Madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura

Una entrada publicada en el blog en 2016, titulada Efectos de la enseñanza temprana de la lectura, ha generado un debate enriquecedor en el que Gontzal (aprovecho aquí para recomendar su web Katamotz) ha aportado un artículo tan interesante que me ha parecido que merecía su propia entrada.

El artículo se titula Controversia entre madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura. Revisión histórica y propuestas actuales. Sus autores son Pilar Sellés (Universidad Católica de Valencia), Tomás Martínez y Educardo Vidal-Abarca (Universidad de Valencia),

Evolución de las ideas acerca del momento óptimo para comenzar el aprendizaje de la lectura

Los autores del artículo distinguen cuatro etapas en la evolución sobre las ideas acerca de cuándo enseñar a leer. Estas son:

  1. El enfoque perceptivo-motor (1930-1960): durante esta época se consideraba que la madurez para la lectura se alcanzaba cuando el niño tenía desarrollados una serie de procesos cognitivos, especialmente de percepción visual y orientación espacio temporal (discriminar formas, reproducir modelos, coordinación viso-motora, memoria visual…). En esta época de desarrollaron algunas pruebas para valorar la madurez para la lectura que se hicieron bastante populares, como la de Filho o la batería Inizan.
  2. Aprendizaje precoz de la lectura (1970-1980): la investigación encuentra que los buenos y malos lectores no se diferencian por sus habilidades neuroperceptivo-motoras. Se cuestiona el concepto de maduración y se propone que existe un periodo sensible en el que los niños aprenden fácilmente (lo que incluiría el aprendizaje de la lectura) si se les coloca en un medio pedagógico suficientemente rico y estimulante.
  3. Enfoque psicolingüístico (finales de los 70 y década de 1980): se identifican los problemas de lectura con dificultades para convertir los grafismos de la escritura en unidades fonológicas. Se identifican predictores de la lectura como la competencia lingüística general, los conocimientos sobre las funciones de la lectura o la capacidad para segmentar las palabras en sus diferentes unidades (habilidad o conciencia fonológica).
  4. Importancia de las habilidades relacionadas con el inicio de la lectura: sin abandonar el enfoque psicolíngüístico se vuelve a dar importancia a la intervención temprana. Surgen conceptos como “preparación a la lectura” o “alfabetización emergente”. Se realizan varias publicaciones sobre la importancia de la enseñanza temprana de la lectura. Se considera importante promover las habilidades fonológicas e identificar tempranamente a los alumnos que puedan tener problemas en el aprendizaje de la lectura.

A lo largo de este recorrido se abandona el concepto de “madurez lectora” que implicaba que la lectura aparece de forma natural cuando el alumno está preparado o maduro para adquirirla. La idea predominante es que la lectura requiere una instrucción sistemática e intencional.

¿Cuándo enseñar a leer?

William-Adolphe Bouguereau (1884). La lección difícil

Los autores comienzan presentando dos posturas contrapuestas. La primera, relacionada con la idea de madurez, sería que hay que esperar a que el niño esté preparado. La lectura no sería ajena a otros aprendizajes necesarios para el desarrollo global del niño y enseñar a leer demasiado pronto podría provocar ansiedad, falta de motivación e incluso rechazo a la lectura.

La segunda postura considera que no existe un momento óptimo en el aprendizaje de la lectura y que se puede producir un aprendizaje entre los dos y cuatro años, anterior a la madurez cognitiva básica. Además, como los recursos necesarios para comprender un texto se desarrollan leyendo, es importante que el niño posea cuanto antes el código alfabético.

Los autores de este artículo consideran que han encontrado un punto de unión entre ambas posturas: no habría que esperar y no habría que forzar el aprendizaje. Posponer la experiencia de lectura cuando el niño ya tiene adquirida la capacidad de leer influiría negativamente en su desarrollo de esta habilidad y plantear demasiado pronto la adquisición de la lectura afectaría a la autoestima y a las expectativas del alumno.

Para ellos, sería fundamental que, antes de iniciar el aprendizaje de la lectura, se hayan adquirido unas habilidades básicas. Encuentro cierta ambigüedad a la hora de plantear esta idea. Por una parte se considera que estas habilidades son prerrequisitos o factores necesarios para el aprendizaje de la lectura y, por otra, se consideran predictores o precursores y estarían relacionados con la lectura, pero sin que esté claro que haya una relación causal, es decir, un problema en uno de estos predictores no implicaría necesariamente un problema de lectura.

Las investigaciones que tratan de establecer cuáles son los predictores de la lectura coinciden en algunos de ellos, pero no en todos. Parece que no existe un único camino para que los niños se conviertan en lectores competentes. En una revisión de la literatura científica, los autores del artículo identifican como predictores principales:

  1. El conocimiento fonológico.
  2. El conocimiento alfabético.
  3. La velocidad de denominación.
  4. El conocimiento metalingüístico.
  5. Las habilidades lingüísticas.
  6. Procesos cognitivos como la memoria y la atención.

Esta selección parece derivarse de un trabajo anterior de Pilar Sellés en el que, además, se da un abreve explicación de cada uno de los predictores.

La siguiente sección del artículo se dedica a presentar y comentar la prueba BIL 3-6, un test realizado por los autores del artículo, que evalúa parte de esos predictores.

Reflexiones

Aunque parezcan cosas muy obvias, considero que en un debate sobre la edad adecuada para la enseñanza de la lectura hay que tener en cuenta algunos detalles importantes para no acabar enredados en confusiones producidas por no haberlos tenido en cuenta. El primero de estos detalles es qué entendemos por enseñar a leer. La lectura es un proceso muy complejo en el que intervienen habilidades y conocimientos muy variados (por ejemplo, vocabulario, conocimiento de los sonidos del lenguaje, reconocimiento de las letras, atención…). En una perspectiva amplia, podemos entender que una enseñanza que influya positivamente en cualquiera de esos factores es enseñanza de la lectura. En una perspectiva más restringida, ha sido frecuente que se considere enseñanza inicial de la lectura la que lleva a conocer las relaciones entre letras y sonidos y a la capacidad de descodificar combinaciones de letras.

El segundo detalle es si al tratar de establecer el momento óptimo para enseñar la lectura estamos considerando un nivel individual (un alumno concreto), de grupo (una clase) o más general (las normas o el currículo). Está claro que los que aprenden a leer son los alumnos concretos pero los otros niveles también son importantes ya que, normalmente, se trabaja con ellos en grupos y eso se hace en un marco social y legal.

Un tercer detalle es el de la eficiencia. Creo que el artículo que he estado comentando no trata una cuestión importante: probablemente, el aprendizaje de la descodificación (transformar las letras en los sonidos oportunos) es más largo cuanto antes se inicia. En esta perspectiva habría que considerar los beneficios que puede aportar esa enseñanza a corto y a largo plazo y, también, los beneficios que podría haber aportado el dedicar ese tiempo extra a otros objetivos.

Y más reflexiones

El artículo es muy tajante en algunas de sus afirmaciones, por ejemplo indica que “Foorman, Breier, y Fletcher (2003) demuestran la importancia de enseñar lo antes posible la lectura”. La verdad es que si algo está demostrado no tiene mucho sentido debatir sobre ello, solo sobre si la demostración es correcta. El trabajo de Foorman et al. (2003) que están mencionando no es ninguna investigación, sino una revisión narrativa de la literatura. En él se incluye una sección sobre el momento de enseñanza de la lectura que en su propio título indica “cuanto antes mejor”. 

Esa sección comienza indicando que los alumnos que comienzan la primaria con problemas de lectura tienden a mostrar problemas de lectura años después. A continuación se propone la detección de los alumnos con dificultades durante la educación infantil y el primer curso de primaria. Esta detección serviría para realizar un trabajo individualizado y preventivo. Se analizan cinco investigaciones en las que se siguió esta forma de trabajo pero, curiosamente, en cuatro de ellas la intervención se realizó en el primer curso (incluso en el segundo) de educación primaria. Solo en una de esas investigaciones se trabajó con alumnado de educación infantil.

En resumen, no se trata de un trabajo sobre la enseñanza inicial de la lectura, sino sobre la prevención o la intervención ante dificultades en el aprendizaje de la lectura. Además, su concepto de intervención temprana es el de algo que se hace antes del tercer curso de primaria, de modo que no sé si es una referencia válida para recomendar una enseñanza temprana de la lectura.

Más concreta es la referencia a D’Arcangelo (2003), quien, según el texto, “concluye que el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura es educación infantil, de los 4 a los 6 años”. D’Arcangelo es una productora de recursos educativos que, en el artículo citado, entrevista a Sally Shaywitz, una neuropediatra miembro del National Reading Panel. Durante esa entrevista, Shaywitz menciona que los niños de 4 a 6 años están en la rampa de lanzamiento (“cúspide” es la palabra exacta que emplea) del aprendizaje de la lectura “su lenguaje oral está en el lugar adecuado. Están preparados para construir las conexiones con lo escrito. Es una época increiblemente excitante. Quieren la señal de ‘adelante'”.

Florez-Romero y Arias-Velandia (2009) son citados como otro trabajo en la misma línea (el período de 4 a 6 años es el momento oportuno para empezar el aprendizaje de la lectura). En este trabajo se evaluó el rendimiento de un grupo de 491 alumnos de 4 a 7 años de edad en distintas variables que podríamos considerar como precursoras de la lectura: desarrollo cognitivo, vocabulario, habilidades fonológicas, desarrollo lingüístico y producción narrativa. Los resultados se analizaron comparando las diferencias con los baremos de las pruebas, según el nivel sociocultural de los alumnos, por ciudades (Bogotá y Chía) y por género. Quizá mi lectura de este artículo ha sido poco detallada. Pero no encuentro ninguna indicación acerca del momento adecuado para iniciar la enseñanza de la lectura. Lo más parecido es “el desarrollo sigue la secuencia de su curso en los niños, a pesar de variaciones del contexto; en niños normales, es una buena base de soporte al aprendizaje de habilidades más específicas como el alfabetismo.”

No dispongo de los trabajos de Lebrero y Lebrero (1995), Bruner (1968) y Doman (1978), que son libros. El tercero de ellos es el criticadísimo Cómo enseñar a leer a su bebé. Alegría (2006) es una defensa de la enseñanza de habilidades fonológicas y de los métodos fonológicos de lectura. Al final de este trabajo, el autor plantea la idea de que los mecanismos de lectura deben ser aprendidos lo antes posible, sin especificar a qué edad se refiere. Esta idea la justifica por la existencia del efecto San Mateo. Stanovich (1986), que no se corresponde con el artículo citado en la lista de referencias, trata sobre el efecto San Mateo. En ese trabajo se presenta el concepto de “arranque”, según el que el aprendizaje de la lectura facilita la adquisición de las habilidades fonológicas. Stanovich considera que estas habilidades fonológicas son clave para el aprendizaje de la lectura, que es posible detectar a los alumnos que las tienen menos desarrolladas y que existen intervenciones útiles para su mejora. Sin embargo, resulta curioso cómo al aportar datos empíricos sobre el efecto de esa propuesta se citan investigaciones realizadas con alumnado de educación primaria.

El artículo de Sellés, Martínez y Vidal-Abarca puede producir la impresión de que hay un cuerpo de investigación que sustenta la propuesta de una enseñanza precoz de la lectura. Sin embargo, al consultar las fuentes que se citan nos encontramos como que se trata de opiniones, datos tangenciales e investigaciones realizadas, normalmente, con alumnado con dificultades de aprendizaje y durante los primeros cursos de la educación primaria. El mensaje podría ser “si detectas una dificultad de lectura no esperes para comenzar a intervenir”, pero tomar decisiones en el nivel de aula, colegio o currículo a partir de estos datos resulta bastante aventurado.

 

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3 comentarios

Archivado bajo Enseñanza inicial de la lectura

3 Respuestas a “Madurez lectora y enseñanza precoz de la lectura

  1. Gontzal Uriarte

    Hola Juan. Como bien sabes soy defensor del inicio temprano de la lectura, concretamente desde los 0 años. Los niños comienzan a hablar a los 2 años, pero esta claro que es recomendable comunicarse con ellos desde que estan en la tripa y desde el momento que nacen. Con la lectura pasa lo mismo, el contacto con el mundo impreso se puede empezar desde el año 0. El aprendizaje de las letras es tan sencillo como el aprendizaje del nombre de cualquier objeto. No es más que una forma a la que se da nombre. La intuición de que tras las palabras hay significados ira apareciendo en función de la exposición de lecturas. La decodificación aparecerá seguramente un poco más tarde, entre los 3 y 5 años, dependiendo del aprendizaje previo, las habilidades fonológicas, etc.

    Lo que yo tengo como eviente, es que si el aprendizaje no es madurativo, sino que necesita de instrucción, un niño/a al que se respeta el ritmo propio, sin forzar, sin avergonzar, sin comparaciones, tiene tiempo desde los 0 a los 6 años de aprender a leer, a contar y a hacerse un pequeño experto en lo que desee. Pero sobre todo aprender a leer.

    La lectura es el primer factor de fracaso escolar (d=2), antes incluso que la inteligencia(d=1) segun las explicaciones de Josep Maria Sopena miembro de Binding (Proyecto para tratar las dislexia asesorado por Cuetos entre otros). Por lo tanto la lectura es un aprendizaje al que tenemos que dar absoluta prioridad. https://www.youtube.com/watch?v=u2AuwwobsCE&t=6s

    Me ha parecido que tus reflexiones son muy ricas, has aportado varios puntos que contextualizan la enseñanza de la lectura (grupal/individual, tiempos, espacios, eficacia, etc..). La metodologia para enseñar a leer no es igual a los 6 que a los 3. Esta claro!!. Hay que tener en cuenta que los niños de infantil son muy diversos y los tiempos de aprendizaje pueden difererir mucho entre ellos. Esta claro que la eficacia del aprendizaje (según mi expriencia) es mayor a los 6 años que a los 3. A los 6 años en muy poco tiempo un 80% de los niños ya esta leyendo. Sin embargo, nos queda ese 20% de niños con entornos no lectores y con dificultades de aprendizaje. En cuanto se detecta la dificultad hay que actuar, dicen. Pero si empezamos con 6 años es posible que las diferencias entre buenos lectores y malos lectores se acrecenten facilmente, sin embargo, empezando antes, sin presiones y atendiendo más intensamente a los que muestran dificultad, podríamos poner como objetivo que empezando desde los 0 a los 6 la decodificación este aprendida para todos y todas, y que en este periodo donde la plasticidad y la conciencia fonológica es tan potente se intervenga para tratar la dificultad nada más esta de signos de persistencia. Yo creo que se reduciría el sufrimiento de los disléxicos.

    Evidentemente lo que digo son opiniones, no tengo todas las evidencias en mi mano.
    Un saludo. Gontzal.

    • Hola Gontzal:
      Yo me he preocupado bastante más por el desarrollo de la comprensión que por el aprendizaje inicial de la lectura, así que no creas que tengo más datos que tú. Creo que estoy de acuerdo con lo que propones ya que el aprendizaje de la lectura depende de distintos factores. Se me ocurren:
      · Habilidad para distinguir formas, que no parece ser un problema para la mayoría de los niños.
      · Habilidad para distinguir los sonidos y el orden en que aparecen (las habilidades o conciencia fonológica).
      · Conocimiento o familiaridad con las letras.
      · Conocimientos generales sobre la lectura, sus convenciones y sus funciones.
      Por otra parte, la enseñanza de la lectura suele ir acompañada por la enseñanza de la escritura, de modo que se pide también un desarrollo de la habilidad motriz que permita formar combinaciones de letras.
      Sabemos que existe una relación entre la memoria de trabajo o la velocidad de nombrado y el aprendizaje inicial de la lectura, aunque esto no ha tenido especiales aplicaciones didácticas. También hay otros conocimientos y habilidades que van a influir en la comprensión de lo leído (vocabulario, familiaridad con la estructura de las oraciones y los textos, habilidad para inferir…).

      Bastantes de esas habilidades y aprendizajes se pueden trabajar antes del momento de enseñar las relaciones entre letras y sonidos. Sobre las habilidades fonológicas incluso existe la posibilidad de evaluarlas con pruebas estandarizadas antes de los 5 años para detectar a niños con riesgo de problemas en el aprendizaje de la lectura.

      La verdad es que me está interesando este tema y estos días, incluso estoy desempolvando un antiguo proyecto de preparar un material para la enseñanza inicial de la lectura.

      Un abrazo.

  2. M.L.S.E.

    Hola a todos:
    Me uno a la defensa de la enseñanza de la lectoescritura en la etapa infantil (3-6).
    No la amplío, como Gontzal desde los 0, porque eso puede complicar el, digamos, estudio teórico del proceso, lo que Juan denomina “qué entendemos por enseñar a leer”.
    Aunque, efectivamente, lo que se trabaje en casa antes, durante y después, no solo en este tema sino en general, va a influir mucho y positivamente en cualquier área escolar, (lo que conocemos como base). Inger Enkvist en “Repensar la educación” tiene una aportación al respecto que resumo: Siempre es una desventaja no haber aprendido ciertas cosas en el hogar, le quita energía que debería dirigir a otros aprendizajes. (Pág. 17). Sin embargo, he de decir que a veces en entornos desfavorecidos enseñamos a leer a pesar de la casa.

    En el segundo detalle que cita Juan, hay que tener en cuenta que “la clase” también tira del “alumno” (hacia abajo o hacia arriba).

    Sobre el tercer detalle:
    Muy de acuerdo en que la metodología no es la misma y que infantil permite, como dice Gontzal, más calma y, sobre todo, ir trabajándolo unido y a la vez que la expresión oral, la pronunciación, articulación, vocabulario, discriminación auditiva y visual, atención,… en fin, comunicación. Por eso, aunque entiendo la preocupación de Juan sobre “abandonar” otros objetivos, creo que no se produce si hay una buena programación.

    Y dada la incidencia de la lectoescritura en el fracaso o éxito escolar que creo que a todos nos preocupa, será un gran paso, como dice Gontzal ir dotando de herramientas a esos niños que, me temo, también tendrían dificultades empezando en primaria (ese 20%) pero que en infantil pueden ir poco a poco y sin la carga extra de conocimientos-tiempos que ya tendrán en primaria. De ahí la necesidad de la detección y seguimiento.

    Esperando los frutos de ese trabajo desempolvado que, seguro, aportará mucho en un tema tan controvertido.
    Un saludo a ambos.

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