea, especialmente si se trabaja con alumnos de los últimos cursos de primaria y con alumnos de secundaria. Todavía no quiero ser muy detallado respecto a qué programas y actividades se pueden hacer para desarrollar estas estrategias metacognitivas. La razón principal es que creo que hay un problema de definición: en la práctica educativa se han metido muchas veces en el mismo saco las estrategias cognitivas y las estrategias metacognitivas, y no siempre queda claro cuáles son unas y otras. ¿Otra de esas aburridas disquisiciones teóricas que tanto interesan al autor de este blog? Tal vez si, pero si tenemos en cuenta que es posible que las actividades de tipo metacognitivo no sean especialmente útiles para alumnos pequeños o que no hayan desarrollado ciertas habilidades cognitivas, parece que merece la pena distinguir unas y otras.

Como brújula hasta que encontremos una clasificación que nos resulte útil, dejo la indicación de que lo propio de una estrategia metacognitiva de comprensión lectora será que el alumno realice en ella una reflexión sobre su propia comprensión, por ejemplo respondiéndose a sí mismo a preguntas como las siguientes:

  • ¿Cuál es mi objetivo al leer esto?
  • ¿Estoy entendiendo lo que leo (ojo con ésta, porque “entender” no significa lo mismo para todos los lectores)? ¿Se está cumpliendo mi objetivo?
  • ¿He aplicado alguna estrategia para profundizar en el significado del texto? ¿Cuál? ¿He conseguido algo con ella?

Algunos materiales donde podemos encontrar actividades concretas para desarrollar la metacognición, aunque, como he dicho, a veces se mezcle eso con las estrategias cognitivas son:

 

 

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Estrategias de visualización para mejorar la comprensión

Las técnicas de visualización consisten en tratar de imaginar detalladamente el contenido del texto formando imágenes mentales que pueden estar enriquecidas por la evocación de sonidos, y otras sensaciones. También se suelen considerar como estrategias de visualización las que se basan en dibujar el contenido del texto, o representarlo, por ejemplo con muñecos.

A pesar de que este tipo de estrategias se emplea hace mucho tiempo, su eficacia está poco investigada y tampoco ha tenido mucho desarrollo práctico en métodos o programas de comprensión basados en la visualización.

El año pasado Björn B. de Koning y Menno van der Schoot, de la Universidad de Amsterdam, publicaron en Psychological Review un artículo sobre la visualización titulado Becoming Part of the Story! Refueling the Interest in Visualization Strategies for Reading Comprehension. Estos dos investigadores consideran que, al menos teóricamente, puede ser una buena estrategia de comprensión. Los modelos actuales de comprensión parecen coincidir en que los lectores competentes forman una representación del texto, a la que se suele llamar modelo de situación, combinando la información del texto con sus conocimientos.

De Wikimedia Commons

En el artículo, de Koning y van der Schoot revisan los distintos métodos de entrenamiento en estrategias de visualización dividiéndolos según dos criterios: visualización interna (mental) o externa (con dibujos o muñecos), y unimodal (visual) o multimodal (visual combinada con otras modalidades sensoriales: oído, tacto…).

Visualización interna unimodal

Haz un dibujo en tu cabeza

En muchas ocasiones la estrategia de visualización se reduce a recomendar a los lectores que hagan un cuadro, dibujo, o imagen en su cabeza, sin proporcionarles más indicaciones. Este enfoque ha producido resultados poco satisfactorios. Sí que se han apreciado algunos resultados positivos cuando se dan algunas instrucciones básicas o se hace un pequeño entrenamiento sobre lo que se demanda a los alumnos. No obstante, esos resultados se han encontrado mayoritariamente en alumnado de los primeros cursos de Primaria, sin que parezca que esta estrategia sea eficaz con alumnos mayores.

Entrenar a los lectores en cómo hacer imágenes mentales

Los sistemas que se han utilizado en las distintas investigaciones son muy variados. Algunas de las actividades que se han utilizado son:

  • Modelado: el instructor realiza la tarea sirviendo como ejemplo.
  • Uso de materiales cada vez más largos: frases, párrafos y textos.
  • Uso de material muy evocador de imágenes.
  • Dar pistas sobre qué tienen que imaginar, mediante preguntas o indicaciones.
  • Enseñar una ilustración del texto, o ver un fragmento de película sobre el texto antes de realizar el ejercicio.

Visualización interna multimodal

Los métodos de visualización interna multimodal investigados han utilizado las modalidades visual, auditiva, gustativa, cinestésica (movimiento), y olfativa. Una técnica útil para promover esas visualizaciones es omitir del texto palabras que tengan que ver con esas sensaciones, para que los alumnos tengan que volver a incorporarlas. También se ha utilizado un sistema con dos fases: en la primera, los alumnos colocan y mueven figuras y objetos de juguete para representar el contenido del texto, y en la segunda se les pide que, simplemente, imaginen cómo lo harían. Esta técnica tiene la limitación de que la primera parte sólo se puede trabajar con textos que se ajusten al escenario, personajes y objetos de juguete de los que se dispone.

Visualización externa unimodal

La técnica más utilizada en este grupo es hacer un dibujo que recoja el contenido del texto. Es una técnica muy utilizada, por ejemplo, en la resolución de problemas de matemáticas. Los resultados pueden ser mejores si a los alumnos se les dan pistas o se les hacen preguntas que les ayuden a dibujar mejor el contenido del texto. Un problema de esta técnica es que sus resultados se podrían ver condicionados por la habilidad para dibujar que tenga un alumno concreto. Pero existe otra propuesta, y es dar al alumno elementos ya preparados (lámina con el fondo, siluetas o figuras ya preparadas, para que él las coloque en la disposición que indica el texto, e incluso pueda completar la representación. Curiosamente, este sistema parece producir beneficios si al alumno se le dan las figuras necesarias para representar el texto, pero es poco eficaz si tiene que elegir él mismo esas figuras de un conjunto mayor. La forma más sofisticada de esta actividad se realiza con un ordenador o tableta que permite arrastrar y colocar las figuras en un escenario.

Visualización externa multimodal

La técnica más utilizada aquí ya ha sido presentada al hablar de la visualización interna multimodal. Se trata de esa primera fase en la que los alumnos reproducen el contenido del texto con un conjunto de juguetes, pero no de una forma estática como en la sección anterior, sino de forma dinámica, reproduciendo cambios de posición, y acciones. Se puede pedir a los alumnos que hagan la representación, pero parece que también podría ser útil que observasen cómo la realiza otra persona, por ejemplo, el profesor.

Conclusión

Se podría pensar que estas técnicas pueden ser útiles solamente para trabajar la comprensión de textos narrativos, y tal vez algunas de ellas no sirvan para otros tipos de texto, pero, además del caso que se ha mencionado de los problemas de matemáticas, a lo largo de la revisión se puede ver que algunas de las técnicas descritas se han utilizado con textos científicos y con textos abstractos, por ejemplo, descripciones de la disposición de formas geométricas.

En general, los resultados de investigación que presentaban de Koning y van der Schoot eran variados, y ellos tienden a valorar que los sistemas de visualización no producían mejoras en la comprensión cuando eran utilizados de forma poco rigurosa y muy general, o con alumnos que ya disponían de buenas estrategias de comprensión, mientras que sí se aprecian resultados cuando se aplican de forma metódica y organizada, con el correspondiente entrenamiento, y a niños pequeños o con dificultades de comprensión.

En ningún momento queda claro cómo buscaron y seleccionaron las investigaciones que vertebran su exposición y sus conclusiones, de modo que esta revisión se tendría que considerar como algo orientativo. Se me está ocurriendo que un trabajo muy interesante sería reorganizar toda la información que presentan aplicando alguna técnica de meta-análisis o de revisión de las mejores evidencias para tener más claro cuál puede ser el efecto de estas técnicas de visualización sobre la comprensión.

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Mejora de la comprensión en alumnos con dificultades de aprendizaje

Apenas he encontrado información sobre el autor de este meta-análisis, Joseph M. Sencibaugh, salvo que ha trabajado como profesor ayudante en la universidad estatal Harris Stowe. Pero su artículo, Meta-analysis of reading comprehension interventions for students with learning disabilities: strategies and implications, merece como mínimo un comentario.

De wikimedia commons

En este trabajo se localizaron y analizaron 15 investigaciones publicadas entre 1985 y 2005 sobre intervenciones para mejorar la comprensión lectora de alumnado con dificultades de aprendizaje. Algo muy peculiar de esta revisión es que las intervenciones sobre la comprensión se clasificaron en estrategias visuales y estrategias auditivas. Las estrategias visuales eran aquellas que empleaban imágenes, como la terapia de atención visual, el uso de ilustraciones en los textos, o los organizadores semánticos. Las estrategias auditivas utilizaban el lenguaje en actividades realizadas antes o después de la lectura, por ejemplo, en la realización de resúmenes, auto-supervisión, entrenamiento en atribuciones, auto-preguntas, preguntas inferenciales, paráfrasis, o sistemas de trabajo colaborativo.

Esta peculiaridad puede ser también un punto débil de esta síntesis, ya que, por ejemplo, las tres intervenciones que se han agrupado como estrategies visuales tienen bastante poco en común, y teniendo en cuenta que sólo se localizó una investigación de cada tipo, el hecho de que produjeran un tamaño del efecto de 0,94 puede ser muy poco relevante. Las 12 intervenciones que empleaban estrategias auditivas produjeron un tamaño del efecto medio de 1,18.

En resumen, lo que importante de esta revisión es que hay estudios que muestran que es posible conseguir mejoras en la comprensión lectora del alumnado con dificultades de aprendizaje, y que el grueso de estos estudios han utilizado sistemas basados en el aprendizaje y práctica de estrategias de comprensión.

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Primer meta-análisis sobre mejora de la comprensión lectora en español: 7 conclusiones

Acaba de publicarse un trabajo clave sobre la mejora de la comprensión lectora. Se trata del primer meta-análisis que se ha hecho sobre la eficacia de los distintos métodos, estrategias e intervenciones para mejorar la comprensión lectora que se han investigado con alumnos que tienen de lengua materna el español.

El artículo se titula La mejora de la comprensión lectora en español: un meta-análisis, y se puede encontrar como preprint, en inglés y español, en la Revista de Psicodidáctica. Presumiblemente se publicará en papel a principios de 2014. Por cierto, está escrito por Juan Cruz Ripoll (el que te aburre con este blog) y su compañero Gerardo Aguado.

Los resultados

Tras examinar 177 trabajos sobre comprensión lectora realizados en hispanoamérica, se localizaron 39 estudios en los que se había realizado una intervención para mejorar la comprensión lectora en un grupo de alumnos que se comparó con otro grupo en el que no se había intervenido o se había hecho con un método distinto. Además, en estos estudios se garantizaba que los grupos que se comparaban tenían un nivel de comprensión similar antes de comenzar la intervención. En estos estudios habían participado 3520 alumnos.

En la imagen que aparece a continuación se puede ver el resultado de cada uno de los estudios incluidos en el meta-análisis (recuerdo que en la página súper resumen de la comprensión lectora hay indicaciones sobre cómo interpretar este tipo de diagramas).

Forest plot con el tamaño del efecto de cada estudio

Forest plot con el tamaño del efecto de cada estudio

Las 7 principales conclusiones de la revisión son:

  1. Es mejor intervenir que seguir con lo de siempre: el tamaño medio del efecto (calculado con la g de Hedges) fue 0,71, es decir, con independencia de la medida de comprensión lectora utilizada, los grupos experimentales mejoraban 0,71 desviaciones típicas más que los grupos de control. En 30 de los 39 estudios el grupo de control no recibía intervención, o continuaba con las actividades habituales de la clase. En esos casos los grupos experimentales tenían una mejora de 0,78 desviaciones típicas.
  2. Se puede mejorar a cualquier edad: los estudios muestran resultados positivos en distintos grupos de edad, con alumnado desde el 2º curso de Educación Infantil hasta 4º de ESO.
  3. Las intervenciones eficaces utilizan estrategias de comprensión o las combinan con otro tipo de estrategias: las intervenciones basadas en estrategias de comprensión produjeron un efecto de g=0,63, las que combinaban las estrategias de comprensión con otras formas de intervención como mejora del vocabulario, la descodificación o la motivación produjeron un efecto ligeramente mayor (g=0,96). En cambio las intervenciones (por precaución señalo que sólo fueron tres) basadas sólo en la mejora de la descodificación y las habilidades fonológicas produjeron un efecto nulo sobre la comprensión lectora.
  4. Las estrategias de comprensión más investigadas son: identificación de las ideas principales o de la progresión temática (se encuentra en 22 estudios), construcción de inferencias (21 estudios), elaboración de resúmenes (19 estudios), supervisión de la propia comprensión, activación de esquemas y conocimientos sobre la estructura de los textos, y activación de conocimientos previos (11 estudios cada una), organizadores gráficos, y generación de autopreguntas (10 estudios cada una). Lo más habitual es combinar estrategias. En pocas ocasiones se utilizan las estrategias anteriores de forma aislada. La mejor estudiada de forma aislada (4 estudios) es la estrategia de resumir, que produce un efecto de g=0,64).
  5. Las estrategias de comprensión se pueden enseñar de distintas formas: los resultados encuentran resultados positivos cuando se utiliza la enseñanza recíproca, y la de otros planteamientos como la integración en el currículo o la enseñanza asistida por ordenador. Un planteamiento que no produjo resultados significativos (aunque el efecto obtenido se puede considerar sustancial) fue la enseñanza en grupos cooperativos.
  6. Los resultados son muy heterogéneos: en la práctica eso implica que aunque los resultados generales sean positivos existen grandes diferencias entre el rendimiento de unas y otras intervenciones. Más adelante espero publicar un análisis, que tengo casi listo, sobre los métodos de intervención más fiables.
  7. La investigación sobre mejora de la comprensión lectora en español es bastante deficiente: no se realizan replicaciones de estudios (estudio de los resultados de un método por varios equipos independientes de investigadores), y la mayoría de las intervenciones solo cuentan con una investigación sobre su eficacia. La calidad de los estudios es variable, y casi ninguno comprueba el efecto de la intervención algún tiempo después de que ésta haya terminado.

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