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La mejor forma de leer a los niños para enseñar vocabulario

27 Abr

La lectura en voz alta de textos es una práctica habitual en las escuelas infantiles y también es muy frecuente que sea utilizada por los padres. Muchas veces, quienes dirigen la actividad no se limitan a leer el texto, sino que buscan la participación de los destinatarios con distintos recursos. Esto se conoce con distintos nombres: lectura compartida, lectura dialógica o lectura interactiva.

Barbara Wasik, Annemarie Hindman y Emily Snell, de la Universidad Temple, revisaron la investigación disponible sobre el tema tratando de encontrar que características tenían las formas de lectura en voz alta que mejores resultados producían en la enseñanza de vocabulario. Sobre esto publicaron dos artículos, uno mas técnico, titulado Book reading and vocabulary development: A systematic review y otro más divulgativo, titulado How can book reading close the word gap? Five key practices from research. Estos artículos se publicaron en 2016 y 2015, respectivamente.

Fotografía de Kids Association

La forma óptima de enseñar vocabulario

Las investigaciones revisadas emplearon la lectura en voz alta tanto en casa como en la escuela, trabajando de forma individual, en pequeños grupos o leyendo para toda la clase. Las técnicas utilizadas para enseñar vocabulario fueron:

  • Lectura compartida o dialógica, especialmente la técnica PEER: el adulto anima a los oyentes a comentar algo sobre el libro (Prompt), se Evalúa la respuesta del niño, se Expande la respuesta y se Repite la solicitud. También se utilizaron preguntas abiertas y de distanciamiento para relacionar el contenido del libro con sucesos de la vida personal.
  • Definir palabras.
  • Preguntas para promover comentarios sobre el vocabulario y la comprensión del texto.
  • Recontado.
  • Relectura.
  • Utilizar muñecos o marionetas para ilustrar el significado de las palabras.
  • Actividades de extensión para promover la exploración y los comentarios sobre el vocabulario.

La mayor parte de las investigaciones combinaron varias de estas estrategias.

Se puede considerar que el elemento clave en el aprendizaje de vocabulario a través de la lectura en voz alta es la interacción con el adulto. En varios estudios se utilizó un grupo de control en el que únicamente se leían en voz alta los textos. En esta situación, la adquisición de vocabulario era notablemente menor y, quizá, lo más curioso es que quienes escuchaban solían tratar de provocar la participación haciendo preguntas al adulto.

Preguntar e implicar a los oyentes en comentarios sobre el vocabulario clave parece más eficaz que únicamente indicar el significado de las palabras o leer el texto varias veces.

Sí que es preciso tener en cuenta que el aprendizaje que se produce es modesto y finalmente, el alumnado solo aprende una pequeña proporción de las palabras que se enseñan.

Lo que no sabemos bien

La revisión de Wasik, Hindman y Snell también identifica varias áreas en las que los resultados son dispersos o dudosos y no es posible realizar recomendaciones. Entre esta tenemos:

  • Cuántas palabras enseñar: hay mucha variedad en los estudios sobre el tema. Hay una tendencia obvia que es que en los estudios con mayor duración se enseñan más palabras, pero incluso en eso hay diferencias notables entre unas investigaciones y otras.
  • Qué tipo de palabras se aprenden mejor con este método: lo más común ha sido enseñar nombres, verbos y adjetivos, pero ningún estudio ha examinado si el tipo de palabras elegido influye en su aprendizaje.
  • El número de exposiciones a las nuevas palabras: ninguno de los estudios revisados analizó esta variable. El número de exposiciones que se realizaron estuvo entre 2 y 15.
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Cuatro décadas de investigación sobre la comprensión lectora: Jane Oakhill

26 Ene

Jane Oakhill es una psicóloga inglesa, profesora de psicología experimental en la Universidad de Sussex. Sus publicaciones académicas (aquí se pueden ver las referencias de sus artículos y capítulos en libros) son bastante más de 100. Algunos de sus libros se titulan Understanding and teaching reading comprehension: A handbook, Reading comprehension difficulties: Processes and intervention o Children’s comprehension problems in oral and written language: A cognitive perspective.

Aunque pueda haber un interés social por la comprensión lectora, me temo que no se extiende a conocer a las personas que están investigando acerca de sus características y su mejora. Sin embargo, entre quienes hemos intentado profundizar un poco más, Jane Oakhill es una autoridad o una referencia en este campo. Solo eso debería ser suficiente para presentarla aquí.

El motivo de destacar la importancia que tiene Oakhill en el estudio de la comprensión lectora es recomendar la lectura de su artículo Four decades of research into children’s reading comprehension: A personal review. Como sugiere el título, en él hace una especie de memorias de su trabajo y sus conocimientos sobre la comprensión lectora infantil. Como no he podido encontrar un enlace al texto completo, lo resumo brevemente.

Inicios

Aunque en su artículo no lo destaca, Jane Oakhill se graduó en Biología y Educación y trabajó dos años como maestra antes de comenzar su carrera académica.

Su interés por la comprensión lectora comenzó a finales de los años 70, cuando observó que algunos niños con buena descodificación no parecían tener mucha idea sobre la historia que habían leído. En una entrevista de 2017 dice:

Lo tradicional era entonces escuchar individualmente a cada alumno leer al profesor de su libro de lectura durante unos minutos para evaluar su lector. Sin embargo, yo no me paraba ahí… Hablaba con ellos sobre su lectura. Para mí era solo una página, más o menos, en mitad de una historia. Así que les preguntaba qué estaba sucediendo en el libro, si les estaba gustando o qué creían que sucedería a continuación. Mientras que algunos niños eran muy capaces de hablar sobre el libro y tenían una idea clara de su tema, otros tenían auténticos problemas. Recuerdo en particular a un chico de 8 años que era un lector excelente, en términos de lectura de palabras, pero cuando le preguntaba por el libro que estaba leyendo era incapaz de decir casi nada sobre lo que había sucedido en él. En realidad parecía que le extrañara que yo quisiera saber eso.

Quizá esto no nos extrañe ahora, pero en aquella época esto apenas se había investigado y se asumía el principio de la suficiencia de la descodificación: una lectura correcta y fluida era suficiente para que se produjese la comprensión. Si embargo, Oakhill documentó cómo entre lectores con un nivel similar de descodificación podía haber niveles altos y bajos de comprensión lectora.

Foto enlazada de http://earli2015.blogspot.com/

Factores clave en la comprensión lectora

El siguiente paso fue estudiar la habilidad inferencial y la memoria como posibles explicaciones de esas diferencias. Los lectores con buena descodificación y mala comprensión sí que parecían caracterizarse por una menor habilidad inferencial y una menor capacidad de memoria de trabajo.

Posteriormente, la autora siguió profundizando en otros posibles componentes de la comprensión como la supervisión o capacidad de valorar la propia comprensión y la sensibilidad a la estructura del texto. Entre sus hallazgos están algunos como que el alumnado con dificultades de comprensión:

  • Tiene problemas para generar inferencias que mantengan la cohesión del texto y, en general hacen una menor cantidad de inferencias.
  • No ajustan su forma de lectura al objetivo, meta o actividad que tengan que realizar (recordar información, buscar un dato, entretenerse, etc.).
  • Tienen una menor capacidad de memoria de trabajo.
  • Les cuesta detectar incoherencias o inconsistencias en los textos.
  • Rinden peor en tareas relacionadas con la estructura del texto, como reordenar oraciones, seleccionar la idea más importante de una historia en imágenes, inventar una historia de forma oral o continuar una historia.

La importancia del vocabulario

Finalmente, la atención de Oakhill se ha centrado en el vocabulario. La autora considera que la investigación de su influencia en la comprensión ha estado mal enfocada por haberse centrado en medidas parciales y superficiales del vocabulario. Por ejemplo, ha sido una práctica común medir la equivalencia en vocabulario con pruebas de extensión, como el test Peabody. Sin embargo, la profundidad del vocabulario (la cantidad de información que se tiene sobre una palabra) parece estar más relacionada con la comprensión, por ejemplo con la capacidad para realizar inferencias globales. También parece haber relación entre comprensión lectora y otras habilidades léxicas como la fluidez léxica (decir rápidamente palabras que cumplan un criterio). Esto hace pensar que en la comprensión no solo hay que conocer bien los significados de las palabras, sino que también hay que acceder a él con rapidez.

Libros electrónicos y aprendizaje de la lectura

12 Ene

Para una buena comprensión lectora, la lectura digital parece menos recomendable que la lectura de textos impresos. Eso es lo se ha ido viendo en entradas como No tires aún los libros de papelLeer en papel sigue siendo mejor, pero no sabemos por qué. Sin embargo, en los prelectores, los libros electrónicos con recursos multimedia podrían tener un ligero efecto positivo sobre la comprensión y el vocabulario expresivo, mientras que los recursos interactivos parecen disminuir la comprensión, según se vio en ¿Cuentos multimedia, cuentos interactivos o escuchar cuentos?

Ahora disponemos de otra revisión sobre el impacto de los libros electrónicos en las habilidades iniciales de lectura. Además de tratar un tema interesante, esta revisión está realizada por investigadoras españolas, de la Universidad Complutense de Madrid: Carmen López-Escribano, Susana Valverde-Montesino y Verónica García-Ortega.

Estas investigadoras localizaron 14 estudios experimentales sobre intervenciones con lectura de libros electrónicos en alumnado hasta el primer curso de Educación Primaria (hasta los 7 años de edad). Esos estudios recogían los datos de 1138 participantes. Todos ellos habían sido publicados a partir de 2011.

Comparación entre libro electrónico y libro impreso

En 5 investigaciones se comparó el uso de libros electrónicos con el de libros impresos. Los resultados fueron los siguientes:

  • Conocimientos sobre el lenguaje escrito: se ofrecían dos resultados. Uno no era significativo y el otro tenían un tamaño del efecto (3.35) notablemente grande.
  • Conciencia fonológica: se encontraron 5 resultados, con efectos entre prácticamente nulos y moderados (tamaños del efecto de 0.08 a 0.49).
  • Vocabulario: se encontró un resultado prácticamente nulo y otros siete resultados con efectos entre 0.3 y 1.57.
  • Comprensión lectora: solo se ofrece un resultado, con un efecto de 0.58.
Imagen con licencia CC0

Comparación entre libro electrónico solo con texto y libro electrónico con recursos adicionales

Esta comparación se realizó en 7 investigaciones, con los siguientes resultados, a favor de los libros con recursos adicionales:

  • Conciencia fonológica: se hallaron tres resultados con tamaños del efecto entre 0.15 (no significativo) y 0.48.
  • Vocabulario: esta fue el área más evaluada, con 26 resultados. Tres de ellos eran prácticamente nulos , 7 eran pequeños (efectos entre 0.26 y 0.48), 4 eran medianos (efectos entre 0.5 y 0.74) y otros 4 eran grandes. No acabo de entender por qué la lista de efectos no llega a los 26 resultados que se indican.
  • Comprensión lectora: los dos efectos que se muestran son de 0.83 y 0.90.

Comparación entre el uso de libros electrónicos y las actividades habituales de clase

En este caso se localizaron 6 investigaciones, con estos resultados:

  • Conocimientos sobre el lenguaje escrito: había 3 resultados con distintos tamaños del efecto: prácticamente nulo, moderado y grande.
  • Conciencia fonológica: uno de los 4 resultados encontrados no era significativo. Los otros tres tenían tamaños del efecto muy similares, entre 0.52 y 0.54.
  • Vocabulario: de los 10 resultados localizados uno no era significativo, otro tenía un tamaño del efecto medio y los otros 8 mostraban efectos grandes.

Conclusiones

Las autoras de la revisión nos ofrecen tres conclusiones:

  1. Las intervenciones con uso de libros electrónicos mostraron un efecto positivo sobre el vocabulario, especialmente cuando el libro incluía un diccionario interactivo. Personalmente, me gustaría aclarar que se trata de una mejora en el vocabulario incluido en los libros. Cuando el vocabulario se evaluó con test de tipo general, como el Peabody, los efectos no fueron significativos.
  2. También se encontraron pequeñas mejoras en conciencia fonológica.
  3. La cantidad de resultados referidos a comprensión lectora fue muy pequeña. Aunque estos sean positivos, sería aventurado hacer generalizaciones.

Para comprender un texto hay que tener conocimientos sobre el tema del texto

28 Oct

¿Alguna vez te ha sucedido que te ha resultado difícil leer algo porque te faltaban conocimientos sobre ese tema? A mí sí y supongo que a casi todos los que han tratado de leer textos no didácticos o divulgativos sobre un tema del que no saben mucho. ¿Por qué textos no didácticos o divulgativos? Bueno, en esos los autores suponen que los lectores pueden tener un conocimiento escaso del tema y utilizan recursos para hacer el texto más comprensible, como dar explicaciones o proponer analogías que no utilizarían en textos dirigidos a expertos.

La pregunta con la que comenzaba el párrafo anterior es, también, el comienzo del artículo ¿Cuánto conocimiento es demasiado poco? Cuando la falta de conocimiento se convierte en una barrera para la comprensión, de Tenaha O’Reilly, Zuowei Wang y John Sabatini.

Estos investigadores evaluaron los conocimientos de 3534 estudiantes, de 3º de ESO a Bachillerato con una prueba de vocabulario y conocimientos sobre ecosistemas y una prueba de comprensión con dos textos sobre ese tema. Los resultados fueron analizados con una técnica llamada «broken-line regression», que creo que se traduciría como regresión segmentada.

La relación entre conocimientos y comprensión fue débil para los alumnos con menores conocimientos. En cambio, a partir de cierto punto se aprecia que la relación entre conocimiento y comprensión es bastante clara. Creo que eso se ve mejor en el gráfico que acompaña al artículo:

De la versión del artículo publicada en ResearchGate

O’Reilly, Wang y Sabatini no han descubierto algo nuevo. La importancia de los conocimientos en la comprensión lectora es conocida hace tiempo. Aunque no sé si se trata del primer estudio experimental sobre el tema, cuando estudiaba Psicología del lenguaje, se citaba como un clásico el estudio de Donna Recht y Laureen Leslie sobre el recuerdo de un texto acerca de béisbol, publicado en 1988. En distintos resultados, como cantidad de información recordada, calidad del resumen o valoración de la importancia de ideas del texto, se encontró una pauta similar: los participantes con menor nivel de comprensión obtenían resultados inferiores a los de los participantes con nivel de comprensión más elevado, sin que estas diferencias fueran significativas. En cambio, sí que eran significativas y muy notables las diferencias según el nivel de conocimientos sobre el béisbol.

Enlazado de Slide Serve

Entre este estudio de de Recht y Leslie y el de O’Reilly, Wang y Sabatini que comenté antes hay 32 años de diferencia. En ese tiempo se ha estudiado la influencia del conocimiento en la comprensión lectora y este estudio ha llegado a ser tan detallado, que es difícil resumirlo. Algunas cuestiones importantes de ese periodo serían que se han detectado interacciones entre el tipo de lectura que se realiza (superficial o profunda) y los conocimientos. Estas interacciones influirían en el tipo de representación que los lectores hacen del texto. También se ha investigado la relación entre cohesión del texto y conocimientos encontrando, por ejemplo, que los lectores con mayores conocimientos y que hacen una lectura profunda, comprenden mejor los textos con poca cohesión ya que les obligan a realizar inferencias para solucionar las lagunas que presentan.

Una de las formas de articular el papel de los conocimientos en la comprensión lectora ha sido el modelo DIME (directo y de la mediación inferencial), en el que los conocimientos son la única variable que tiene relación directa con todos los elementos del modelo

Esto tiene bastantes implicaciones prácticas. Una de ellas sería el respaldo que da a las actividades activación o exposición de conocimientos previos antes de la lectura de un texto. La otra sería la importancia de desarrollar una cultura general durante la educación obligatoria, que permita el acceso a textos variados, incluyendo textos propios de distintas disciplinas y textos escritos en otras épocas o en otras culturas.

Influencia de la lectura compartida en el vocabulario

29 May

La lectura compartida es una intervención que se ha mencionado unas cuantas veces en el blog. Se trata de esa actividad en la que un adulto lee un libro o una historia a un niño o grupo de niños, buscando su participación. Es una actividad agradable y fácil de enseñar a padres y profesores.

Hoy vuelvo sobre la lectura compartida para presentar un meta-análisis, realizado por Zoe Flack, Andy Field y Jessica Horst, de la Universidad de Sussex. Este meta-análisis se centra en el efecto de la lectura compartida de libros de historias en el aprendizaje de vocabulario y localizó 38 publicaciones en las que habían participado 2455 niños.

Como media, los participantes aprendían el 45% de las palabras objetivo que se les exponían en los textos trabajados. Algunas de las variables que influían en este porcentaje eran:

  • Se aprendían más palabras cuando la lectura se realizaba de una forma dialógica, buscando la participación de los alumnos con recursos como señalar, preguntar o explicar, que cuando el adulto se limitaba a leer el texto.
  • La probabilidad de que se aprenda una palabra es mayor cuantas más veces se le expone al niño. Se puede incrementar la exposición leyendo varias veces el texto, pero también pidiéndole al niño que la repita o incluyéndola en preguntas.

No había diferencias en el aprendizaje de palabras según el lector (profesor o investigador). La lectura compartida parece ser eficaz para alumnos de distintas edades, teniendo en cuenta que, mayoritariamente, los participantes de los estudios revisados eran niños en edad preescolar. Sí que parece que cuando la edad relativa es mayor los estudios tienden a incluir más palabras objetivo y menos repeticiones.

Otra cuestión interesante es que los aprendizajes realizados parecen ser estables, ya que no había diferencias en los resultados debidas al tiempo transcurrido entre las actividades de lectura y la evaluación del conocimiento de las palabras.

 

Enseñar vocabulario a alumnado de secundaria con dislexia. Algunas revisiones

3 Oct

La educación secundaria (ESO y Bachillerato, en España) es una etapa exigente en cuanto a la cantidad de lectura que hay que realizar, sobre temas que los alumnos no suelen dominar. El alumnado con trastornos de aprendizaje de la lectura se encuentra en una situación de desventaja y cualquier ayuda puede ser bienvenida.

El aprendizaje eficiente de vocabulario puede ser una ayuda para la comprensión. Tampoco hay que olvidar que para el alumnado que estudia en inglés el aprendizaje de vocabulario puede suponer una ayuda en la descodificación.

Primera revisión

Parece que la primera revisión de la investigación sobre cómo enseñar vocabulario a adolescentes con dificultades o trastornos de aprendizaje fue publicada en 2003 por Bryant, Goodwin, Bryant y Higgins. Los métodos de enseñanza sobre los que encontraron alguna investigación fueron

  1. Enseñanza asistida por ordenador: actividades de elección múltiple (significado de la palabra, significado de la palabra en una oración, sinónimos), emparejar y completar huecos, con práctica periódica de la palabras en las que se cometían errores.
  2. Actividades de práctica repetida breve (originalmente: constant time delay): el profesor explica el vocabulario de la unidad a toda la clase y los alumnos lo estudian independientemente entre 5 y 10 minutos. A continuación tratan de completar todos los ítems de un test que puedan en 3 minutos e intercambian la prueba con un compañero para su corrección. En las siguientes sesiones se realizan entre 5 y 10 minutos de práctica (preguntas y respuestas) del vocabulario por parejas.
  3. Estrategias mnemotécnicas: se emplearon la estrategia de la palabra clave, que se describe en la tercera revisión e imágenes realizadas por los propios alumnos para recordar el vocabulario.
  4. Organizadores gráficos: se refiere a tres, en concreto, que son el mapa semántico, el análisis de características semánticas y el análisis de características sintácticas y semánticas.

Foto de Robert Gordon

 

Segunda revisión

A diferencia de las otras dos revisiónes que se presentan, la de Jitendra, Edwards, Sacks y Jacobson (2004) no estaba centrada en adolescentes, sino que incluía alumnos de cualquier edad, también alumnos de educación secundaria. De hecho, incluye cinco de las seis investigaciones que se analizaron en la revisión anterior.

Jitendra y sus colaboradores reafirman la eficacia de:

  • Las estrategias mnemotécnicas y de la palabra clave.
  • Las actividades de práctica repetida breve.
  • Los organizadores gráficos, que se presentan como enseñanza de estrategias cognitivas.

Además ponen de relieve la importancia de la enseñanza o instrucción directa con alumnado de Educaciòn Primaria, obtienen resultados variables en la enseñanza asistida por ordenador y localizan otra posible estrategia útil para la enseñanza del vocabulario a adolescentes con dislexia. Esta estrategia era el uso de actividades prácticas o de laboratorio en la enseñanza de las ciencias para el aprendizaje de vocabulario sobre la electricidad y minerales y rocas.

Tercera revisión

La más reciente de las revisiones es la de Jay Kuder (2017), profesor de la universidad Rowan (en Nueva Jersey), que encontró siete investigaciones realizadas a partir de 2003. Los métodos que se identifican como eficaces en ellas son:

  1. Enseñanza mnemotécnica: uso de rimas o dibujos que ayuden a recordar las palabras. La estrategia más consolidada es la de la palabra clave. En esta estrategia se busca una palabra que se asemeje a la que el alumno tiene que aprender, se crea una imagen en la que se combina la palabra conocida con el significado de la palabra nueva y se explica al alumno cómo puede recordar el significado de la palabra nueva asociándola con la que ya conoce.
  2. Análisis morfológico: se dividen las palabras en sus componentes (prefijo, raíz, sufijo) y se indica el significado de cada uno de ellos. Se hace una predicción del significado de la palabra a partir del de los componentes. Se comprueba con un diccionario si ese significado era correcto.
  3. Enseñanza directa: se trabaja con tarjetas de vocabulario del texto que están estudiando los alumnos. Cada tarjeta contiene una palabra, su definición y dos preguntas que relacionan el significado de la palabra con el contenido del texto. El profesor lee la definición y el alumno la repite. El profesor propone un ejemplo de uso de la palabra y el alumno lo repite. A continuación, el profesor plantea las preguntas al alumno. Si este no acierta a responder, el profesor plantea la respuesta correcta y el alumno la repite.
  4. Enseñanza multimedia: se refiere, en concreto, a una propuesta en la que se utilizan podcasts multimedia para la adquisición de contenidos. Los más eficaces parecen ser los que combinaban la estrategia de palabra clave con la enseñanza directa.

En la revisión también se encuentran resultados prometedores en estrategias de tipo colaborativo. Se ha empleado el método CSR (Collaborative Strategic Reading) para enseñar vocabulario empleando cuatro estrategias: hacer predicciones sobre el texto, Click and Clunk, identificar las ideas principales y revisar y resumir. De estas cuatro, la estrategia más directamente relacionada con el vocabulario es la segunda, en la que se identifica el vocabulario conocido (clicks) y el desconocido (cluncks).

También se ha utilizado una combinación de tutoría entre iguales (CWPT) y demora constante, una actividad en la que el alumno tenía que escuchar definiciones y escribir a qué palabras se referían. Durante los primeros intentos la respuesta correcta se le proporcionaba inmediatamente después de la pregunta. En los siguientes, la respuesta correcta se le daba 5 segundos después de la pregunta, permitiendo que el alumno intentase responder por sí mismo.

Estos estudios no tenían grupos de control y, además, resulta difícil separar en ellos qué parte de la mejora se debe al uso del trabajo colaborativo y qué parte se debe a la estrategia o actividad empleada para trabajar el vocabulario. Por eso Kuder no los situó al mismo nivel que los demás.

 

Buenas prácticas para la enseñanza de vocabulario a niños de primaria con TEL

14 Feb

Estoy convencido de que el vocabulario es un factor que tiene una gran influencia en la comprensión. En mi tesis aparecía como un predictor de la comprensión lectora a la altura de la comprensión oral o del cociente intelectual verbal. Eso no significa que enseñando vocabulario mejoremos la comprensión lectora. Curiosamente, en 1988 William Nagy alertaba de que la enseñanza de vocabulario no siempre va acompañada de un aumento del rendimiento en las pruebas de comprensión lectora. Las razones para eso serían que, muchas veces, el vocabulario se enseña de forma superficial, planteando una memorización de definiciones o una consulta a diccionarios con definiciones poco afortunadas. El segundo motivo sería que, en ocasiones, las palabras que se enseñan están mal elegidas, porque los textos se pueden comprender sin conocerlas y, a veces, la misma lectura del texto ayuda a captar su significado.

De aquí se puede concluir que la enseñanza de vocabulario debe estar cuidadosamente planeada. Y esto es especialmente importante cuando se trabaja con alumnado con trastornos del lenguaje (TEL o trastorno específico del lenguaje), que suelen necesitar más tiempo para adquirir nuevas palabras.

Sara Steele

Sara Steele y Monique Mills han publicado una revisión de evidencias y buenas prácticas acerca de la enseñanza de vocabulario a alumnado con TEL. Sin duda, es un trabajo importante para cualquier persona que trabaje en educación o logopedia con niños con TEL. Sus recomendaciones son:

Selección de las palabras

Debe estar previsto cuáles son las palabras objetivo, es decir las que queremos que el alumnado con TEL aprenda. La selección tendría que ser individualizada y también tendría que tener en cuenta diferentes contextos. En una escuela es importante el contexto académico, de modo que muchas palabras objetivo estarían relacionadas con los contenidos escolares, pero también será necesario enseñar palabras funcionales, útiles a fuera del colegio o con una orientación social, relacionadas con los temas que tratan los alumnos en sus momentos de tiempo libre.

Para ayudar a la selección de palabras puede ser útil una clasificación en tres niveles:

  1. Palabras de clase I: son muy comunes y frecuentes. No es necesario que sean objeto de instrucción porque, probablemente, los alumnos las aprenderán incidentalmente.
  2. Palabras de clase II: el alumno tiene cierto conocimiento sobre ellas y son útiles en distintos contextos. La enseñanza de vocabulario debería enfocarse en palabras de este tipo.
  3. Palabras de clase III: son poco frecuentes y muy específicas. Se podría dar una explicación de su significado, pero no tendrían por qué ser enseñadas de forma sistemática.

Estrategias de enseñanza

La enseñanza de vocabulario a alumnado con TEL, ha sido poco investigada. Sin embargo, Steel y Mills han revisado varios trabajos que ofrecen indicaciones sobre cómo plantearla:

  • Presentar las nuevas palabras pausadamente, haciendo énfasis en ellas al decirlas y acompañandolas con gestos.
  • No descuidar las habilidades fonológicas del alumnado.
  • Realizar actividades variadas: explicación, lectura y escritura de la palabra, relación con las experiencias propias y juegos y actividades en torno a su significado.

A partir de la investigación sobre enseñanza de vocabulario a alumnado con desarrollo típico sabemos que los programas eficaces de enseñanza de vocabulario:

  • Definen las palabras y aportan información contextual.
  • Enseñan el significado de las palabras con profundidad.
  • Proporcionan múltiples oportunidades de encontrarse con las palabras enseñadas.
  • Fomentan la participación de los alumnos.

Un peligro que habría que evitar es dar por supuesto que los alumnos pueden inferir el significado de las palabras a partir de la información que proporciona el contexto que las rodea. Los niños con TEL aprenderán más de la enseñanza directa que del contacto incidental con el vocabulario.

Presentar el significado de las palabras

La enseñanza debería comenzar presentando una definición de la palabra, comprensible para los alumnos, es decir, una definición que describa el uso que se está haciendo de esa palabra con un lenguaje cotidiano. Las definiciones «de diccionario» corren el riesgo de ser malinterpretadas.

Profundizar en el significado de la palabra

Para definir de forma más extensa una palabra se pueden presentar sinónimos, antónimos, ejemplos de uso correcto e incorrecto o relacionarla con otras palabras.

Expandir el uso de las palabras a nuevos contextos

Aquí, contexto se refiere a la oración o párrafo en que se encuentra la palabra. Los alumnos pueden proponer oraciones en las que se utilicen las palabras objetivo, o mejor completarlas, para evitar el recurso a estructuras genéricas como «ayer vi un…». Otra alternativa es responder a preguntas relacionadas con la palabra («describe una situación en la que te sentiste ofendido»).

Ayudas y pistas

Una diferencia entre la enseñanza de vocabulario que se realiza habitualmente con el alumnado y la intervención para mejorar el vocabulario que se hace con los alumnos con TEL es que, en el segundo caso, se emplea una mayor cantidad de andamiajes o ayudas para el aprendizaje: modelado, expansiones, actividades de completar o imágenes

La estrategia de la palabra clave

Consiste en presentar en buscar una palabra fonológicamente similar a la palabra objetivo y preparar una imagen en la que sea palabra-pista aparezca relacionada con el significado de la palabra objetivo. Por ejemplo, si la palabra objetivo es «trono», se podría elegir como palabra similar «tronco» y dibujar un trono hecho con troncos (todo esto es más fácil de decir que de hacer).

Organizadores visuales (organizadores gráficos)

Entre los distintos organizadores gráficos que existen, las autoras mencionan el mapa semántico (red de información relacionada con la palabra), el mapa de características semánticas (matriz en la qué características tienen o no tienen varias palabras parecidas) y del diagrama de Venn.

20th European Conference on Literacy – 3

6 Jul

Tercer día de congreso con:

  • Un encuentro con un equipo de Grecia que está trabajando acerca del recontado de historias, es decir, ayudar a los niños mediante tarjetas y actividades a mejorar la forma en la que cuentan una historia que hayan escuchado. Hablamos sobre las posibilidades de aplicarlo a niños con TEL, sobre las actividades que están empleando y sobre los efectos que tiene, posteriormente, en la lectura y la comprensión.
  • Un taller sobre «multimodal texts». Decepcionado, descubro que se trata de comprensión de vídeos. La sesión se realiza en inglés y soy el único extranjero (no sé si es un planteamiento correcto, porque estamos en Madrid). Tras media hora, no encuentro interés a la tarea y, harto de ser el alumno con dificultades, indico a la ponente que está claro que he hecho una elección equivocada y me retiro. Curiosa experiencia, la de ser el alumno con dificultades, con pensamientos como «creo que podría hacerlo si todo fuera un poco más despacio», «creo que mi compañera de trabajo se está impacientando conmigo», «la ponente da muchísimas indicaciones, pero no me queda claro qué tengo que hacer»…
  • Estrategias de lectura para lectores adolescentes con dificultades. Una entusiasta profesora, que trabaja en EEUU con alumnos universitarios con dificultades de lectura nos expone algunas de las estrategias que les enseña. Se trata de estrategias que me resultan conocidas, pero es interesante ver cuáles ha seleccionado y cómo las utiliza.
  • Buenas prácticas en alfabetización en Europa: se trata de una exposición de cómo se han implantado en varios países los programas de tipo bookstart en los que se pretende que todas las familias reciban un lote de libros y una guía sobre cómo leer en casa para o con sus hijos. El tema es interesantísimo pero la exposición me resulta muy monótona y estamos en un auditorio sentados en butacas y con un fuerte aire acondicionado. Antes de dormirme y morir por hipotermia, cambio de actividad.
  • Más estrategias de comprensión. En esta ocasión, en español, con un miniequipo de Canarias. Una sesión muy dinámica en la que exponen la necesidad de trabajar los textos mediante estrategias de lectura (al estilo de la propuesta de Isabel Solé). Sugieren un repertorio amplio de estrategias (con una confusión conceptual entre estrategias y actividades) y aplicamos algunas de ellas a la lectura de un texto.
  • El modelo de lectura DIME en alumnos de primaria de Turquía. Puede parecer una elección extraña, pero tengo una alumna que está preparando una tesis doctoral sobre este modelo y las investigaciones que se han realizado sobre él son todavía escasas.
  • Uso de la tecnología para mejorar el aprendizaje de vocabulario. ¿Un taller sobre tecnología impartido por dos profesoras que juntas deben sumar unos 140 años? La verdad es que la parte tecnológica consistía, sobre todo en buscar información en internet, y mencionaron algunas webs, como thinglink, que empleaban con los alumnos. Sin embargo, presentaron tres interesantísimas actividades de vocabulario: Vtweet, Frazer y VSS+. Merece la pena incorporarlas al repertorio, especialmente para el trabajo con alumnos adolescentes. Sin duda, las difundiré. Para quien quiera saber algo sobre ellas inmediatamente, aquí se puede encontrar más información.

 

Lista de vocabulario académico general

21 Jun

Una de las bases de la comprensión es tener un vocabulario extenso y profundo. No es fácil definir qué es el vocabulario académico. Cuando James Baumann y Michael Graves lo intentaron encontraron una buena cantidad de informaciones diferentes e incluso incompatibles.

Por una parte, se considera vocabulario académico el que es específico de las asignaturas o disciplinas que se enseñan en la educación formal. Por ejemplo, hipérbaton sería un término específico de la asignatura Lengua y Literatura, mientras que mitocondria lo sería de la Biología.

Por otra parte, existiría un vocabulario general, que es el que compartirían distintas asignaturas. Se suele tratar de términos abstractos y difíciles de aprender. Curiosamente, en muchas ocasiones, tienen significados distintos en distintas asignaturas («paralelo» no tiene el mismo sentido en Matemáticas que en Lengua y Literatura). También es frecuente que los redactores de los textos escolares y los profesores den por supuesto que los alumnos conocen estos términos y saben interpretarlos.

La lista de Coxhead

Foto de la Universidad de Sidney

Averil Coxhead, que seguramente es una mujer lista, publicó una lista de vocabulario académico a partir de un corpus de tres millones y medio de palabras recogidas de textos con un nivel universitario. Coxhead excluyó de su vocabulario las palabras que estaban entre las 2000 más frecuentes del inglés e incluyó aquellas que se repetían por lo menos 100 veces y, además, aparecían en 15 de las 28 materias analizadas.

Lo que incluyo aquí es la lista de familias de palabras del vocabulario académico de Coxhead traducida al español. Las palabras de la lista son representantes de familias más amplias. Por ejemplo, la palabra «comunicar» estaría como representante de un conjunto de palabras con la misma raíz («comunicación», «comunicativo», «comunicado», «comunico»…). Cuando he tenido dudas en la traducción he mantenido entre paréntesis el término original.

 

 

Prediciendo la comprensión lectora de los niños de entre 4 y 6 años

20 Ene

¿Qué habilidades de los niños (ingleses) de entre 4 y 6 años son las que mejor predicen su comprensión lectora una año después? La primera utilidad que se me ocurre de este tipo de investigaciones es la detección temprana de los alumnos con dificultades de comprensión lectora. Pero lo cierto es que esa detección no tienen mucha utilidad si no sabemos qué hacer con esos alumnos para mejorar su comprensión. Por eso, en realidad, la mayor utilidad que pueden tener los estudios de seguimiento o predictivos es ayudarnos a construir modelos de lectura y comprensión que nos permitan entender qué factores hacen que los alumnos comprendan mejor o peor lo que leen y cómo mejorar esa comprensión.


Macarena Silva presentando el modelo de la cuerda

Los datos que comento aquí están obtenidos de un estudio publicado en 2015 por la investigadora chilena Macarena Silva y la inglesa Kate Cain, titulado The relations between lower and higher level comprehension skills and their role in prediction of early reading comprehension.

El estudio

En la investigación participaron 82 alumnos. A estos alumnos se les evaluó: la capacidad intelectual no-verbal,  la memoria de corto plazo, la comprensión de vocabulario, la comprensión de estructuras gramaticales, la construcción de inferencias y la comprensión literal. Un año después se evaluó su comprensión lectora.

Los resultados

Los resultados principales fueron dos:

  1. El vocabulario es un predictor de la habilidad de construir inferencias adecuadas en la comprensión oral. Después de tener en cuenta el efecto de la edad y de la capacidad intelectual, el vocabulario aún explicaba una parte adicional de la varianza de los resultados de comprensión inferencial (y también de la literal), mientras que la comprensión gramatical y la memoria de corto plazo no lo hacían.
  2. La comprensión gramatical la comprensión oral inferencial y la comprensión oral literal fueron los predictores de la comprensión lectora.

Estos dos resultados hacen preguntarse: ¿por qué el vocabulario, que predecía parte de la comprensión oral, tanto literal como inferencial no aparece como predictor de la comprensión lectora? Quizá se trate, sencillamente, de lo que propone la pregunta: el vocabulario tiene una relación notable con la comprensión lectora, pero se trata de una relación indirecta, realizada a través de las habilidades de comprensión literal o inferencial. Otra posible alternativa es que el efecto del vocabulario no se apreció porque los textos empleados para evaluar la comprensión lectora empleaban un vocabulario muy sencillo, conocido por la mayoría de los alumnos.

Conclusiones

Vuelvo al principio, porque tener un buen modelo de lectura puede ser de mucha más ayuda que conocer un montón de actividades de mejora de la comprensión. Entre la información valiosa que podemos entresacar de este estudio están la importancia del vocabulario y el hecho de que los alumnos manifiestan ya entre los 4 y los 6 años una habilidad para construir inferencias que, además, se relaciona con su rendimiento en comprensión lectora un año después.

Existen propuestas (por ejemplo, cuando estuve en Lima me encontré con que había una así, a nivel nacional) de que la comprensión inferencial se comience a trabajar cuando los alumnos tengan establecidad una descodificación adecuada y se muestren hábiles para localizar información en los textos (comprensión literal). Curiosamente aquí vemos cómo los alumnos son capaces de construir inferencias antes de haber aprendido a leer y cómo esa habilidad inferencial se relaciona con el rendimiento en comprensión lectora un año después.

Por último, hay que tener en cuenta que en esta investigación se establecen relaciones. En ningún momento se llega a sugerir que trabajando el vocabulario, la gramática o la comprensión oral literal o inferencial mejorará la comprensión lectora. Sin embargo, el hecho de que exista una relación de este tipo indica que merece la pena comprobar si eso sucede.