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La otra tabla de referencias de velocidad lectora

Hace algún tiempo presenté en el blog información sobre una tabla de referencias de velocidad lectora propuesta por la Secretaría de Educación Pública de México, en una entrada titulada Velocidad lectora, el indicador maldito. Recientemente, algunas personas me han dicho que estaban utilizando otra tabla de referencias, que puede ser como esta:

De redcrecemos.cl

Aunque también puede ser como esta otra:

De slideplayer.es

Si prestamos atención veremos que las referencias que se ofrecen en 7º y 8º básico son diferentes en las dos tablas. Más aún, en la primera, las referencias de 7º básico son exactamente las mismas que hay en 8º. Ese uso de “básico” para nombrar los cursos nos indica que estas tablas no se prepararon en España, donde se hubieran utilizado los términos “primaria” y “secundaria” o “ESO”.  En realidad, también podemos encontrar la tabla con esas denominaciones, por ejemplo aquí:

De terceiroamuros.blogspot.com

En estos tres ejemplos se ha perdido una información importante: algunas versiones de la tabla incluyen una nota que indica que no se consideran los errores de lectura, es decir, no es una tabla de velocidades en palabras por minuto, sino en palabras correctas por minuto.

Origen de la tabla

Por lo que he podido averiguar, la tabla proviene de Chile, pero no he sido capaz de localizar el documento (completo) en el que se publicó. Parece relacionada con los planes de mejoramiento de 2008 y aparece en un anexo con orientaciones para la evaluación de aprendizajes en dominio lector y la comprensión lectora.

En estos documentos se propone evaluar el dominio lector según el procedimiento de las pruebas FUNDAR. Sin embargo, la tabla de velocidades que ofrecen estas pruebas no se corresponde bien con la que se incluía en esos documentos.

De slideplayer.es

Es fácil ver como la tabla de FUNDAR no tiene datos para el primer curso y, por ejemplo, la velocidad que se considera media en 2º curso (41 a 82) corresponde con velocidades desde muy lentas hasta rápidas en la tabla que se ofrecía para elaborar los planes de mejoramiento. Una característica similar con la primera tabla que aparecía en la entrada es que las referencias que se ofrecen para los cursos 7º y 8º son las mismas.

Lo que no me queda claro

No me quedan claras algunas cosas importantes, especialmente: ¿con qué alumnado se calcularon estas velocidades?, y  ¿con qué textos se hizo la valoración? Quizá algún lector del blog pueda aportar más información sobre estas referencias.

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¿Cuántas palabras por minuto lee un adulto?

Marc Brysbaert

Marc Brysbaert. Foto enlazada de http://www.psychonomic.org

Marc Brysbaert es un profesor de la Universidad de Gante que acaba de publicar un manuscrito titulado ¿Cuántas palabras leemos por minuto? Una revisión y meta-análisis de la velocidad de lectura. Este trabajo revisa investigaciones sobre la velocidad lectora de adultos en inglés tanto en lectura silenciosa como en voz alta, de textos de ficción o no.

Lectura silenciosa

Basándose en 190 estudios, en los que participaron 17,877 adultos calcula que la velocidad media en la lectura silenciosa del inglés es 238 palabras por minuto (PPM) en textos de no-ficción. En estos textos, la mayoría de los adultos leerían entre 175 y 300 PPM. En textos de ficción, la velocidad media parece ser de 260 PPM, con un rango entre 200 y 320 PPM.

No se encontraron diferencias en la velocidad de lectura de textos según su longitud (cortos o largos), aunque en los textos cortos la variabilidad de los resultados sí que fue mayor.

Lectura en voz alta

En esta ocasión, la velocidad se calculó a partir de 77 estudios, con 5965 participantes y fue, como media, de 183 PPM.

Lectura en español

Brysbaert ofrece una tabla con con resultados de velocidad de lectura en español. En ella encuentra seis estudios que miden la lectura silenciosa y que indican una velocidad de 278 PPM y otros seis estudios que miden la lectura en voz alta, con una velocidad media de 191 PPM.

El manuscrito incluye una interesante tabla con velocidades de lectura en varios idiomas y su autor propone que el tiempo que se tarda en leer el mismo contenido es similar en cualquier idioma. Es decir los lectores españoles invertirían un tiempo similar en leer Matar a un ruiseñor que los lectores Ingleses en leer To kill a mockingbird, sin importar el número de palabras que tenga cada versión. Esto hace que se pueda establecer un índice que permite estimar la velocidad lectora en un idioma a partir de la velocidad en otro, teniendo en cuenta la razón entre la cantidad de palabras que se necesitan en uno y en otro para escribir el mismo texto.

Brysbaert llama a esto el índice de expansión/contracción y calcula que entre el inglés y el español el índice de expansión es 1025. Es decir, que cuando introduce un texto de 1000 palabras en inglés en el traductor de Google, la traducción al español tiene 1025 palabras. Por tanto, la velocidad media de lectura del español, medida en palabras por minuto, sería ligeramente más alta que la del inglés.

Obviamente, el índice de expansión/contracción puede variar según o los textos que se empleen para calcularlo, pero Brysbaert, que utilizó una selección de textos fáciles y difíciles, encuentra una correlación de 0,77 entre las estimaciones realizadas con este índice y los datos existentes sobre velocidad lectora en distintos idiomas. La correlación es mayor para la lectura en voz alta que para la lectura silenciosa.

Tabla con velocidades lectoras

Tabla enlazada de http://www.researchgate.net

Otros datos interesantes sobre la velocidad lectora

A lo largo del manuscrito, Brysbaert ofrece algunas informaciones interesantes, como:

  • Se suele considerar que los adultos leen alrededor de 300 palabras por minuto. Sin embargo, esta idea parece estar sustentada en datos seleccionados y existen bastantes indicios de que la velocidad de lectura es menor.
  • Se puede hablar de velocidad de audición. En este caso, normalmente no podemos determinar a qué velocidad escuchamos el habla, pero sí se puede intentar saber cuál es la máxima velocidad a la que se puede escuchar sin que se vea afectada la comprensión.
  • Una variable clave en la velocidad lectora es la longitud de las palabras. Los textos de no-ficción tienen palabras más largas que los textos de ficción y eso se relaciona con las diferencias en la velocidad con que se leen unos y otros.

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Medir la velocidad lectora en la lectura silenciosa

La velocidad lectora es un indicador que puede tener su utilidad, y es relativamente fácil de calcular. El alumno lee un texto, se cuenta el número de palabras que ha leído, se mide el tiempo que ha tardado en leerlo y con esos datos se puede calcular el número de palabras por minuto que ha leído. Cuando hay problemas en la precisión de la lectura puede ser más útil otro indicador que es el número de palabras correctamente leídas por minuto. En ese caso basta con restar los errores del número de palabras leídas. En investigación se utilizan otros indicadores como el tiempo medio de lectura por cada palabra del texto, que en realidad es una variante del número de palabras por minuto, una medida más tradicional y más comprensible en educación. Todo esto supone que el alumno está leyendo en voz alta, pero la lectura en voz alta es una actividad que se hace pocas veces fuera del colegio. En realidad la misma forma de calcular la velocidad de lectura en voz alta se puede utilizar para calcular la velocidad de la lectura silenciosa, pero en ese caso, no es posible saber si el alumno realmente ha leído el texto completo. En educación puede ser suficiente con dar por supuesta la buena voluntad del alumno y tomar esa medida, pero en investigación es bastante insatisfactoria, porque es demasiado global, y el tiempo que el alumno dedica a leer cada palabra, oración o parte de ella puede dar una información importante sobre su comprensión.

Métodos más sofisticados para medir la velocidad en la lectura silenciosa

Imagen enlazada de la web de Sidney D’Mello

El caso es que existen otros métodos para medir la velocidad en la lectura silenciosa que se pueden dividir en métodos de seguimiento ocular, lectura autoadministrada y métodos de lápiz. Los métodos de seguimiento ocular utilizan un sistema de cámaras que registra los movimientos oculares, siendo posible conocer qué palabra del texto está mirando el lector y cuánto tiempo dedica a su lectura. Su inconveniente es que ponen al lector en una situación bastante artificial en la que normalmente tienen que leer en una pantalla, con unas gafas especiales, y manteniendo quieta la cabeza. Sin embargo la tecnología de seguimiento ocular avanza y los dispositivos que se utilizan son cada vez más discretos. En la lectura autoadministrada el texto aparece en una pantalla, pero no completo, sino que cada vez que el lector pulsa una tecla aparece una nueva palabra o fragmento del texto. Un programa de ordenador calcula el tiempo que transcurre entre una pulsación y otra. Aunque este sistema es menos preciso que el seguimiento ocular porque el lector puede pulsar la tecla sin haber leído el fragmento de texto que se le ha presentado, o porque no tiene en cuenta si se vuelve hacia atrás en el texto, tiene una gran ventaja: se puede aplicar a varios alumnos de forma simultánea. Sin embargo, los colegios no cuentan con instrumental para el seguimiento ocular ni para la lectura autoadministrada, por eso para ellos puede ser importante una tercera forma de evaluación: los “métodos de lápiz” en los que el alumno va subrayando la parte de texto que está leyendo, o simplemente lee, y cuando el profesor da una señal rodea la palabra que está leyendo en ese momento. Nuevamente dependemos de la buena voluntad del alumno (que se presupone) y la información que proporciona el método es menor que la de los dos primeros, pero como ventaja, es económico, se puede aplicar en grupo, y es el menos artificial de todos.

Un nuevo método

Lo que he estado diciendo puede ser interesante para fanáticos de la evaluación de la lectura o como recurso para ayudar a insomnes a conciliar el sueño, pero lo cuento para señalar que se está utilizando un método nuevo de evaluar la velocidad de lectura silenciosa. Se trata de un método mixto que aprovecha las posibilidades de las tabletas digitales. Se trata de una combinación entre los métodos de lápiz y la lectura autoadministrada, en el que se enseña al alumno a subrayar lo que lee, parando cuando para la lectura, y subrayando hacia atrás cuando vuelve atrás en el texto. Lo peculiar del método es que el alumno lee en una tableta con un programa que registra y analiza los movimientos del lápiza en la pantalla. Eso permite calcular su velocidad de lectura, pero también tener una estimación de cuánto tiempo dedica a cada parte del texto, y saber si ha necesitado volver hacia atrás. Se puede encontrar más información sobre el uso de este método en el artículo Silent reading fluency using underlining, de Katherine W. Price, Elizabeth B. Meisinger, Max M. Lowerse y Sidney K. D’Mello.

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