Expectativas, rendimiento y un Ministerio de Educación que confunde causalidad y correlación

Me parece que en el Ministerio de Educación Cultura y Deporte (MECD) no leen este blog porque esta historia ya había sucedido, casi en los mismos términos en 2011, cuando la nota de prensa con la que presentaban los resultados de la evaluación de diagnóstico de 2010 indicaba que lo que más determina el éxito académico son las propias expectativas académicas del alumnado.

Volvemos a tener una nota de prensa del (MECD) y vuelven a estar implicados el rendimiento y las expectativas, la diferencia es que esta vez son las expectativas de las familias, no las de los alumnos. El 18 de noviembre de 2014 se publicó una nota de prensa presentando una publicación del Consejo Escolar del Estado titulado La Participación de las Familias en la Educación Escolar.

El título de la nota era:

El Consejo Escolar del Estado destaca la influencia positiva de la participación de las familias en la educación escolar sobre el rendimiento académico de los alumnos

Pero como no debía quedar claro qué es eso de la “influencia positiva”, el primer punto de la entradilla dice “las altas expectativas académicas de los padres sobre sus hijos, la supervisión de los deberes escolares y la comunicación fluida, entre los factores que mejoran el rendimiento”. Vamos, que según estos datos, cuando un mocete o moceta va mal en el colegio, una de las mejores medidas que se pueden tomar es hacer que sus padres estén convencidos de que va a hacer un doctorado en Oxford o en Yale.

Portada Estudio Participacion-CEE_Digital¿De dónde ha salido esta estrategia pedagógica? El informe que se presentó es un documento extenso, con más de 200 páginas y 11 capítulos que se distribuyen en tres partes: aspectos conceptuales y marcos normativos, análisis empíricos y mirando al futuro. En la segunda parte hay un interesante capítulo titulado “participación familiar y rendimiento académico: una síntesis meta-analítica”. Este capítulo está escrito  por María Castro, Eva Expósito, Luis Lizasoain, Esther López y Enrique Navarro, de distintas universidades.

Para este meta-análisis se localizaron 37 investigaciones publicadas entre 2000 y 2013, que analizaban la relación entre participación familiar y rendimiento académico mediante correlaciones o regresiones. Estas investigaciones se habían realizado en distintos países, incluyendo alguna hecha en España o México, pero lo que quiero destacar es que los autores dejan claro que se analiza “la relación” entre participación y rendimiento.

Los datos

Tras analizar los resultados de esas 37 investigaciones, la relación más fuerte que se encuentra es entre las expectativas paternas y el rendimiento académico. Se trata de una correlación r = 0,224, lo que equivaldría a decir que expectativas y rendimiento comparten un 5% de su varianza. Es una relación que se suele considerar pequeña. Este resultado se calculó a partir de los datos de 8 de las investigaciones revisadas.

No estaría comentando este meta-análisis si no ofreciera algún dato sobre lectura. La lectura con los hijos tenía una correlación de r = 0,168 (calculada con 4 investigaciones) y la participación de las familias en la educación escolar tenían una correlación de r = 0,084 con el rendimiento (calculada con 19 investigaciones).

El problema

¿Qué indica una correlación, aunque sea pequeña? Pues que los resultados en dos variables tienden a variar en la misma dirección, es decir, que cuando las expectativas de los padres respecto al rendimiento de sus hijos son altas el rendimiento es alto y cuando las expectativas son bajas el rendimiento es bajo. ¿Pero qué pasa si lo decimos al revés? Entonces se convierte en que cuando el rendimiento escolar de es alto las expectativas de los padres son altas y cuando el rendimiento es bajo las expectativas son bajas.

De la misma manera que el Ministerio sugiere que las expectativas altas producen mejoras en el rendimiento, alguien podría decir que el rendimiento alto produce unas buenas expectativas. Incluso alguien más rebuscado podría decir que hay familias en las que se dan a la vez buen rendimiento y expectativas altas y otras caracterizadas por el bajo rendimiento y las bajas expectativas, pero que el rendimiento no se modificaría por un cambio en las expectativas.

¿Cuál de estas interpretaciones es la correcta? El asunto es que con los datos recogidos no se puede saber, porque simplemente nos indican que hay una relación, pero no cuál es la causa y cuál es el efecto, o si hay otra variable que no se ha recogido (por ejemplo el nivel sociocultural de las familias) que es la que influye en el rendimiento y en las expectativas.

La conclusión

Desde luego, si mostrar unas buenas expectativas produce una mejora en el rendimiento escolar, se trata de una intervención fácil de realizar y barata. Incluso aunque sea algo ineficaz, sigue siendo fácil y barato y el único inconveniente que tendría sería la frustración que produciría no ver cumplidas las expectativas. Sin embargo, la información recogida no permite decir que las altas expectativas mejoren el rendimiento escolar, de modo que no se pueden hacer recomendaciones sobre este tema.

 

 

2 comentarios

Archivado bajo Curiosidades, Intervención a través de la familia, Revisión sistemática

2 Respuestas a “Expectativas, rendimiento y un Ministerio de Educación que confunde causalidad y correlación

  1. Cristina García Kilroy

    Coincide con el efecto Rosenthal, que comprobó una mejora en el rendimiento de alumnos cuando había una expectativa positiva genuina por parte del profesor – https://sites.google.com/site/7arosenthal/- aunque no se correspondiera con la realidad por fuerza en algunos de los casos escogidos al azar. Parece sin embargo que fue la mayor dedicación de tiempo y atención la que también en ese experimento produjo la mejora y no la mera expectativa que tan difícil sería de cambiar en la vida real en los casos de bajo rendimiento.
    Muchas gracias por un blog tan interesante.

    • Gracias Cristina.
      Algún día tengo pendiente escribir sobre el efecto Rosenthal o Pigmalión. Parece ser que los cambios en el cociente intelectual como consecuencia de las expectativas no han sido reproducidos en otras investigaciones posteriores, aunque sí que se han observado cambios en el rendimiento académico probablemente, como indicas, por la mayor dedicación de los profesores cuando las expectativas son positivas. Por otra parte, me extraña que los profesores se creyeran, así sin más, los datos que les daban.

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