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Los 7 principios para dar una conferencia sobre innovación educativa

12 Nov

Preocupado por la extensión del paro entre la juventud española, doy aquí unas indicaciones para que cualquiera, con facilidad, pueda convertirse en asesor de innovación educativa, una profesión en auge y con bastantes salidas laborales como conferenciante, asesor de colegios o columnista en revistas educativas.

Advertencia: por un día me he desmarcado totalmente del carácter habitual del blog y me he puesto en plan graciosillo.

Las he resumido en siete principios porque me han dicho que las entradas de blog que empieza por “los 5…”, “los 7…” o “los 10…” se hacen muy populares.

1. Comience criticando la educación tradicional

Hay dos formas clásicas para hacerlo: la primera es proyectar una foto de una escuela de 1940 y otra actual (no cualquiera, sino una que encuentres que se parezca a la de 1940) y hacer ver a la gente que casi son iguales y que casi nada ha cambiado. Ellos se darán cuenta de que eso quiere decir que los profesores seguimos enseñando como en 1940. Ya han pensado lo suficiente, cambie rápido de tema antes de que piensen más y alguien se dé cuenta de que, al fin y al cabo, en una clase es necesario tener sillas y mesas para que la gente se pueda sentar y hacer cosas, y que eso hace que todas se parezcan bastante. Destaque el hecho de que todas las mesas están colocadas mirando hacia adelante, pero no deje que nadie recuerde que cuando iba al cole de niño ya se colocaban en grupos, que en 1940 no había salas de informática, los profesores no tenían por qué tener un título universitario, no se estudiaba inglés, no había una parafernalia de libros de texto chulis y con muchos colorines, no se pensaba que fuese necesario trabajar la comprensión lectora, se usaban tinteros, a nadie se le hubiera ocurrido dar una asignatura en otro idioma, la gente con retraso mental, autismo y otros problemas graves no pisaba el colegio o que los extranjeros solían escolarizarse en el extranjero. Consejo fundamental: en la foto de 1940 utilice una foto de una escuela rural, con pocos alumnos, ni se le ocurra poner una foto de una clase con 62 alumnos, no sea que alguien vaya a empezar a notar diferencias.

La segunda forma para comenzar la crítica a la educación tradicional es decir que una persona que hubiera vivido hace 200 años (el número es opcional pero conviene no ir muy atrás) y que viniese a nuestro mundo no entendería nada de lo que ve y el único lugar donde se sentiría cómodo sería en una escuela. Como antes, es importante pasar rápido a otra cosa para que nadie se ponga a pensar que hace 200 años igual no llegó a conocer ninguna escuela para poder comparar, o que en su colegio la gente que lleva más de 25 años trabajando ya se siente bastante incómoda con la intranet, la plataforma online, los padres o madres de familia con piercings y tatuajes, los tratamientos fonológicos para la dislexia, etc.

Una vez planteado el tema, tenga en cuenta que casi nadie en su auditorio sabe qué es la falacia del hombre de paja así que úsela libremente: describa la escuela actual como una continuación de la escuela “tradicional” añadiendo los detalles más escabrosos y morbosos que pueda encontrar sobre cómo los alumnos tienen que memorizar y repetir cantidades enormes de información que no alcanzan a entender, los profesores son seres arbitrarios y autoritarios que se regocijan con el ejercicio de su poder, de modo que los problemas de comportamiento y de aprendizaje son la consecuencia lógica de esta situación injusta y perniciosa. Llegados a este punto, todo el mundo estará de acuerdo en que es necesario luchar contra eso, por tanto hace falta un cambio. No importa que vayamos a cambiar algo que no existe, siempre será para mejor.

2. Diga que no sabemos cómo es el mundo en el que van a tener que vivir nuestros alumnos ni qué van a necesitar saber

Con esto ya esta casi todo hecho, porque si se acepta esto ya no hace falta preocuparse por los conocimientos que adquieran los alumnos, sólo tienen que “aprender a aprender”. Los profesores han oído tantas veces esa expresión que la darán como válida, y es dudoso que nadie pregunte cómo van a aprender a aprender si no aprenden algo.

En caso de apuro diga que los datos y los conocimientos están disponibles en internet y que sólo es necesario enseñar a los alumnos a buscarlos. Este es un momento delicado en el que no conviene que nadie piense en cuántas cosas totalmente falsas se pueden encontrar en internet. Si permite este tipo de razonamientos alguien podría tirar del hilo y llegar cuestionar el contenido de su conferencia. Tampoco deje que la gente piense que cuando ellos y sus colegas iban a la escuela tradicional tampoco se sabía en qué mundo iban a vivir ni qué tendrían que saber hacer (los de 40 años o mayores podrían poner el ejemplo de la informática). Si alguien le pregunta cómo puede ser usted tan creativo e innovador habiendo estudiado en una escuela tradicional y mera transmisora de conocimientos, diga que ha conseguido salir adelante con esfuerzo y rebeldía, o invéntese un colegio, clase o profesor que no se doblegó a la maquinaria escolar y le hizo ver la luz.

3. Proyecte imágenes del cerebro y utilice palabras que empiecen por “neuro”

Muchos piensan que este punto es el más difícil, pero no es así. No es necesario saber nada sobre el funcionamiento del cerebro para parecer un gran experto en el tema. La razón es que es difícil que en el auditorio haya alguien que tenga un conocimiento detallado sobre esas cosas. Los neurólogos y los psiquiatras no suelen trabajar como profesores escolares, además, si hay alguno en la sala, se desmayará al oirle y no protestará.

Busque alguna imagen del cerebro que tenga aspecto profesional, sugiera que no va a dar explicaciones detalladas para no aburrir y limítese a los tópicos que le suenan a todo el mundo: sólo aprovechamos una pequeña parte del potencial de nuestro cerebro, el hemisferio izquierdo es racional y analítico, el hemisferio derecho es intuitivo, emocional y creativo, el hemisferio izquierdo se encarga de las matemáticas y el lenguaje, y el derecho de las artes, las emociones, la música, etc.

No cometa el error de proyectar una imagen que indique el funcionamiento del cerebro durante una tarea concreta. Si lo hace, alguien se podría dar cuenta de que sea cual sea la tarea hay actividad en los dos hemisferios. Si se ha descuidado poniendo, por ejemplo, una imagen del cerebro de alguien haciendo multiplicaciones con decimales y le señalan que según lo explicado tendría que verse actividad sólo en el hemisferio izquierdo y no en los dos, indique que es porque el individuo de la imagen estaba resolviendo las multiplicaciones de forma creativa y no como le enseñaron en el colegio.

Si el público está receptivo se puede hablar de la necesidad de establecer conexiones entre los dos hemisferios. Es verdad que, según el modelo de los dos hefisferios cada uno con su tarea, no hace falta para nada esa comunicación. Si se siente incómodo con eso, la solución está en el concepto de “tarea compleja” que requiere la intervención de los dos hemisferios. Ni se le ocurra mencionar cosas como el cerebelo, el tronco cerebral o el sistema límbico. Para lo que necesitamos, el cerebro es único y autónomo, y se compone exclusivamente de hemisferios (nunca más de dos).

Entre las palabras con “neuro”, no se limite a la clásica “neurología”, y evite decir “neurótico” que puede crear mal rollo, o “neuropeo” que no existe. Sugiero opciones muy útiles como “neuropedagogía”, “neuroeducación”, “neuroética”, “neurodesarrollo” y “neuroestimulación”. Lo importante es que con este nuevo paradigma los alumnos van a aprender tal como aprende el cerebro.

4. Aluda a la estimulación temprana, sobre todo al gateo, la braqueación, los patrones cruzados, etc.

Una vez que ha quedado clara su superioridad en cuestiones del cerebro puede aludir a la plasticidad cerebral y a los periodos críticos. Es sano inculcar a la gente el miedo o la culpa de no estar aprovechando esos periodos críticos para optimizar el desarrollo de todo el potencial de los niños. Una vez que se sientan mal por ello, ofrezca un sistema simple para no cometer el pecado de desperdiciar lo mejor de la infancia: los patrones de movimiento (reptación, gateo, braqueación, brain gym o cualquier cosa que se le parezca), la integración de reflejos primitivos, la estimulación vestibular, la integración sensorial o cualquier otro método de estimulación controvertido y con escaso o nulo apoyo científico.

Tenga precaución si va a hablar de terapias osteopáticas, homeopatía o flores de Bach. Algunas personas podrían dudar que eso tenga nada que ver con el aprendizaje ni con lo que ha contado del cerebro, pero las anteriores encajan muy bien en el esquema y no importa que la investigación haya apreciado que mayoritariamente son ineficaces. En la profesión docente casi nadie lee artículos de investigación: suelen estar en inglés, son aburridos y casi nunca dan ideas para la clase.

Si es necesario, siempre puede acudir a una de estas justificaciones:

  • Todo esto es muy nuevo (en realidad tiene más de 30 o 40 años) así que es normal que no haya sido investigado, pero ya hay resultados muy prometedores. En poco tiempo estará completamente demostrado (esto se lleva diciendo más de 30 0 40 años, así que será verdad).
  • Está recomendado por los neurólogos (he leído un par de libros que decían eso).
  • Hay un complot contra estos sistemas porque son tan eficaces que obligan a hacer un cambio radical de todo.
  • Las personas que buscan una explicación científica a todo y que siempre piden datos son gente de mente cerrada (además son feos y no tienen amigos ni novia)

5. Utilice la pirámide de ¿Edgar Dale, de Cody Blair, del TNL, de Wilson…? Bueno, da igual de quién sea

Esta es mi parte favorita. Todo el mundo ha visto alguna vez esa cosa de que aprendemos el 10% de lo que leemos, el 15% de lo que oímos,… Da igual que el autor del triangulillo no sea siempre el mismo, da igual que los porcentajes cambien en distintas versiones, incluso que el número de fuentes de aprendizaje no sea siempre el mismo. ¿Por qué da igual? porque el esquema es tan auténtico como una foto del emperador Carlomagno haciendo paella y, a pesar de eso, se sigue difundiendo (más información aquí). A estas alturas ya se habrá dado cuenta de que uno de los pilares del oficio de asesor de innovación, tal como yo lo entiendo, es no dejar que la gente piense. Aprovéchese de que la mayoría de la gente da por cierta esa investigación que, en realidad, nunca se hizo, utilícela rápidamente para apoyar sus propuestas y pase a otra cosa antes de que nadie se ponga a analizar lo que dicen los sectores de la pirámide.

El fin justifica los medios y su fin es noble, así que no hay que sentir remordimientos por utilizar información sin fundamento. Además, a lo mejor algún día se investiga sobre el tema y los resultados coinciden con los de la pirámide. Lo más grave que podría pasar es que alguien le pida la referencia al trabajo original. Es una situación comprometida porque no existe ese trabajo original. Si se enfrenta a este problema, pida su correo electrónico y prometa mandárselo esa misma noche. Luego busque cualquier entrada de internet donde aparezca el esquema y mándesela disculpándose porque el trabajo original es un libro escrito en inglés y muy difícil de conseguir.

6. Mezcle todo

Todo lo que suene a innovador y competencial puede ser mezclado para hacer una propuesta pedagógica que conduzca al desarrollo integral del alumnado. Para que no tenga que esforzarse le ofrezco varios ingredientes a elegir:

  • El aprendizaje cooperativo: no debería faltar nunca, al fin y al cabo de esto sí que se han realizado estudios sobre su eficacia. Alguien podría preguntar por qué una estrategia útil y con resultados demostrados no tiene un éxito arrollador en las escuelas. Bendita pregunta, eso es una oportunidad más para despotricar contra la escuela tradicional, los libros de texto y todo lo que antepone la tradicionalidad al desarrollo de los alumnos.
  • Los proyectos: es un método tan moderno e innovador que dentro de poco celebraremos el centenario de la publicación del libro The Project Method (Kilpatrick, 1918). Nadie en el auditorio fue a la presentación del libro, así que adelante, es pura novedad.
  • El aprendizaje basado en problemas: si se ha utilizado en las universidades y en los centros de formación profesional, ¿por qué no va a funcionar con los niños de Primaria?
  • Howard Gardner y las inteligencias múltiples: están de moda y son maravillosamente bien aceptadas. A todo el mundo le halaga que le digan que es inteligente. Si el perfil intelectual se evalúa con un cuestionario que con preguntas como “¿te gustar pasear por el campo?” o “¿a veces tarareas canciones mientras haces otras cosas?” uno descubre nuevos talentos. No insista mucho en la premisa fundamental de este sistema, que es que uno aprenderá mejor algo si se le presenta mediante la inteligencia que tenga más desarrollada. Queda muy bien decir que el de la inteligencia musical se aprenderá las tablas cantando o el de la inteligencia naturalista interiorizará el principio de arquímedes haciendo experimentos (que le llevarán mucho más tiempo que aprendérselo de memoria). El problema es que los tipos torpecillos como yo enseguida nos ilusionamos pensando en que nos convertiremos en estrellas del baloncesto leyendo libros sobre el tema y no es así, quizá porque sólo aprendemos el 5% de lo que leemos, ¿o era el 10%? ¿Por qué no mejor mi tiro libre haciendo estadísticas de encestes? ¿Eso no me garantizaba un 80% de aprendizaje?
  • Daniel Goleman y la inteligencia emocional: está un poco pasado de moda porque con las inteligencias múltiples ya tienes inteligencia intrapersonal, inteligencia interpersonal y muchas más.
  • Estilos de aprendizaje: son fantásticos para explicar por qué unos alumnos aprenden mucho y otros poco. Los que aprenden mucho son auditivos, tienen desarrollada la inteligencia lógico-matemática y piensan con el hemisferio izquierdo (vamos que todo encaja), son los niños mimados de la escuela tradicional. En cambio, los otros son los visuales, que necesitan ver el todo en lugar de las partes, son creativos y piensan con el hemisferio derecho y con imágenes. El propio Howard Gardner (el de las inteligencias múltiples) ha declarado que los estilos de aprendizaje son una idea incorrecta, sin fundamento y que no tiene nada que ver con él, pero eso no impide que los partidarios más desinformados de las inteligencias múltiples la divulguen por ahí. Sólo hay que tener cuidado con una cosa, no empezar a hacer una enseñanza de tipo visual, no vaya a ser que resulte que los lógico-matemático-auditivos-del-hemisferio-izquierdo sigan siendo los que más aprenden. Si eso sucede podríamos volver a la época oscura en la que se pensaba que había una inteligencia general.
  • Dinámica de grupos: mande a la gente hacer algo en parejas, o en grupos, hará que piensen menos y podrá decir que su conferencia ha sido muy práctica.
  • Ken Robinson: no sabemos qué ha hecho este señor, pero sale en unos vídeos muy molones de youtube y dice cosas como que “la escuela mata la creatividad”, el fundamento de sus afirmaciones es muy cuestionable, pero lo bueno de los vídeos es que nadie puede hacerle preguntas.
  • Ipads: son mucho más innovadores que cualquier otro dispositivo electrónico y a los niños les gustan. Ya hay gente que los relaciona con las inteligencias múltiples.
  • Princesas Disney: aunque parezca poco serio, frases como “nunca dejes de perseguir tu sueño” o “puedo conseguir cualquier cosa si me esfuerzo y creo en ello” sirven tanto para películas de Blancanieves 2ª parte como para conferencias de innovación.
  • Robert Schwartz y las estrategias de pensamiento: por fin podremos enseñar a los alumnos a identificar, argumentar, clasificar, predecir, valorar… ¿Oiga, esto no suena un poco a escuela tradicional? No, no, no, en la escuela tradicional sólo se enseña a memorizar.

7. Evite proporcionar datos concretos

Sólo hay una situación en la que se deben proporcionar datos: cuando haya alguna experiencia, investigación o proyecto que sea favorable a sus propuestas. En ese caso recréese al comunicarlo. Como muchas veces no va a tener esa suerte, evite hablar de mediciones de la eficacia de sus propuestas o de otras similares.

Si no ha encontrado resultados favorables, evite mencionar trabajos de investigación. Como dije, son muy aburridos. Es mejor recomendar algún libro en el que se dé por supuesto que ya existe toda la investigación necesaria (si no ¿por qué iban a escribir libros sobre esto?).

Los profesores tienen la manía de compararlo todo y querrán saber qué resultados obtienen en las evaluaciones diagnósticas, en PISA o en la selectividad los colegios que trabajan en esta línea. Si hay algún resultado bueno, dígalo con satisfacción. Si no, salga del paso diciendo que “nosotros no entrenamos a nuestros alumnos para que hagan bien alguna” o “esas pruebas se basan en la memorización de conocimientos, nuestros alumnos son muy críticos con ellas y no entienden por qué tienen que hacerlas. Si fueran pruebas de razonamiento y creatividad lo petarían”.

Este es el verdadero terreno peligroso porque los profesores igual no saben gran cosa de neurología, pero de colegios suelen conocer mucho. Incluso si presenta un 99,7% de aprobados en selectividad puede encontrarse con la desagradable sorpresa de que alguien mencione un colegio tradicional con un 99,8%, o que directamente le pregunten por los resultados de otros centros con alumnado con un nivel socio-económico similar.

He llegado a conocer el caso de un individuo despreciable que, mientras que un conferenciante hablaba de los excelentes resultados que les estaba proporcionando la innovación, se reía a carcajadas porque estaba consultando en el móvil cuáles eran los resultados de ese centro en pruebas externas (algo que es posible hacer si el colegio está en Madrid).

Lo más socorrido en estos apuros es decir algo como “¿Conocen el Col-legi Montserrat? Si lo conocen ya saben de qué les hablo, si no, busquen información y se sorprenderán”. Otra alternativa que nunca falla es decir con aplomo “¿Para qué educamos? El fin último de la educación es la felicidad del alumno”. Sobre todo dígalo de tal manera que quede claro que las personas de mente cerrada que buscan datos y justificaciones para todo, son escépticos con la innovación y tienen el hemisferio derecho atrofiado, no quieren la felicidad de los niños. En realidad odian a los niños. Si se enfadan, no importa, porque usted ya sabe que la desorientación, el rechazo y el enojo son las primeras reacciones de las mentes cerradas ante el cambio. Deje claro que esperaba esa reacción.

Fin

Aunque la entrada es muy larga, ofrece una información completa y que difícilmente puede encontrarse en otros sitios. Espero que con esto cualquier persona pueda conocer los secretos del oficio, y convertirse en promotor, asesor o consultor de innovación educativa. Lo último que me queda por recomendar es la lectura de algún libro sobre algunos de los temas que han aparecido a lo largo de la exposición, y una buena puesta en escena.