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¿Por qué la innovación educativa es decepcionante? El caso de la comprensión lectora

Tanto si eres un profesor con interés por mejorar la competencia lectora de tus alumnos como si eres un investigador y trabajas en el diseño o en la comprobación de la eficacia de algún método para conseguir esas mejoras, recomiendo la lectura de un artículo de Emilio Sánchez titulado: Aspiraciones y conocimientos: ¿cómo explicar que la innovación educativa resulte decepcionante? El caso de la comprensión lectora. En este enlace, la Revista Álabe ofrece un documento PDF con el artículo completo.

Emilio Sánchez es catedrático en la Universidad de Salamanca. Ha sido una de las primeras personas en España que ha propuesto e investigado métodos para la mejora de la comprensión lectora y ha escrito mucho sobre el tema. A pesar de estar publicado hace bastantes años, su libro Los textos expositivos: estrategias para mejorar su comprensión me parece uno de los mejores que se han escrito en español sobre comprensión lectora y todos los años se lo suelo prestar a alumnos de la universidad. También me parece recomendable, aunque de lectura más difícil su libro La lectura en el aula: qué se hace, qué se debe hacer y qué se puede hacer.

Foto de Terry

Vuelvo al artículo publicado en Revista Álabe. Se puede deducir que el título provocador de mi entrada es una paráfrasis del título del artículo. En realidad, la innovación educativa no es decepcionante ni todo lo contrario. Son las personas las que se decepcionan o no según sus expectativas y sus resultados.

Qué se ha conseguido

Según Sánchez, se puede considerar que en la actualidad existe un modelo estándar de intervención en comprensión lectora que especifica:

  1. Qué enseñar: estrategias de selección, organización integración y auto-regulación (yo añadiría el vocabulario, tanto general como el específico de conectores como otro contenido importante para enseñar).
  2. Cómo se debe enseñar: en entornos de aprendizaje “ricos”, con actividades dirigidas a metas relevantes, participación de los alumnos, mostrando cómo trabajar con los textos o guiando y ayudando en ese trabajo.
  3. Cuándo enseñar: se pueden enseñar estrategias de comprensión a lo largo de toda la escolaridad.

Escasa aplicación

Sin embargo, este modelo de trabajo está poco implantado en las aulas incluso en Estados Unidos, el país donde se han desarrollado la mayoría de las estrategias de comprensión a las que se refiere el primer punto del modelo.

Sánchez propone tres motivos por los que se produce esta discrepancia. A continuación expongo brevemente (y libremente) esas tres razones:

1 Falta de correspondencia entre aspiraciones y conocimiento técnico

Los movimientos de innovación educativa insisten en la necesidad de preparar a los alumnos para el mundo actual o para el (desconocido) mundo futuro. En el caso de la lectura esto puede concretarse en el acceso crítico a múltiples fuentes de información o en la selección de información relevante entre grandes cantidades de contenidos. Sin embargo, el conocimiento acerca de cómo se lleva a un lector inmaduro a hacer eso que (no siempre) hacen los mejores lectores o de cuánto tiempo puede prolongarse esa formación nos muestra que esas aspiraciones son difíciles de alcanzar y hay una gran distancia entre lo que se hace en las aulas y nuestras pretensiones.

Sánchez señala que, con la falta de conocimiento técnico sobre la lectura, los reparos de los profesores a las propuestas de cambio se interpretan como falta de compromiso con un proyecto irreprochable.

2 Una visión idealizada del lector experto

Existen dos formas de leer: una superficial y poco consciente (leer como percibir) y otra deliberada, estratégica y guiada por metas (leer como resolución de problemas). En educación podemos tener la aspiración de que nuestros alumnos lean con la segunda forma, pero, curiosamente, los lectores habituales utilizan la forma superficial de lectura mucho más de lo que creemos. Esto se ilustra con datos obtenidos de las intervenciones en clubes de lectura.

Un segundo ejemplo muestra cómo los lectores competentes, al enfrentarse a textos difíciles y de los que tienen pocos conocimientos previos forman una representación simplificada y basada en el texto que indica que no han leído de una forma deliberada y estratégica. En general, realizamos una lectura cómoda, que resulta útil para la mayor parte de las tareas de la vida cotidiana.

3 Los movimientos de innovación se han centrado en las necesidades de los alumnos, ignorando las de los profesores y asesores

En las situaciones de lectura en las que todos los alumnos leen el mismo texto y después se realizan actividades sobre él, parece predominar una estructura de trabajo a la que Sánchez llama “lee (todo) que luego te pregunto (de todo)”. En esta estructura de trabajo, la misión del alumno es recopilar la mayor cantidad de información posible. Mediante la formación, los profesores pueden pasar a estructuras de trabajo más complejas, pero este cambio es lento y gradual, cuando no tiene estancamientos o retrocesos.

Normalmente, los asesores y formadores, aunque tengan en cuenta que el cambio va a ser gradual, se centran en la meta final y, en la práctica, están tratando de obtener un cambio radical. Por otra parte, los asesores tienden a juzgar las situaciones de los colegios y a proponer soluciones, pero esos juicios (que corresponderían a la dirección de los centros y la administración) suscitan reacciones que pueden dificultar el progreso de la innovación.

 

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¿Más razones para no leer? Los estilos de aprendizaje

Los estilos de aprendizaje se refieren a la idea de que la gente aprende la información de distintas maneras que se pueden agrupar en un pequeño conjunto de estilos. Normalmente a esa idea se le suele añadir otra: que la enseñanza sólo sera eficaz si al alumno se le enseña de acuerdo con su perfil de aprendizaje. Ahí es donde encontramos la relación entre esta teoría y la comprensión lectora. Supuestamente, los alumnos con un estilo visual aprenderán mucho con la lectura. Eso no me ha quedado claro del todo porque a veces a veces he leído que de lo que se benefician los que tienen estilo visual es de cuestiones como “mind-maps”, gráficos e imágenes. Lo que está claro es que, según estas teorías, los alumnos con estilos auditivo o kinestésico perderán el tiempo leyendo, ya que su forma de aprender es diferente.

¿Parece que estoy exagerando? En parte sí, no conozco modelos serios de estilos de aprendizaje que recomienden evitar la lectura en algunos alumnos. Pero en parte no es una exageración: algo que se deriva de la aplicación de las teorías de estilos de aprendizaje es que si el alumno no aprende con las explicaciones del profesor y la lectura de los temas, habrá que adaptar la enseñanza a su estilo dominante, y eso implica reducir las explicaciones y la lectura.

Los problemas de los estilos de aprendizaje

Antes que nada me gustaría dejar claro que estoy perfectamente de acuerdo con la idea de que no todos los alumnos aprenden igual. Lo que no está claro es que esas diferencias se deban a que tienen distintos estilos de aprendizaje. ¿A qué se deben entonces? No lo sé, pero sin duda hay que tener en cuenta que cuando se explica algo en clase no todos parten del mismo nivel. Unos alumnos saben más sobre el tema y otros saben menos. También hay que tener en cuenta las aptitudes de los alumnos, sus preferencias, qué es lo que se les está tratando de enseñar y, en el caso del aprendizaje mediante la lectura, hay que tener en cuenta que una proporción que se puede acercar al 10% de los alumnos tienen dificultades con los procedimientos de lectura.

No sólo eso, sino que para tener un buen modelo habrá que distinguir bien qué es un estilo y qué es una preferencia y tener muy claro que el aprendizaje no es una cosa que ocurre o no ocurre, sino que tiene un rango muy amplio y se relaciona con conceptos como comprender, recordar o aplicar.

Por último, hay que recordar que no todo se aprende igual. No aprenderemos a nadar leyendo libros sobre natación, pero dudo que aprendamos mucho sobre la historia de Roma disfrazándonos de romanos.

Pero pasemos a los aspectos poco claros de las teorías de estilos de aprendizaje:

Hay distintas clasificaciones de estilos

Tratándose de una teoría no veo ningún problema en que haya varios modelos que se vayan probando y refinando. Lo que resulta poco convincente es cuando uno de estos modelos se presenta en plan “las cosas son así” y otro modelo diferente también se presenta como “las cosas son así”. O se trata del mismo modelo que nombra a sus componentes de forma distinta o algo no encaja.

Quizá el modelo de estilos de aprendizaje más popular es el que ya he mencionado, que clasifica los estilos en visual, auditivo y quinestésico. Es un modelo que está siendo popularizado en España por algunos divulgadores de la teoría de las inteligencias múltiples un poco despistados, que no han percibido que Howard Gardner, el creador de la teoría de las inteligencias múltiples, considera que las teorías de estilos de aprendizaje son incoherentes y poco productivas.

Sigamos con las clasificaciones: ¿qué pasa si consideramos que los estilos de aprendizaje son activo, reflexivo, teórico y pragmático?, ¿o análitico y creativo? ¿Y si añadimos un estilo impulsivo? ¿Qué pasa con los convergentes – divergentes, seriales – holísticos, profundos – superficiales, adaptativos – innovadores o asimiladores – exploradores? Todos estos, y otros muchos han sido propuestos como estilos de aprendizaje, sin que ningún modelo haya sido especialmente convincente. Por si fuera poco, se propone que los alumnos actuales son nativos digitales y que, por tanto, los métodos de enseñanza anteriores a la difusión de las TIC son poco eficaces en ellos.

Los modelos no sólo se diferencian en los estilos que proponen, así que si alguien se interesa por alguno de ellos le recomendaría que se hiciese las siguientes preguntas:

  • ¿Qué información utiliza para determinar el estilo de aprendizaje de un alumno?
  • ¿Se ha determinado la validez y la fiabilidad de esa valoración?
  • ¿Se hacen predicciones sobre el funcionamiento de los alumnos con distintos estilos de aprendizaje?
  • ¿Se han comprobado esas predicciones?
  • ¿Cómo considera al alumnado que no se ajusta a ningún estilo concreto, o que utiliza unos u otros dependiendo de la tarea?
  • ¿Es un modelo estático o los alumnos pueden cambiar su estilo de aprendizaje?
  • ¿Se percibe que algunos de los estilos que se proponen son claramente mejores que otros?

Apenas hay pruebas empíricas de su utilidad

Existe una cantidad enorme de investigaciones sobre los estilos de aprendizaje. Curiosamente muy pocas de ellas aportan información relevante sobre la utilidad de adaptar la enseñanza al estilo de los alumnos. La mayoría de los estudios sobre estilos de aprendizaje se limitan a identificar cuál es la forma preferida por los alumnos para adquirir información, pero no dan el siguiente paso, que es estudiar si el aprendizaje es más eficiente cuando la información se presenta de esa forma. Pashler, McDaniel, Rohrer y Bjork publicaron en 2008 una revisión titulada Learning styles: concepts and evidence en la que proponen el criterio que tendrían que cumplir las investigaciones para mostrar la utilidad de los modelos de estilos de aprendizaje. Este criterio es el de la interacción, es decir que si se comparan dos métodos de aprendizaje, ajustados a dos estilos diferentes, los alumnos con el estilo 1 obtengan con el método 1 resultados mejores que los alumnos con el estilo 2, mientras que con el método 2 los alumnos con estilo 1 obtendrán peores resultados que los alumnos con estilo 2.

Pashler et al. (2008) sólo encontraron una investigación en la que se mostrase esta interacción, y tres investigaciones en las que no aparecía. Alguna investigación posterior sigue sin encontrar esa interacción. Por si alguien quiere algo más resumido, un resumen de meta-análisis sobre estilos de aprendizaje de la Indiana Wesleyan University ofrece una única conclusión:

No utilice la teoría de los estilos de aprendizaje porque no tiene soporte experimental.

Aunque la intención sea buena, el efecto puede ser contrario al que se indica

¿Recomendaría usted hacer estudios superiores de filosofía a un alumno kinestésico? Resulta paradójico que se intente evitar etiquetar a los alumnos reconociendo que las cosas se pueden aprender desde diferentes formas y, al mismo tiempo se les clasifique según un (discutible) estilo de aprendizaje. La cuestión se vuelve inquietante si se tiene en cuenta que lo que se pretende es que, una vez identificado el estilo de aprendizaje, este alumno reciba una forma de enseñanza que se ajuste a él. Lo peor es que, según se acaba de ver, ni siquiera tenemos datos que aseguren que esa forma de enseñanza sea más eficaz que el “café para todos” que los alumnos han estado recibiendo.

Por si fuera poco, tenemos datos que indican que cuando los alumnos estudian según el método que prefieren no se produce una mejora del rendimiento y, en ocasiones, sí se produce un empeoramiento.

Afortunadamente, creo que a nadie se le ha ocurrido proponer que existan aulas o colegios diferenciados para alumnos con distintos estilos de aprendizaje. Es algo que sonaría mal, pero se trata de un peligro que acompaña a la idea de que los alumnos se pueden diferenciar por su estilo de aprendizaje. En realidad, las teorías de estilos de aprendizaje se han preocupado, sobre todo, por clasificar los estilos y por desarrollar herramientas para identificarlos. Pero, por algún motivo que desconozco, en la aplicación de estas teorías se ha incorporado la idea de que para que el aprendizaje sea eficiente la enseñanza se tiene que ajustar al estilo del alumno (a esta idea se le llama en inglés meshing hypothesis). Si uno se para a pensar, había al menos una alternativa que era que si el alumno tiene un estilo que le impide aprovechar una forma eficaz de aprendizaje, por ejemplo la lectura, que ha venido muy bien para transmitir los conocimientos de la humanidad durante los últimos 3.000 años, habría que reforzar ese estilo en el que está fallando.

Conclusión

El rechazo o la puesta en cuarentena de las teorías sobre estilos de aprendizaje no quiere decir que los profesores tengan que dejar de preocuparse sobre las mejores formas para enseñar. Hay conceptos que se aprenden mejor de una o de otra forma, y los alumnos muestran diferencias en su forma de aprender, lo que pasa es que esas diferencias no se producen por algo tan simple como que haya un sentido que permita comprender la información mejor que los otros, que es lo que subyace a la clasificación de alumnos visuales, auditivos y quinestésicos (¿y por qué no olfativos y gustativos?).

Creo que la mejor manera de calificar los estilos de aprendizaje es la que utilizan Kirschner y Merrinböer (2013): se trata de una leyenda urbana de la educación. Resulta una propuesta muy verosímil, probablemente porque tiene detrás un hecho real, que hay diferentes formas de aprender y enseñar. El problema es que los datos reales no confirman lo que propone, quizá porque las formas de aprender son tan diversas y cambiantes que no se pueden ajustar a una serie de estilos predefinidos.

Incluso si estas teorías estuvieran fuertemente respaldadas por los datos quedaría una cuestión muy importante que es cómo gestionar la enseñanza de grupos de alumnos con distintos estilos de aprendizaje: ¿enseñanza individual?, ¿grupos diferenciados?, ¿apoyos informáticos?, ¿materiales diferentes para distintos grupos de alumnos?…

Pero, por ahora, la pregunta “¿cuál es la mejor forma de enseñar esto?”, parece más productiva que “¿cuál es la mejor forma de enseñar a los alumnos con este estilo?”.

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Los 7 principios para dar una conferencia sobre innovación educativa

Preocupado por la extensión del paro entre la juventud española, doy aquí unas indicaciones para que cualquiera, con facilidad, pueda convertirse en asesor de innovación educativa, una profesión en auge y con bastantes salidas laborales como conferenciante, asesor de colegios o columnista en revistas educativas.

Advertencia: por un día me he desmarcado totalmente del carácter habitual del blog y me he puesto en plan graciosillo.

Las he resumido en siete principios porque me han dicho que las entradas de blog que empieza por “los 5…”, “los 7…” o “los 10…” se hacen muy populares.

1. Comience criticando la educación tradicional

Hay dos formas clásicas para hacerlo: la primera es proyectar una foto de una escuela de 1940 y otra actual (no cualquiera, sino una que encuentres que se parezca a la de 1940) y hacer ver a la gente que casi son iguales y que casi nada ha cambiado. Ellos se darán cuenta de que eso quiere decir que los profesores seguimos enseñando como en 1940. Ya han pensado lo suficiente, cambie rápido de tema antes de que piensen más y alguien se dé cuenta de que, al fin y al cabo, en una clase es necesario tener sillas y mesas para que la gente se pueda sentar y hacer cosas, y que eso hace que todas se parezcan bastante. Destaque el hecho de que todas las mesas están colocadas mirando hacia adelante, pero no deje que nadie recuerde que cuando iba al cole de niño ya se colocaban en grupos, que en 1940 no había salas de informática, los profesores no tenían por qué tener un título universitario, no se estudiaba inglés, no había una parafernalia de libros de texto chulis y con muchos colorines, no se pensaba que fuese necesario trabajar la comprensión lectora, se usaban tinteros, a nadie se le hubiera ocurrido dar una asignatura en otro idioma, la gente con retraso mental, autismo y otros problemas graves no pisaba el colegio o que los extranjeros solían escolarizarse en el extranjero. Consejo fundamental: en la foto de 1940 utilice una foto de una escuela rural, con pocos alumnos, ni se le ocurra poner una foto de una clase con 62 alumnos, no sea que alguien vaya a empezar a notar diferencias.

La segunda forma para comenzar la crítica a la educación tradicional es decir que una persona que hubiera vivido hace 200 años (el número es opcional pero conviene no ir muy atrás) y que viniese a nuestro mundo no entendería nada de lo que ve y el único lugar donde se sentiría cómodo sería en una escuela. Como antes, es importante pasar rápido a otra cosa para que nadie se ponga a pensar que hace 200 años igual no llegó a conocer ninguna escuela para poder comparar, o que en su colegio la gente que lleva más de 25 años trabajando ya se siente bastante incómoda con la intranet, la plataforma online, los padres o madres de familia con piercings y tatuajes, los tratamientos fonológicos para la dislexia, etc.

Una vez planteado el tema, tenga en cuenta que casi nadie en su auditorio sabe qué es la falacia del hombre de paja así que úsela libremente: describa la escuela actual como una continuación de la escuela “tradicional” añadiendo los detalles más escabrosos y morbosos que pueda encontrar sobre cómo los alumnos tienen que memorizar y repetir cantidades enormes de información que no alcanzan a entender, los profesores son seres arbitrarios y autoritarios que se regocijan con el ejercicio de su poder, de modo que los problemas de comportamiento y de aprendizaje son la consecuencia lógica de esta situación injusta y perniciosa. Llegados a este punto, todo el mundo estará de acuerdo en que es necesario luchar contra eso, por tanto hace falta un cambio. No importa que vayamos a cambiar algo que no existe, siempre será para mejor.

2. Diga que no sabemos cómo es el mundo en el que van a tener que vivir nuestros alumnos ni qué van a necesitar saber

Con esto ya esta casi todo hecho, porque si se acepta esto ya no hace falta preocuparse por los conocimientos que adquieran los alumnos, sólo tienen que “aprender a aprender”. Los profesores han oído tantas veces esa expresión que la darán como válida, y es dudoso que nadie pregunte cómo van a aprender a aprender si no aprenden algo.

En caso de apuro diga que los datos y los conocimientos están disponibles en internet y que sólo es necesario enseñar a los alumnos a buscarlos. Este es un momento delicado en el que no conviene que nadie piense en cuántas cosas totalmente falsas se pueden encontrar en internet. Si permite este tipo de razonamientos alguien podría tirar del hilo y llegar cuestionar el contenido de su conferencia. Tampoco deje que la gente piense que cuando ellos y sus colegas iban a la escuela tradicional tampoco se sabía en qué mundo iban a vivir ni qué tendrían que saber hacer (los de 40 años o mayores podrían poner el ejemplo de la informática). Si alguien le pregunta cómo puede ser usted tan creativo e innovador habiendo estudiado en una escuela tradicional y mera transmisora de conocimientos, diga que ha conseguido salir adelante con esfuerzo y rebeldía, o invéntese un colegio, clase o profesor que no se doblegó a la maquinaria escolar y le hizo ver la luz.

3. Proyecte imágenes del cerebro y utilice palabras que empiecen por “neuro”

Muchos piensan que este punto es el más difícil, pero no es así. No es necesario saber nada sobre el funcionamiento del cerebro para parecer un gran experto en el tema. La razón es que es difícil que en el auditorio haya alguien que tenga un conocimiento detallado sobre esas cosas. Los neurólogos y los psiquiatras no suelen trabajar como profesores escolares, además, si hay alguno en la sala, se desmayará al oirle y no protestará.

Busque alguna imagen del cerebro que tenga aspecto profesional, sugiera que no va a dar explicaciones detalladas para no aburrir y limítese a los tópicos que le suenan a todo el mundo: sólo aprovechamos una pequeña parte del potencial de nuestro cerebro, el hemisferio izquierdo es racional y analítico, el hemisferio derecho es intuitivo, emocional y creativo, el hemisferio izquierdo se encarga de las matemáticas y el lenguaje, y el derecho de las artes, las emociones, la música, etc.

No cometa el error de proyectar una imagen que indique el funcionamiento del cerebro durante una tarea concreta. Si lo hace, alguien se podría dar cuenta de que sea cual sea la tarea hay actividad en los dos hemisferios. Si se ha descuidado poniendo, por ejemplo, una imagen del cerebro de alguien haciendo multiplicaciones con decimales y le señalan que según lo explicado tendría que verse actividad sólo en el hemisferio izquierdo y no en los dos, indique que es porque el individuo de la imagen estaba resolviendo las multiplicaciones de forma creativa y no como le enseñaron en el colegio.

Si el público está receptivo se puede hablar de la necesidad de establecer conexiones entre los dos hemisferios. Es verdad que, según el modelo de los dos hefisferios cada uno con su tarea, no hace falta para nada esa comunicación. Si se siente incómodo con eso, la solución está en el concepto de “tarea compleja” que requiere la intervención de los dos hemisferios. Ni se le ocurra mencionar cosas como el cerebelo, el tronco cerebral o el sistema límbico. Para lo que necesitamos, el cerebro es único y autónomo, y se compone exclusivamente de hemisferios (nunca más de dos).

Entre las palabras con “neuro”, no se limite a la clásica “neurología”, y evite decir “neurótico” que puede crear mal rollo, o “neuropeo” que no existe. Sugiero opciones muy útiles como “neuropedagogía”, “neuroeducación”, “neuroética”, “neurodesarrollo” y “neuroestimulación”. Lo importante es que con este nuevo paradigma los alumnos van a aprender tal como aprende el cerebro.

4. Aluda a la estimulación temprana, sobre todo al gateo, la braqueación, los patrones cruzados, etc.

Una vez que ha quedado clara su superioridad en cuestiones del cerebro puede aludir a la plasticidad cerebral y a los periodos críticos. Es sano inculcar a la gente el miedo o la culpa de no estar aprovechando esos periodos críticos para optimizar el desarrollo de todo el potencial de los niños. Una vez que se sientan mal por ello, ofrezca un sistema simple para no cometer el pecado de desperdiciar lo mejor de la infancia: los patrones de movimiento (reptación, gateo, braqueación, brain gym o cualquier cosa que se le parezca), la integración de reflejos primitivos, la estimulación vestibular, la integración sensorial o cualquier otro método de estimulación controvertido y con escaso o nulo apoyo científico.

Tenga precaución si va a hablar de terapias osteopáticas, homeopatía o flores de Bach. Algunas personas podrían dudar que eso tenga nada que ver con el aprendizaje ni con lo que ha contado del cerebro, pero las anteriores encajan muy bien en el esquema y no importa que la investigación haya apreciado que mayoritariamente son ineficaces. En la profesión docente casi nadie lee artículos de investigación: suelen estar en inglés, son aburridos y casi nunca dan ideas para la clase.

Si es necesario, siempre puede acudir a una de estas justificaciones:

  • Todo esto es muy nuevo (en realidad tiene más de 30 o 40 años) así que es normal que no haya sido investigado, pero ya hay resultados muy prometedores. En poco tiempo estará completamente demostrado (esto se lleva diciendo más de 30 0 40 años, así que será verdad).
  • Está recomendado por los neurólogos (he leído un par de libros que decían eso).
  • Hay un complot contra estos sistemas porque son tan eficaces que obligan a hacer un cambio radical de todo.
  • Las personas que buscan una explicación científica a todo y que siempre piden datos son gente de mente cerrada (además son feos y no tienen amigos ni novia)

5. Utilice la pirámide de ¿Edgar Dale, de Cody Blair, del TNL, de Wilson…? Bueno, da igual de quién sea

Esta es mi parte favorita. Todo el mundo ha visto alguna vez esa cosa de que aprendemos el 10% de lo que leemos, el 15% de lo que oímos,… Da igual que el autor del triangulillo no sea siempre el mismo, da igual que los porcentajes cambien en distintas versiones, incluso que el número de fuentes de aprendizaje no sea siempre el mismo. ¿Por qué da igual? porque el esquema es tan auténtico como una foto del emperador Carlomagno haciendo paella y, a pesar de eso, se sigue difundiendo (más información aquí). A estas alturas ya se habrá dado cuenta de que uno de los pilares del oficio de asesor de innovación, tal como yo lo entiendo, es no dejar que la gente piense. Aprovéchese de que la mayoría de la gente da por cierta esa investigación que, en realidad, nunca se hizo, utilícela rápidamente para apoyar sus propuestas y pase a otra cosa antes de que nadie se ponga a analizar lo que dicen los sectores de la pirámide.

El fin justifica los medios y su fin es noble, así que no hay que sentir remordimientos por utilizar información sin fundamento. Además, a lo mejor algún día se investiga sobre el tema y los resultados coinciden con los de la pirámide. Lo más grave que podría pasar es que alguien le pida la referencia al trabajo original. Es una situación comprometida porque no existe ese trabajo original. Si se enfrenta a este problema, pida su correo electrónico y prometa mandárselo esa misma noche. Luego busque cualquier entrada de internet donde aparezca el esquema y mándesela disculpándose porque el trabajo original es un libro escrito en inglés y muy difícil de conseguir.

6. Mezcle todo

Todo lo que suene a innovador y competencial puede ser mezclado para hacer una propuesta pedagógica que conduzca al desarrollo integral del alumnado. Para que no tenga que esforzarse le ofrezco varios ingredientes a elegir:

  • El aprendizaje cooperativo: no debería faltar nunca, al fin y al cabo de esto sí que se han realizado estudios sobre su eficacia. Alguien podría preguntar por qué una estrategia útil y con resultados demostrados no tiene un éxito arrollador en las escuelas. Bendita pregunta, eso es una oportunidad más para despotricar contra la escuela tradicional, los libros de texto y todo lo que antepone la tradicionalidad al desarrollo de los alumnos.
  • Los proyectos: es un método tan moderno e innovador que dentro de poco celebraremos el centenario de la publicación del libro The Project Method (Kilpatrick, 1918). Nadie en el auditorio fue a la presentación del libro, así que adelante, es pura novedad.
  • El aprendizaje basado en problemas: si se ha utilizado en las universidades y en los centros de formación profesional, ¿por qué no va a funcionar con los niños de Primaria?
  • Howard Gardner y las inteligencias múltiples: están de moda y son maravillosamente bien aceptadas. A todo el mundo le halaga que le digan que es inteligente. Si el perfil intelectual se evalúa con un cuestionario que con preguntas como “¿te gustar pasear por el campo?” o “¿a veces tarareas canciones mientras haces otras cosas?” uno descubre nuevos talentos. No insista mucho en la premisa fundamental de este sistema, que es que uno aprenderá mejor algo si se le presenta mediante la inteligencia que tenga más desarrollada. Queda muy bien decir que el de la inteligencia musical se aprenderá las tablas cantando o el de la inteligencia naturalista interiorizará el principio de arquímedes haciendo experimentos (que le llevarán mucho más tiempo que aprendérselo de memoria). El problema es que los tipos torpecillos como yo enseguida nos ilusionamos pensando en que nos convertiremos en estrellas del baloncesto leyendo libros sobre el tema y no es así, quizá porque sólo aprendemos el 5% de lo que leemos, ¿o era el 10%? ¿Por qué no mejor mi tiro libre haciendo estadísticas de encestes? ¿Eso no me garantizaba un 80% de aprendizaje?
  • Daniel Goleman y la inteligencia emocional: está un poco pasado de moda porque con las inteligencias múltiples ya tienes inteligencia intrapersonal, inteligencia interpersonal y muchas más.
  • Estilos de aprendizaje: son fantásticos para explicar por qué unos alumnos aprenden mucho y otros poco. Los que aprenden mucho son auditivos, tienen desarrollada la inteligencia lógico-matemática y piensan con el hemisferio izquierdo (vamos que todo encaja), son los niños mimados de la escuela tradicional. En cambio, los otros son los visuales, que necesitan ver el todo en lugar de las partes, son creativos y piensan con el hemisferio derecho y con imágenes. El propio Howard Gardner (el de las inteligencias múltiples) ha declarado que los estilos de aprendizaje son una idea incorrecta, sin fundamento y que no tiene nada que ver con él, pero eso no impide que los partidarios más desinformados de las inteligencias múltiples la divulguen por ahí. Sólo hay que tener cuidado con una cosa, no empezar a hacer una enseñanza de tipo visual, no vaya a ser que resulte que los lógico-matemático-auditivos-del-hemisferio-izquierdo sigan siendo los que más aprenden. Si eso sucede podríamos volver a la época oscura en la que se pensaba que había una inteligencia general.
  • Dinámica de grupos: mande a la gente hacer algo en parejas, o en grupos, hará que piensen menos y podrá decir que su conferencia ha sido muy práctica.
  • Ken Robinson: no sabemos qué ha hecho este señor, pero sale en unos vídeos muy molones de youtube y dice cosas como que “la escuela mata la creatividad”, el fundamento de sus afirmaciones es muy cuestionable, pero lo bueno de los vídeos es que nadie puede hacerle preguntas.
  • Ipads: son mucho más innovadores que cualquier otro dispositivo electrónico y a los niños les gustan. Ya hay gente que los relaciona con las inteligencias múltiples.
  • Princesas Disney: aunque parezca poco serio, frases como “nunca dejes de perseguir tu sueño” o “puedo conseguir cualquier cosa si me esfuerzo y creo en ello” sirven tanto para películas de Blancanieves 2ª parte como para conferencias de innovación.
  • Robert Schwartz y las estrategias de pensamiento: por fin podremos enseñar a los alumnos a identificar, argumentar, clasificar, predecir, valorar… ¿Oiga, esto no suena un poco a escuela tradicional? No, no, no, en la escuela tradicional sólo se enseña a memorizar.

7. Evite proporcionar datos concretos

Sólo hay una situación en la que se deben proporcionar datos: cuando haya alguna experiencia, investigación o proyecto que sea favorable a sus propuestas. En ese caso recréese al comunicarlo. Como muchas veces no va a tener esa suerte, evite hablar de mediciones de la eficacia de sus propuestas o de otras similares.

Si no ha encontrado resultados favorables, evite mencionar trabajos de investigación. Como dije, son muy aburridos. Es mejor recomendar algún libro en el que se dé por supuesto que ya existe toda la investigación necesaria (si no ¿por qué iban a escribir libros sobre esto?).

Los profesores tienen la manía de compararlo todo y querrán saber qué resultados obtienen en las evaluaciones diagnósticas, en PISA o en la selectividad los colegios que trabajan en esta línea. Si hay algún resultado bueno, dígalo con satisfacción. Si no, salga del paso diciendo que “nosotros no entrenamos a nuestros alumnos para que hagan bien alguna” o “esas pruebas se basan en la memorización de conocimientos, nuestros alumnos son muy críticos con ellas y no entienden por qué tienen que hacerlas. Si fueran pruebas de razonamiento y creatividad lo petarían”.

Este es el verdadero terreno peligroso porque los profesores igual no saben gran cosa de neurología, pero de colegios suelen conocer mucho. Incluso si presenta un 99,7% de aprobados en selectividad puede encontrarse con la desagradable sorpresa de que alguien mencione un colegio tradicional con un 99,8%, o que directamente le pregunten por los resultados de otros centros con alumnado con un nivel socio-económico similar.

He llegado a conocer el caso de un individuo despreciable que, mientras que un conferenciante hablaba de los excelentes resultados que les estaba proporcionando la innovación, se reía a carcajadas porque estaba consultando en el móvil cuáles eran los resultados de ese centro en pruebas externas (algo que es posible hacer si el colegio está en Madrid).

Lo más socorrido en estos apuros es decir algo como “¿Conocen el Col-legi Montserrat? Si lo conocen ya saben de qué les hablo, si no, busquen información y se sorprenderán”. Otra alternativa que nunca falla es decir con aplomo “¿Para qué educamos? El fin último de la educación es la felicidad del alumno”. Sobre todo dígalo de tal manera que quede claro que las personas de mente cerrada que buscan datos y justificaciones para todo, son escépticos con la innovación y tienen el hemisferio derecho atrofiado, no quieren la felicidad de los niños. En realidad odian a los niños. Si se enfadan, no importa, porque usted ya sabe que la desorientación, el rechazo y el enojo son las primeras reacciones de las mentes cerradas ante el cambio. Deje claro que esperaba esa reacción.

Fin

Aunque la entrada es muy larga, ofrece una información completa y que difícilmente puede encontrarse en otros sitios. Espero que con esto cualquier persona pueda conocer los secretos del oficio, y convertirse en promotor, asesor o consultor de innovación educativa. Lo último que me queda por recomendar es la lectura de algún libro sobre algunos de los temas que han aparecido a lo largo de la exposición, y una buena puesta en escena.

 

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Hacia una innovación basada en la evidencia

El curso pasado presenté un proyecto sobre detección temprana e intervención en dificultades de aprendizaje de la lectura a una convocatoria de proyectos de innovación del departamento de educación del gobierno de Navarra. El proyecto no fue seleccionado. Los criterios de valoración y las puntuaciones de los proyectos eran públicas así que fue fácil comprobar que había otros que lo merecían más. Pero algo me llamó la atención en los criterios de valoración que eran:

· Justificación de la propuesta: contenido innovador y aportación de nuevas posibilidades educativas (10 puntos).
· La calidad del plan establecido -objetivos, contenidos, metodología- (10 puntos).
· Adecuación a las áreas prioritarias de la convocatoria (5 puntos).
· Originalidad del proyecto (10 puntos).
· Enfoque basado en el desarrollo de las competencias básicas (10 puntos).
· Utilización de las TIC en el desarrollo del proyecto (5 puntos).
· Equipo docente implicado y carácter interdisciplinar (5 puntos).
· Viabilidad para el trabajo en el aula (10 puntos).
· Interés para su generalización (10 puntos).
· Participación de la comunidad educativa (5 puntos).

Lo primero que me llama la atención es que al justificar la propuesta se valore el que tenga un contenido innovador, y que aporte nuevas posibilidades educativas. Los dos criterios son interesantes, pero también sería interesante que al justificar un proyecto se expusieran su fundamentación: qué nos hace creer que va a ser útil. Para contrastar traduzco aquí un comentario del gobierno de Estados Unidos sobre la ley No Child Left Behind:

Durante muchos años, muchas escuelas han experimentado con programas y materiales que han mostrado ser ineficaces (a expensa de sus alumnos). Con “No Child Left Behind” la ayuda federal se dirige a aquellos programas educativos que han mostrado ser eficaces a través de un estudio científico riguroso. “Reading First” es uno de esos programas. Los programas y las prácticas basadas en la investigación científica no son modas ni ideas sin contrastar; han provado tener un historial de éxitos. Financiando esos programas “No Child Left Behin”  fomenta su uso, en oposición al uso de programas sin contrastar que puedan convertirse en meras modas.

En todo esto hay una cuestión de lógica. Un colegio no puede adoptar un programa basado en evidencias si no hay previamente uno o varios colegios donde se ha investigado su eficacia. Según este planteamiento, una convocatoria como la que presentaba al principio de esta entrada podría ser una buena oportunidad para realizar esa investigación. Aquí viene mi segunda extrañeza. Al hablar de la calidad del plan establecido se mencionan los objetivos, los contenidos y la metodología (“el método” hubiera sido más correcto). ¿Dónde queda la evaluación? No se concede ni un solo punto por haber previsto cómo evaluar la eficacia del proyecto.

No es un olvido completo. Los grupos seleccionados tienen que presentar una memoria. Pero eso suena a una forma de trabajo que ya se ha empleado anteriormente en este departamento de educación: divulgaremos ese material en unas jornadas, en un libro o en un cd-rom. No está mal, porque lo que nos presenten tendrá un cierto nivel de evidencia: estará respaldado por profesionales del campo que lo consideran útil. El problema es que se trata del nivel más bajo en la escala de niveles de evidencia. Se podría hacer mejor.

La tercera cosa que me llamó la atención es que se puntuase por separado el uso de las TIC, que ya puede estar incluido en el contenido innovador, en la originalidad o en la orientación a las competencias básicas (hay una competencia digital). Sobrevalorar el uso de las TIC puede producir el efecto perverso de emplearlas para tareas en las que sería más económico o más eficaz usar otros métodos.

En fin, mientras que en el mundo tecnológico se ha pasado del I+D (investigación – desarrollo) al I+D+I (investigación – desarrollo – innovación), en educación parecemos haber pasado del D, al D+I, tratando de mantenernos al margen de la investigación, y desarrollando e innovando basandonos en ¿qué?

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