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Velocidad lectora: el indicador maldito.

¿A qué velocidad tendría que leer un alumno de…? Es una pregunta que me hacen de vez en cuando y curiosamente no es fácil de responder. El currículo español establece que, al terminar la educación primaria, un alumno “lee en voz alta diferentes tipos de textos apropiados a su edad con velocidad, fluidez y entonación adecuada”, que “descodifica con precisión y rapidez todo tipo de palabras”, o que “lee en silencio con la velocidad adecuada textos de diferente complejidad”.

Sin embargo, no proporciona ninguna referencia sobre qué velocidad de lectura es adecuada o suficientemente rápida. Por tanto, si se evalúa la velocidad lectora, se hace con referencias no oficiales o mediante el juicio del profesor.

Respecto a referencias no oficiales… no es fácil encontrarlas, pero hay algunas. Por ejemplo, Rafael Bisquerra obtuvo datos sobre velocidad lectora a distintas edades que, creo que se pueden encontrar en este libro (reedición de una obra de 1994).

Otras referencias, que merecen un comentario más extenso son las de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México.

El curioso caso de las referencias mexicanas de velocidad lectora

En 2010, la SEP publicó unos estándares nacionales de habilidad lectora estableciendo el número de palabras por minuto que los alumnos deberían leer en voz alta al terminar el curso. Uno de los documentos publicados para divulgar estas referencias indica:

No se trata de obtener forzosamente los valores máximos, sino al menos el mínimo suficiente de acuerdo al grado escolar y buscar, después la mejora constante; al mismo tiempo, se debe poner especial énfasis en que los niños y jóvenes comprendan lo que leen.

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Otras versiones de la tabla incluían referencias de velocidades en las que el nivel se podría considerar bajo y en las que el alumno necesitaría algún tipo de apoyo.

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No he encontrando información sobre cómo se construyeron estas referencias, pero son coherentes con los datos de velocidad media de lectora obtenidos en esos cursos en distintas investigaciones. La propuesta añadía también un procedimiento y algunos materiales para que padres y profesores pudieran evaluar periódicamente y registrar la velocidad de lectura.

No he seguido bien lo que sucedió con estos estándares, pero, además de ser muy criticados, en la actualidad no los encuentro en la web de la SEP y algún compañero mexicano me ha indicado que hace tiempo que no están vigentes. Entre las críticas que se hacían a la propuesta he encontrado:

  • Falta de sustento pedagógico.
  • Efecto negativo sobre la motivación para la lectura.
  • Efecto negativo sobre la comprensión.
  • Dificultades prácticas para su aplicación.

Relación entre velocidad y comprensión

Existe una relación entre velocidad de lectura y comprensión lectora. En inglés, la velocidad en la lectura de textos y la comprensión lectora tienen una relación significativa (r = 0,48). En lenguas transparentes (el español es una de ellas) la relación entre velocidad y comprensión lectora es similar (r = 0,60 en los primeros cursos de primaria y r = 0,48 en los posteriores). Pero lo más interesante es que en las lenguas transparentes, la velocidad lectora predice la comprensión mejor que la precisión en la descodificación.

No conozco ninguna síntesis de la investigación sobre la relación entre velocidad y comprensión en español, pero veamos datos de algunos estudios:

  • Hay estudios que presentan una relación notable entre velocidad de lectura y comprensión lectora (r = 0,81).
  • En otros, el valor es menor (r = 0,31), aunque lo habitual es encontrar una relación significativa.
  • La relación entre velocidad lectora y comprensión (r = 0,52 en textos narrativos y r = 0,34 en textos expositivos) es similar a la relación entre precisión en la lectura de palabras y comprensión.
  • En alumnado de 1º de primaria, la velocidad lectora (r = 0,35) predice la comprensión lectora mejor que la precisión en la descodificación.
  • El silabeo y el deletreo durante la lectura, en 2º curso de primaria, correlacionan negativamente con la comprensión lectora (r = -0,46).

Las diferencias en los resultados de los distintos estudios están influidas por la forma como se evalúan la velocidad y la comprensión. Por ejemplo, los estudios en que se evalúan con el mismo texto tienden a dar resultados más altos que los estudios en que se valoran con pruebas independientes.

Una cuestión en la que no voy a profundizar es si las mejoras en la velocidad lectora se traducen en mejoras en la comprensión. Quien tenga mucho interés en este punto puede mirar esta entrada del blog sobre los resultados de la técnica de lecturas repetidas y esta otra con un estudio sobre esa técnica, realizado en español.

Concluyendo

En el tiempo que llevo trabajando en educación he visto varias veces cómo cuando se proponen sistemas para evaluar la velocidad de lectura, referencias para valorarla o actividades para mejorarla, aparece una postura opuesta que califica esas iniciativas de reduccionistas o equivocadas. Quizá ese sea el motivo por el que no disponemos de unas referencias claras acerca de cómo evoluciona la velocidad lectora y qué sería lo normal en cada edad.

Indico algunas razones por las que sería interesante tener en cuenta esta medida de lectura.

  1. Tal como hemos podido ver, la velocidad lectora se relaciona con la comprensión lectora.
  2. La velocidad de lectura es fácil de medir. El procedimiento es sencillo, aunque la medida de la velocidad de lectura en voz alta es laboriosa porque se debe hacer de forma individual. También existen formas de medir la velocidad de la lectura silenciosa que se pueden emplear con una clase completa, pero para el profesorado resultan menos fiables.
  3. Una velocidad lectora muy baja es un motivo para sospechar la existencia de una dislexia, dificultad o trastorno en el aprendizaje de la lectura.
  4. Existen actividades y estrategias para la mejora de la velocidad lectora. No está del todo claro su impacto sobre la comprensión. Desde un punto de vista teórico, conseguir una automatización de los procesos de descodificación que permita leer con fluidez y sin esfuerzo permite que los recursos mentales (limitados) que se emplean durante la lectura se puedan dedicar a la comprensión.
  5. Es posible que alumnos con velocidades de lectura bajas comprendan correctamente los textos, pero eso suele suceder si se dan condiciones favorables (tiempo extenso para trabajar el texto o textos sencillos). Cuando el tiempo de trabajo es limitado, la baja velocidad de lectura es un impedimento.

Muchas de las críticas que se hacen a las evaluaciones de la velocidad lectora dan por supuesto que se convierte en el único objetivo de la lectura y que se empuja a los alumnos a leer a velocidades tan altas que dificulten la comprensión. Si esto sucede, estaría de acuerdo con ellas. Sin embargo, unos estándares de velocidad lectora no tienen por qué motivar una carrera sin sentido a batir algún tipo de récord escolar. Pueden ser, simplemente, un rango que oriente sobre lo que sería normal o esperable en cada curso y que sirva como referencia para detectar problemas y valorar progresos.

 

 

 

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Pequeñas historias de colores

Este material tiene como objetivo trabajar la comprensión lectora de oraciones sencillas, con la estructura: sujeto + verbo + objeto + lugar. Fundamentalmente es un libro con tiras móviles que permiten hacer distintas combinaciones de texto y completado con un fondo y unos elementos que se seleccionan y colocan de forma que la escena representada corresponda con el texto.

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Para eso, hay que recortarlo y encuadernarlo con dos espirales: una en la izquierda para la portada, los créditos y el fondo y otra a la derecha para las tiras móviles. Además, el fondo debe colocarse como página izquierda. Así cuando se abre la página en la que está el fondo, se puede ver al mismo tiempo que las tarjetas.

Descargar Pequeñas historias de colores 1

La página en la que se encuentran las figuras no se encuaderna. Estos elementos se recortan y se utilizan para formar las escenas que aparecen combinando las tarjetas móviles o, al revés, se usan para formar la escena y se mueven las tarjetas para que el texto se corresponda con ella. Es importante tener en cuenta que sobran figuras. No todas se mencionan en el texto y la actividad es más fácil si se retiran.

El código de colores es el que se adopta en el sistema colorful semantics ya que este material está emparentado con Instrucciones de colores, otro material similar, para trabajar la comprensión de enunciados de actividades escolares. Se puede encontrar más información sobre esta idea en este texto que presentamos en el congreso de AELFA 2014.

 

 

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Efectos de la enseñanza temprana de la lectura: la parábola del sembrador

Salió el sembrador a sembrar y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.

El investigador alemán Sebastian Suggate nos recuerda establece una analogía entre esta parábola y la enseñanza temprana de la lectura, sobre todo que para que la semilla (enseñanza de la lectura) fructifique tiene que caer en tierra bien preparada (momento adecuado). No se trata de algo nuevo, ya hubo una época en la que el concepto de “madurez para la lectura” estuvo presente en las escuelas y se realizaron intentos de predecir el momento óptimo para enseñar a leer basándose en la teoría del desarrollo de Piaget o en un la habilidad perceptivo-motora.

Suggate, en cambio, se basa en la concepción simple de la lectura, que propone que esta habilidad depende de dos factores: la comprensión del lenguaje y la descodificación. Por tanto, considera que el momento óptimo para enseñar a leer se caracterizaría porque:

  1. El aprendizaje de la descodificación puede hacerse con poco esfuerzo.
  2. Se puede realizar en armonía con las actividades para el desarrollo lingüístico y no sustituyéndolas.
  3. Añadir las habilidades de lectura a las habilidades lingüísticas resulta beneficioso para el aprendizaje de los niños (pueden acceder a los conocimientos del currículo a través de la lectura).
Hortus deliciarum, de Gleichnis vom Sämann

Hortus deliciarum, de Gleichnis vom Sämann

Una revisión de la investigación

El estado de la investigación sobre el tema se podría resumir en una frase:

Hay datos sólidos y convergentes que sugieren que el aprendizaje temprano de la lectura no conduce a una mejor lectura en el futuro, más allá de las mejoras iniciales a corto plazo.

  • Los estudios con resultados más favorables para pensar en una iniciación temprana (para Suggate esto se daría entre los 5-6 años) de la lectura indican que los resultados en lectura son estables. Los niños que de pequeños obtiene buenos resultados en lectura tienden a obtener buenos resultados de mayores. Muchas veces, esos estudios no han controlado otras variables, como la capacidad intelectual o el nivel socio-económico de las familias y, a largo plazo, las habilidades lingüísticas parecen un predictor de la lectura mejor que las habilidades de lectura de palabras.
  • Pocos estudios de intervención aportan datos de seguimiento a largo plazo. Los que hacen algún tipo de seguimiento indican que el efecto de la enseñanza temprana disminuye con el paso del tiempo.
  • Analizando los resultados de la evaluación PISA no se han encontrado diferencias en lectura según la edad de inicio de la escolarización.
  • Estudios en que se comparan grupos de alumnos del mismo sistema educativo que comienzan el aprendizaje de la lectura a distintas edades encuentran que la enseñanza temprana de la lectura no produce diferencias en el nivel de lectura a largo plazo.

Y un modelo

Suggate propone un modelo del aprendizaje de la lectura basado en dos hipótesis:

  1. Los niños de mayor edad aprenden las habilidades de descodificación más rápido que los niños de menor edad.
  2. Disponer de habilidades tempranas de lectura no produce mayores beneficios sobre el lenguaje oral que desarrollarse en un entorno lingüístico con la misma calidad.

El modelo tendría tres fases:

La primera es la fase del lenguaje. En ella se mejora la habilidad lingüística por la exposición al lenguaje oral, las habilidades de descodificación son muy laboriosas de desarrollar y no benefician al desarrollo del lenguaje.

La segunda fase es la de descodificación. En esta fase la habilidad lingüística se puede beneficiar del desarrollo de las habilidades de descodificación, aunque no más que de la exposición a un entorno de lenguaje rico. Por otra parte, el conocimiento lingüístico favorece la adquisición de las habilidades de descodificación.

La tercera fase es la de lectura para el aprendizaje. En esta fase se alcanza el dominio de las habilidades de descodificación, y el lenguaje se beneficia de la lectura de una forma que no se podría sustituir por experiencias con el lenguaje oral.
The Parable of the Sower and the long-term effects of early reading está disponible en: https://www.researchgate.net/publication/283537853_The_Parable_of_the_Sower_and_the_long-term_effects_of_early_reading

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CLBE en El McGuffin Educativo

Desde hace tiempo mis hijas me dicen que por qué escribo un blog, que si quiero llegar a mucha gente tendría que contar las cosas en un canal de Youtube. El caso es que no me imagino explicando de forma amena un meta-análisis acerca del efecto sobre la comprensión de las intervenciones para la mejora de la morfosintaxis. Además, el proceso de preparar, grabar, editar y subir un vídeo me parece más laborioso que escribir una entrada del blog, y no es mucho el tiempo que le puedo dedicar.

Aun así, reconozco que los vídeos pueden tener su interés, así que incluyo aquí la entrevista que me ha hecho Albert Reverter para su blog El McGuffin Educativo.

En el vídeo hablamos sobre investigación en educación, sobre el aprendizaje inicial de la lectura y sobre la comprensión y su mejora. También aprovecho para recomendar echar un vistazo al blog, que mantiene una postura crítica con prácticas educativas si base científica.

 

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Una crítica al tratamiento de la comprensión lectora en el currículo de Lengua

No me gusta cómo ha quedado el actual currículo de Lengua Castellana y Literatura de Primaria. En esta entrada me voy a centrar en el tratamiento de la comprensión lectora, pero mucho de lo que indico se podría aplicar a otras secciones. como comprensión oral o conocimiento de la lengua.

Por una parte, me estoy refiriendo al currículo básico de Educación Primaria, pero me he fijado, sobre todo, en la orden que establece el currículo para el ámbito de gestión del Ministerio de Educación. Este ámbito de gestión, que es lo que anteriormente se conocía como “territorio MEC” está formado actualmente por las ciudades de Ceuta, Melilla y el exterior de España. Sin embargo, este currículo, es el que suele servir como modelo a los currículos que desarrollan las distintas comunidades autónomas.

Por ejemplo, comparamos qué se propone en cuanto a lectura en 2º de primara en el currículo del ministerio y en el de Navarra: el texto es literalmente igual y la única diferencia que encuentro en un vistazo rápido es que Navarra ha omitido los estándares de evaluación 6.1 y 6.2, lo que tiene aspecto de error más que de decisión intencionada, ya que han mantenido el objetivo 6 (“adquirir hábito lector“), que se ha quedado sin estándares.

Ahora explico cuáles son las cosas que no me gustan de las cuestiones del currículo que tienen que ver con la comprensión.

1 Repetición (con ligeras variaciones)

Hay dos tipos de repeticiones: las que se dan entre distintos cursos y las que se encuentran en el mismo curso. En principio, que un objetivo o estándar de evaluación se repita en distintos cursos no tiene por qué ser incorrecto. Puede haber determinadas cosas que se mantengan a lo largo de la etapa, incluso que resulten cada vez más complejas sin necesidad de practicar nuevas habilidades, simplemente haciendo lo mismo cada año con textos más extensos y complejos.

Sin embargo, a veces, la repetición de ítems produce extrañeza, sobre todo cuando no es continua o cuando se introducen ligeras modificaciones en la redacción.

Por ejemplo, en el primer curso de primaria tenemos el estándar 5.1, que dice “interpreta el valor del título y las ilustraciones…“. En el segundo curso no se mencionan estos aspectos, pero en 3º, el estándar 6.1 indica “identifica el título y lo interpreta“, y el 6.2 dice “asocia la información que aportan las ilustraciones con el contenido del texto“. Bien, creo que se puede ver una evolución, sobre todo en cuanto al título, porque en 1º, el estándar 5.1 también dice “…establece relaciones entre las ilustraciones y los contenidos del texto...” (más adelante hablo de la manía de yuxtaponer información). Ahora mismo hay dos alarmas en mi cabeza: una dice que por qué estas cosas se evalúan en 1º y en 3º pero no en 2º. La otra alarma ha percibido que el estándar de 1º dice “asocia” y el de 3º dice “establece relaciones“. ¿Por qué no han utilizado la misma expresión?, ¿están tratando de comunicar algo?, ¿es más complejo establecer relaciones (estándar de 3º) que asociar (estándar de 1º)?

Llegamos a 4º y nada, respecto al título o a las ilustraciones. Pero, ¡maldición!, en 5º de primaria el estándar 5.1 dice “5.1. interpreta el valor del título y las ilustraciones“. Ni más ni menos que el mismo estándar que en 1º de primaria. Si trato de pensar que toda esta secuencia tiene un propósito intencional, las luces de alarma que se encienden en mi cabeza hacen que parezca un árbol de navidad, pero me asusta pensar en otra alternativa. ¡Venga, que esto es el currículo de Lengua propuesto por el Ministerio de Educación!, ¡No puede estar hecho de cualquier manera!

A veces la repetición es masiva, por ejemplo, los estándares de comprensión del 6º curso son casi idénticos a los de 5º, hasta tal punto que uno se pregunta si no sobraría uno de los dos cursos. Esta vez el misterio está en el estándar 5.6 de 5º de primaria, que dice “crítica de los mensajes y valores transmitidos por un texto sencillo“. En primer lugar, ese estándar es el único de 5º que no se reproduce en 6º y, en segundo lugar resulta que, mientras que los demás estándares comienzan con un verbo (“capta”, “lee,”, “elabora”, “reconoce”, “produce”…), este comienza con un sustantivo, porque no dice “critica” sino “crítica“. ¿Apareció ahí por error?… Cuando encuentras algo que puede ser una equivación en el currículo, ¿a quién te diriges para que lo corrijan? ¿al ministerio, al juzgado, a la inspección, al ministro que firmó la orden, al ministro actual, al maestro armero…?

Esa sensación de extrañeza (he encontrado casi lo mismo que antes, pero dicho de forma un poco diferente, pero no sé que me quiere decir esa diferencia) se puede tener sin necesidad de comparar varios cursos entre sí. Por ejemplo, el estándar 4.2 de 5º curso dice “elabora resúmenes de textos leídos. Identifica los elementos característicos de los diferentes tipos de textos“. El estándar 3.2 dice “realiza lecturas en silencio resumiendo brevemente los textos leídos“. ¿Qué diferencia hay entre unos resúmenes y otros?, ¿es el matiz que aporta “brevemente“? Entonces, ¿si los resúmenes del estándar 4.2 son breves no se cumple el estándar?

El estándar 4.1 de 1º de primaria dice “capta el propósito de los textos” y el estándar 5.1 tiene una parte que dice “identifica la intención [del texto]”. ¿Es que hay diferencias entre el propósito y la intención de los textos?

En varias ocasiones me he roto la cabeza buscando una leve diferencia que se podría deducir del objetivo al que corresponde el estándar o de los contenidos que (supuestamente) se vinculan con él. Pero esto es un currículo: si hay alguna sutileza habría que dejarla clara.

2 Yuxtaposición de información

A lo largo de los años he desarrollado la impresión de que una de las características del lenguaje “tecno-educativo” es alargar sin sentido los enunciados, especialmente cuando se redactan objetivos, criterios o estándares de evaluación. Por ejemplo, volvemos al estándar 4.2 de 5º de primaria que dice “elabora resúmenes de textos leídos. Identifica los elementos característicos de los diferentes tipos de textos“. ¿No era más sencillo hacer dos estándares?, ¿qué valoración hacemos de un alumno que elabora resúmenes, pero no identifica los elementos característicos de los textos?, ¿y si sucede al revés?

En el ejemplo anterior se perciben dos elementos diferentes, pero los hay con más. Por ejemplo el estándar 5.1 de 1º de primaria dice “interpreta el valor del título y las ilustraciones. Establece relaciones entre las ilustraciones y los contenidos del texto, plantea hipótesis, realiza predicciones e identifica en la lectura el tipo de texto y la intención“. Yo consigo contar hasta siete elementos diferentes en él. ¿Tiene que cumplir un alumno los siete para considerar que supera el estándar?

3 Falta de relación entre los contenidos y los estándares

Los contenidos son listas, en general colocadas en un orden paralelo al de los objetivos. Es cierto que detallar y extender mucho los contenidos puede hacer que la propuesta escolar se reduzca a conocer información, conceptos o realizar pequeñas operaciones. Sin embargo, los contenidos sí que pueden aclarar a qué se refieren los objetivos y los estándares. Por ejemplo, en 2º de primaria, el estándar 3.4 dice “reconoce los elementos básicos de los diferentes tipos de textos“. ¿Qué elementos?, ¿qué tipos de textos? Los contenidos no aclaran nada al respecto así que ¿cómo evaluamos el estándar?

A veces no se sabe si los contenidos se destinan a los alumnos o a sus profesores, ya que aparecen contenidos como “utilización de la misma [la biblioteca] como recurso de animación lectora” o “plan lector” que no parecen ser aprendizajes que tengan que realizar los alumnos, sino medios o recursos para la enseñanza.

Otras veces, en los contenidos aparece información misteriosa como “estrategias para la comprensión lectora de textos: título. Ilustraciones. Palabras clave. Capítulos. Relectura. Anticipación de hipótesis y comprobación“. Vamos ver, ni el título ni las ilustraciones ni los capítulos son una estrategia de lectura. Anticipar el contenido del texto o percibir su estructura a partir del título, las ilustraciones o los capítulos sí es una estrategia.

4 Incongruencias

Leer, comprender y valorar textos orales...” (objetivo 5 de 4º curso): si son textos orales no se pueden leer, a no ser que sean transcripciones escritas de esos textos, pero eso es otra cosa.

5 Imprecisión al hablar de los tipos de texto

Estoy convencido de que hacer una clasificación de los distintos tipos de texto es algo muy difícil, si es que es posible. Bueno, existen clasificaciones, pero en cuanto te pones a utilizarlas te das cuenta de que son muy poco flexibles. Un problema del currículo de Lengua es que parece dar por supuesto que hay una clasificación de los textos compartida por todos. Además, cambia de criterio. Por ejemplo, en 3º nombra 11 tipos de textos como descripciones, cuentos, explicaciones, entrevistas… En cambio, en 4º habla de textos propios del ámbito familiar, escolar y social. Al llegar ahí uno se pregunta: ¿dónde acaba el ámbito social y comienzan otros como el científico o el jurídico? ¿O estos pertencen al social?

6 Uso de conceptos poco definidos

Hay cosas que parecen muy claras pero que no lo son tanto. Hace ya bastantes años que Nuria Carriedo y Jesús Alonso ilustraron cómo hablamos con mucha ligereza de las ideas principales, pero luego no nos ponemos de acuerdo acerca de qué son realmente. Parece que esa ligereza continúa y el currículo hace numerosas referencias a las ideas principales y a otros conceptos como “tema”, “intención comunicativa”, “información relevante”, “entender el mensaje de manera global”, “capta el propósito de los textos”, “reconoce el sentido de los textos” que uno se pregunta si son lo mismo que la idea principal o no.

Pero hay otros conceptos que, para mi gusto, se utilizan con demasiada alegría, como si todos fuéramos a entender lo mismo con ellos. Algunos serían:

  • Textos adecuados a su edad (¿cómo se sabe eso?, ¿según la recomendación de edades que hace la editorial?, ¿y cómo decide la editorial para qué edades es recomendable un texto?).
  • [Muestra] comprensión con cierto grado de detalles (¿cuánto detalle es eso?).
  • [Lee] con la velocidad adecuada (pues si sabían cuál era la velocidad adecuada, que la hubieran puesto, ¿no?).
  • Lenguaje figurado (uno de los ejemplos de lenguaje figurado que se incluyen son los juegos de palabras. Igual no todos pensamos que eso es lenguaje figurado).
  • Estructura organizativa de los textos (suena muy bonito, pero ¿serías capaz de hablar durante 15 minutos sobre la estructura organizativa de los textos?).

 

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Relaciones entre habilidad motriz fina y lectura

La habilidad motriz fina es conocida también como motricidad o psicomotricidad fina, coordinación óculo-manual o viso-manual o grafomotricidad. La habilidad para controlar y coordinar la musculatura de brazos y manos es importante para muchas actividades, también en los primeros años de escuela (pintar, recortar, copiar, hacer puzles). Pero, además, el desarrollo motriz fino ha sido utilizado como predictor de los aprendizajes escolares, por ejemplo, el de la lectura. Y, a veces, esos predictores se han considerardo prerrequisitos para la lectura. Es decir, se ha pensado que un alumno no estaba “preparado” para aprender a leer si no mostraba, por ejemplo, una buena habilidad motriz fina.

Diapositiva de Pascual Asensio

En esta entrada comento dos investigaciones recientes que parecen contradecir la idea de que la habilidad motriz fina tenga un peso especial en el aprendizaje de la lectura.

En la primera investigación, Nicola Pichford, Chiara Papini, Laura Outhwaite y Andrea Gulliford, de la Universidad de Nottingham, valoraron las habilidades motrices y el rendimiento escolar de 60 alumnos de 1º de primaria. En las habilidades motrices distinguieron la integración, que correspondería con la habilidad viso-manual, y la precisión motriz fina.

La lectura de palabras correlacionaba significativamente con la integración, pero no con la precisión motriz fina. También hay que tener en cuenta que la correlación entre lectura y habilidad matemática era mayor que la correlación entre lectura e integración motriz.

Para profundizar más en las relaciones entre habilidad motriz y aprendizaje escolar, los autores realizaron un segundo estudio con 34 alumnos de 4 y 5 años, en el que también valoraron la memoria de corto plazo verbal y el CI no verbal. Los resultados indicaron que la habilidad motriz no hacía ninguna contribución a la lectura de palabras una vez que se tenía en cuenta el efecto de la memoria de corto plazo verbal. En cambio, sí que había una contribución de la integración motriz al desarrollo matemático.

Foto de Mpknagpur en Wikimedia Commons

El segundo estudio que se ha publicado recientemente es el de Sebastian Suggate, Heidrun Stoeger y Eva Pufke. Aquí, en lugar de distinguir entre integración y precisión, se distingue entre distintos tipos de habilidad motriz fina: habilidad motriz fina (pequeños movimientos musculares que requieren coordinación viso-manual) y habilidad grafomotriz, que sería una parte de la habilidad motriz fina en la que se requiere el control del lápiz. A su vez, recomiendan no confundir la habilidad grafomotriz con las habilidades de escritura, que incluyen el conocimiento de las letras y palabras.

El estudio se realizó con 144 alumnos de 3º de educación infantil. Al igual que en el estudio anterior, se encontró una pequeña relación entre la habilidad motriz fina y la lectura de palabras. Además se encontró una mayor relación entre habilidad grafomotriz y lectura de palabras. Hay que tener en cuenta que la prueba para evaluar la habilidad grafomotriz era una tarea de copia de letras griegas, de modo que no reflejaba el conocimiento de las letras o palabras del alemán, que era el idioma de los alumnos evaluados.

La habilidad motriz fina no explicaba una parte significativa de la varianza de los resultados de lectura de palabras, conocimiento de las letras o escritura si se tenía en cuenta el efecto de las habilidades grafomotrices o el efecto del cociente intelectual, la atención y el vocabulario. Por otra parte, la habilidad motriz fina y la habilidad grafomotriz estaban poco relacionadas entre sí. Es decir, tener una buena hablidad motriz fina no garantiza que el alumno muestre una buena habilidad grafomotriz y, por otra parte, la buena habilidad grafomotriz no implica que la habilidad motriz fina sea buena también.

La conclusión es que mientras que la habilidad motriz (medida como habiliad para insertar monedas, enhebrar y realizar una línea por un laberinto) no es un buen predictor de la lectura, siendo más recomendable la habilidad motriz (medida como copia de letras griegas).

No parece prudente proponer modificaciones para la práctica escolar hasta que esta línea de investigación esté más consolidada, pero parece haber algunas cuestiones en las que puede ser útil profundizar, por ejemplo las diferencias entre grafomotricidad y motricidad fina, qué procesos cognitivos de los que intervienen en la coordinación viso-manual son los que se relacionan con la lectura (la atención parece ser uno de ellos) o qué efecto tiene el entrenamiento de la grafomotricidad (esto no se ha considerado en estos estudios).

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Habilidades fundamentales para la comprensión lectora desde infantil hasta 3º de primaria

La agencia What Works Clearinghouse ha publicado una guía de práctica educativa con cuatro recomendaciones para enseñar habilidades fundamentales de comprensión al alumnado que se inicia en la lectura, desde la educación infantil hasta el tercer curso de primaria.

Como es característico en esta agencia, cada recomendación está basada en evidencias científicas, incluso se valora el nivel de evidencia que respalda a cada una de ellas. Además, se dan indicaciones sobre cómo trabajar para desarrollar esas cuatro habilidades fundamentales. Veamos cuáles son:

1 Enseña a tus alumnos habilidades de lenguaje académico, incluyendo el uso de habilidades inferenciales y narrativas y el desarrollo del vocabulario (evidencia mínima)

Esta enseñanza se puede integrar en el transcurso normal de la clase, como parte de las explicaciones y actividades normales de aula.

Implica a tus alumnos en conversaciones en las que sea necesario el uso y la comprensión del lenguaje inferencial.

Para eso se pueden emplear preguntas abiertas que hagan a los alumnos resolver problemas reales o pensar en los textos y en cómo se relacionan con sus propias vidas. Es importante que modeles las respuestas de los alumnos relacionando sus respuestas con el contenido de la pregunta y añadiendo detalles.

Implica a los alumnos de forma explícita en el desarrollo de habilidades  narrativas.

Enseña a emplear los elementos de la narración (personajes, escenario, problema…) y estructuras gramaticales como oraciones compuestas, locuciones o conectores. Las descripciones, las predicciones o los resúmenes orales de historias son actividades adecuadas para practicar esas habilidades narrativas.

Enseña vocabulario académico en el contexto de otras actividades de lectura.

El vocabulario académico son las palabras y expresiones que no son comunes en el habla cotidiana, pero sí que aparecen en el lenguaje escrito o en situaciones formales. No se trata solo de los conceptos que se enseñan en las distintas asignaturas. Por ejemplo, para alumnos pequeños, palabras como “resultado”, “rodea”, “subraya”, “indica” u “opuesto” pueden ser vocabulario académico.

Los autores de la revisión recomiendan seleccionar cada semana un pequeño grupo de palabras incluido en los textos que se van a trabajar y realizar con ellas una serie de acciones: definirlas cuando aparecen por primera vez, poner ejemplos de su uso, relacionarlas con las experiencias de los alumnos, distinguir usos correcto e incorrectos o hacer preguntas que incluyan esa palabra.

2 Desarrolla la conciencia acerca de los segmentos en que se dividen los sonidos del habla y sus correspondencias con las letras (evidencia fuerte)

Esta recomendación estaría destinada para la educación infantil y el primer curso de primaria.

Enseña a los alumnos a reconocer y manipular los segmentos de sonido del habla.

Esto es lo que habitualmente se conoce como conciencia fonológica o habilidades fonológicas. Consiste en enseñar cómo las oraciones se dividen en palabras, las palabras en sílabas y en unidades aún más pequeñas: los fonemas. La guía nombra una estrategia concreta de trabajo que son las cajitas de Elkonin (creo que lo que se cuenta en el enlace es un uso avanzado de las cajitas y que que las letras se utilizan fichas de colores).

Enseña a los alumnos las relaciones entre letras y sonidos.

La guía presenta una propuesta de orden de enseñanza que tiene sentido en inglés, pero no en español.

Utiliza la construcción de palabras y otras actividades para relacionar el conocimiento que tienen los alumnos de las relaciones letra-sonido con la conciencia fonológica.

Aquí se conectan los dos aprendizajes anteriores, utilizando la escritura manual, letras magnéticas o de madera para crear palabras o modificarlas combinando, añadiendo o sustituyendo sonidos.

3 Enseña a los alumnos a descodificar palabras, analizar partes de palabras, escribir y reconocer palabras (evidencia fuerte)

En este capítulo se hacen varias recomendaciones como

  • Enseña a los alumnos a combinar los sonidos de las letras de derecha a izquierda en las palabras para pronunciarlas.
  • Enseña a los alumnos los sonidos de distintas combinaciones de letras.
  • Haz que los alumnos lean palabras de forma aislada y en texto.

Se trata de cosas interesantes, pero las indicaciones para su desarrollo están condicionadas por las peculiaridades del sistema de escritura del inglés. Por ejemplo se recomienda comenzar a leer palabras con la estructura consonante – vocal – consonante, como “sol” cuando en español parece más razonable comenzar por la estrutura consonante – vocal.

Otras recomendaciones más útiles para nuestro entorno son:

Enseña a los alumnos a reconocer partes frecuentes de las palabras.

Se trata de analizar las palabras y encontrar en ellas partes con significado que se repiten en otras palabras, es decir, prefijos y sufijos.

Enseña a reconocer las palabras más frecuentes.

Utiliza recursos como flashcards, pósters o listas de palabras para que los alumnos practiquen la lectura de las palabras más comunes, de modo que aprendan a reconocerlas sin esfuerzo.

4 Asegúrate de que los alumnos leen textos diariamente para mejorar la precisión, fluidez y comprensión (evidencia moderada)

Mientras los alumnos leen en voz alta, modela estrategias, ayuda e informa sobre su lectura para conseguir una identificación de palabras precisa y eficiente.

Utiliza la lectura asistida, de modo que los alumnos puedan practicar la lectura con la ayuda individual de un lector más avanzado, que puede ser un compañero, un padre o tú mismo. Evita que los alumnos utilicen estrategias de adivinación (tratar de leer las palabras a partir de las primeras letras o por las pistas que dan las ilustraciones). Esas estrategias no serán útiles en textos más difíciles.

Enseña a los alumnos a supervisar su comprensión del texto y a auto-corregir los errores de lectura.

Muchas veces, los alumnos no reconocen errores de lectura porque no están supervisando si lo que leen tiene sentido o no. Puedes favorecer una lectura más atenta con el juego de “arréglalo” en el que lees oraciones, en las que, de vez en cuando, una palabra es leída incorrectamente. Los alumnos deben detectar cuándo hay un error y corregirlo. Una vez que se han acostumbrado a esa actividad, cuando alguno de ellos comete un error de lectura sin darse cuenta, puedes repetir la oración, tal como la ha leído el alumno, y proponerle que encuentre el error y lo arregle.

Proporciona oportunidades para practicar la lectura en voz alta asistida para desarrollar una lectura precisa, fluida y expresiva.

Existen distintas actividades que ayudan a mejorar la precisión, fluidez y expresividad de la lectura. Las que se proponen en la guía son:

  • Lectura individual asistida.
  • Grabaciones de lecturas en voz alta, valoradas posteriormente por el profesor.
  • Lectura preexaminada.
  • Lectura en parejas.
  • Lectura coral.
  • Lectura en eco.
  • Lectura alterna.
  • Lectura simultána.
  • Lectura con apoyo informático (aplicaciones que leen el texto en voz alta y en las que es posible ajustar la velocidad).
  • Lecturas repetidas.
  • Lectura extensiva.

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18 actividades sencillas para mejorar la lectura, publicado en Educar y Orientar

Los seguidores del blog ya conocéis la miniguía sobre 18 activides sencillas para mejorar la lectura y la comprensión, que presenté aquí en febrero.

Para quien se lo perdiera entonces, se ha publicado en el número de mayo de la revista Educar y Orientar, de la COPOE. También se puede encontrar en mis páginas de Researchgate o de Academia.edu.

Se trata de actividades basadas en el conocimiento que tenemos sobre intervención en lectura y comprensión, seleccionadas por ser sencillas de utilizar y no necesitar una formación o unos materiales especiales.

18 actividades

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¿Cuántas veces hay que leer una palabra para reconocerla de un vistazo?

Cualquier persona que haya profundizado un poco en el estudio de la lectura se habrá encontrado alguna forma del modelo de doble ruta, que propone que hay dos formas de descodificar las palabras:

  1. Una ruta fonológica -también llamada indirecta o subléxica- en la que las palabras se leen reconociendo sus letras y transformándolas en los sonidos que les corresponden.
  2. Una ruta léxica -también llamada directa, ortográfica o visual- en la que las palabras se reconocen de forma global, se identifican “de un vistazo”.

La ruta léxica es más rápida que la ruta fonológica. En principio sólo permite leer palabras ya conocidas, aunque parece haber posibilidades de leer partes de las palabras por la ruta léxica y otras por la ruta fonológica. Si el lector es capaz de reconocer palabras sin necesidad de ir transformando sus letras a sonidos es porque su memoria dispone de representaciones de esas palabras. ¿Cómo se han formado esas representaciones? Por ejemplo, leyendo las palabras por la ruta fonológica.

Investigaciones de la Universidad de Oviedo

Un equipo de la Universidad de Oviedo, con Paz Suárez-Coalla y Fernando Cuetos a la cabeza, ha publicado recientemente varias investigaciones sobre la formación de las representaciones léxicas en español. Estas investigaciones se basan en una forma de detectar la lectura por la ruta léxica mediante la reducción del efecto de la longitud. Cuando leemos palabras poco frecuentes como “doñigal” o palabras poco inventadas (pseudopalabras) tenemos que descodificarlas por la ruta fonológica, ya que no tenemos representaciones ortográficas que nos permitan leerlas por la ruta léxica. En ese caso, sucede que se puede detectar una diferencia entre el tiempo que se tarda en leer palabas cortas y palabras largas. En cambio, una vez que se han formado las representaciones ortográficas, esa diferencia se desvanece.


Fernando Cuetos, Paz Suárez-Coalla y Marta Álvarez-Cañizo. Fuente: http://www.uniovi.es

Estas investigaciones nos aportan algunos datos interesantes:

  • Los niños de entre 7 y 13 años forman la representación léxica de una palabra si la encuentran en seis ocasiones en un texto (Suárez-Coalla, Ramos, Álvarez-Cañizo y Cuetos, 2014).
  • Estos niños y los estudiantes universitarios también forman la representación léxica de la palabra si la encuentran en seis ocasiones en una lectura de listas de palabras (Suárez-Coalla, Avdyli y Cuetos, 2014; Suárez-Coalla, Ramos, Álvarez-Cañizo y Cuetos, 2014; Suárez-Coalla y Cuetos, 2016).
  • La formación de la representación léxica es más difícil en palabras con grafemas dependientes del contexto (que se pronuncian de distinta forma según a qué letras acompañen) como “c” o “g” (Suárez-Coalla, Avdyli y Cuetos, 2014).
  • Para los niños de la misma edad con dislexia, leer seis veces la palabra, en el texto o en una lista, no es suficiente para formar la representación léxica (Suárez-Coalla, Avdyli y Cuetos, 2014; Suárez-Coalla, Ramos, Álvarez-Cañizo y Cuetos, 2014).
  • En los adultos, la representación ortográfica parece permanecer un mes después de formada (Suárez-Coalla y Cuetos, 2016).
  • En los adultos, la representación ortográfica se forma antes si se acompaña con una ayuda semántica (ver una imagen del objeto que denomina la palabra) y fonológica (escuchar y repetir la palabra) o si se acompaña sólo con la ayuda fonológica (Suárez-Coalla y Cuetos, 2016).

Referencias

Suárez-Coalla, P., Avdyli, R. y Cuetos, F. (2014). Influence of context-sensitive rules on the formation of orthographic representations in Spanish dyslexic children. Frontiers in Human Neuroscience, 8:707.

Suárez-Coalla, P. y Cuetos, F. (2016). Semantic and phonological influences on visual word learning in a transparent language. The Quarterly Journal of Experimental Psychology,  DOI: 10.1080/17470218.2016.1164733.

Suárez-Coalla, P., Ramos, S., Álvarez-Cañizo, M. y Cuetos, F. (2014). Orthographic learning in dyslexic Spanish children. Annals of Dyslexia, 64, 166-181.

 

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¿Cuentos multimedia, cuentos interactivos o escuchar cuentos?

Para un niño que no sepa leer, la forma más normal de conocer una historia es escuchándola. Hasta hace relativamente poco tiempo eso solo era posible si alguien te contaba un cuento. Después aparecieron los reproductores de sonido en los que a la narración se le podían añadir efectos de sonido o música. La televisión permitía tambien que aparecieran imágenes o animaciones. Actualmente, los ordenadores, tabletas o teléfonos permiten escuchar historias que se pueden complementar con diccionarios, preguntas, juegos y otras características interactivas como los hotspots, que son puntos de la pantalla en los que, al tocar o hacer clic, sucede algo (se activa un sonido o una animación).

¿Tienen alguna relevancia esos añadidos? ¿Cabe la posibilidad de que sean una distracción? Zsofia Takacs, Elise Swart y Adriana Bus, de la Universidad de Leiden han realizado un meta-análisis con el que tratan de responder a esas preguntas.

Estas autoras han localizado 57 estudios, en los que han participado 2147 niños. En ellos se muestra cómo,  en comparación con la lectura tradicional de cuentos, los añadidos multimedia e interactivos producían un ligero efecto positivo sobre la comprensión y el vocabulario expresivo. Los efectos sobre el vocabulario receptivo (palabras reconocidas), la descodificación y la implicación del niño en la actividad de lectura no fueron significativos.

En cualquiera de los campos evaluados, los efectos fueron mayores para los niños en situaciones socio-económicas desfavorecidas que para los niños sin desventaja socio-económica.

Pero había otra diferencia interesante: mientras que los recursos multimedia (imagen y sonido) producían mejoras en la comprensión y el vocabulario expresivo, los recursos interactivos (actividades y hotspots) producían un efecto negativo en la comprensión de la historia y un efecto positivo pero no significativo en el vocabulario expresivo. Es decir, los recursos digitales interactivos en los cuentos infantiles parecen distraer al niño más que ayudarle a comprender la narración.

 

 

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