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La solución de problemas de información: una habilidad compleja

Los alumnos de un curso deben realizar un trabajo sobre la forma de reducir los abandonos de animales. No se trata de producir un texto de opinión, sino que tienen que aportar datos, presentar distintas propuestas y valorar su efectividad. Casi todos realizan búsquedas de información en internet. Alguno encuentra una noticia interesante en el periódico, hay quien se dirige al albergue de la protectora de animales y habla con los empleados… Finalmente, varios grupos presentan documentos escritos, otros una infografía y hay algunos que realizan una presentación multimedia, un vídeo o una presentación oral.

Está claro que en una tarea así interviene la comprensión lectora, pero también otras habilidades. Se ha propuesto denominar a todo ese conjunto como SPI: solución de problemas de información (IPS en las siglas inglesas). Se puede considerar que la SPI es el proceso por el que las personas que tienen una necesidad informativa la concretan, localizan fuentes de información, extraen y organizan contenidos relevantes de ellas y los organizan y sintetizan para darles un uso. Esta forma de entender la SPI incluye tanto fuentes electrónicas como de otro tipo, por ejemplo, orales, audiovisuales o impresas.

La SPI se utiliza en las escuelas, especialmente cuando los alumnos deben realizar trabajos que requieren documentación diversa, proyectos o se utiliza el aprendizaje basado en problemas. Sin embargo, muchas veces se pide al alumnado que realice el procedimiento de SPI sin que haya una formación acerca de cómo hacerlo de forma eficiente. La SPI utilizando recursos electrónicos es relativamente reciente y podemos tener poca conciencia sobre sus componentes y, además, apenas se han desarrollado estrategias o programas para enseñarla y mejorarla. En este sentido ha sido muy perniciosa la idea de los “nativos digitales” que puede llevar a creer que el alumnado posee unas habilidades avanzadas en el tratamiento de la información electrónica que no parecen ser reales.

Hoy comento una revisión de Amber Walraven, Saskia Brand-Gruwel y Henny Boshizen, de la Universidad de las Netherlands acerca de los problemas que los alumnos encuentran en la SPI y sus posibles soluciones. No es un trabajo reciente, pero me ha parecido muy ilustrativo.

Componentes de la IPS

Amber Walraven

Las autoras parten de un modelo en el que la IPS tiene cinco componentes principales:

  1. Definir el problema de información.
  2. Buscar información.
  3. Consultar la información localizada.
  4. Procesar la información.
  5. Organizarla y presentarla.

Cada uno de esos componentes se puede dividir en microhabilidades y aún habría que añadir una más que no pertenece a ninguno de los cinco componentes y afecta a todos ellos: la regulación del proceso.

Definir el problema de información

Entre las microhabilidades que intervienen en este componente, la de leer la tarea no es especialmente problemática. Hacerse preguntas útiles para la búsqueda parece difícil para los adolescentes (13 a 18 años), que tienden a formularse una pregunta muy general sobre el tema y a cambiarla por otra si no les proporciona suficientes resultados. Los adolescentes también tienen problemas al activar conocimientos previos, aclarar los requisitos de la tarea y determinar la información que necesitan. Apenas se han estudiado estas microhabilidades en niños (6 a 12 años) aunque se puede suponer que tendrán, como mínimo, los mismos problemas que los adolescentes.

Buscar información

Cuando se utilizan recursos digitales para la IPS hay tres formas de buscar información: usar una herramienta de búsqueda, introducir las URL, o navegar siguiendo enlaces sobre un tema. Parece que los niños con 10 años o más ya son capaces de utilizar las tres formas. Los más jóvenes tienden a navegar si la tarea es muy general o está poco definida y a utilizar buscadores si es muy concreta, aunque lo hacen de una forma poco sistemática, por ensayo y error.

Tanto los niños como los adolescentes muestran dificultades para especificar los términos de búsqueda. Los niños tienden a emplear oraciones enteras en lugar de palabras clave, mientras que los adolescentes, a veces, no saben qué terminos emplear, sobre todo cuando tienen que combinar varios términos. En esas ocasiones suelen encontrarse con una cantidad muy grande de resultados, muchos de ellos irrelevantes. Incluso en los adultos, la precisión al elegir los términos de búsqueda parece estar ligada al dominio del tema sobre el que se indaga.

Los niños utilizan formas muy rudimentarias de valorar los resultados de la búsqueda. Tienden a considerar que lo que necesitan para su tarea estará en uno de los resultados que les devuelve la herramienta de búsqueda y toman sus decisiones con un único criterio (el título, el resumen o el orden en que aparecen los resultados). Los adolescentes tienden a acceder a cada uno de los resultados, por orden y sin una evaluación previa, algo que también hacen los adultos con menos conocimientos sobre el tema. En cambio, los adultos más hábiles eligen resultados clave a partir del título, la descripción del contenido, la fuente y la presencia en la URL de expresiones clave como “.com” o “.edu”.

Consultar la información

Cuando los niños o jóvenes acceden a una página web tienden a buscar una información que responda exactamente a la tarea que deben realizar o a la pregunta que se han hecho. Para determinar si la web merece la pena miran a las imágenes y leen las primeras líneas. Los niños tienden a creer que la información que encuentran en internet es cierta, aunque contradiga sus propios conocimientos. Sus criterios para elegir información son la relación con el tema, la novedad y el interés. Raramente valoran otras cuestiones como la autoridad de la fuente, la antigüedad, la credibilidad o la precisión de la información. No suelen comparar información entre distintas webs, especialmente si se trata de información que coincide con sus creencias sobre el tema.

Los niños pueden ser más críticos si tienen mayores conocimientos sobre el funcionamiento de internet. En ese caso pueden valorar quién es el autor de la web, su fecha de publicación y buscar información en más sitios. Pero solo realizan eso si el autor y la fecha son fácilmente reconocibles.

Los adolescentes también tienen dificultades para seleccionar información. Tienden a considerar que la herramienta de búsqueda realiza algún tipo de filtrado y les presenta los mejores sitios para encontrar lo que necesitan, de modo que no tienen problema, por ejemplo, en extraer información de tipo científico de webs comerciales. Aunque conocen formas para valorar la credibilidad de una web, les cuesta utilizarlas y suelen fijarse en el aspecto que ofrece. Con respecto a la forma de almacenar los sitios relevantes, los niños tienden a no hacerlo y utilizan el botón de “volver atrás” para regresar a páginas importantes, más que los marcapáginas.

Procesar la información

Los niños y adolescentes no suelen leer en profundidad una web que hayan considerado relevante. Más bien, la rastrean buscando en ella las palabras que les interesan (las relacionadas con la tarea que están realizando). Consecuentemente, tienen problemas para valorar la información procesada, ya que la dan por buena si existen coincidencias entre las palabras del texto y lo que buscan, independientemente del significado del texto. Los niños también tienen problemas para almacenar la información relevante. En lugar de almacenar la información para procesarla posteriormente, modifican el texto explicándolo con sus propias palabras y lo añaden directamente a su producto final.

Organizar y presentar la información

La revisión solo encontró una investigación sobre esta parte de la SPI, en el que se indicaba que tanto los adultos expertos como los inexpertos realizaban con solvencia la organización y presentación de la información.

Regulación

Los niños apenas regulan el proceso. En los adolescentes se han identificado algunos indicios de regulación, como revisar si los términos de búsqueda se han escrito sin errores, pero no sienten la necesidad de hacer un plan de búsqueda o de valorar si su plan resulta adecuado.

Intervención para la mejora

Las intervenciones descritas utilizaron los siguientes elementos:

  • Proporcionar información sobre internet, su estructura, las herramientas de búsqueda, la estructura de las webs
  • Activación de conocimientos previos antes de la fase de búsqueda.
  • Utilizar recordatorios con las partes y recomendaciones para realizar una búsqueda de información eficaz.
  • Realizar búsquedas de información en entornos preaparados especialmente para ello (portales o bibliotecas sobre ciencia) por los propios investigadores.
  • Uso de organizadores o plantillas para estructurar el trabajo (las preguntas que se hacían, sus hipótesis, los términos de búsqueda o las conclusiones).
  • Uso de organizadores para valorar los documentos y su fiabilidad (tipo de documento, autor, fecha, relación del autor con el tema)
  • Limitar la cantidad de webs a consultar y la longitud de la información que se puede extraer de cada una, de modo que los alumnos deben tomar decisiones sobre qué parte es mejor incluir en su producto.
  • Actividades de valorar fuentes (útiles, probablemente útiles, inútiles).
  • Poner normas, como citar la procedencia de la información.

En casi todos los casos, se realizaba un trabajo o proyecto para el que era necesario buscar información. En varios de ellos, especialmente en los que participaban niños, las actividades se realizaban en grupos.

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Las estructuras del texto expositivo

En los años 70 del siglo XX, Bonnie Meyer comenzó a publicar algunos trabajos sobre las formas en que se estructuran los textos expositivos. Esto dio lugar a una fructífera línea de trabajo e investigación en comprensión lectora. De Melissa Ray apenas he encontrado información. Parece que trabaja como investigadora en la universidad de Illinois Norte y que mantiene relación con la universidad Penn State donde estudió. Estas dos autoras acaban de publicar dos artículos de revisión sobre las estructuras de los textos expositivos.

Comprensión de las estructuras textuales en niños

El primero de estos artículos se titula Diferencias individuales en el conocimiento de los niños acerca de las estructuras textuales: una revisión de la literatura. En él, Ray y Meyer revisan algunos trabajos clave sobre la interacción entre estructura textual, otras características del texto, características del lector y características de la tarea.

Los niños recuerdan más información y tienen más facilidad para localizar las ideas importantes de un texto cuando este tiene una estructura clara y bien definida, aunque esta facilitación solo se produce si los lectores son capaces de captar esa estructura. Mientras que los adultos comprenden mejor los textos con estructuras más claras (comparativa, causal, problema-solución) que los textos con estructuras menos marcadas (secuencia, descripción), los niños pueden tener dificultades con estructuras que se interiorizan de forma más tardía como la causal. La comprensión mejora cuando los textos incluyen recursos que señalan su estructura (títulos, subtítulos, palabras destacadas, conectores, esquemas).

Los niños con resultados altos en comprensión lectora suelen ser más sensibles a la estructura del texto que sus compañeros con resultados bajos. No está clara cual es la dirección de esta relación pero sí que parece que la enseñanza de las estructuras del texto y de habilidades para percibirlas produce mejoras en los resultados de comprensión.

El conocimiento sobre las estructuras textuales aumenta con la edad, especialmente a lo largo de la educación primaria, aunque hay una interacción con la habilidad de comprensión y con los conocimientos del lector sobre el tema del texto. La estructura enumeración y la secuencia parecen interiorizarse antes que estructuras más complejas como la de comparación.

Enseñanza de las estructuras textuales para mejorar la comprensión

En el segundo de los artículos, Meyer y Ray revisan estudios sobre intervención para mejorar el conocimiento y la identificación de las estructuras textuales del texto expositivo. La verdad es que el artículo me ha parecido poco didáctico, con una organización más cronológica que temática, pero extraigo algunas ideas para enseñar a reconocer e las estructuras de los textos:

  • Enseñar explícitamente cuáles son esas estructuras: comparación, problema-solución, causa-efecto, secuencia, descripción y posteriormente, Meyer añadió la estructura de coleción.
  • Enseñar a reconocer palabras o expresiones que pueden estar señalado una estructura (“hay dos tipos”, “por contra”, “entonces”…).
  • Realizar organizadores gráficos como mapas conceptuales con las ideas del texto empleando enlaces como “parte de”, “característica de”, “prueba de”, “lleva a”, “análogo a”…
  • Completar organizadores gráficos en los que está representada la estructura del texto y los alumnos deben colocar las ideas que corresponden a cada parte.
  • Localizar la idea principal (definida como la idea que puede interrelacionar la información del texto).
  • Modelado en el que el profesor muestra cómo identificar la estructura del texto y cómo utilizarla de forma estratégica.
  • Completar resúmenes del texto a los que les falta información (las ideas del texto).
  • Uso de una aplicacción informática para trabajar el reconocimiento de estructuras (tutor inteligente para la estrategia de estructura, ITSS) que, lógicamente, está en inglés.
  • Realizar preguntas sobre la estructura de los textos o que la pongan de manifiesto (¿en qué se parecen…?, ¿cuál fue la causa de…?, ¿de qué se compone…?)

 

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Madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura

Una entrada publicada en el blog en 2016, titulada Efectos de la enseñanza temprana de la lectura, ha generado un debate enriquecedor en el que Gontzal (aprovecho aquí para recomendar su web Katamotz) ha aportado un artículo tan interesante que me ha parecido que merecía su propia entrada.

El artículo se titula Controversia entre madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura. Revisión histórica y propuestas actuales. Sus autores son Pilar Sellés (Universidad Católica de Valencia), Tomás Martínez y Educardo Vidal-Abarca (Universidad de Valencia),

Evolución de las ideas acerca del momento óptimo para comenzar el aprendizaje de la lectura

Los autores del artículo distinguen cuatro etapas en la evolución sobre las ideas acerca de cuándo enseñar a leer. Estas son:

  1. El enfoque perceptivo-motor (1930-1960): durante esta época se consideraba que la madurez para la lectura se alcanzaba cuando el niño tenía desarrollados una serie de procesos cognitivos, especialmente de percepción visual y orientación espacio temporal (discriminar formas, reproducir modelos, coordinación viso-motora, memoria visual…). En esta época de desarrollaron algunas pruebas para valorar la madurez para la lectura que se hicieron bastante populares, como la de Filho o la batería Inizan.
  2. Aprendizaje precoz de la lectura (1970-1980): la investigación encuentra que los buenos y malos lectores no se diferencian por sus habilidades neuroperceptivo-motoras. Se cuestiona el concepto de maduración y se propone que existe un periodo sensible en el que los niños aprenden fácilmente (lo que incluiría el aprendizaje de la lectura) si se les coloca en un medio pedagógico suficientemente rico y estimulante.
  3. Enfoque psicolingüístico (finales de los 70 y década de 1980): se identifican los problemas de lectura con dificultades para convertir los grafismos de la escritura en unidades fonológicas. Se identifican predictores de la lectura como la competencia lingüística general, los conocimientos sobre las funciones de la lectura o la capacidad para segmentar las palabras en sus diferentes unidades (habilidad o conciencia fonológica).
  4. Importancia de las habilidades relacionadas con el inicio de la lectura: sin abandonar el enfoque psicolíngüístico se vuelve a dar importancia a la intervención temprana. Surgen conceptos como “preparación a la lectura” o “alfabetización emergente”. Se realizan varias publicaciones sobre la importancia de la enseñanza temprana de la lectura. Se considera importante promover las habilidades fonológicas e identificar tempranamente a los alumnos que puedan tener problemas en el aprendizaje de la lectura.

A lo largo de este recorrido se abandona el concepto de “madurez lectora” que implicaba que la lectura aparece de forma natural cuando el alumno está preparado o maduro para adquirirla. La idea predominante es que la lectura requiere una instrucción sistemática e intencional.

¿Cuándo enseñar a leer?

William-Adolphe Bouguereau (1884). La lección difícil

Los autores comienzan presentando dos posturas contrapuestas. La primera, relacionada con la idea de madurez, sería que hay que esperar a que el niño esté preparado. La lectura no sería ajena a otros aprendizajes necesarios para el desarrollo global del niño y enseñar a leer demasiado pronto podría provocar ansiedad, falta de motivación e incluso rechazo a la lectura.

La segunda postura considera que no existe un momento óptimo en el aprendizaje de la lectura y que se puede producir un aprendizaje entre los dos y cuatro años, anterior a la madurez cognitiva básica. Además, como los recursos necesarios para comprender un texto se desarrollan leyendo, es importante que el niño posea cuanto antes el código alfabético.

Los autores de este artículo consideran que han encontrado un punto de unión entre ambas posturas: no habría que esperar y no habría que forzar el aprendizaje. Posponer la experiencia de lectura cuando el niño ya tiene adquirida la capacidad de leer influiría negativamente en su desarrollo de esta habilidad y plantear demasiado pronto la adquisición de la lectura afectaría a la autoestima y a las expectativas del alumno.

Para ellos, sería fundamental que, antes de iniciar el aprendizaje de la lectura, se hayan adquirido unas habilidades básicas. Encuentro cierta ambigüedad a la hora de plantear esta idea. Por una parte se considera que estas habilidades son prerrequisitos o factores necesarios para el aprendizaje de la lectura y, por otra, se consideran predictores o precursores y estarían relacionados con la lectura, pero sin que esté claro que haya una relación causal, es decir, un problema en uno de estos predictores no implicaría necesariamente un problema de lectura.

Las investigaciones que tratan de establecer cuáles son los predictores de la lectura coinciden en algunos de ellos, pero no en todos. Parece que no existe un único camino para que los niños se conviertan en lectores competentes. En una revisión de la literatura científica, los autores del artículo identifican como predictores principales:

  1. El conocimiento fonológico.
  2. El conocimiento alfabético.
  3. La velocidad de denominación.
  4. El conocimiento metalingüístico.
  5. Las habilidades lingüísticas.
  6. Procesos cognitivos como la memoria y la atención.

Esta selección parece derivarse de un trabajo anterior de Pilar Sellés en el que, además, se da un abreve explicación de cada uno de los predictores.

La siguiente sección del artículo se dedica a presentar y comentar la prueba BIL 3-6, un test realizado por los autores del artículo, que evalúa parte de esos predictores.

Reflexiones

Aunque parezcan cosas muy obvias, considero que en un debate sobre la edad adecuada para la enseñanza de la lectura hay que tener en cuenta algunos detalles importantes para no acabar enredados en confusiones producidas por no haberlos tenido en cuenta. El primero de estos detalles es qué entendemos por enseñar a leer. La lectura es un proceso muy complejo en el que intervienen habilidades y conocimientos muy variados (por ejemplo, vocabulario, conocimiento de los sonidos del lenguaje, reconocimiento de las letras, atención…). En una perspectiva amplia, podemos entender que una enseñanza que influya positivamente en cualquiera de esos factores es enseñanza de la lectura. En una perspectiva más restringida, ha sido frecuente que se considere enseñanza inicial de la lectura la que lleva a conocer las relaciones entre letras y sonidos y a la capacidad de descodificar combinaciones de letras.

El segundo detalle es si al tratar de establecer el momento óptimo para enseñar la lectura estamos considerando un nivel individual (un alumno concreto), de grupo (una clase) o más general (las normas o el currículo). Está claro que los que aprenden a leer son los alumnos concretos pero los otros niveles también son importantes ya que, normalmente, se trabaja con ellos en grupos y eso se hace en un marco social y legal.

Un tercer detalle es el de la eficiencia. Creo que el artículo que he estado comentando no trata una cuestión importante: probablemente, el aprendizaje de la descodificación (transformar las letras en los sonidos oportunos) es más largo cuanto antes se inicia. En esta perspectiva habría que considerar los beneficios que puede aportar esa enseñanza a corto y a largo plazo y, también, los beneficios que podría haber aportado el dedicar ese tiempo extra a otros objetivos.

Y más reflexiones

El artículo es muy tajante en algunas de sus afirmaciones, por ejemplo indica que “Foorman, Breier, y Fletcher (2003) demuestran la importancia de enseñar lo antes posible la lectura”. La verdad es que si algo está demostrado no tiene mucho sentido debatir sobre ello, solo sobre si la demostración es correcta. El trabajo de Foorman et al. (2003) que están mencionando no es ninguna investigación, sino una revisión narrativa de la literatura. En él se incluye una sección sobre el momento de enseñanza de la lectura que en su propio título indica “cuanto antes mejor”. 

Esa sección comienza indicando que los alumnos que comienzan la primaria con problemas de lectura tienden a mostrar problemas de lectura años después. A continuación se propone la detección de los alumnos con dificultades durante la educación infantil y el primer curso de primaria. Esta detección serviría para realizar un trabajo individualizado y preventivo. Se analizan cinco investigaciones en las que se siguió esta forma de trabajo pero, curiosamente, en cuatro de ellas la intervención se realizó en el primer curso (incluso en el segundo) de educación primaria. Solo en una de esas investigaciones se trabajó con alumnado de educación infantil.

En resumen, no se trata de un trabajo sobre la enseñanza inicial de la lectura, sino sobre la prevención o la intervención ante dificultades en el aprendizaje de la lectura. Además, su concepto de intervención temprana es el de algo que se hace antes del tercer curso de primaria, de modo que no sé si es una referencia válida para recomendar una enseñanza temprana de la lectura.

Más concreta es la referencia a D’Arcangelo (2003), quien, según el texto, “concluye que el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura es educación infantil, de los 4 a los 6 años”. D’Arcangelo es una productora de recursos educativos que, en el artículo citado, entrevista a Sally Shaywitz, una neuropediatra miembro del National Reading Panel. Durante esa entrevista, Shaywitz menciona que los niños de 4 a 6 años están en la rampa de lanzamiento (“cúspide” es la palabra exacta que emplea) del aprendizaje de la lectura “su lenguaje oral está en el lugar adecuado. Están preparados para construir las conexiones con lo escrito. Es una época increiblemente excitante. Quieren la señal de ‘adelante'”.

Florez-Romero y Arias-Velandia (2009) son citados como otro trabajo en la misma línea (el período de 4 a 6 años es el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura). En este trabajo se evaluó el rendimiento de un grupo de 491 alumnos de 4 a 7 años de edad en distintas variables que podríamos considerar como precursoras de la lectura: desarrollo cognitivo, vocabulario, habilidades fonológicas, desarrollo lingüístico y producción narrativa. Los resultados se analizaron comparando las diferencias con los baremos de las pruebas, según el nivel sociocultural de los alumnos, por ciudades (Bogotá y Chía) y por género. Quizá mi lectura de este artículo ha sido poco detallada. Pero no encuentro ninguna indicación acerca del momento adecuado para iniciar la enseñanza de la lectura. Lo más parecido es “el desarrollo sigue la secuencia de su curso en los niños, a pesar de variaciones del contexto; en niños normales, es una buena base de soporte al aprendizaje de habilidades más específicas como el alfabetismo.”

No dispongo de los trabajos de Lebrero y Lebrero (1995), Bruner (1968) y Doman (1978), que son libros. El tercero de ellos es el criticadísimo Cómo enseñar a leer a su bebé. Alegría (2006) es una defensa de la enseñanza de habilidades fonológicas y de los métodos fonológicos de lectura. Al final de este trabajo, el autor plantea la idea de que los mecanismos de lectura deben ser aprendidos lo antes posible, sin especificar a qué edad se refiere. Esta idea la justifica por la existencia del efecto San Mateo. Stanovich (1986), que no se corresponde con el artículo citado en la lista de referencias, trata sobre el efecto San Mateo. En ese trabajo se presenta el concepto de “arranque”, según el que el aprendizaje de la lectura facilita la adquisición de las habilidades fonológicas. Stanovich considera que estas habilidades fonológicas son clave para el aprendizaje de la lectura, que es posible detectar a los alumnos que las tienen menos desarrolladas y que existen intervenciones útiles para su mejora. Sin embargo, resulta curioso cómo al aportar datos empíricos sobre el efecto de esa propuesta se citan investigaciones realizadas con alumnado de educación primaria.

El artículo de Sellés, Martínez y Vidal-Abarca puede producir la impresión de que hay un cuerpo de investigación que sustenta la propuesta de una enseñanza precoz de la lectura. Sin embargo, al consultar las fuentes que se citan nos encontramos como que se trata de opiniones, datos tangenciales e investigaciones realizadas, normalmente, con alumnado con dificultades de aprendizaje y durante los primeros cursos de la educación primaria. El mensaje podría ser “si detectas una dificultad de lectura no esperes para comenzar a intervenir”, pero tomar decisiones en el nivel de aula, colegio o currículo a partir de estos datos resulta bastante aventurado.

 

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La hiperlexia

Las personas con hiperlexia se caracterizan por realizar una lectura correcta y fluida pero con una escasa comprensión de lo que están leyendo. Es decir, presentan buenas habilidades de descodificación pero su comprensión o su capacidad intelectual están menos desarrolladas.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal acaba de publicar una revisión sistemática sobre la hiperlexia y eso es una buena ocasión para presentar este concepto, poco conocido pero interesante para entender mejor la lectura y su aprendizaje.

Un poco de historia

El término hiperlexia apareció en 1967 en un artículo de Norman y Margaret Silberberg, que examinaban 20 casos de niños con una habilidad para identificar palabras mayor que su habilidad para comprenderlas e integrarlas. Sin embargo, existen descripciones de casos de hiperlexia bastante anteriores. La revisión hace referencia a una de 1918.

Respecto a la investigación sobre hiperlexia, se encuentran 39 estudios de caso, en los que se aportan datos de 82 personas y 22 estudios de grupo en los que han participado 315 personas con hiperlexia.

Relación entre hiperlexia y trastornos del espectro del autismo

En la actualidad no sabemos qué porcentaje de la población se puede considerar hiperléxica. Sin embargo, si hay estimaciones sobre la prevalencia de la hiperlexia entre las personas con trastornos del espectro del autismo (TEA), ya que en la investigación ha habido bastante interés por la relación entre ambos. Los cuatro estudios de prevalencia realizados hasta el momento indican que se puede encontrar hiperlexia en entre un 6% y un 20,7% de las personas con TEA. Una causa de las diferencias entre estos porcentajes es la forma en que se defina la hiperlexia. El criterio más habitual es el de la discrepancia entre la habilidad de descodificación y la inteligencia o la comprensión. Sin embargo, en algunos casos se añaden otros criterios como el aprendizaje temprano de la lectura o la presencia de un especial interés por leer.

En 69 de los 82 casos que se han mencionado antes había un diagnóstico de TEA o, en la descripción de los participantes, se aportaban datos que hacían pensar en esa posibilidad. No obstante, la hiperlexia también se ha descrito en personas sin TEA y en personas con otros trastornos como el síndrome de Down o el de Turner.

Distintos datos que muestra diferencias de ejecución y conectividad y actividad cerebral durante la lectura de las personas con autismo e hiperlexia, sugieren que la lectura hiperléxica es sustancialmente diferente de la lectura típica, en cualquiera de sus etapas (percepción de los signos gráficos, conversión de grafemas a fonemas y acceso al significado).

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Intervenciones para mejorar la comprensión lectora en niños y adolescentes con TEL

El trastorno específico del lenguaje o TEL es una denominación que engloba a personas que se caracterizan porque tienen un rendimiento muy bajo en pruebas de lenguaje receptivo o expresivo y, además, ese bajo rendimiento no se explica por un problema neurológico, una dificultad sensorial (dificultades de audición), condiciones sociales muy desfavorables o baja capacidad intelectual.

En lugar de extenderme explicando lo que es el TEL, dejo este enlace al documento de consenso del grupo de expertos de AELFA donde lo define y explica cuáles son sus características, tipos y cómo se diagnostica.

El caso es que en los niños de los últimos cursos de primaria y en los adolescentes, el TEL puede (¿suele?) producir una situación que no sé cómo nombrar. Lo mejor que se me ocurre es que se trata de la situación “tienes un problema, sufres sus consecuencias negativas, pero nadie reconoce tu problema ni va a relacionar tus dificultades con él ni te va a ayudar por ello”. El escaso conocimiento del TEL en la sociedad y en el profesorado y la falta, a estas edades, de unos síntomas notorios, claros y diferenciados hacen que el TEL no sea tenido en cuenta como posible explicación de ciertos problemas escolares o incluso personales.

¿Cuáles son esos problemas? Algunos bastantes comunes son:

  • Dificultades sociales: falta de integración en el grupo de iguales.
  • Problemas de lectura y comprensión.
  • Bajo rendimiento escolar.
  • Desinterés por el trabajo escolar.

Los problemas de lectura sí que pueden ser notorios y claros y se percibirían como una dislexia (un trastorno muy relacionado con el TEL). En ese caso sí que sería posible que el alumno recibiera ayudas fuera de lo común. En el resto de los problemas, las ayudas serían las ordinarias. No quiero decir que los alumnos con TEL sean ignorados en los colegios. La mayoría de los profesores que he conocido se esfuerzan por conseguir que sus alumnos rindan bien, se preocupan por aquellos que no lo hacen y tratan de ayudarles. Pero si los problemas no se han analizado bien, pueden intentar soluciones poco eficaces.

Me he encontrado varias veces con la idea de que el bajo rendimiento del alumno se atribuye a su falta de esfuerzo e interés (si no conjuga bien los verbos es porque no ha aprendido a conjugarlos y lo que tiene que hacer es aprenderlo). Esto suele dar lugar a intentar solucionar el mal rendimiento del alumno animándole y demandándole un sobresfuerzo (trabajo extra para ponerse al día), pero no soluciona el problema de lenguaje que tiene, ni tiene en cuenta que quizá es más eficaz utilizar medidas paliativas en lugar de pretender que el alumno se iguale en rendimiento con sus compañeros.

De Beethoven9 en Wikimedia Commons

De Beethoven9 en Wikimedia Commons

Una revisión sobre intervenciones para mejorar la comprensión

En realidad, lo que quería era introducir una publicación reciente de Jeanne Ward-Lonergan y Jill K. Duthie, de la Universidad del Pacífico, de California titulada Intervenciones para mejorar la las habilidades de comprensión de textos expositivos en niños mayores y adolescentes con trastornos de lenguaje.

Las intervenciones se proponen pensando en logopedas o personas que trabajan individualmente o en pequeños grupos con los alumnos. Sin embargo, yo he utilizado la palabra “profesor” para referirme a ese terapeuta del lenguaje.

Enseñanza explícita de la comprensión

Muchos profesores, a partir de 4º de primaria, dan por supuesto que los alumnos saben leer y comprender y el trabajo de lectura se limita a leer textos y responder a preguntas sobre ellos. En cambio, parece mucho más eficaz un enfoque basado en modelar estrategias para identificar el tema del texto y de cada una de sus secciones, localizar las ideas más importantes sobre esos temas, la información que sustenta esas ideas importantes y parafrasear el contenido del texto de forma oral o por escrito.

Uso de organizadores gráficos

Una vez que el profesor ha modelado cómo identificar los conceptos importantes en un texto, trabaja junto con el alumno para construir un organizador gráfico (esquema, mapa, diagrama…) que muestre las relaciones entre esos conceptos. Una vez que el alumno muestra habilidad en esa construcción, se le proporcionan oportunidades de crear sus propios organizadores de forma independiente.

Vocabulario académico

El vocabulario académico es el que se utiliza profusamente en la formación y las personas que no han tenido un acceso provechoso a esa formación conocen de una forma superficial. Se trata de palabras como: abstracto, reconocimiento, acumular, núcleo, criterio, énfasis…

Las actividades en las que se profundiza en el significado de estas palabras son útiles para mejorar la comprensión de los textos y las explicaciones escolares. Las autoras nombran un programa concreto el ALIAS (Academic Language Instruction for All Students). En este programa, se lee un texto, se habla sobre él, se localizan y definen varias palabras clave, se proponen preguntas que se deben contestar utilizando esas palabras, se escriben oraciones con ellas, se exploran otros significados que puedan tener, se analiza su morfología y se contesta a preguntas sobre su uso en nuevos contextos.

Trabajo con textos de Ciencias Sociales

Los textos de Ciencias Sociales (Geografía e Historia) pueden ser trabajados con estrategias como los organizadores gráficos que se han comentado y otras como recursos mnemotécnicos, preguntas o notas guiadas. A estas alturas debo confesar que no acabo de comprender cómo está organizado el artículo de Ward-Lonergan y Duthie. Los temas se repiten de una forma que me parece poco estructurada.

En otra sección presentan la posibilidad de un trabajo centrado en los contenidos en el que se trabajan los textos a partir de pregunta abiertas centradas en su contenido (las autoras no son más explícitas).

Uso de estrategias de lectura

Antes de comenzar la lectura se puede echar un vistazo al texto y conversar sobre su tema y su estructura. También se puede preparar una hoja con los títulos y subtítulos del texto separados por espacios en blanco donde se podrá anotar la información importante. Otra alternativa es preparar una hoja con las preguntas qué, quién, cuándo, dónde, porqué/cómo.

Durante la lectura los alumnos pueden utilizar signos como ?, ! o * para señalar partes del texto que les hayan sorprendido o les hayan generado dudas. También pueden intentar rodear palabras clave o señalar palabras de contenido que se repitan varias veces a lo largo del texto. Al terminar de leer cada párrafo o sección el alumno puede intentar contar brevemente cuál era su contenido, de forma oral o haciendo una anotación en el margen de la hoja.

Tras la lectura es importante que el alumno revise las anotaciones que ha realizado. El profesor puede promover una conversación acerca del texto, realizando algunas preguntas o partiendo de las preguntas y dudas de los alumnos.

Existen algunos programas organizados para el uso de estrategias de lectura. Las autoras presentan varios modelos:

  • El modelo de instrucción estratégica de la Universidad de Kansas, que incluye recursos como el LPE (Lee un párrafo, Pregunta acerca de la idea principal y los detalles, Explica la idea principal y los detalles con tus propias palabras) o las actividades de autopreguntas.
  • El programa TWA (piensa antes de leer, mientras lees y después de leer), que propone nueve pasos para trabajar la comprensión de un texto expositivo.
  • El RAP, que es muy similar al LPE (Read: lee un párrafo, Ask: pregúntate qué oración recoge mejor el significado del párrafo, Put: explica las ideas principales con tus propias palabras).
  • SQ3R: en este caso los pasos son echar un vistazo, mirar las preguntas o hacerse preguntas, leer, contar el texto intentando contestar a las preguntas y anotando algunas informaciones clave y revisar el texto intentando contestar a las preguntas sin consultar las anotaciones.
  • POSSE: otro recurso similar a SQ3R en el que se hacen predicciones (Predict), se piensan preguntas previas y se organizan (Organize) en categorías, se hace una lectura del texto buscando responder a las preguntas previas (Search), se hace un resumen oral del texto (Summarize) y se valoran problemas en la comprensión, además de comparar lo aprendido con las predicciones (Evaluate).
  • SERT: se trata de un programa con cuatro estrategias (supervisión de la comprensión, paráfrasis, elaboración e inferencia). Está basado en las autoexplicaciones y cuenta con una versión informática llamada iSTART.

 

 

 

 

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Descargar “¿Sabemos cómo mejorar la comprensión?”

El editorial del nuevo número de Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología está escrito por mí y se titula ¿Sabemos cómo mejorar la comprensión? Es una breve revisión de dos páginas acerca de la situación actual de la investigación sobre la eficacia de métodos, estrategias o actividades para mejorar la comprensión.

La revista ofrece la posibilidad de descargarlo gratuitamente hasta mediados de agosto. Después de esa fecha solo se podrá accede por suscripción. Para hacerlo, basta con pinchar en el enlace que aparece en el título.

 

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Descarga “eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia” hasta el 9 de junio

Se acaba de publicar en Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología la revisión que hice con Gerardo Aguado sobre la (in)eficacia de los “tratamientos alternativos” para la dislexia.

La revista establece un periodo en el que se puede descargar libremente el artículo. Eso será hasta el 9 de junio. Después, el acceso sólo se podrá realizar por suscripción. El trabajo se puede descargar en este enlace: eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia: una revisión.

Esta revisión fue encargada por la asociación Dislebi y el Colegio de Logopedas del País Vasco. El Colegio de Logopedas ofrece la primera versión del informe, que puede ser útil para quien tenga interés pero no haya llegado a tiempo para descargar la de la revista. Los contenidos son muy similares, aunque la de la revista tienen algunas modificaciones realizadas a partir de las sugerencias de los revisores y para adaptarse al formato de revista.

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Utilizar rimas y poemas para mejorar la fluidez lectora

Uno de los mejores recursos que conocemos para mejorar la fluidez lectora son las técnicas de lecturas repetidas. Sobre esto ya he escrito un par de veces en el blog:

Normalmente, las lecturas repetidas se hacen con textos narrativos o  expositivos, pero este mes se ha publicado una sugerencia, bastante documentada, de hacerlas con poemas y rimas. Se titula Alternative text types to improve reading fluency for competent to struggling readers y sus autores son Tim Rasinski, William Rupley, David Paige y William Dee Nichols. Los cuatro son figuras importantes en la investigación sobre enseñanza de la lectura.

El secreto está en el texto utilizado para enseñar a leer con fluidez

Estas palabras son de los autores del artículo, que titulan así  la sección principal de su trabajo. Su idea es: para que los lectores con dificultades desarrollen una lectura fluida se les deben proporcionar múltiples oportunidades de leer textos con un nivel de dificultad adecuado para ellos, primero con la ayuda directa del profesor y después con su supervisión.

Al utilizar poemas como material de lectura se pueden trabajar al mismo tiempo la fluidez y las relaciones entre letras y sonidos (phonics). Quizá aquí haya una diferencia entre la orientación que se da a la enseñanza de la lectura en inglés y en español. En inglés es muy común trabajar la lectura de palabras de una sílaba que comparten su terminación  (cat, hat, mat, rat), y una de las advertencias de los autores del artículo es que para los niños con dificultades de lectura eso puede ser insuficiente, ya que es común que sean capaces de leer correctamente esas palabras cuando se presentan de una en una, por ejemplo, en tarjetas, pero pueden tener dificultades para leerlas cuando las encuentran en un texto.

Como paso intermedio, los poemas rimados ofrecen la posibilidad de practicar esas palabras clave en un texto breve, sencillo y bastante predecible, ya que la repetición de la rima ayuda a leer correctamente las palabras finales.

En la enseñanza de la lectura en español es más frecuente que, una vez que los alumnos han alcanzado unas habilidades mínimas de descodificación, se comiencen a leer textos, en lugar de insistir en listas de palabras. Aun así, los poemas pueden tener su utilidad. Por ejemplo  en este fragmento

El pájaro carpintero
afanoso en su labor,
pica y pica la madera
pues quiere ser constructor.

Construir barcos de vela,
construirlos de motor,
y con su nombre pintado
se hace llamar Nicanor.

Además de que se repite la secuencia -or, o la palabra pica, ofrece varias oportunidades de leer  el complejo “constru” (constructor, construir, construirlos). Es cierto que algunas de estas repeticiones también se pueden encontrar en textos narrativos o expositivos, aunque no la aparición periódica de -or al final de las líneas pares.

Contra el aburrimiento

A pesar de lo eficaces que puedan ser los programas de lecturas repetidas, lo cierto es que los alumnos con dificultades de lectura pueden perder rápidamente el interés por ellos. Muchas veces, los niños, no encuentran ningún interés en volver a leer lo que han leído y, concretamente, para los niños con problemas de lectura, hacer reiteradamente algo que les cuesta y les sale mal puede ser molesto.

Los poemas tienen dos características que los hacen muy aprovechables para hacer lecturas repetidas: muchos de ellos son cortos o, al menos, más cortos que los cuentos o los textos expositivos. Otras característica especial es que su interpretación en público puede ser una actividad atractiva que dé sentido a las lecturas repetidas, que se convierten en ensayos.

 

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Subtítulos en el propio idioma: bueno, ¿bonito?, ¿y barato?

Nos resulta extraño que una película, canción, documental, noticia o entrevista en español esté acompañada por subtítulos en español, aunque puede parecernos adecuado si está destinada a personas con discapacidad auditiva.

Por eso resulta curioso el trabajo de Morton Ann Gernsbacher, titulado video captions benefit everyone, en el que revisa más de 100 investigaciones que indican que los subtiítulos en el propio idioma son beneficiosos para niños y adultos en habilidades como sintetizar las ideas principales, recordar información, construir inferencias, definir palabras, identificar emociones o, simplemente, contestar a preguntas sobre lo que se ha visto.

Además, estos subtítulos son especialmente beneficiosos para las personas con una lengua materna distinta, las que están aprendiendo a leer y, como se indicaba al principio, las que tienen problemas de audición.

Es decir, activar los subtítulos en las proyecciones que se realizan tanto en la escuela como en el hogar, sería una forma muy sencilla y económica de conseguir mejoras en la competencia lingüística.

¿Por qué no se usan más los subtítulos?

La autora del artículo se sorprende de que los subtítulos sean poco utilizados, a pesar de la contundencia de los datos que muestran los beneficios de los subtítulos para toda la población.

Para la autora, el motivo es la falta de información: estos beneficios se desconocen y mucha gente piensa que sólo son útiles para las personas con sordera.

El anterior puede ser el principal motivo, pero hay otros factores que tampoco lo favorecen. Uno puede ser la falta de conocimientos técnicos sobre cómo activar los subtítulos de un programa de televisión o vídeo de internet (mientras que los DVD suelen tener un menú bastante claro sobre idiomas y subtítulos).

Y en último lugar, se podría decir que no todo el material audiovisual dispone de subtítulos en el mismo idioma. En principio, la Ley General de la Comunicación Audiovisual establece que las personas con discapacidad auditiva tienen derecho a que la televisión subtitule, al menos, el 75% de la programación. Además, España dispone de un centro del subtitulado y la audiodescripción. En su web se puede encontrar una recopilación de la normativa, indicaciones sobre buenas prácticas de subtitulado y una base de datos de programas con subtítulos.

Mirando al azar las condiciones de algunas empresaa que ofrecen servicios de subtitulado me encuentro con que sus tarifas están, aproximadamente entre los 2 y los 4 euros por minuto de vídeo y que son más baratas que las tarifas de doblaje.

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(In)eficacia de las “intervenciones alternativas” para la dislexia

Os presento un interesante informe titulado Eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia: una revisión. Es un trabajo que he preparado junto con el profesor Gerardo Aguado por encargo del Colegio de Logopedas del País Vasco y la asociación Dislebi.

Se trata de una revisión en la que se examina la investigación sobre la eficacia de distintos métodos para la mejora de la dislexia (trastorno de lectura o dificultad específica de aprendizaje de la lectura). Al tratarse de un campo inmenso, nos centramos en la búsqueda de trabajos de síntesis: meta-análisis, revisiones sistemáticas o síntesis de la mejores evidencias en los que ya se haya hecho una búsqueda sistemática de la investigación sobre un tipo de intervención. Cuando no encontrábamos estos trabajos de síntesis buscamos revisiones narrativas (se hace una búsqueda pero no es sistemática) o las investigaciones primarias que daban soporte a ese método.

A continuación hago una lista con los tipos de intervención examinados y la información fundamental encontrada sobre cada uno.

Intervenciones de tipo fonológico

Son las que incluyen actividades para la práctica de las habilidades fonológicas (discriminación y manipulación de los sonidos de la lengua), la asociación entre letras y combinaciones de letras y sonidos y la práctica de la lectura.

Existen varios trabajos de síntesis, desde 1999 hasta la actualidad, que muestran un efecto positivo de estas intervenciones en el alumnado con dislexia.

Integración auditiva

Esta intervención, también conocida como método Tomatis, método Bérard o terapia auditiva se basa en la escucha de música gregoriana o de Mozart modificada para eliminar algunas frecuencias.

En 1999 se publicó un meta-análisis de cinco investigaciones que encontraba pequeñas mejoras en medidas de tipo lingüístico con el método Tomatis. No se han encontrado trabajos posteriores que repliquen estos resultados. Las investigaciones realizadas con posterioridad tienen serios problemas de método (falta de grupos de control), ofrecen resultados poco claros, o no son localizables.

Entrenamiento auditivo con soporte informático

Esta sección se refiere a programas como Fast ForWord, Earobics o LiPS.

La eficacia de estos programas, especialmente de Fast ForWord se está debatiendo actualmente. Existen tres meta-análisis recientes de los que dos no encuentran mejoras en la lectura y otro encuentra mejoras en el aprendizaje de las correspondencias entre letras y sonidos, pero no en otras áreas como la fluidez o la comprensión lectora.

Terapia visual

También conocida como terapia optométrica. Trata de solucionar mediante ejercicios problemas visuales relacionados con la convergencia, el enfoque y los movimientos oculares.

Los distintos trabajos de síntesis que han considerado esta alternativa no encuentran evidencias de su utilidad para el tratamiento de la dislexia. En general consideran que los trabajos de investigación realizados son de baja calidad, de modo que, normalmente, no cumplen los requisitos de método para ser incluidos en las revisiones.

Resulta curioso que hemos encontrado un trabajo de 1974 en el que ya se ponían en duda los beneficios de la intervención optométrica para el tratamiento de las dificultades de aprendizaje. Después de más de 40 años no se han aportado evidencias de esos beneficios, pero continúan ofertándose estas intervenciones.

Lentes tintadas

Se trata de unas gafas de colores fabricadas por las empresas Irlen o Intuitive que solucionarían o paliarían un supuesto síndrome de la sensibilidad escotópica o estrés visual, reduciendo el esfuerzo para leer.

La distintas revisiones realizadas desde 1990 no encuentran evidencias de su eficacia y, más bien, señalan la baja calidad de las investigaciones que se han realizado. La más reciente de todas indica que las posibles mejoras se podrían deber a un simple efecto placebo.

Entrenamiento perceptivo-motor

Se trata de distintos métodos como Brain Gym, DORE, INPP, Padovan o la terapia de movimientos rítmicos que tratan de solucionar las dificultades de lectura mediante la repetición de patrones de movimiento o ejercicios de equilibrio y coordinación. Varios de estos programas se derivan de los métodos desarrollados por Doman y Delacato y, a veces se presentan en los colegios como programas de estimulación temprana y últimamente con nombres que incluyen el prefijo “neuro” (neuro-estimulación, neuro-motricidad…).

Ya en 1983 se publicó una revisión general que indicaba que las intervenciones perceptivo-motoras no producían efectos apreciables sobre la lectura, la escritura, el lenguaje o el rendimiento académico y, curiosamente, tampoco sobre la percepción o la motricidad.

Respecto a programas concretos:

  • Brain Gym: una revisión recomienda evitar su uso por falta de fundamentación e investigación.
  • Frostig: una revisión encuentra que no es eficaz en la mejora de las dificultades viso-perceptivas ni del rendimiento escolar.
  • DORE (anteriormente DDAT): no existen revisiones, sólo hemos localizado dos investigaciones (un estudio experimental y su seguimiento) que encuentran un efecto positivo en la mejora de la lectura. Estos estudios fueron criticados por varios autores, originándose una sucesión de réplicas y contrarréplicas.
  • Integración de reflejos primitivos o movimientos rítmicos: existe una revisión que no hemos podido localizar y que indica un pequeño efecto positivo del programa INPP. Sólo hemos podido encontrar el informe de una de las investigaciones incluidas en esta revisión, en el que no se encuentran mejoras en lectura con la aplicación de INPP. Existen otras dos investigaciones que encuentran efectos positivos de otros programas de integración de reflejos primitivos.
  • Gateo: aunque se trata de una parte de los programas derivados de Doman y Delacato, es frecuente encontrarlo recomendado para la prevención de problemas de aprendizaje. No hemos encontrado ninguna investigación sobre esta práctica.
  • Padovan: no hemos encontrado ninguna investigación sobre su eficacia en la lectura, a pesar de que se desarrolló como método para tratar la dislexia.

Técnicas quiroprácticas

Tratan de solucionar los problemas de lectura mediante manipulaciones de los tejidos blandos del cuerpo.

Existe una revisión que (sorprendentemente) encontró varios estudios al respecto, con baja calidad de método.

Más concretamente, sobre la kinesiología hemos encontrado un informe de caso y un estudio sobre la “terapia girasol” (combinación de kinesiología aplicada, osteopatía, masajes, homeopatía, fitoterapia y programación neurolingüística) en el que no se encontraron efectos significativos sobre la lectura. Aunque existen algunas revisiones sobre los efectos de la osteopatía, ninguna de las que hemos localizado menciona investigaciones que encuentren beneficios en el tratamiento de problemas de lectura.

Integración sensorial

Tratan de solucionar problemas de integración sensorial (la existencia de estos problemas es objeto de debate actualmente) proporcionando una estimulación controlada. Muchas veces se identifica con la terapia ocupacional.

Existen investigaciones que encuentran efectos positivos de la integración sensorial en campos como el lenguaje, el aprendizaje o la lectura. También hay otras investigaciones que no encuentran esos efectos. Las revisiones realizadas muestran una pauta que explica estas diferencias: las investigaciones realizadas antes de 1983 y las investigaciones con menor calidad de método son las que, en conjunto muestran un efecto positivo de la integración sensorial en el aprendizaje. En cambio, si se atiende a los estudios más rigurosos, no se encuentra ese efecto.

Hay una técnica concreta que ha merecido una revisión. Se trata del protocolo de Willbarger (la parte más conocida es el cepillado de Willbarger). La revisión indica que, sencillamente, no existe investigación sobre sus efectos en niños de modo que no se pueden obtener conclusiones sobre su eficacia.

Método Davis

A partir de la idea de que las personas con dislexia piensan con imágenes y no con palabras propone algunas estrategias para solucionar la supuesta desorientación que les producirían las palabras sin contenido semántico (pronombres, preposiciones, determinantes…) que no permiten formar una imagen mental.

No se ha encontrado ninguna revisión sobre su eficacia. Además su investigación es difícil puesto que se trata de un método registrado que sólo puede ser aplicado por personas certificadas por la Davis Dyslexia Association International. No obstante, se han publicado algunas investigaciones, con  muestras muy pequeñas. La única de estas investigaciones experimentales de la que hemos podido conseguir el texto completo está escrita en persa. Otros estudios no experimentales que sí hemos podido consultar tenían serios problemas de método.

Neurofeedback

Se trata de un sistema tecnológico que informa a la persona tratada sobre algunos parámetros de la actividad eléctrica que acompaña al funcionamiento del cerebro con el objetivo de que aprenda a realizar modificaciones en estas medidas.

Sólo hemos localizado dos estudios sobre la eficacia de esta técnica para mejorar la lectura: un  estudio experimental con una muestra pequeña que no encontró mejoras en lectura, aunque sí en deletreo y un estudio de caso único con seis participantes en el que se encontró una disminución del número de errores y un aumento de la velocidad de lectura.

Musicoterapia y educación musical

La musicoterapia es el uso de la música para conseguir beneficios en la salud, mientras que la educación musical es la enseñanza de contenidos relacionados con la música.

Las tres revisiones que hemos encontrado sobre la influencia de la música en la lectura no encuentran efectos positivos.

Dieta

Trata de conseguir mejoras mediante el uso de dietas o el consumo de suplementos alimenticios.

Las revisiones localizadas han tratado en el efecto de los ácidos grasos coincidiendo en la falta de estudios rigurosos suficientes como para obtener una conclusión.

Tratamientos desaconsejados

Muchas veces los investigadores, con un ánimo de objetividad e imparcialidad, omiten algunas conclusiones. Me estoy refiriendo conretamente a esas revisiones en las que no se encuentra investigación sobre un método y se concluye que no es posible recomendarlo o rechazarlo por esa falta de estudios.

Una postura alternativa es que, al menos en el caso de la dislexia, lo que no haya mostrado ser eficaz debería evitarse y, si se utiliza tendría que ser de forma experimental y durante un tiempo prudencial (algunas intervenciones llevan más de 40 años utilizándose “de forma experimental” sin encontrarse resultados claros de su eficacia). Por otra parte, la recomendación de intervenciones que no hayan mostrado ser eficaces es, como poco, una irresponsabilidad.

Son varias las asociaciones científicas que han publicado comunicados desaconsejando el uso de algunas de las intervenciones que se han expuesto, entre ellas están la American Academy of Audiology, American Academy of Ophtalmology, American Academy of Pediatrics, American Association for Pediatric Ophtalmolgy and Strabismus, American Association of Certified Orthoptists, American Optometric Association, American Speech-Language-Hearing Association, Educational Audiology Association

Algunas de estas asociaciones han considerado que intervenciones como la integración o terapia auditiva (Berard-Tomatis), la terapia visual (optometría), las lentes de colores o la integración sensorial no deberían ser ofrecidas como tratamientos para la dislexia o los problemas de lectura, a no ser que sea con fines experimentales, es decir, como parte de una investigación para recoger datos sobre su utilidad y advirtiendo a las familias de los niños de ese carácter experimental.

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