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PIRLS y repetición de curso

Un dato para pensar, del informe español de PIRLS 2016. Recordemos que esa prueba evaluó a alumnado de 4º curso de primaria.

Por otra parte, más del 50% de los estudiantes españoles que no están en el curso correspondiente a su edad no alcanza el nivel intermedio de la escala en comprensión lectora. Estos alumnos, en su mayoría, han tenido que repetir al menos una vez durante su vida escolar. Es decir, los objetivos y acciones derivados de un proceso de repetición de curso no siempre tienen la efectividad que se le presupone lo que, por tanto, invita a reflexionar sobre la idoneidad o el funcionamiento de la repetición de curso, que no corrige las deficiencias en el rendimiento de estos estudiantes como debiera.
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Optometría en el Ministerio de Educación

El Ministerio de Educación (MECD) está desarrollando un plan nacional de neurociencia aplicada a la educación que consta de tres fases. De esas tres ya se ha desarrollado la primera, que culminó con un congreso de neurociencia aplicada a la educación que se celebró en abril de 2017.

Además, no tengo claro si como parte de ese plan, el MECD ha publicado algunos libros sobre neuropsicología aplicada a la educación coordinados por Pilar Martín Lobo, psicóloga que, entre otras cosas, está titulada en método Berard, Padovan y terapia de movimientos rítmicos.

Entre estos libros, se encuentra Funcionalidad visual y programa de entrenamiento óculo motor para la mejora de la velocidad y la comprensión de lectura, escrito por Violeta Miguel Pérez, a partir de su tesis doctoral. Lo comento porque, como indica el título, trata específicamente sobre comprensión lectora.

Hay que tener en cuenta que se trata de una obra respaldada por el Ministerio de Educación y por el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa, con un programa de entrenamiento óculo-motor para la mejora de la velocidad y la comprensión lectora. Además, los agradecimientos indican que “es el resultado de la investigación realizada mediante [sic.] una amplia muestra de alumnos de Educación Primaria”.

Curiosamente, mientras buscaba información para esta entrada me enteré de que la autora, Violeta Miguel es directora del Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa. Bueno, no hacía falta ser muy perspicaz: lo pone en la contraportada, solo que al leerlo en pdf no lo vi hasta llegar al final del libro.

También he buscado la tesis en la que se basa el libro “Entrenamiento visual y lectura eficaz” y no la he podido encontrar ni en la base de datos de tesis doctorales TESEO del MECD, ni en la bibliografía del libro. Sí que he encontrado un artículo de esta autora, con un artículo cuasi-experimental, en la revista Educa Nova, pero la única forma de acceder al texto es comprando el ejemplar y mi presupuesto para el blog sigue siendo de 0 euros.

El libro se estructura en cinco capítulos sobre la percepción visual, la musculatura ocular, los movimientos oculares durante la lectura, la lectura y el programa de entrenamiento ocular.

¿Actualidad?

Una de las cosas que más me ha sorprendido durante su lectura es la escasez de referencias actuales. Son muy escasas las referencias posteriores a 2010 y, por ejemplo, en los dos primeros capítulos sobre percepción visual y musculatura ocular, la mayoría de los trabajos que se citan tienen más de 10 años.  En varias ocasiones he tenido la impresión de estar leyendo algo que se escribió hace unos 10 años y que se ha publicado ahora, con algunas modificaciones.

El enfoque cognitivo de la lectura se explica a partir de un trabajo de Vernon de 1977 y, al hablar de modelos de comprensión lectora, se exponen los ascendentes, descendentes e interactivos. Entre estos últimos (los ascendentes y descendentes son más una curiosidad histórica) echo en falta modelos actuales como la concepción simple de la lectura, el modelo de directo y de la mediación inferencial, el modelo del paisaje, o el de construcción-integración. Creo que, entre los modelos interactivos, los más modernos que se citan son de 1980.

Al dar algunos datos sobre lectura se presentan los de PISA 2007, sin mencionar ediciones posteriores de este estudio y, en ocasiones, me produce cierta desorientación cuando habla de la actualidad. Por ejemplo, llega a hablar de los avances producidos durante los últimos 15 años, citando trabajos de 1960, 1989 y 1994.

Ambigüedad

Parece razonable pensar que dificultades severas en la movilidad ocular o en la agudeza visual pueden repercutir negativamente en la lectura. Otra cuestión es cuántos alumnos presentan esas dificultades y otra cuestión diferente es si los ejercicios que se proponen en el libro son útiles para solucionarlas o para mejorar la habilidad lectora a pesar de ellas.

No queda claro si el programa de intervención que se propone se destina a alumnado con dislexia, con bajo rendimiento en lectura (por otros motivos) o a todo el alumnado. La autora nos indica que “la mayor parte de las dificultades en el aprendizaje de la lectura y la escritura se deben a un pobre desarrollo de las habilidades visuales” (p. 88). En bastantes ocasiones el libro sugiere que las dificultades visuales son bastante comunes entre la población escolar, sin llegar a ofrecer datos concretos sobre la proporción de alumnos que las padecen. Por ejemplo, se indica que muchos niños en edad escolar padecen diplopía (visión doble), lo que se justifica con un estudio de Rayner y McConkie (1976) en el que, si no me confundo de estudio, se analizaron los datos de 10 estudiantes universitarios.

Se indica que los alumnos deben tener una visión “cómoda”, ya que la visión nítida pero sin confort “es intolerable para muchos estudiantes que deben desarrollar entre siete y ocho horas diarias la visión próxima del estudio curricular” (p. 38). En esta ocasión, se respalda la afirmación con una referencia Schwartz (2000), que no se encuentra en la lista de referencias. Lo mismo ocurre con el trabajo de Palomo (2005), que justificaría que la inercia de acomodación se relaciona con el bajo rendimiento académico, sin que podamos saber cómo se estableció esa relación.

Sí que se encuentra en la lista de referencias el trabajo de Taylor y Schmidt (1996) (que en realidad sería Kulp y Schmidt, 1996) que justificaría la afirmación de que los problemas de acomodación visual producen menor cantidad de lectura, pérdida de concentración o somnolencia permanente. Este artículo es una revisión narrativa de otros trabajos.

Acumulación de información

Durante la lectura del libro, en varias ocasiones he tenido la sensación de que la estructura que seguía el texto era la de acumulación de informaciones. En realidad, en los dos primeros capítulos, la información se presenta de una forma estructurada y la sensación empieza, sobre todo en el tercero cuando los temas comienzan a sucederse a lo largo del texto, a veces, sin señalar los cambios, con varias repeticiones y, en ocasiones, sin que lo que se está tratando tenga relación directa con el título de la sección.

Curiosamente, una de las partes donde mejor se percibe la falta de estructura es en la exposición del enfoque optométrico de la lectura, una sección clave para este libro. Se repite información sobre los movimientos oculares, tratada en el capítulo 3, al que no se hace referencia, Los distintos párrafos van cambiando de tema, sin que se articule una relación entre unos y otros y, finalmente, acabo la sección sin que me quede claro en qué consiste el enfoque optométrico de la lectura.

Apenas se establecen relaciones entre capítulos, algo que se nota especialmente al final del libro, cuando se proponen las actividades de mejora sin tener en cuenta los profusamente documentados capítulos sobre la percepción y la fisiología del sistema visual.

¿Fundamentación?

Recordemos que, según su título, el libro trata dos temas: la funcionalidad visual y un programa de entrenamiento oculomotor para la mejora de la velocidad y la comprensión lectora. Sin duda, muchos posibles lectores se interesarán especialmente por el segundo tema.

El capítulo 5, donde se expone el programa, comienza con un inesperado análisis de las diferencias en el rendimiento lector en niños y niñas, del que se concluye (¿?) que desde una edad temprana los niños y las niñas muestran interés por aprender el código escrito. A continuación se indica que el objetivo de la propuesta es “diseñar una serie de juegos oculares que ejerciten la musculatura y los movimientos visuales con el fin de mejorar en la lectura, tanto en velocidad como en comprensión, para establecer así, una relación en la automatización de los procesos de conversión del grafema al fonema” (p. 86).

Es ilustrativo echar un vistazo a los trabajos que fundamentan la selección de ejercicios que componen el programa:

  • Palomo (2010), una tesis doctoral en la que se investigó el efecto de un filtro amarillo en un grupo de alumnos con problemas de lectura, llegando a la conclusión de que no mejoraba su movilidad ocular, su percepción ni su lectura.
  • Martín, Santiuste y Ayala (2006). No se encuentra en la lista de referencias. Probablemente se trate de Bases neuropsicológicas del fracaso escolar, un libro en el que se analizan las diferencias en los resultados en pruebas de tipo neuropsicológico entre 100 alumnos con buen rendimiento escolar y 100 alumnos con suspensos.
  • Perea (1999), una revisión sobre las técnicas que se utilizan en psicolingüística para evaluar el reconocimiento de palabras y el acceso a su significado.
  • Paulson y Goodman (1999), un trabajo sobre movimientos oculares y lectura que no he sido capaz de encontrar.
  • Rayner (1995), un trabajo sobre movimientos oculares y lectura (¿escrito en español?) que tampoco he conseguido localizar. Pero tengamos en cuenta que Rayner, gran estudioso de los movimientos oculares, dejó escrito poco después de esa fecha que “para la gran mayoría de las personas con dislexia la evidencia sugiere que tienen un déficit en el procesamiento del lenguaje y que sus movimientos oculares simplemente reflejan sus dificultades procesando el lenguaje” (Rayner, 1998, p. 395).
  • Kehl, Memphis y Tenn (1963), un manual sobre entrenamiento visual. Apenas he encontrado información sobre él.
  • La Porte (1977), un manual sobre actividades perceptivo-motrices que, al parecer, ya existía en 1966.
  • Robert y Kraskin (1956, 1968). No se encuentran en la lista de referencias.
  • Ciner (1991). No se encuentra en la lista de referencias.
  • Goddard (1995). Se trata de una exposición descriptiva sobre la influencia de la pervivencia de reflejos primitivos en las habilidades viso-motrices.
  • Palomo (1993), una publicación sobre entrenamiento visual optométrico, editada por el Colegio Nacional de Ópticos, de la que no he encontrado ninguna información.
  • Pacheco et al. (1994), un artículo sobre chequeos visuales en escolares, publicado en Gaceta Óptica, que no tampoco he conseguido localizar.
  • Martín (2002), un libro que recoge trabajos de Pilar Martín Lobo (mencionada al principio de la entrada).
  • Frostig (1966). A pesar de la importancia que se le da a este trabajo, no aparece en la lista de referencias.

La autora considera “demostrado” (pg. 88) que el entrenamiento visual es eficaz para el tratamiento de las dificultades de aprendizaje, que facilita el aprendizaje y que mejora los niveles de lectura. Esta supuesta demostración se sustenta en un trabajo de Lie (1989) que no he conseguido localizar, sospecho que porque el original está escrito en alemán y en un trabajo de Rosner (1999) que no se cita entre las referencias, pero que probablemente sea Rosner (1990), un manual de optometría pediátrica.

Otra cuestión interesantísima serían los resultados de la investigación que llevó a cabo Miguel. Además de en la introducción, se hace referencia a ese estudio en distintas ocasiones “la muestra de alumnos de este trabajo” (p. 34), o “la investigación que sustenta este libro” (p. 86). Sin embargo, en ningún momento se presentan los resultados de este estudio ni se describe cómo se realizó.

Impermeabilidad

La terapia visual o terapia optométrica es una intervención controvertida para los problemas de lectura y aprendizaje. Ha sido desaconsejada por varias agencias o asociaciones científicas y no parece haber dado muestras consistentes de eficacia más allá de testimonios o estudios aislados, normalmente de escasa calidad.

Algunas publicaciones recientes siguen cuestionando la conveniencia de utilizar la terapia visual, por ejemplo, el informe sobre visión, dislexia y dificultades de aprendizaje publicado en la revista Pediatrics, la revisión sobre eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia que realizamos Gerardo Aguado y yo mismo, que se puede encontrar como informe editado por Dislebi y el Colegio de Logopedas del País Vasco o como artículo de la Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología. También existen estudios que no encuentran que los problemas visuales sean más comunes entre los niños con dificultades de aprendizaje de la lectura que entre sus compañeros sin problemas de lectura.

Sin embargo, dado que el libro parece centrarse en fuentes publicadas antes de 2007, sería interesante ver si hace alguna referencia a trabajos críticos publicados antes de esa fecha, como

  • Rawstron, Burley y Elder (2005): revisión sistemática sobre la eficacia de los ejercicios oculares de la terapia visual. No encuentra evidencias de que estos ejercicios sean útiles para el tratamiento de la dislexia o las dificultades de aprendizaje.
  • AAP, AAO y AAPOS (1998): revisión firmada por tres asociaciones científicas de EEUU en las que se afirma que no hay una causa visual conocida de las dificultades de aprendizaje ni se conoce ningún tratamiento visual eficaz para ellas.
  • Kavale (1984): revisión que indica que el programa de Frostig (autora muy citada en este libro) no es eficaz en la mejora de las habilidades viso-perceptivas ni del rendimiento escolar.
  • Kavale y Mattson (1983): un meta-análisis que pone en cuestión la eficacia de los programas perceptivo-motores.

Y no se hace referencia a ellos. El libro de Miguel parece ignorar las críticas a las intervenciones optométricas sobre la lectura.

Y para acabar: una sorpresa

Podría seguir con un comentario sobre los modelos de actividades que se proponen. Incluso tengo en el colegio algunos materiales antiguos que estas actividades me han hecho recordar, pero para terminar quiero compartir que mi mayor sorpresa con este libro ha sido encontrarme al señor Carl Delacato citado como pionero de las investigaciones que han puesto de relieve la importancia de las habilidades fonológicas, de las que se derivarían los métodos de aprendizaje fonético de la lectura (que existían muchos años antes que las investigaciones sobre las habilidades fonológicas y que el señor Delacato).

Pues ¡vaya!, existe un libro sobre Diagnóstico y tratamiento de los problemas de lenguaje y lectura escrito por Delacato. La obra original se publicó en 1967 y, en lo único que he podido consultar, que es un resumen del libro, expone el modelo de desarrollo de Doman y Delacato, antecesor de las terapias perceptivo-motoras con reptaciones, gateos, etc.

¿El Ministerio de Educación nos ha proporcionado una buena guía para plantear la enseñanza de la lectura y la comprensión?, ¿el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa se dedica realmente a esas dos cosas? Son preguntas que dejo abiertas para que cada uno las responda como quiera.

 

 

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La estrategia de lectura que ayudó a ganar la II guerra mundial

Este verano en la 20th european conference on literacy escuché a uno de los ponentes hablar de la estrategia SQ3R diciendo algo así como que es la estrategia que ganó una guerra. Como me gustan las cosas llamativas, he buscado algo de información y me he encontrado con una cita de Thomas Sticht, que la denomina “la fórmula de lectura que ayudó a ganar la II guerra mundial”.

Tom Sticht ha sido profesor en la universidad de Harvard y, además, ha trabajado en la mejora de la alfabetización de los nuevos reclutas del ejército estadounidense. Sticht cuenta como, durante la guerra, las universidades de Estados Unidos se llenaron de soldados que trataban de adquirir conocimientos técnicos especializados. Estos soldados seguían cursos acelerados y muy densos, con manuales bastante complejos, de modo que era fácil que experimentasen problemas de comprensión.

Francis Robinson pertenecía a la facultad de psicología de la universidad estatal de Ohio y fue elegido para dirigir un programa de técnicas de estudio para mejorar la lectura del personal militar. Al comprobar que los estudiantes utilizaban formas de lectura poco sistemáticas, desarrolló el método SQ3R. El método fue publicado en su libro de 1946 Effective study.

La estrategia

En español se denomina a esta estrategia con las siglas inglesas, como EPL2R o yo la suelo llamar IPLER. En este documento se puede encontrar una guía que preparé para utilizarla.

Los pasos de la estrategia son

Inspecciona (Survey)

Consiste en dedicar unos  minutos (se supone que se están estudiando materiales de una extensión considerable) a mirar la estructura del texto y sus características más llamativas: títulos, subtítulos, imágenes, cuadros, diagramas, introducción, conclusión, palabras destacadas…

Pregunta (Question)

Se trata de generar preguntas a partir del contenido. Se puede hacer transformando los encabezados que se han leído en el paso anterior en preguntas o de forma más general: ¿sobre qué trata este capítulo?, ¿qué es lo que trata de responder?, ¿qué información me va a aportar? Otra pregunta importante que se podría añadir es ¿qué sé sobre este tema?, aunque esa no se tratará igual ya que se podría responder en el momento y no posteriormente.

Lee (Read)

Se lee de forma activa, intentando contestar a las preguntas formuladas en el paso anterior. Durante esta lectura se suelen señalar algunas cuestiones como las dudas, la información importante, palabras clave o relaciones con los conocimientos propios.

Expón (Recite)

Recordar lo que se ha aprendido como si se estuviera contando esa información a alguien. Es importante hacerlo parafraseando, es decir utilizando las propias palabras en lugar de pretender repetir literalmente el texto.

Repasa (Review)

Se utiliza algún recurso para volver sobre el contenido. Intentar contestar a las preguntas de la segunda fase sin tener el texto delante, repetir la fase anterior (expón) o hacer un esquema o resumen del texto sin consultarlo.

Uso y eficacia

Una ventaja de SQ3R es que puede utilizarse con cualquier texto expositivo, normalmente con los mismos textos de aula, de modo que evita al profesor un trabajo notable de selección y edición de materiales. Otra característica notable de este paquete de estrategias es que se emplea con textos muy extensos, como libros completos.

Además de para la formación de los soldados estadounidenses, la técnica SQ3R se ha empleado con alumnado universitario y también ha tenido un uso escolar. La verdad es que falta una revisión acerca de la investigación sobre su eficacia. Respecto al uso escolar, hay estudios que indican que no es más útil que otras técnicas de estudio o que las estrategias de aprendizaje que desarrollan los alumnos por sí mismos (Graham, 1982; McCormick y Cooper, 1991). En realidad, echando un vistazo a las investigaciones sobre su aplicación en edad escolar que aparecen en ERIC o Google Académico, no da la impresión de ser una estrategia eficaz. Existen numerosas variantes de SQ3R y algunas si que han mostrado resultados positivos, como Multipass (Schumaker, Deshler, Alley, Warner y Denton, 1982).

Por otra parte, ha sido recomendada para mejorar la comprensión lectora de alumnado con trastorno específico del lenguaje (TEL) (Ward-Lonergan y Duthie, 2016), y se ha empleado la variante SQ4R con adolescentes con TDAH (Meyer y Kelley, 2007). Pero la impresión que produce es que la segunda guerra mundial se decidió por otros motivos…

 

 

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Falta de relación entre lateralidad cruzada y problemas de lectura

Son bastantes la ocasiones en la que me he encontrado o he tenido noticia de que a algún alumno con problemas de rendimiento “se le ha detectado una lateralidad cruzada”, lo que, supuestamente, explicaría esos problemas. El siguiente paso suele ser que el alumno deba recibir un “tratamiento” para solucionar el problema. En algunos casos, los “terapeutas” llegan a tener el cinismo, o tal vez el candor, de decir que han solucionado el problema, que el alumno está bien preparado para leer correctamente y que si no lo hace es porque en la escuela no estamos haciendo bien nuestra parte.

Se trata de un tema  que ya traté en mi otro blog sobre TDAH, pero que retomo aquí por la reciente publicación de un meta-análisis sobre la relación entre lateralidad cruzada, inteligencia y rendimiento académico. Este trabajo está realizado por Marta Ferrero, Guillian West y Miguel Ángel Vadillo.

La lateralidad cruzada es el hecho de que la dominancia de distintas partes del cuerpo corresponda a la misma mitad (izquierda o derecha) del cuerpo. Se suelen considerar la mano, pierna y ojo, aunque hay quien también valora la dominancia de oído. Desde hace bastante tiempo, se ha considerado que los problemas de lateralidad (la lateralidad cruzada y otros como la lateralidad indefinida) son un síntoma, por ejemplo, de la dislexia. Según los autores de este trabajo, esta idea se remonta a Samuel Orton (1879-1948).

El meta-análisis

En la revisión realizada se localizaron 26 investigaciones, en las que participaron más de 5000 alumnos. De las 23 investigaciones en las que se valoró la relación entre lateralidad cruzada y problemas de lectura solo en 4 de ellas se encontraron resultados positivos. El tamaño del efecto de la relación entre lateralidad cruzada y lectura fue -0,03, es decir un efecto nulo, prácticamente cero. Algo similar ocurría al valorar la relación entre lateralidad cruzada y otras variables. El tamaño del efecto de la relación entre la teralidad e inteligencia fue -0,04. Los estudios localizados no mostraban que hubiera una relación estadísticamente significativa entre la lateralidad cruzada y la habilidad para deletrear, el vocabulario o la articulación.

De los cuatro estudios que analizaron la relación entre lateralidad cruzada y cálculo solo uno encontró un resultado estadísticamente significativo. En esta investigación los alumnos que mostraron dominancia derecha obtuvieron mejores resultados que los que mostraron dominancia de la mano derecha y el ojo izquierdo.

Diagrama de embudo en el que se ordenan los resultados obtenidos por los distintos estudios según su tamaño del efecto (horizontal) y el error estándar (vertical).

En una de las ilustraciones que se incluyen en el artículo se puede ver con mucha claridad la relación nula que hay entre lateralidad cruzada y aprendizaje. En este diagrama de embudo los resultados convergen hacia el 0 (relación nula) especialmente cuando están en la parte superior, es decir cuando el error estándar es menor, creo que por el mayor tamaño de las muestras.

Un detalle interesante que señalan los autores es que los instrumentos utilizados para medir la lateralidad han sido muy diversos y no siempre fiables. Finalmente, este meta-análisis tiene dos implicaciones claras para la educación. En primer lugar, parece que no merece la pena dedicar tiempo a evaluar la lateralidad de los alumnos y, en segundo lugar, serían desaconsejables las intervenciones de mejora basadas en la reeducación de la lateralidad. Las razones para eso son que no se ha identificado que exista ninguna relación entre lateralidad cruzada y aprendizaje.

Breve resumen en preguntas y respuestas

¿La lateralidad cruzada produce problemas de aprendizaje de la lectura?

Tras revisar la investigación realizada sobre el tema no se ha encontrado que exista relación entre lateralidad cruzada y aprendizaje de la lectura.

¿Es conveniente realizar intervenciones para reeducar la lateralidad cruzada?

Es improbable que esas intervenciones tengan impacto sobre el aprendizaje. Sabemos poco sobre otros posibles beneficios.

¿Es cierto que existen investigaciones que muestran que la lateralidad cruzada es una causa de los problemas de lectura?

Existen investigaciones que muestran una relación entre lateralidad cruzada y problemas de lectura. Curiosamente, también hay investigaciones que muestran una relación entre lateralidad cruzada y buena lectura. Cuando se aglutinan todos estos datos, el resultado es que no hay relación entre lateralidad cruzada y lectura.

El hijo de una amiga de mi primo mejoró mucho después de que le corrigieran un problema de lateralidad cruzada. ¿Cómo se explica eso?

Cabe la posibilidad de que el motivo de la mejora fuera otro: el propio desarrollo del niño, tomar conciencia de la existencia de una dificultad, otras ayudas que pudiera recibir, incluso que no existiera ningún problema…

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Los comentarios perdidos de SENA System

Comienzo con un resumen para que quede bien claro lo que quiero comunicar: SENA es una supuesta intervención que, cuando escribo esta entrada, no ha dado pruebas de ser eficaz en el tratamiento de problemas de lectura o comprensión (ni de otros problemas en los que la compañía afirma que obtiene mejoras). A pesar de la falta de resultados, la web de SENA y la intensa campaña de publicidad que están realizando indican que ayuda al tratamiento de la dislexia, problemas de aprendizaje, déficit de atención, lectoescritura, hiperactividad, TEL, trastornos del desarrollo, trastornos emocionales, pérdida de audición, depresión, ansiedad y también al aprendizaje de idiomas o de música.

He pedido y, hasta el momento, no me han dado la referencia a ninguna investigación con resultados que justifiquen la utilidad de este programa. ¿De dónde viene lo de los comentarios perdidos? Tras solicitar en varias ocasiones que aporten datos que justifiquen lo que prometen en su publicidad, me encuentro con que un buen día han desactivado la opción de hacer comentarios (en facebook) y ya no se pueden ver las interesantes conversaciones que habíamos mantenido.

Antepasados conocidos

Según se explica en su web SENA© es un tratamiento que se lleva a cabo a través de un moderno Software que modifica la estructura armónica del sonido, dando respuesta neurosensorial al estímulo sonoro. Con esta estimulación la cóclea se ve obligada a realizar un esfuerzo para procesar los sonidos de una forma distinta a como lo ha hecho siempre. Con dicho esfuerzo, las células ciliadas del oído interno recuperan su elasticidad y su flexibilidad recuperando, así, los umbrales de audición. Consiguiendo mejorar la calidad auditiva de las personas y como resultado la calidad de vida de las personas.

Sorprendente. De hecho creo que una de las cuestiones que planteé al contactar con ellos era qué sistema habían seguido para medir la elasticidad de las células ciliadas. Porque a mí solo se me ocurre coger unas cuantas y estirarlas a ver qué pasa, pero no creo que eso sea fácil de hacer.

Las modificaciones de la estructura armónica y algunas de las fotos que ilustran la web recuerdan a los sistemas de Berard y Tomatis. Para que esto no se alargue mucho, indico que ya escribí sobre ellos en una revisión. Se podría decir que estos programas de integración auditiva apenas han dado muestras de producir alguna mejora y distintas instituciones científicas han mostrado reparos sobre su uso.

Parece que una de las diferencias entre SENA y estos antepasados es que SENA utiliza un sistema digital para realizar las modificaciones en las grabaciones que se escuchan, sin que tengamos ninguna razón teórica o empírica para creer que eso pueda darle alguna eficacia.

Investigación, desarrollo e innovación

La web de SENA incluye una sección de I+D+I en la que espero encontrar las referencias a los estudios que justifiquen que lo que indican en la publicidad es cierto. Esta sección nos ofrece un gráfico sin título que (cuando consulto) dice: investigación 90%, desarrollo 88%, innovación 91%, tecnología 95%. Como no tiene título ni explicaciones, no sé a qué se refieren esos porcentajes.

Tal como esperaba, la sección no incluye ni una sola referencia a estudios o resultados de algún tipo, así que me pregunto a qué han dedicado el 90% de investigación. Lo que sí que se ofrece es el esbozo de un modelo explicativo.

Volvemos a la elasticidad de las células ciliadas de la cóclea. Al parecer , SENA modifica la estructura armónica del sonido.
Con esta modificación del sonido, la cóclea se ve obligada a realizar un esfuerzo para procesar los sonidos de una forma distinta a como lo ha hecho siempre. Con dicho esfuerzo, las células cilíadas del oído interno recuperan su elasticidad y su flexibilidad recuperando, así, los umbrales de audición.

Además, nos informa de que SENA se basa en dos principios:

  1. Los sonidos de baja frecuencia se propagan a mayor intensidad que los de alta frecuencia, que no sé si está muy bien redactado.
  2. Los trabajos de Bárány y von Békésy.

A esos dos autores no los conozco así que busco algo sobre ellos. Von Békésy (1899-1972) fue un biofísico húgaro, ganador del premio Nobel por su investigación sobre la cóclea. La primera fuente que encuentro, que es Wikipedia indica que la decisión del comité del Premio fue controvertida desde el comienzo, y las investigaciones después de tres décadas revelaron que las principales conclusiones de Békésy eran incorrectas. Un comienzo poco prometedor. Bárány también fue ganador del premio Nobel, en 1914, por sus trabajos sobre el aparato vestibular. Vivió entre 1876 y 1936.

En esta sección de I+D+I también se concretan los principios para la intervención en dificultades escolares, tras afirmar (sin ninguna prueba y parece que sin ninguna vergüenza) que el tratamiento ayuda a evitar el retraso escolar. La compañía nos indica que para obtener un óptimo rendimiento académico son necesarias dos cosas: no estar sordo y tener una buena audición. Una buena frase para incluir en la antología del disparate.

Los comentarios perdidos

El caso es que en enero comenzaron a aparecer en mi muro de Facebook entradas publicitarias de SENA System. Tras ver que eran persistentes decidí hacer algunos comentarios. La verdad es que he perdido algunos porque lo de hacer capturas de pantalla se me ocurrió más tarde y por esa fecha desactivaron la posibilidad de comentar y desaparecieron todos aquellos intercambios.

En varias ocasiones solicité que aportaran alguna referencia sobre investigaciones que respaldasen sus afirmaciones. Al principio me invitaron amablemente a ponerme en contacto con la compañía para que me explicasen el funcionamiento del método. Sin embargo, insistí que ya que estaban haciendo esa campaña en Facebook y eran ellos los que se habían dirigido a mí por ese canal, me dieran por él esa información. En aquel momento había algún otro comentario interesándose por las pruebas de los beneficios de SENA.

En mi siguiente comentario me interesé en la forma como habían valorado que las células ciliadas de la cóclea se volvían más elásticas con el tratamiento con SENA. También insistí en la necesidad de pruebas. Si se afirma que el tratamiento es útil para una serie de problemas y no hay pruebas de esa utilidad podría tratarse de una engañifa (recuerdo haber usado esa palabra).

Una de las respuestas me indicaba que habían hecho una investigación que pronto iban a presentar. Mis preguntas sobre los problemas que se trataron en esa investigación, el tamaño de la muestra, la existencia de grupo de control o las pruebas de evaluación se quedaron sin respuesta.

Mi último comentario es el que aparecen en la imagen. Como la palabra que usan es “demostrado” doy por supuesto que tiene que haber alguna prueba (si no, ¿cómo se demuestran las cosas sin pruebas?) y solicito información sobre esas pruebas.

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Cuando al día siguiente entré en Facebook para ver la respuesta me encontré con la sorpresa de que no había ni respuesta ni pregunta. Los comentarios habían sido desactivdados en todas las entradas de SENA y no había posibilidad de ver nuestras interesantes conversaciones.

Conclusiones

  • SENA afirma que es un tratamiento útil en una buena serie de problemas que tienen distintos orígenes: ansiedad, TDAH, dislexia, depresión… (incluso en su web parecen sugerir que la esquizofrenia, el parkinson o el alzheimer). No parece probable que problemas tan distintos se puedan tratar con el mismo método. Los técnicos SENA se forman, literalmente, en cuatro días: dos presenciales y dos online.
  • No se ha publicado ningún estudio en el que se aprecien los beneficios que SENA propone. Eso no les ha impedido llevar 11 años utilizando su método, sin hacer nada más que una investigación que presentarán próximamente… y de la que no dan ningún detalle.
  • Su base teórica parece mínimamente desarrollada: se refieren a dos investigadores que realizaron estudios sobre el oído y se sugiere que hay relaciones entre la audición y los trastornos que pretenden tratar. También se afirma que la clave está en que las células ciliadas recuperan su elasticidad con la intervención. El caso es que no sabemos cómo miden esa elasticidad ni parece probable que esa pérdida de flexibilidad sea la causa de los problemas que tratan. Ni siquiera han proporcionado datos de que exista la supuesta recuperación de elasticidad o de recuperación de los umbrales de audición.
  • Actualmente, SENA está realizando una campaña publicitaria y parece incomodarles el tener que dar explicaciones públicas sobre la eficacia de sus propuestas. Curiosamente, en lugar de aportar razones para justificar su propuesta, lo que hacen es eliminar las solicitudes de información, pero mantienen afirmaciones engañosas diciendo que el sistema funciona, incluso que su utilidad está demostrada.
  • Invito al lector a que piense la última conclusión.

 

 

 

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Aprendizaje basado en proyectos: ¿útil para mejorar la comprensión lectora?

En 1918, William Heard Kilpatrick publicó un libro titulado El método de proyectos. En este método se proponía organizar el currículo y las actividades de clase en torno a un tema central. Los alumnos trabajarían este tema con su profesor como guía explorando, experimentando y dirigiendo su aprendizaje a partir de sus propios intereses.

Este método didáctico continúa utilizándose y, curiosamente, en la actualidad se considera una propuesta innovadora. También se pueden encontrar opiniones que indican que produce efectos positivos sobre la comprensión lectora, ya que en muchos proyectos los alumnos tienen que buscar información, leer en distintas fuentes y sintetizar lo que encuentran en ellas.

Una investigación reciente

La organización Education Endowment Foundation ha publicado los resultados de una investigación sobre la eficacia del método de proyectos.

En esta investigación participaron 24 escuelas: 12 (2101 participantes) siguieron el método REAL projects y otras 12 (1973 participantes) sirvieron como control. El programa se aplicó en 6º curso de primara (Year 7) durante los cursos 2014-2015 y 2015-2016. Se dedicó entre el 20% y el 50% del tiempo lectivo al trabajo por proyectos.

Foto de Kodjaman. En Wikimedia commons

Foto de Kodjaman. En Wikimedia commons

Baja fiabilidad

A pesar de que participó un número considerable de alumnos y que las escuelas que siguieron el método de aprendizaje por proyectos se seleccionaron al azar, los autores consideran que los resultados son poco fiables. La razón es que el 47% de los alumnos que realizaban el método de proyectos y el 16% de los alumnos del grupo de control fueron excluidos del estudio.

La razón de que casi la mitad de los datos del grupo experimental tuvieran que ser descartados es que varias escuelas abandonaron la investigación. Curiosamente, también sucedió que algunas de las escuelas del grupo de control emplearon el método de proyectos.

Resultados

El estudio se centró en el desarrollo de la competencia lingüística, más específicamente, un concepto que aún no tiene un nombre de uso común en español y que se está llamando “literacidad”. La prueba incluía ítems sobre la comprensión lectora de dos textos y otros sobre gramática y correspondencias entre letras y sonidos (spelling).

El uso del método de proyectos no produjo mejoras en los resultados de la prueba de literacidad, en la actitud de los alumnos hacia la escuela ni en sus tasas de asistencia. Las diferencias fueron muy pequeñas y, curiosamente, a favor del grupo que no había utilizado el aprendizaje por proyectos. Sí que se encontró un resultado negativo en los alumnos de familias con menor nivel socio-económico, pero no se apreciaron diferencias significativas entre los alumnos con bajo rendimiento.

No se encontraron diferencias entre de los grupos de trabajo por proyectos y de los grupos de control en cuanto a actitud hacia la escuela y asistencia.

Los autores no descartan que el método de proyectos pueda mejorar otras habilidades de los alumnos que no se evaluaron en este estudio, pero sí que señalan que, en general, las evidencias sobre su eficacia son bastante débiles.

Las 104 páginas del informe ofrecen mucha más información sobre la forma como se aplicó el método de proyectos o su coste.

 

 

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Descarga “eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia” hasta el 9 de junio

Se acaba de publicar en Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología la revisión que hice con Gerardo Aguado sobre la (in)eficacia de los “tratamientos alternativos” para la dislexia.

La revista establece un periodo en el que se puede descargar libremente el artículo. Eso será hasta el 9 de junio. Después, el acceso sólo se podrá realizar por suscripción. El trabajo se puede descargar en este enlace: eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia: una revisión.

Esta revisión fue encargada por la asociación Dislebi y el Colegio de Logopedas del País Vasco. El Colegio de Logopedas ofrece la primera versión del informe, que puede ser útil para quien tenga interés pero no haya llegado a tiempo para descargar la de la revista. Los contenidos son muy similares, aunque la de la revista tienen algunas modificaciones realizadas a partir de las sugerencias de los revisores y para adaptarse al formato de revista.

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(In)eficacia de las “intervenciones alternativas” para la dislexia

Os presento un interesante informe titulado Eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia: una revisión. Es un trabajo que he preparado junto con el profesor Gerardo Aguado por encargo del Colegio de Logopedas del País Vasco y la asociación Dislebi.

Se trata de una revisión en la que se examina la investigación sobre la eficacia de distintos métodos para la mejora de la dislexia (trastorno de lectura o dificultad específica de aprendizaje de la lectura). Al tratarse de un campo inmenso, nos centramos en la búsqueda de trabajos de síntesis: meta-análisis, revisiones sistemáticas o síntesis de la mejores evidencias en los que ya se haya hecho una búsqueda sistemática de la investigación sobre un tipo de intervención. Cuando no encontrábamos estos trabajos de síntesis buscamos revisiones narrativas (se hace una búsqueda pero no es sistemática) o las investigaciones primarias que daban soporte a ese método.

A continuación hago una lista con los tipos de intervención examinados y la información fundamental encontrada sobre cada uno.

Intervenciones de tipo fonológico

Son las que incluyen actividades para la práctica de las habilidades fonológicas (discriminación y manipulación de los sonidos de la lengua), la asociación entre letras y combinaciones de letras y sonidos y la práctica de la lectura.

Existen varios trabajos de síntesis, desde 1999 hasta la actualidad, que muestran un efecto positivo de estas intervenciones en el alumnado con dislexia.

Integración auditiva

Esta intervención, también conocida como método Tomatis, método Bérard o terapia auditiva se basa en la escucha de música gregoriana o de Mozart modificada para eliminar algunas frecuencias.

En 1999 se publicó un meta-análisis de cinco investigaciones que encontraba pequeñas mejoras en medidas de tipo lingüístico con el método Tomatis. No se han encontrado trabajos posteriores que repliquen estos resultados. Las investigaciones realizadas con posterioridad tienen serios problemas de método (falta de grupos de control), ofrecen resultados poco claros, o no son localizables.

Entrenamiento auditivo con soporte informático

Esta sección se refiere a programas como Fast ForWord, Earobics o LiPS.

La eficacia de estos programas, especialmente de Fast ForWord se está debatiendo actualmente. Existen tres meta-análisis recientes de los que dos no encuentran mejoras en la lectura y otro encuentra mejoras en el aprendizaje de las correspondencias entre letras y sonidos, pero no en otras áreas como la fluidez o la comprensión lectora.

Terapia visual

También conocida como terapia optométrica. Trata de solucionar mediante ejercicios problemas visuales relacionados con la convergencia, el enfoque y los movimientos oculares.

Los distintos trabajos de síntesis que han considerado esta alternativa no encuentran evidencias de su utilidad para el tratamiento de la dislexia. En general consideran que los trabajos de investigación realizados son de baja calidad, de modo que, normalmente, no cumplen los requisitos de método para ser incluidos en las revisiones.

Resulta curioso que hemos encontrado un trabajo de 1974 en el que ya se ponían en duda los beneficios de la intervención optométrica para el tratamiento de las dificultades de aprendizaje. Después de más de 40 años no se han aportado evidencias de esos beneficios, pero continúan ofertándose estas intervenciones.

Lentes tintadas

Se trata de unas gafas de colores fabricadas por las empresas Irlen o Intuitive que solucionarían o paliarían un supuesto síndrome de la sensibilidad escotópica o estrés visual, reduciendo el esfuerzo para leer.

La distintas revisiones realizadas desde 1990 no encuentran evidencias de su eficacia y, más bien, señalan la baja calidad de las investigaciones que se han realizado. La más reciente de todas indica que las posibles mejoras se podrían deber a un simple efecto placebo.

Entrenamiento perceptivo-motor

Se trata de distintos métodos como Brain Gym, DORE, INPP, Padovan o la terapia de movimientos rítmicos que tratan de solucionar las dificultades de lectura mediante la repetición de patrones de movimiento o ejercicios de equilibrio y coordinación. Varios de estos programas se derivan de los métodos desarrollados por Doman y Delacato y, a veces se presentan en los colegios como programas de estimulación temprana y últimamente con nombres que incluyen el prefijo “neuro” (neuro-estimulación, neuro-motricidad…).

Ya en 1983 se publicó una revisión general que indicaba que las intervenciones perceptivo-motoras no producían efectos apreciables sobre la lectura, la escritura, el lenguaje o el rendimiento académico y, curiosamente, tampoco sobre la percepción o la motricidad.

Respecto a programas concretos:

  • Brain Gym: una revisión recomienda evitar su uso por falta de fundamentación e investigación.
  • Frostig: una revisión encuentra que no es eficaz en la mejora de las dificultades viso-perceptivas ni del rendimiento escolar.
  • DORE (anteriormente DDAT): no existen revisiones, sólo hemos localizado dos investigaciones (un estudio experimental y su seguimiento) que encuentran un efecto positivo en la mejora de la lectura. Estos estudios fueron criticados por varios autores, originándose una sucesión de réplicas y contrarréplicas.
  • Integración de reflejos primitivos o movimientos rítmicos: existe una revisión que no hemos podido localizar y que indica un pequeño efecto positivo del programa INPP. Sólo hemos podido encontrar el informe de una de las investigaciones incluidas en esta revisión, en el que no se encuentran mejoras en lectura con la aplicación de INPP. Existen otras dos investigaciones que encuentran efectos positivos de otros programas de integración de reflejos primitivos.
  • Gateo: aunque se trata de una parte de los programas derivados de Doman y Delacato, es frecuente encontrarlo recomendado para la prevención de problemas de aprendizaje. No hemos encontrado ninguna investigación sobre esta práctica.
  • Padovan: no hemos encontrado ninguna investigación sobre su eficacia en la lectura, a pesar de que se desarrolló como método para tratar la dislexia.

Técnicas quiroprácticas

Tratan de solucionar los problemas de lectura mediante manipulaciones de los tejidos blandos del cuerpo.

Existe una revisión que (sorprendentemente) encontró varios estudios al respecto, con baja calidad de método.

Más concretamente, sobre la kinesiología hemos encontrado un informe de caso y un estudio sobre la “terapia girasol” (combinación de kinesiología aplicada, osteopatía, masajes, homeopatía, fitoterapia y programación neurolingüística) en el que no se encontraron efectos significativos sobre la lectura. Aunque existen algunas revisiones sobre los efectos de la osteopatía, ninguna de las que hemos localizado menciona investigaciones que encuentren beneficios en el tratamiento de problemas de lectura.

Integración sensorial

Tratan de solucionar problemas de integración sensorial (la existencia de estos problemas es objeto de debate actualmente) proporcionando una estimulación controlada. Muchas veces se identifica con la terapia ocupacional.

Existen investigaciones que encuentran efectos positivos de la integración sensorial en campos como el lenguaje, el aprendizaje o la lectura. También hay otras investigaciones que no encuentran esos efectos. Las revisiones realizadas muestran una pauta que explica estas diferencias: las investigaciones realizadas antes de 1983 y las investigaciones con menor calidad de método son las que, en conjunto muestran un efecto positivo de la integración sensorial en el aprendizaje. En cambio, si se atiende a los estudios más rigurosos, no se encuentra ese efecto.

Hay una técnica concreta que ha merecido una revisión. Se trata del protocolo de Willbarger (la parte más conocida es el cepillado de Willbarger). La revisión indica que, sencillamente, no existe investigación sobre sus efectos en niños de modo que no se pueden obtener conclusiones sobre su eficacia.

Método Davis

A partir de la idea de que las personas con dislexia piensan con imágenes y no con palabras propone algunas estrategias para solucionar la supuesta desorientación que les producirían las palabras sin contenido semántico (pronombres, preposiciones, determinantes…) que no permiten formar una imagen mental.

No se ha encontrado ninguna revisión sobre su eficacia. Además su investigación es difícil puesto que se trata de un método registrado que sólo puede ser aplicado por personas certificadas por la Davis Dyslexia Association International. No obstante, se han publicado algunas investigaciones, con  muestras muy pequeñas. La única de estas investigaciones experimentales de la que hemos podido conseguir el texto completo está escrita en persa. Otros estudios no experimentales que sí hemos podido consultar tenían serios problemas de método.

Neurofeedback

Se trata de un sistema tecnológico que informa a la persona tratada sobre algunos parámetros de la actividad eléctrica que acompaña al funcionamiento del cerebro con el objetivo de que aprenda a realizar modificaciones en estas medidas.

Sólo hemos localizado dos estudios sobre la eficacia de esta técnica para mejorar la lectura: un  estudio experimental con una muestra pequeña que no encontró mejoras en lectura, aunque sí en deletreo y un estudio de caso único con seis participantes en el que se encontró una disminución del número de errores y un aumento de la velocidad de lectura.

Musicoterapia y educación musical

La musicoterapia es el uso de la música para conseguir beneficios en la salud, mientras que la educación musical es la enseñanza de contenidos relacionados con la música.

Las tres revisiones que hemos encontrado sobre la influencia de la música en la lectura no encuentran efectos positivos.

Dieta

Trata de conseguir mejoras mediante el uso de dietas o el consumo de suplementos alimenticios.

Las revisiones localizadas han tratado en el efecto de los ácidos grasos coincidiendo en la falta de estudios rigurosos suficientes como para obtener una conclusión.

Tratamientos desaconsejados

Muchas veces los investigadores, con un ánimo de objetividad e imparcialidad, omiten algunas conclusiones. Me estoy refiriendo conretamente a esas revisiones en las que no se encuentra investigación sobre un método y se concluye que no es posible recomendarlo o rechazarlo por esa falta de estudios.

Una postura alternativa es que, al menos en el caso de la dislexia, lo que no haya mostrado ser eficaz debería evitarse y, si se utiliza tendría que ser de forma experimental y durante un tiempo prudencial (algunas intervenciones llevan más de 40 años utilizándose “de forma experimental” sin encontrarse resultados claros de su eficacia). Por otra parte, la recomendación de intervenciones que no hayan mostrado ser eficaces es, como poco, una irresponsabilidad.

Son varias las asociaciones científicas que han publicado comunicados desaconsejando el uso de algunas de las intervenciones que se han expuesto, entre ellas están la American Academy of Audiology, American Academy of Ophtalmology, American Academy of Pediatrics, American Association for Pediatric Ophtalmolgy and Strabismus, American Association of Certified Orthoptists, American Optometric Association, American Speech-Language-Hearing Association, Educational Audiology Association

Algunas de estas asociaciones han considerado que intervenciones como la integración o terapia auditiva (Berard-Tomatis), la terapia visual (optometría), las lentes de colores o la integración sensorial no deberían ser ofrecidas como tratamientos para la dislexia o los problemas de lectura, a no ser que sea con fines experimentales, es decir, como parte de una investigación para recoger datos sobre su utilidad y advirtiendo a las familias de los niños de ese carácter experimental.

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La dislexia NO es un problema visual

Sobre las intervenciones optométricas o terapia visual para el tratamiento de problemas de lectura ya he escrito anteriormente en el blog. Consideran que los problemas de lectura están relacionados con problemas visuales relacionados con la movilidad ocular (convergencias, divergencias y acomodación), aunque también es posible encontrar explicaciones más sofisticadas (déficits en el sistema magnocelular) o relacionadas con la lateralización ocular.

Aunque sus resultados tienen muy poco respaldo científico, proponen tratamientos para los trastornos de lectura, encontrándose dos posiciones: una fuerte, según la cual el tratamiento optométrico sería suficiente para solucionar los problemas de lectura y otra más moderada según la cual, una vez solucionados los problemas de movilidad ocular, sería necesario aplicar otros métodos de intervención, que serían poco eficaces sin una terapia visual previa.

El motivo por el que vuelvo sobre el tema es la reciente publicación de un artículo sobre los problemas oftalmológicos y la dislexia (ophtalmic abnormalities and reading impairment). Este artículo ha sido publicado en la revista Pediatrics y toma datos de 5822 niños.

El estudio

Los participantes pertenecen a la llamada cohorte Avon, en la que se sigue a los hijos de un número importante de embarazadas (el 72% del total) de la localidad de Avon (Reino Unido) que tenían previsto el parto entre el 1 de abril de 1991 y el 31 de diciembre de 1992.

Cuando estos niños tenían entre 7 y 9 años de edad se les hizo un examen óptico valorando: ambliopía, sensibilidad al contraste, problemas refractivos, estrabismo, enfoque, percepción de profundidad y convergencia ocular. También se valoró su lectura con un test estandarizado.

Los resultados

Los autores ofrecen dos grupos de resultados: las comparaciones entre los participantes y las mismas comparaciones ajustando estadísticamente según una combinación de factores (sexo, nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, y madre fumadora). En el modelo “en bruto” la percepción de profundidad es la única variable en la que se encuentra una diferencia significativa entre los niños con un bajo rendimiento significativo en lectura y los lectores normales. En el modelo ajustado se encuentran diferencias significativas en la fusión a corta distancia y en la percepción de profundidad, aunque con una diferencia menor que en el modelo “en bruto”.

Aunque no se encontraron diferencias entre los lectores normales y los lectores con dificultades en la mayoría de las pruebas, aparentemente los resultados parecen confirmar la idea de que los alumnos con dislexia sí que tienen alguna dificultad visual. Sin embargo, para hacerse una idea de la significación clínica de los resultados, sólo un 1% de los lectores con dificultades tuvo problemas considerables en la prueba de profundidad, problemas que también tuvo un 0,3% de los lectores normales. En cuanto a la fusión, los problemas se apreciaron en un 17% de los niños con problemas de lectura y en un 11% de los niños con lectura normal.

Las conclusiones

La principal conclusión es que la mayoría de los niños con dificultades significativas de lectura tenían una visión normal. Los autores critican duramente las recomendaciones que se hacen de utilizar tratamientos basados en la mejora de la visión para las dificultades de lectura y dicen (traduzco lo que aparece escrito en el artículo) que:

Los datos presentados en este artículo pueden ser de ayuda para las familias como una reafirmación de que es improbable que la función visual esté contribuyendo a los problemas de lectura de sus hijos y, de esta forma, pueden dirigirse a otras opciones para ayudar a estos niños. Las opciones potenciales de tratamiento para la dislexia son variadas y pueden durar de por vida, por tanto, las implicaciones económicas son significativas, así como lo es la pérdida de oportunidades para los niños y las familias si se eligen intervenciones que no están basadas en evidencias mientras que se dejan de lado otras potencialmente beneficiosas.

Respecto a las intervenciones potencialmente beneficiosas proponen la práctica de las relaciones entre letras y sonidos (phonics) y las intervenciones de análisis de palabras, fluidez lectora y mejora de la comprensión.

 

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¿Más razones para no leer? Los estilos de aprendizaje

Los estilos de aprendizaje se refieren a la idea de que la gente aprende la información de distintas maneras que se pueden agrupar en un pequeño conjunto de estilos. Normalmente a esa idea se le suele añadir otra: que la enseñanza sólo sera eficaz si al alumno se le enseña de acuerdo con su perfil de aprendizaje. Ahí es donde encontramos la relación entre esta teoría y la comprensión lectora. Supuestamente, los alumnos con un estilo visual aprenderán mucho con la lectura. Eso no me ha quedado claro del todo porque a veces a veces he leído que de lo que se benefician los que tienen estilo visual es de cuestiones como “mind-maps”, gráficos e imágenes. Lo que está claro es que, según estas teorías, los alumnos con estilos auditivo o kinestésico perderán el tiempo leyendo, ya que su forma de aprender es diferente.

¿Parece que estoy exagerando? En parte sí, no conozco modelos serios de estilos de aprendizaje que recomienden evitar la lectura en algunos alumnos. Pero en parte no es una exageración: algo que se deriva de la aplicación de las teorías de estilos de aprendizaje es que si el alumno no aprende con las explicaciones del profesor y la lectura de los temas, habrá que adaptar la enseñanza a su estilo dominante, y eso implica reducir las explicaciones y la lectura.

Los problemas de los estilos de aprendizaje

Antes que nada me gustaría dejar claro que estoy perfectamente de acuerdo con la idea de que no todos los alumnos aprenden igual. Lo que no está claro es que esas diferencias se deban a que tienen distintos estilos de aprendizaje. ¿A qué se deben entonces? No lo sé, pero sin duda hay que tener en cuenta que cuando se explica algo en clase no todos parten del mismo nivel. Unos alumnos saben más sobre el tema y otros saben menos. También hay que tener en cuenta las aptitudes de los alumnos, sus preferencias, qué es lo que se les está tratando de enseñar y, en el caso del aprendizaje mediante la lectura, hay que tener en cuenta que una proporción que se puede acercar al 10% de los alumnos tienen dificultades con los procedimientos de lectura.

No sólo eso, sino que para tener un buen modelo habrá que distinguir bien qué es un estilo y qué es una preferencia y tener muy claro que el aprendizaje no es una cosa que ocurre o no ocurre, sino que tiene un rango muy amplio y se relaciona con conceptos como comprender, recordar o aplicar.

Por último, hay que recordar que no todo se aprende igual. No aprenderemos a nadar leyendo libros sobre natación, pero dudo que aprendamos mucho sobre la historia de Roma disfrazándonos de romanos.

Pero pasemos a los aspectos poco claros de las teorías de estilos de aprendizaje:

Hay distintas clasificaciones de estilos

Tratándose de una teoría no veo ningún problema en que haya varios modelos que se vayan probando y refinando. Lo que resulta poco convincente es cuando uno de estos modelos se presenta en plan “las cosas son así” y otro modelo diferente también se presenta como “las cosas son así”. O se trata del mismo modelo que nombra a sus componentes de forma distinta o algo no encaja.

Quizá el modelo de estilos de aprendizaje más popular es el que ya he mencionado, que clasifica los estilos en visual, auditivo y quinestésico. Es un modelo que está siendo popularizado en España por algunos divulgadores de la teoría de las inteligencias múltiples un poco despistados, que no han percibido que Howard Gardner, el creador de la teoría de las inteligencias múltiples, considera que las teorías de estilos de aprendizaje son incoherentes y poco productivas.

Sigamos con las clasificaciones: ¿qué pasa si consideramos que los estilos de aprendizaje son activo, reflexivo, teórico y pragmático?, ¿o análitico y creativo? ¿Y si añadimos un estilo impulsivo? ¿Qué pasa con los convergentes – divergentes, seriales – holísticos, profundos – superficiales, adaptativos – innovadores o asimiladores – exploradores? Todos estos, y otros muchos han sido propuestos como estilos de aprendizaje, sin que ningún modelo haya sido especialmente convincente. Por si fuera poco, se propone que los alumnos actuales son nativos digitales y que, por tanto, los métodos de enseñanza anteriores a la difusión de las TIC son poco eficaces en ellos.

Los modelos no sólo se diferencian en los estilos que proponen, así que si alguien se interesa por alguno de ellos le recomendaría que se hiciese las siguientes preguntas:

  • ¿Qué información utiliza para determinar el estilo de aprendizaje de un alumno?
  • ¿Se ha determinado la validez y la fiabilidad de esa valoración?
  • ¿Se hacen predicciones sobre el funcionamiento de los alumnos con distintos estilos de aprendizaje?
  • ¿Se han comprobado esas predicciones?
  • ¿Cómo considera al alumnado que no se ajusta a ningún estilo concreto, o que utiliza unos u otros dependiendo de la tarea?
  • ¿Es un modelo estático o los alumnos pueden cambiar su estilo de aprendizaje?
  • ¿Se percibe que algunos de los estilos que se proponen son claramente mejores que otros?

Apenas hay pruebas empíricas de su utilidad

Existe una cantidad enorme de investigaciones sobre los estilos de aprendizaje. Curiosamente muy pocas de ellas aportan información relevante sobre la utilidad de adaptar la enseñanza al estilo de los alumnos. La mayoría de los estudios sobre estilos de aprendizaje se limitan a identificar cuál es la forma preferida por los alumnos para adquirir información, pero no dan el siguiente paso, que es estudiar si el aprendizaje es más eficiente cuando la información se presenta de esa forma. Pashler, McDaniel, Rohrer y Bjork publicaron en 2008 una revisión titulada Learning styles: concepts and evidence en la que proponen el criterio que tendrían que cumplir las investigaciones para mostrar la utilidad de los modelos de estilos de aprendizaje. Este criterio es el de la interacción, es decir que si se comparan dos métodos de aprendizaje, ajustados a dos estilos diferentes, los alumnos con el estilo 1 obtengan con el método 1 resultados mejores que los alumnos con el estilo 2, mientras que con el método 2 los alumnos con estilo 1 obtendrán peores resultados que los alumnos con estilo 2.

Pashler et al. (2008) sólo encontraron una investigación en la que se mostrase esta interacción, y tres investigaciones en las que no aparecía. Alguna investigación posterior sigue sin encontrar esa interacción. Por si alguien quiere algo más resumido, un resumen de meta-análisis sobre estilos de aprendizaje de la Indiana Wesleyan University ofrece una única conclusión:

No utilice la teoría de los estilos de aprendizaje porque no tiene soporte experimental.

Aunque la intención sea buena, el efecto puede ser contrario al que se indica

¿Recomendaría usted hacer estudios superiores de filosofía a un alumno kinestésico? Resulta paradójico que se intente evitar etiquetar a los alumnos reconociendo que las cosas se pueden aprender desde diferentes formas y, al mismo tiempo se les clasifique según un (discutible) estilo de aprendizaje. La cuestión se vuelve inquietante si se tiene en cuenta que lo que se pretende es que, una vez identificado el estilo de aprendizaje, este alumno reciba una forma de enseñanza que se ajuste a él. Lo peor es que, según se acaba de ver, ni siquiera tenemos datos que aseguren que esa forma de enseñanza sea más eficaz que el “café para todos” que los alumnos han estado recibiendo.

Por si fuera poco, tenemos datos que indican que cuando los alumnos estudian según el método que prefieren no se produce una mejora del rendimiento y, en ocasiones, sí se produce un empeoramiento.

Afortunadamente, creo que a nadie se le ha ocurrido proponer que existan aulas o colegios diferenciados para alumnos con distintos estilos de aprendizaje. Es algo que sonaría mal, pero se trata de un peligro que acompaña a la idea de que los alumnos se pueden diferenciar por su estilo de aprendizaje. En realidad, las teorías de estilos de aprendizaje se han preocupado, sobre todo, por clasificar los estilos y por desarrollar herramientas para identificarlos. Pero, por algún motivo que desconozco, en la aplicación de estas teorías se ha incorporado la idea de que para que el aprendizaje sea eficiente la enseñanza se tiene que ajustar al estilo del alumno (a esta idea se le llama en inglés meshing hypothesis). Si uno se para a pensar, había al menos una alternativa que era que si el alumno tiene un estilo que le impide aprovechar una forma eficaz de aprendizaje, por ejemplo la lectura, que ha venido muy bien para transmitir los conocimientos de la humanidad durante los últimos 3.000 años, habría que reforzar ese estilo en el que está fallando.

Conclusión

El rechazo o la puesta en cuarentena de las teorías sobre estilos de aprendizaje no quiere decir que los profesores tengan que dejar de preocuparse sobre las mejores formas para enseñar. Hay conceptos que se aprenden mejor de una o de otra forma, y los alumnos muestran diferencias en su forma de aprender, lo que pasa es que esas diferencias no se producen por algo tan simple como que haya un sentido que permita comprender la información mejor que los otros, que es lo que subyace a la clasificación de alumnos visuales, auditivos y quinestésicos (¿y por qué no olfativos y gustativos?).

Creo que la mejor manera de calificar los estilos de aprendizaje es la que utilizan Kirschner y Merrinböer (2013): se trata de una leyenda urbana de la educación. Resulta una propuesta muy verosímil, probablemente porque tiene detrás un hecho real, que hay diferentes formas de aprender y enseñar. El problema es que los datos reales no confirman lo que propone, quizá porque las formas de aprender son tan diversas y cambiantes que no se pueden ajustar a una serie de estilos predefinidos.

Incluso si estas teorías estuvieran fuertemente respaldadas por los datos quedaría una cuestión muy importante que es cómo gestionar la enseñanza de grupos de alumnos con distintos estilos de aprendizaje: ¿enseñanza individual?, ¿grupos diferenciados?, ¿apoyos informáticos?, ¿materiales diferentes para distintos grupos de alumnos?…

Pero, por ahora, la pregunta “¿cuál es la mejor forma de enseñar esto?”, parece más productiva que “¿cuál es la mejor forma de enseñar a los alumnos con este estilo?”.

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