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Predictores de la lectura en español

En esta entrada voy a revisar los resultados de algunos estudios recientes sobre las variables que predicen el aprendizaje de la lectura en alumnado hispanohablante. Algunos son estudios correlacionales, en los que se miden estas variables y posteriormente se evalúa la lectura, para ver cuál es la relación. Otros son estudios de intervención, en los que se interviene sobre esas variables, para comparar el efecto que se produce en la lectura con la referencia de un grupo de alumnos que no ha recibido esa intervención.

Sería necesario un análisis más detallado para proponer un conjunto de predictores, pero es interesante ver qué variables se han manejado en estas investigaciones para intuir cuáles pueden ser. En las breves síntesis que presento a continuación, o en la lectura de los artículos completos, encontraremos variables como: las habilidades fonológicas (conciencia fonológica), la velocidad de denominación (velocidad de nombrado), la memoria inmediata o el conocimiento alfabético.

 

Gómez, González, Zarabozo y Amano (2010). La velocidad de denominación de letras: el mejor predictor temprano del desarrollo lector en español.

En este estudio participaron 121 alumnos que iniciaban la Educación Primaria en una escuela privada de Guadalajara (México). Se hizo un seguimiento de sus habilidades lectoras a lo largo de 1º, 2º y tercer curso.

La pruebas de denominación rápida de letras y de números predecían la velocidad lectora en 1º y 2º de primaria. La velocidad lectora de 3º se relacionó con la denominación rápida de números y la supresión del sonido inicial.

La precisión en la lectura se relacionó, en primer curso, con la denominación rápida de letras y la supresión del sonido inicial, en segundo con la escritura de pseudopalabras y la denominación rápida de números y en tercero con la sustitución del sonido inicial y la denominación rápida de números.

La comprensión lectora se predecía, en primer curso, a partir de la denominación rápida de letras y la síntesis de palabras. En segundo y tercer curso se predecía con la denominación rápida de números.

Suárez-Coalla y Cuetos (2012). Predictores de la lectura y la escritura en castellano.

En esta investigación participaron 50 alumnos de 2º curso de Educación Infantil de un colegio concertado de Asturias. Su nivel de lectura y escritura se midió al finalizar el tercer curso de Educación Infantil.

Las habilidades fonológicas predecían la exactitud en la lectura de palabras (21% de solapamieto) y pseudopalabras (14% de solapamiento). Estas habilidades estaban evaluadas por pruebas de: discriminación del sonido inicial, omisión del sonido inicial, repetición de pseudopalabras y amplitud de memoria (repetición de dígitos en orden directo de la escala WISC-R).

La velocidad de denominación predecía la velocidad de lectura de palabras (29% de solapamiento) y pseudopalabras (25%). Esta velocidad de denominación estaba formada por los resultados de dos pruebas en los que los alumnos debían nombrar, lo más rápidamente posible, colores o dibujos familiares colocados en una hoja.

González, López, Vilar y Rodríguez (2013). Estudio de los predictores de le lectura.

Este es un estudio de intervención, en el que 171 alumnos de 4 a 6 años recibieron instrucción sobre habilidades fonológicas y velocidad de denominación. Otro grupo, de 155 alumnos, sirvió como control. Los materiales utilizados para la intervención procedían del método Javitor el castor lector y los amigos de las letras.

Se encontró una diferencia significativa entre el grupo experimental y el grupo de control en velocidad de lectura de palabras. Al considerar los subgrupos de edad (según si la intervención comenzaba en 2º o 3º de Educación Infantil o en 1º de Educación Primaria) se encontraron otras diferencias en algunos de ellos, tanto en precisión como en velocidad. En general, el rendimiento en lectura fue mejor en el grupo experimental, sin que las diferencias fueran siempre significativas.

Cuetos, Molina, Suárez-Coalla y Llenderrozas (2017). Validación del test para la detección temprana de las dificultades en el aprendizaje de la lectura y la escritura

Un grupo de 298 niños fue evaluado en el 2º curso de Educación Infantil con una prueba de detección de las dificultades de aprendizaje y en este artículo se describe el seguimiento de 190 de ellos en 2º de Educación Primaria. La correlación entre el test y la eficiencia lectora fue 0,25. El test de detección estaba compuesto, fundamentalmente por ítems de habilidad fonológica y, también, por ítems de memoria inmediata y de fluidez verbal.

Gutiérrez y Mediavilla (2017). Efectos de un programa de conciencia fonológica en el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Es otro estudio de intervención, en el que participó alumnado del primer curso de primaria. 220 alumnos fueron asignados al grupo experimental y 215 al grupo de control. El grupo experimental realizó actividades para la mejora de las habilidades fonológicas, concretamente se utilizaron los materiales Avanza y Avanzados. Estas actividades produjeron mejoras en lectura de palabras y pseudopalabras.

Gutiérres (2018). Habilidades favorecedoras del aprendizaje de la lectura en alumnos de 5 y 6 años.

Es otro estudio de intervención, realizado con alumnado de primer curso de primaria, en el que participaron 206 alumnos en el grupo experimental y 202 en el grupo de control. El programa se centró en la mejora de las habilidades fonológicas, conocimiento alfabético y velocidad de denominación. Este programa produjo mejoras en lectura de palabras, pseudopalabras, comprensión de estructuras gramaticales y de oraciones.

 

 

 

 

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Los modelos de doble ruta en español

Los estudiantes de psicología o grados de educación que tienen asignaturas en las que se profundiza sobre los procesos de la lectura se suelen encontrar con alguno de los modelos que explican la descodificación a partir de una doble ruta. No solo eso; años después, si a muchos de ellos les preguntas qué aprendieron durante sus estudios universitarios, mencionarán “aquello de la ruta fonológica y la ruta léxica”.

Se suele situar el origen de estos modelos en los años 70, pero hay antecedentes más lejanos. Por ejemplo, en el curso general de lingüística de Ferdinand de Saussure (1857-1913) ya se recoge que

…leemos de dos formas. Una palabra nueva o desconocida es procesada letra por letra. Pero una palabra común y familiar es recibida por reconocimiento, sin tomar en consideración las letras individuales: su forma visual funciona como un ideograma.

Más o menos, se trata de eso. En los modelos de doble ruta, las palabras familiares son leídas de forma directa (ruta léxica), mientras que, en idiomas como el español, cualquier palabra puede ser leída letra a letra (ruta fonológica), aunque eso se suele reservar para las palabras poco habituales o desconocidas. La existencia de estas dos formas de leer implica la existencia de una serie de procesos y almacenes mentales, siendo los más importantes, el almacén ortográfico, en el que se conserva la forma de las palabras para la lectura por la ruta léxica y el almacén de reglas para la conversión grafema-fonema, que permite la lectura por la ruta fonológica.

La mayor parte del desarrollo y estudio sobre estos modelos se ha realizado en inglés, de modo que se plantea la duda sobre si son aplicables a la lectura de lenguas más transparentes, como el español. Alfredo Ardila y Fernando Cuetos consideran que sí en su artículo Applicability of dual-route reading models to Spanish. Se trata de una publicación de tipo teórico, no experimental, en las que se analizan las características de la lectura en español para dar cuenta de algunas objeciones a la aplicabilidad de los modelos de doble ruta en este idioma. Estas objeciones son, en primer lugar, que debido a la transparencia de la lectura del español la ruta léxica es prescindible ya que casi todas las palabras del idioma se pueden leer correctamente por la ruta fonológica. La segunda objeción viene del estudio de las alexias o dislexias adquiridas tras un daño cerebral. Los modelos de doble ruta prevén la existencia de tres tipos de dislexia: fonológica, cuando está dañada la ruta fonológica; superficial, cuando está dañada la ruta léxica y profunda cuando fallan ambas rutas. Los casos de dislexia profunda en español parecen ser mucho menos frecuentes que en inglés.

Ardila y Cuetos indican que existen varias diferencias entre la lectura del español y el inglés:

  • En español hay mucha consistencia en la conversión de grafemas (letras) a fonemas (sonidos). Se encuentran pocas palabras irregulares (que no siguen las reglas de conversión), que suelen proceder de otros idiomas, como “Hollywood”.
  • El ritmo del español viene marcado por la sílaba, mientras que en inglés viene marcado por los acentos. Además, en español predominan las formas silábicas más sencillas.
  • Como media, las palabras son más cortas en español que en inglés.
  • En cambio, la morfología de las palabras (cantidad de prefijos y sufijos) es más compleja en el español.

Una consecuencia de lo anterior es que el español se aprende a leer más rápidamente que el inglés. Existen varios datos de investigación que indican que la lectura del español es, inicialmente, fonológica o silábica, pero pasa a ser léxica (reconocimiento de palabras) comenzando por las palabras más frecuentes.

Respecto a la existencia de casos de dislexia adquirida profunda, la mayoría de los que se han descrito en español han ocurrido en personas con mucha formación o mucha experiencia con la lectura. Esto indicaría que para hacer un uso extendido de la ruta léxica, sería necesario haber leído mucho para formar representaciones léxicas de una gran variedad de palabras.

En las conclusiones del artículo, Ardila y Cuetos indican que los modelos de doble ruta ayudan a explicar la lectura del español, a pesar de que es un idioma que podría leerse solo por la ruta fonológica. Sin embargo, parece que la ruta léxica es menos utilizada en español que en inglés.

 

 

 

 

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Fundamentos para la lectura comprensiva

Para las personas que trabajan con alumnado de educación infantil o de los primeros cursos de primaria, quiero recomendar esta miniguía de WWC, titulada Foundational skills to support reading for understanding in kindergarten through 3rd grade. Se trata del resumen de una guía más extensa, con el mismo título.

Ambos documentos, el resumen y la guía completa, presentan cuatro recomendaciones para mejorar las habilidades de lectura en los primeros años de escolaridad y establecer, como dice el título de la entrada, los fundamentos para la lectura comprensiva. Como es habitual en WWC, las recomendaciones que se realizan están basadas en evidencias y, además, indican cuál es el nivel de evidencia que sustenta a cada una de ellas.

Las cuatro recomendaciones son

1 Enseñar a los alumnos habilidades de lenguaje académico

Esta recomendación es para todos los cursos que cubre la guía, desde el inicio de la educación infantil hasta el tercer curso de primaria. El nivel de las evidencias que la sustentan se considera mínimo (algunos estudios de calidad encuentran efectos positivos, pero no aparecen de forma consistente en todas las áreas relevantes).

Estas habilidades de lenguaje académico consisten en el uso del lenguaje inferencial y narrativo y en la adquisición de vocabulario académico. Explicado de otra forma, las habilidades de lenguaje académico son las que permiten a los alumnos comprender las estructuras y las expresiones que se utilizan en las explicaciones y en los materiales escolares. Para conseguir esto se proponen tres actuaciones:

  1. Implicar a los alumnos en conversaciones o intercambios en los que se promueva el uso y la comprensión del lenguaje inferencial. Antes, durante o después de la lectura en voz alta de textos se pueden proponer preguntas abiertas que inviten a los alumnos a realizar predicciones, solucionar problemas, proponer hipótesis, relacionar la información del texto con sus experiencias o contrastar informaciones. El profesor puede hacer de modelo de cómo responder a esos tipos de preguntas de forma detallada y razonada.
  2. Desarrollar las habilidades narrativas. Proponiendo actividades en las que se realicen predicciones sobre el texto, resúmenes, narración de sucesos o descripciones se ayuda a los alumnos a organizar la información de una forma lógica y a organizarla mediante estructuras gramaticales complejas.
  3. Enseñar vocabulario académico en el contexto de otras actividades de lectura. Hay que seleccionar palabras que se vayan a utilizar con frecuencia a lo largo del curso escolar, en distintos contextos y que puedan ser poco frecuentes para el alumnado. Tras exponer esas palabras, hay que dar oportunidades para profundizar en su significado, proporcionando oportunidades para utilizarlas y hablar sobre ellas, estableciendo conexiones entre esas palabras y palabras conocidas, distinguiendo entre usos correctos e incorrectos y proponiendo preguntas en las que sea necesario el uso de esas palabras.

2 Desarrollar la conciencia de cómo se segmentan los sonidos en el habla y cómo se relacionan con las letras

Esto se corresponde en parte con lo que solemos llamar habilidades fonológicas o conciencia fonológica. Se trata de una recomendación para la educación y el comienzo (primer curso) de la primaria, respaldada por evidencias fuertes, es decir, varios estudios (17 investigaciones) de calidad encuentran de forma consistente efectos positivos sobre el aprendizaje de la lectura. Las actuaciones que se proponen para el desarrollo de habilidades fonológicas y de conocimiento de las relaciones entre letras y sonidos son:

  1. Enseñar a reconocer y manipular los segmentos de sonido del habla. Se trata de enseñar a los alumnos cómo las oraciones se dividen en palabras, algunas palabras (compuestas) se pueden dividir en otras palabras, muchas palabras se separan en sílabas y en las sílabas se pueden encontrar distintos sonidos. Finalmente, enseñar cómo aislar esos sonidos y manipularlos (combinarlos, eliminarlos o añadirlos).
  2. Enseñar las relaciones entre letras y sonidos. Se trata de introducir las letras una por una en orden y, posteriormente los dígrafos (ch, gu, ll, qu, rr). Recomiendan presentar las letras tanto en mayúscula como en minúscula y asociarlas a imágenes e historias que recuerden el sonido de esa letra.
  3. Utilizar actividades en las que se una la habilidad fonológica con el conocimiento de las letras. Por ejemplo construir palabras.

3 Enseñar a los alumnos a descodificar las palabras, analizarlas, escribirlas y reconocerlas

Esta es una recomendación para la última parte de la etapa de educación infantil (cuando los alumnos manejen las vocales y algunas consonantes) y los primeros cursos de educación primaria. Nuevamente está respaldada por evidencias fuertes, en este caso de 18 investigaciones de calidad. Las actuaciones para conseguir esta recomendación son:

  1. Enseñar a los alumnos a enlazar ordenadamente los sonidos de las palabras para pronunciarlas de forma reconocible.
  2. Enseñar a los alumnos las relaciones entre letras y sonidos más comunes. Recordemos que la guía se elaboró para la enseñanza de la lectura en inglés, idioma en el que las letras y sus combinaciones pueden tener distintos valores.
  3. Enseñar a los alumos a reconocer partes de palabras. Se trata de reconocer los sufijos (-s, -era, -ero…), prefijos (a-, pre-, anti-) o raíces más comunes en las palabras y cómo se pueden combinar para crear nuevas palabras.
  4. Haz que los alumnos lean palabras de forma aislada y en el texto.
  5. Enseña palabras muy frecuentes hasta que los alumnos las puedan reconocer o leer de forma automática.
  6. Enseña la pronunicación de palabras irregulares que sean esenciales para leer un texto. Nuevamente recordemos que se trata de una guía para la enseñanza de la lectura del inglés. En este idioma, se pueden encontrar palabras constituyan una excepción a las reglas de lectura. Es algo similar a lo que sucedería en español con palabras como “ballet”, solo que en inglés son más comunes.

4 Asegurarse de que cada alumno lee textos diariamiente, para mejorar su precisión, fluidez y comprensión

En este caso, la recomendación se extiende desde el final de la educación infantil hacia delante y está sustentada por un nivel moderado de evidencia, 22 estudios de calidad que muestran sus beneficios aunque no de forma consistente. Las actuaciones correspondientes a la cuarta recomendación son:

  1. En la lectura oral, modelar estrategias para conseguir un reconocimiento preciso y rápido de las palabras y proporcionar información sobre el redimiento alcanzado. Cada vez que se introduce una nueva letra, se lee en palabras sueltas, procurando que haya un lector hábil (profesor, padre o compañero) que informe al alumno sobre si lo ha hecho correctamente. Ante palabras que ofrecen una dificultad, se puede animar al alumno a asociar cada letra con su sonido para juntarlos después y valorar si la palabra o el texto leído tienen sentido.
  2. Enseñar a los alumnos a supervisar su comprensión y a autocorregir sus errores de lectura. Informar a los alumnos de los errores en la lectura de palabras que podrían haber leído bien para que puedan corregirlos. Si es necesario, se le indica cómo se lee esa palabra y se le pide que vuelva a leer la parte del texto en la que aparecía.
  3. Proporcionar oportunidades para la práctica de la lectura oral supervisada para desarrollar una lectura precisa, fluida y expresiva.

 

 

 

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El programa de aceleración de la lectura

El programa de aceleración de la lectura (Reading Acceleration Programa o RAP) es una aplicación informática encaminada a mejorar la velocidad lectora y la comprensión. El desarrollo y la investigación sobre este programa fueron liderados por Zvia Breznitz, fallecida en 2014, en la universidad de Haifa.

Básicamente, el programa calcula la velocidad de lectura del alumno y presenta textos que van desapareciendo letra a letra, seguidos de preguntas de comprensión. Estos textos suelen estar compuestos por palabras muy comunes y pueden ser muy breves: oraciones de 9 a 12 palabras. El alumno debe leer el texto, que va desapareciendo, forzándole a emplear una determinada velocidad de lectura y contestar a una pregunta de elección múltiple después de su lectura.

El programa calcula la velocidad de lectura del alumno y la velocidad de desaparición de las letras depende de ella. Cuando realiza con éxito varios elementos consecutivos la velocidad de desaparición aumenta.

Este programa tiene un aspecto contraintuitivo. Normalmente, pensaríamos que forzar a los alumnos a leer con mayor velocidad perjudicará a su precisión y que para leer correctamente es necesario que lo hagan despacio y con la mayor atención posible. Sin embargo, Breznitz consiberaba que habituarse a esa forma de leer termina inhibiendo los procesos de reconocimiento o acceso directo a las palabras.

¿En español?

Además de en hebreo y en inglés, el programa se ha utilizado en español, existen dos trabajos que mencionan su uso:

  • Francisca Serrano y Sylvia Defior lo utilizaron como parte de un programa para la mejora de la fluidez (RFI) que se presentó en el congreso de 2012 de la Society for Scientific Study of Reading.
  • Carmen López-Escribano describe su uso con 12 alumnos con dislexia, de 4º a 6º de primaria, obteniendo mejoras en velocidad de lectura, comprensión y otras medidas relacionadas con la lectura.

Sin embargo, no he encontrado forma de acceder a la aplicación necesaria para poner emplear el programa.

Investigación

El trabajo de investigación más antiguo que he encontrado es de 1987, cuando Breznitz encontró que al presentar los textos a la máxima velocidad a la que los alumnos podían leer, cometían menos errores y mejoraban sus puntuaciones de comprensión. En cambio, si se les forzaba a leer a velocidad baja, la precisión mejoraba, pero la comprensión disminuía.

Son muchos los trabajos de investigación que se han realizado sobre este método, pero tras la muerte de Breznitz y la retirada de su página y su currículo de la web de la universidad de Haifa es difícil encontrar una lista de estos trabajos. Tampoco tengo noticia de que se haya publicado ningún trabajo de revisión en el que se pueda encontrar, así que me limito a mencionar algunas publicaciones recientes:

El uso del RAP produjo mejoras en la velocidad de lectura y la comprensión (Horowitz-Kraus, Cicchino, Amiel, Holland y Breznitz, 2014). Las mejoras en velocidad de lectura silenciosa y oral, estuvieron acompañadas por una mayor activación del hemisferio cerebral izquierdo. Además, en los participantes con dislexia, se produjo una mejora en la comprensión y una mayor activación del lóbulo frontal derecho (Horowitz-Kraus, Vannest, Kadis, Cicchino, Wang y Holland, 2014). También se ha observado una mejora en la conexión entre zonas del cerebro (giro fusiforme izquierdo y córtex cingulado anterior derecho en disléxicos o córtex cingulado anterior derecho en lectores sin dislexia) (Horowitz-Kraus y Holland, 2015).

Recientemente se ha cuestionado la necesidad de que la velocidad de desaparición de los textos tome como referencia la velocidad de lectura del alumno, consiguiéndose buenos resultados en velocidad lectora y comprensión lectora con una reducción del 40% de esa velocidad (Nagler, Linkersdörfer, Lonnemann, Hasselhorn y Lindberg, 2016).

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Madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura

Una entrada publicada en el blog en 2016, titulada Efectos de la enseñanza temprana de la lectura, ha generado un debate enriquecedor en el que Gontzal (aprovecho aquí para recomendar su web Katamotz) ha aportado un artículo tan interesante que me ha parecido que merecía su propia entrada.

El artículo se titula Controversia entre madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura. Revisión histórica y propuestas actuales. Sus autores son Pilar Sellés (Universidad Católica de Valencia), Tomás Martínez y Educardo Vidal-Abarca (Universidad de Valencia),

Evolución de las ideas acerca del momento óptimo para comenzar el aprendizaje de la lectura

Los autores del artículo distinguen cuatro etapas en la evolución sobre las ideas acerca de cuándo enseñar a leer. Estas son:

  1. El enfoque perceptivo-motor (1930-1960): durante esta época se consideraba que la madurez para la lectura se alcanzaba cuando el niño tenía desarrollados una serie de procesos cognitivos, especialmente de percepción visual y orientación espacio temporal (discriminar formas, reproducir modelos, coordinación viso-motora, memoria visual…). En esta época de desarrollaron algunas pruebas para valorar la madurez para la lectura que se hicieron bastante populares, como la de Filho o la batería Inizan.
  2. Aprendizaje precoz de la lectura (1970-1980): la investigación encuentra que los buenos y malos lectores no se diferencian por sus habilidades neuroperceptivo-motoras. Se cuestiona el concepto de maduración y se propone que existe un periodo sensible en el que los niños aprenden fácilmente (lo que incluiría el aprendizaje de la lectura) si se les coloca en un medio pedagógico suficientemente rico y estimulante.
  3. Enfoque psicolingüístico (finales de los 70 y década de 1980): se identifican los problemas de lectura con dificultades para convertir los grafismos de la escritura en unidades fonológicas. Se identifican predictores de la lectura como la competencia lingüística general, los conocimientos sobre las funciones de la lectura o la capacidad para segmentar las palabras en sus diferentes unidades (habilidad o conciencia fonológica).
  4. Importancia de las habilidades relacionadas con el inicio de la lectura: sin abandonar el enfoque psicolíngüístico se vuelve a dar importancia a la intervención temprana. Surgen conceptos como “preparación a la lectura” o “alfabetización emergente”. Se realizan varias publicaciones sobre la importancia de la enseñanza temprana de la lectura. Se considera importante promover las habilidades fonológicas e identificar tempranamente a los alumnos que puedan tener problemas en el aprendizaje de la lectura.

A lo largo de este recorrido se abandona el concepto de “madurez lectora” que implicaba que la lectura aparece de forma natural cuando el alumno está preparado o maduro para adquirirla. La idea predominante es que la lectura requiere una instrucción sistemática e intencional.

¿Cuándo enseñar a leer?

William-Adolphe Bouguereau (1884). La lección difícil

Los autores comienzan presentando dos posturas contrapuestas. La primera, relacionada con la idea de madurez, sería que hay que esperar a que el niño esté preparado. La lectura no sería ajena a otros aprendizajes necesarios para el desarrollo global del niño y enseñar a leer demasiado pronto podría provocar ansiedad, falta de motivación e incluso rechazo a la lectura.

La segunda postura considera que no existe un momento óptimo en el aprendizaje de la lectura y que se puede producir un aprendizaje entre los dos y cuatro años, anterior a la madurez cognitiva básica. Además, como los recursos necesarios para comprender un texto se desarrollan leyendo, es importante que el niño posea cuanto antes el código alfabético.

Los autores de este artículo consideran que han encontrado un punto de unión entre ambas posturas: no habría que esperar y no habría que forzar el aprendizaje. Posponer la experiencia de lectura cuando el niño ya tiene adquirida la capacidad de leer influiría negativamente en su desarrollo de esta habilidad y plantear demasiado pronto la adquisición de la lectura afectaría a la autoestima y a las expectativas del alumno.

Para ellos, sería fundamental que, antes de iniciar el aprendizaje de la lectura, se hayan adquirido unas habilidades básicas. Encuentro cierta ambigüedad a la hora de plantear esta idea. Por una parte se considera que estas habilidades son prerrequisitos o factores necesarios para el aprendizaje de la lectura y, por otra, se consideran predictores o precursores y estarían relacionados con la lectura, pero sin que esté claro que haya una relación causal, es decir, un problema en uno de estos predictores no implicaría necesariamente un problema de lectura.

Las investigaciones que tratan de establecer cuáles son los predictores de la lectura coinciden en algunos de ellos, pero no en todos. Parece que no existe un único camino para que los niños se conviertan en lectores competentes. En una revisión de la literatura científica, los autores del artículo identifican como predictores principales:

  1. El conocimiento fonológico.
  2. El conocimiento alfabético.
  3. La velocidad de denominación.
  4. El conocimiento metalingüístico.
  5. Las habilidades lingüísticas.
  6. Procesos cognitivos como la memoria y la atención.

Esta selección parece derivarse de un trabajo anterior de Pilar Sellés en el que, además, se da un abreve explicación de cada uno de los predictores.

La siguiente sección del artículo se dedica a presentar y comentar la prueba BIL 3-6, un test realizado por los autores del artículo, que evalúa parte de esos predictores.

Reflexiones

Aunque parezcan cosas muy obvias, considero que en un debate sobre la edad adecuada para la enseñanza de la lectura hay que tener en cuenta algunos detalles importantes para no acabar enredados en confusiones producidas por no haberlos tenido en cuenta. El primero de estos detalles es qué entendemos por enseñar a leer. La lectura es un proceso muy complejo en el que intervienen habilidades y conocimientos muy variados (por ejemplo, vocabulario, conocimiento de los sonidos del lenguaje, reconocimiento de las letras, atención…). En una perspectiva amplia, podemos entender que una enseñanza que influya positivamente en cualquiera de esos factores es enseñanza de la lectura. En una perspectiva más restringida, ha sido frecuente que se considere enseñanza inicial de la lectura la que lleva a conocer las relaciones entre letras y sonidos y a la capacidad de descodificar combinaciones de letras.

El segundo detalle es si al tratar de establecer el momento óptimo para enseñar la lectura estamos considerando un nivel individual (un alumno concreto), de grupo (una clase) o más general (las normas o el currículo). Está claro que los que aprenden a leer son los alumnos concretos pero los otros niveles también son importantes ya que, normalmente, se trabaja con ellos en grupos y eso se hace en un marco social y legal.

Un tercer detalle es el de la eficiencia. Creo que el artículo que he estado comentando no trata una cuestión importante: probablemente, el aprendizaje de la descodificación (transformar las letras en los sonidos oportunos) es más largo cuanto antes se inicia. En esta perspectiva habría que considerar los beneficios que puede aportar esa enseñanza a corto y a largo plazo y, también, los beneficios que podría haber aportado el dedicar ese tiempo extra a otros objetivos.

Y más reflexiones

El artículo es muy tajante en algunas de sus afirmaciones, por ejemplo indica que “Foorman, Breier, y Fletcher (2003) demuestran la importancia de enseñar lo antes posible la lectura”. La verdad es que si algo está demostrado no tiene mucho sentido debatir sobre ello, solo sobre si la demostración es correcta. El trabajo de Foorman et al. (2003) que están mencionando no es ninguna investigación, sino una revisión narrativa de la literatura. En él se incluye una sección sobre el momento de enseñanza de la lectura que en su propio título indica “cuanto antes mejor”. 

Esa sección comienza indicando que los alumnos que comienzan la primaria con problemas de lectura tienden a mostrar problemas de lectura años después. A continuación se propone la detección de los alumnos con dificultades durante la educación infantil y el primer curso de primaria. Esta detección serviría para realizar un trabajo individualizado y preventivo. Se analizan cinco investigaciones en las que se siguió esta forma de trabajo pero, curiosamente, en cuatro de ellas la intervención se realizó en el primer curso (incluso en el segundo) de educación primaria. Solo en una de esas investigaciones se trabajó con alumnado de educación infantil.

En resumen, no se trata de un trabajo sobre la enseñanza inicial de la lectura, sino sobre la prevención o la intervención ante dificultades en el aprendizaje de la lectura. Además, su concepto de intervención temprana es el de algo que se hace antes del tercer curso de primaria, de modo que no sé si es una referencia válida para recomendar una enseñanza temprana de la lectura.

Más concreta es la referencia a D’Arcangelo (2003), quien, según el texto, “concluye que el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura es educación infantil, de los 4 a los 6 años”. D’Arcangelo es una productora de recursos educativos que, en el artículo citado, entrevista a Sally Shaywitz, una neuropediatra miembro del National Reading Panel. Durante esa entrevista, Shaywitz menciona que los niños de 4 a 6 años están en la rampa de lanzamiento (“cúspide” es la palabra exacta que emplea) del aprendizaje de la lectura “su lenguaje oral está en el lugar adecuado. Están preparados para construir las conexiones con lo escrito. Es una época increiblemente excitante. Quieren la señal de ‘adelante'”.

Florez-Romero y Arias-Velandia (2009) son citados como otro trabajo en la misma línea (el período de 4 a 6 años es el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura). En este trabajo se evaluó el rendimiento de un grupo de 491 alumnos de 4 a 7 años de edad en distintas variables que podríamos considerar como precursoras de la lectura: desarrollo cognitivo, vocabulario, habilidades fonológicas, desarrollo lingüístico y producción narrativa. Los resultados se analizaron comparando las diferencias con los baremos de las pruebas, según el nivel sociocultural de los alumnos, por ciudades (Bogotá y Chía) y por género. Quizá mi lectura de este artículo ha sido poco detallada. Pero no encuentro ninguna indicación acerca del momento adecuado para iniciar la enseñanza de la lectura. Lo más parecido es “el desarrollo sigue la secuencia de su curso en los niños, a pesar de variaciones del contexto; en niños normales, es una buena base de soporte al aprendizaje de habilidades más específicas como el alfabetismo.”

No dispongo de los trabajos de Lebrero y Lebrero (1995), Bruner (1968) y Doman (1978), que son libros. El tercero de ellos es el criticadísimo Cómo enseñar a leer a su bebé. Alegría (2006) es una defensa de la enseñanza de habilidades fonológicas y de los métodos fonológicos de lectura. Al final de este trabajo, el autor plantea la idea de que los mecanismos de lectura deben ser aprendidos lo antes posible, sin especificar a qué edad se refiere. Esta idea la justifica por la existencia del efecto San Mateo. Stanovich (1986), que no se corresponde con el artículo citado en la lista de referencias, trata sobre el efecto San Mateo. En ese trabajo se presenta el concepto de “arranque”, según el que el aprendizaje de la lectura facilita la adquisición de las habilidades fonológicas. Stanovich considera que estas habilidades fonológicas son clave para el aprendizaje de la lectura, que es posible detectar a los alumnos que las tienen menos desarrolladas y que existen intervenciones útiles para su mejora. Sin embargo, resulta curioso cómo al aportar datos empíricos sobre el efecto de esa propuesta se citan investigaciones realizadas con alumnado de educación primaria.

El artículo de Sellés, Martínez y Vidal-Abarca puede producir la impresión de que hay un cuerpo de investigación que sustenta la propuesta de una enseñanza precoz de la lectura. Sin embargo, al consultar las fuentes que se citan nos encontramos como que se trata de opiniones, datos tangenciales e investigaciones realizadas, normalmente, con alumnado con dificultades de aprendizaje y durante los primeros cursos de la educación primaria. El mensaje podría ser “si detectas una dificultad de lectura no esperes para comenzar a intervenir”, pero tomar decisiones en el nivel de aula, colegio o currículo a partir de estos datos resulta bastante aventurado.

 

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¿Me lees un cuento, por favor?

¿Me lees un cuento por favor? es el nombre de un programa de implicación familiar en la lectura. Juan Mora-Figueroa, del colegio Aitana de Alicante y Arturo Galán y Marta López-Jurado, de la Uned, han investigado su eficacia y ofrecen datos sobre ella en un artículo titulado Eficacia de un programa de implicación familiar en la lectura de alumnado de 1º de primaria, publicado en 2016 en Revista de Psicodidáctica.

Este programa tiene un duración de 12 semanas y en él se anima a los padres a tener dos encuentros diarios de lectura con sus hijos cumpliendo una serie de recomendaciones:

· A lo largo de la tarde, un miembro de la familia pide al niño que lea un rato, mejor en voz alta, durante unos 10 o 15 minutos. Miembras el niño lee, el familiar debe encontrarse en la misma habitación y lo más centrado posible en el niño.

· A lo largo de la semana, los familiares que escuchan van alternando distintas acciones:

  1. Pedir al niño que cuente algo de lo que ha leído.
  2. Pedirle que piense si conoce alguna historia parecida y que la cuente.
  3. Sugerirle que invente qué sucede a continuación.
  4. Hacerle preguntas cuando termine de leer para ver cuánto ha comprendido o recuerda.
  5. Invitarle a imaginar qué sucede si aparece otro protagonista.
  6. Jugar a adivinar qué puede suceder a continuación en la historia.

· Alrededor de la hora de la cena o justo antes de dormir, un familiar lee al niño un rato. Si el niño no está muy cansado y lo pide, también se puede hablar sobre lo que se ha leído.

Foto de Ldorfman

Resultados

Los efectos del programa se estudiaron con alumnado de 1º de educación primaria de distintas zonas de Madrid. En el estudio se formaron tres grupos de alumnos: el grupo experimental, que realizó el programa, el grupo de control, formado por las familias que aceptaron participar en la recogida de datos pero no en el programa y el grupo experimental sin seguimiento, formado por las familias que aceptaron realizar el programa pero lo abandonaron posteriormente.

Estos tres grupos eran equivalentes inicialmente en las medidas de lectura, pero al terminar el programa se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ellos. Concretamente, al finalizar el programa, las puntuaciones del grupo experimental en comprensión lectora y comprensión oral (evaluadas con el test PROLEC-R) fueron significativamente mayores que las del grupo de control. También se encontró un resultado mejor en motivación para la lectura y las valoraciones que las familias del grupo experimental realizaron sobre el programa fueron positivas.

Conclusiones

El programa ¿Me lees un cuento, por favor? es de aplicación muy sencilla, compatible con las prácticas que se realizan en muchos colegios (recomendar un tiempo de lectura diario supervisado) y parece aceptable para las familias que lo han realizado, aunque este último dato tendría que interpretarse con cautela, ya que eran familias que habían entrado voluntariamente en el programa.

Por otra parte, los resultados positivos encontrados en esta investigación están en la línea de otros estudios y revisiones sobre lectura compartida comentados en el blog y con la relación que establece PISA entre el rendimiento en sus pruebas y el hecho de que los padres leyeran a sus hijos cuando eran niños.

 

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Cómo facilitar el aprendizaje de la lectura

Ahora que los del hemisferio norte estamos en verano propongo la lectura de un artículo menos técnico y más divulgativo que las aburridas investigaciones o meta-análisis que suelo comentar en el blog. Sin embargo, el autor del texto es una persona muy conocida entre la gente interesada por el estudio de la lectura.

Fernando Cuetos es autor de muchos trabajos de investigación sobre la lectura y del libro Psicología de la lectura, que ya debe ir por la séptima edición. Pero es más conocido como autor de la familia de tests PROLEC (PROLEC, PROLEC-SE, PROLEC-R y PROLEC-SE-R) muy utilizada en escuelas, centros de intervención o en investigación.

Cuetos ha publicado en la Revista padres y maestros un artículo titulado Cómo facilitar el aprendizaje de la lectura. En este trabajo está haciendo referencia a los aspectos de la lectura más relacionados con la descodificación y propone que hay tres momentos en los que se pueden tomar decisiones importantes para este aprendizaje:

  1. Antes del comienzo de su enseñanza formal, ayudando a los alumnos a caer en la cuenta de que las palabras se descomponen en unidades menores (las sílabas y los fonemas). Es lo que conocemos como conciencia fonológica.
  2. Durante el aprendizaje inicial, seleccionando el método de lectura más eficiente. Creo que este punto es interesantísimo, así que lo comento después.
  3. Después del aprendizaje, trabajando la automatización de la lectura. El objetivo es que la lectura se realice con el mínimo esfuerzo, de modo que la atención del lector se pueda dedicar a la comprensión de lo que está leyendo.

Fernando Cuetos. Foto de Agencia SINC

El método de lectura

Cuetos sugiere que todos los métodos de lectura son fonético y que la diferencia está en si se empieza a trabajar con los sonidos de las letras (fonemas), las sílabas o las palabras. Presento y comento aquí algunas ideas de lo que expone sobre los distintos métodos:

  • Global (aprender a reconocer palabras completas): en su versión pura produce resultados muy limitados ya que el niño tiene que aprender a reconocer cada palabra del idioma. Imaginemos lo tedioso que sería aprender a leer por este método las formas simples del verbo haber (he, has, ha, hemos… había… habíamos… habría… haya… hubiera… hay). Se trata de algo que, probablemente, nadie hace porque antes de llegar a eso se ha pasado a un aprendizaje fonológico.
  • Silábico (aprender a reconocer sílabas): parece más rápido aprender a leer un conjunto limitado de sílabas que el considerable número de palabras que el alumno va a tener que utilizar. Sin embargo, en español existen más de mil sílabas diferentes y parece que los niños que aprenden a leer con este método tienen mayor tendencia a confundir sílabas parecidas.
  • Alfabético (aprender los nombres de las letras): no garantiza el aprendizaje de la lectura. Si bien es cierto que la mayoría de las letras incluyen su sonido en su nombre, saber que “c” se llama “ce” no me ayuda a leer la palabra “coco” o saber el nombre de la letra “h” no ayuda a leer “humo”.
  • Fonológico (aprender los sonidos de las letras y cómo se combinan): existe el falso mito de que este método es menos motivador ya que los alumnos comienzan trabajando con unidades que no tienen significado. Sin embargo, en cuanto el niño conoce las vocales y unas pocas consonantes ya es capaz de leer muchas palabras siente una gran ilusión y se interesa por aprender el resto de las letras para poder leer cualquier palabra.

 

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Acurrúcate conmigo y leamos este libro electrónico

Nicola Yuill es una investigadora de la Universidad de Sussex y es una referencia mundial en el estudio de la lectura y la comprensión. Desde hace un tiempo tiene una línea de trabajo relacionada con el uso de tabletas y otros dispositivos electrónicos y recientemente ha publicado, junto con Alex Martin, los resultados de un estudio comparando la interacción que se produce durante la lectura conjunta de libros en papel o electrónicos.

El artículo se titula Curling up with a good a ebook: mother-child shared story reading on screen or paper affects embodied interaction and warmth. En la investigación que describe se analizaron grabaciones en video, de 8 minutos de duración, de niños de 7 a 9 años leyendo una historia con sus madres en papel o en una pantalla (Microsoft Surface RT).

Fotos de la revista Frontiers in Psychology

Fotos de la revista Frontiers in Psychology

No se encontraron diferencias en errores de lectura o en el recuerdo del texto leído. Sin embargo, sí que se hallaron en la actitud y la interacción que se establecía:

  • Los niños permanecían más atentos en la lectura en papel.
  • La calidez de la interacción (expresión de afecto por parte de la madre o el hijo) fue mayor en la lectura en el papel. Al principio las diferencias eran escasas, pero a partir del cuarto minuto de lectura electrónica la calidez descendía, especialmente en los niños.
  • El número de comentarios de la madre sobre la historia fue mayor en la lectura en papel, sin que la diferencia llegase a ser significativa. No hubo diferencias en cuanto a los comentarios sobre vocabulario y la lectura en la tableta produjo más comentarios de tipo mecánico (“pasa la página”).
  • En la mayoría de las sesiones madre e hijo se sentaron juntos en un sofá, pero había diferencias en la forma de sostener el libro y la tableta. Cuando los niños leían en la tableta tendían a sujetarla en una forma de uso individual, de modo que las madres tenían dificultades para ver la pantalla a no ser que miraran por encima del hombro del niño. Eso sucedía aun cuando una de las razones por las que se eligió la Surface fue que tiene un amplio ángulo de visión.
  • Al preguntarles, sobre la forma de lectura que les había gustado más, las madres mostraron preferencia por el papel. En cambio, en los niños las opiniones estuvieron divididas.

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Cinco programas de tutorización individual para prevenir problemas de lectura

Para evitar decepciones tengo que comenzar avisando de que se trata de cinco programas de tutoría individual en inglés. No podremos aplicarlos directamente, pero es posible que podamos aprender cosas útiles de los procedimientos que siguen.

Barbara Wasik y Robert Slavin, del Centro de Investigación sobre Escolarización Eficaz para Alumnos en Desventaja, de la Universidad John Hopkins, han publicado una revisión sobre cinco programas de tutorización individual. Los cinco programas son:

Grabado de Jacob de Gheyn

Grabado de Jacob de Gheyn

Wasik y Slavin localizaron 16 investigaciones en las que se evaluaba el uso de estos programas, con instructores adultos y dirigidos a alumnado de 1º de primaria. En el artículo proporcionan información acerca de los cinco programas, el modelo de lectura en el que se basan, el tipo de intervención que realizan, la formación que necesitan sus aplicadores y los resultados que ofrecen.

En general, estos programas producen efectos positivos sustanciales y, según los estudios de seguimiento, parecen ser efectos perdurables. Los resultados son mejores en los programas que trabajan más aspectos de la lectura (percepción, conocimientos sobre la lectura, descodificación, corrección de errores de precisión, fluidez, comprensión…). Los resultados también son mejores si los programas son aplicados por profesores con formación en el programa que se esté utilizando que si son aplicados por voluntarios.

Los autores de la revisión van un poco más allá y se plantean que estos programas podrían ser eficaces pero insostenibles por su excesivo coste ya que son intervenciones que necesitan muchos recursos. Para ofrecer una orientación sobre la relación entre el coste y el beneficio de los programas de tutorización individual, Wasik y Slavin los comparan con otras alternativas. Los beneficios producidos en la lectura por el uso de la tutorización individual son mayores que los de reducir el número de alumnos en las aulas a la mitad o los de incluir un profesor ayudante en el aula.

 

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Velocidad lectora: el indicador maldito.

¿A qué velocidad tendría que leer un alumno de…? Es una pregunta que me hacen de vez en cuando y curiosamente no es fácil de responder. El currículo español establece que, al terminar la educación primaria, un alumno “lee en voz alta diferentes tipos de textos apropiados a su edad con velocidad, fluidez y entonación adecuada”, que “descodifica con precisión y rapidez todo tipo de palabras”, o que “lee en silencio con la velocidad adecuada textos de diferente complejidad”.

Sin embargo, no proporciona ninguna referencia sobre qué velocidad de lectura es adecuada o suficientemente rápida. Por tanto, si se evalúa la velocidad lectora, se hace con referencias no oficiales o mediante el juicio del profesor.

Respecto a referencias no oficiales… no es fácil encontrarlas, pero hay algunas. Por ejemplo, Rafael Bisquerra obtuvo datos sobre velocidad lectora a distintas edades que, creo que se pueden encontrar en este libro (reedición de una obra de 1994).

Otras referencias, que merecen un comentario más extenso son las de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México.

El curioso caso de las referencias mexicanas de velocidad lectora

En 2010, la SEP publicó unos estándares nacionales de habilidad lectora estableciendo el número de palabras por minuto que los alumnos deberían leer en voz alta al terminar el curso. Uno de los documentos publicados para divulgar estas referencias indica:

No se trata de obtener forzosamente los valores máximos, sino al menos el mínimo suficiente de acuerdo al grado escolar y buscar, después la mejora constante; al mismo tiempo, se debe poner especial énfasis en que los niños y jóvenes comprendan lo que leen.

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Otras versiones de la tabla incluían referencias de velocidades en las que el nivel se podría considerar bajo y en las que el alumno necesitaría algún tipo de apoyo.

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No he encontrando información sobre cómo se construyeron estas referencias, pero son coherentes con los datos de velocidad media de lectora obtenidos en esos cursos en distintas investigaciones. La propuesta añadía también un procedimiento y algunos materiales para que padres y profesores pudieran evaluar periódicamente y registrar la velocidad de lectura.

No he seguido bien lo que sucedió con estos estándares, pero, además de ser muy criticados, en la actualidad no los encuentro en la web de la SEP y algún compañero mexicano me ha indicado que hace tiempo que no están vigentes. Entre las críticas que se hacían a la propuesta he encontrado:

  • Falta de sustento pedagógico.
  • Efecto negativo sobre la motivación para la lectura.
  • Efecto negativo sobre la comprensión.
  • Dificultades prácticas para su aplicación.

Relación entre velocidad y comprensión

Existe una relación entre velocidad de lectura y comprensión lectora. En inglés, la velocidad en la lectura de textos y la comprensión lectora tienen una relación significativa (r = 0,48). En lenguas transparentes (el español es una de ellas) la relación entre velocidad y comprensión lectora es similar (r = 0,60 en los primeros cursos de primaria y r = 0,48 en los posteriores). Pero lo más interesante es que en las lenguas transparentes, la velocidad lectora predice la comprensión mejor que la precisión en la descodificación.

No conozco ninguna síntesis de la investigación sobre la relación entre velocidad y comprensión en español, pero veamos datos de algunos estudios:

  • Hay estudios que presentan una relación notable entre velocidad de lectura y comprensión lectora (r = 0,81).
  • En otros, el valor es menor (r = 0,31), aunque lo habitual es encontrar una relación significativa.
  • La relación entre velocidad lectora y comprensión (r = 0,52 en textos narrativos y r = 0,34 en textos expositivos) es similar a la relación entre precisión en la lectura de palabras y comprensión.
  • En alumnado de 1º de primaria, la velocidad lectora (r = 0,35) predice la comprensión lectora mejor que la precisión en la descodificación.
  • El silabeo y el deletreo durante la lectura, en 2º curso de primaria, correlacionan negativamente con la comprensión lectora (r = -0,46).

Las diferencias en los resultados de los distintos estudios están influidas por la forma como se evalúan la velocidad y la comprensión. Por ejemplo, los estudios en que se evalúan con el mismo texto tienden a dar resultados más altos que los estudios en que se valoran con pruebas independientes.

Una cuestión en la que no voy a profundizar es si las mejoras en la velocidad lectora se traducen en mejoras en la comprensión. Quien tenga mucho interés en este punto puede mirar esta entrada del blog sobre los resultados de la técnica de lecturas repetidas y esta otra con un estudio sobre esa técnica, realizado en español.

Concluyendo

En el tiempo que llevo trabajando en educación he visto varias veces cómo cuando se proponen sistemas para evaluar la velocidad de lectura, referencias para valorarla o actividades para mejorarla, aparece una postura opuesta que califica esas iniciativas de reduccionistas o equivocadas. Quizá ese sea el motivo por el que no disponemos de unas referencias claras acerca de cómo evoluciona la velocidad lectora y qué sería lo normal en cada edad.

Indico algunas razones por las que sería interesante tener en cuenta esta medida de lectura.

  1. Tal como hemos podido ver, la velocidad lectora se relaciona con la comprensión lectora.
  2. La velocidad de lectura es fácil de medir. El procedimiento es sencillo, aunque la medida de la velocidad de lectura en voz alta es laboriosa porque se debe hacer de forma individual. También existen formas de medir la velocidad de la lectura silenciosa que se pueden emplear con una clase completa, pero para el profesorado resultan menos fiables.
  3. Una velocidad lectora muy baja es un motivo para sospechar la existencia de una dislexia, dificultad o trastorno en el aprendizaje de la lectura.
  4. Existen actividades y estrategias para la mejora de la velocidad lectora. No está del todo claro su impacto sobre la comprensión. Desde un punto de vista teórico, conseguir una automatización de los procesos de descodificación que permita leer con fluidez y sin esfuerzo permite que los recursos mentales (limitados) que se emplean durante la lectura se puedan dedicar a la comprensión.
  5. Es posible que alumnos con velocidades de lectura bajas comprendan correctamente los textos, pero eso suele suceder si se dan condiciones favorables (tiempo extenso para trabajar el texto o textos sencillos). Cuando el tiempo de trabajo es limitado, la baja velocidad de lectura es un impedimento.

Muchas de las críticas que se hacen a las evaluaciones de la velocidad lectora dan por supuesto que se convierte en el único objetivo de la lectura y que se empuja a los alumnos a leer a velocidades tan altas que dificulten la comprensión. Si esto sucede, estaría de acuerdo con ellas. Sin embargo, unos estándares de velocidad lectora no tienen por qué motivar una carrera sin sentido a batir algún tipo de récord escolar. Pueden ser, simplemente, un rango que oriente sobre lo que sería normal o esperable en cada curso y que sirva como referencia para detectar problemas y valorar progresos.

 

 

 

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