CLBE en El Mercurio

El pasado domingo 3 de junio se publicó en El Mercurio (uno de los periódicos más importantes de Chile), un reportaje sobre comprensión lectora titulado No basta que los niños aprendan a leer, deben comprender, en el que se contaba con mi opinión, la de mi compañero Gerardo Aguado y la de Yolanda Escobar, a quien no tengo el gusto de conocer.

No he podido conseguir el original, pero el texto ha aparecido citado en algunos blogs como el del Colegio el Salvador, Mauricio Arancibia, o Asociación de Padres de Familia IHLC.

El texto publicado en El Mercurio

No basta que los niños aprendan a leer, deben comprender

La física, las matemáticas, la historia, los manuales, las leyes. A todos los conocimientos acumulados desde la presencia del hombre sobre la Tierra les hemos dado un formato lingüístico. Pero si uno no comprende lo que está leyendo, no tiene acceso a esa información. El punto es que éste es un problema endémico en Chile. Ya en el año 2000 nos sorprendimos al saber que la mitad de los altos ejecutivos que fueron encuestados, para un estudio de la OCDE, se situó bajo el mínimo adecuado en niveles de lectoría.

En la última prueba PISA de 2009, un tercio de nuestros estudiantes no alcanzó la cota mínima en comprensión lectora. Suma y sigue: en la prueba Inicia, seis de cada 10 de los egresados de Pedagogía Básica no fueron capaces de desarrollar adecuadamente una comunicación escrita.

Leer es una actividad muy compleja. Si reducimos a un año la vida de los seres humanos sobre la Tierra, el hombre empezó a hablar el 1 de enero, y a escribir, el 31 de diciembre por la tarde o, incluso, hacia las once y media de la noche. Eso da una idea de lo difícil que es para el hombre llegar al lenguaje escrito”, afirma el psicólogo del lenguaje y académico de la Universidad de Navarra Gerardo Aguado, autor junto con Juan Cruz Ripoll del libro “Comprender el lenguaje haciendo ejercicios”.

Para entender lo que leen, agrega, las personas necesitan recorrer dos caminos previamente: discernir el lenguaje hablado y, luego, aprender a descifrar las letras. Y los dos procesos son importantes.

Qué Errores Evitar
La psicopedagoga Yolanda Escobar advierte que en la mayoría de los colegios “el sistema no considera la etapa de desarrollo en que se encuentra cada niño a la hora de iniciar su proceso lector. Todos deben iniciar el aprendizaje de la lectoescritura al mismo tiempo y llevar el ritmo que el profesor considera necesario para lograr sus objetivos. La edad cronológica de los niños no significa que todas las habilidades necesarias para leer y escribir estén en el nivel adecuado para este proceso”.

Para otros hay un error que se está extendiendo mucho: adelantar excesivamente la enseñanza de la lectura. “Antes se enseñaba a leer a los 5 ó 6 años. Ahora, en muchos colegios se está haciendo un curso antes”, advierte Juan Cruz Ripoll, doctor en Educación y psicopedagogo. “Sin embargo, cuesta más enseñar a leer a los 4 años, y se quita tiempo a algo que parece poco importante como contar cuentos; sin darse cuenta de que dificulta el desarrollo del entendimiento oral, uno de los factores que influirán en la buena comprensión lectora”.

El Vocabulario es Clave
Esa poca actividad previa de comprensión del lenguaje oral afecta la capacidad de hacer deducciones por parte de los niños y la adquisición de vocabulario nuevo. “La comprensión lectora está íntimamente relacionada con el desarrollo del vocabulario, por lo tanto es muy importante intencionar actividades que permitan ampliarlo y jugar con él a través de canciones, juegos de palabras, versos, trabalenguas, etc., desarrollando así la conciencia fonológica”, asegura Yolanda Escobar. No hacer esos ejercicios previos se une a otros errores típicos, según Aguado: La falta de estímulo, la consideración de la lectura como una actividad secundaria, la mala enseñanza de la conciencia fonológica (decodificación de las letras).

Hay maneras de enseñar, en cambio, que mejoran sustantivamente los resultados. Yolanda Escobar sugiere:

-Realizar actividades de lectura compartida en donde los alumnos puedan plantearse preguntas previas a la lectura, formular predicciones acerca del texto que leerán, aclarar dudas y exponer sus puntos de vista con respecto a lo leído.
-El profesor debe estar siempre atento para que sus alumnos tengan la información necesaria antes de leer un texto, pero debe también invitarlos a que cada uno personalmente se preocupe de adquirir información al respecto.
No sólo el profesor de lenguaje tiene la responsabilidad de desarrollar una buena comprensión en sus alumnos: todos los profesores deben trabajar en conjunto para el logro de este objetivo.

Los expertos también sugieren hacer ejercicios de inferencias para adivinar información no explícita del mensaje, realizar resúmenes y pedirles a los alumnos que se hagan preguntas sobre su lectura.

Los ejercicios de competencias lectoras también se pueden aplicar en personas adultas, pues la comprensión lectora puede seguir mejorando siempre.

Saber Inferir, el Primer Paso
Gerardo Aguado da un ejemplo con la frase ‘Antonio se puso a cantar, María le retiró la botella’. “El oyente recibe dos frases unidas por la palabra ‘le’ -explica-, pero tiene que construir muchas más para entender lo que dice: que Antonio estaba borracho, que llevaba ya un rato molestando, que la botella no era de agua, que María era la novia o algo así del tal Antonio”.

Juan Cruz Ripoll da ahora el ejemplo escrito con la frase: ‘Felipe llegó tarde al aeropuerto y no pudo tomar el avión a Berlín. Se considera muy afortunado’. “Si preguntamos a alumnos de 6 a 11 años a qué hora llegó el avión a Berlín, ellos me dirán que eso no aparece en lo que han leído. Pero si reflexionamos bien, nos damos cuenta de que probablemente el avión no llegó a Berlín”. Preguntar adónde iba el avión hará que los alumnos busquen información en el texto. Preguntar qué pasó o por qué es afortunado Felipe, en cambio, les obligará a profundizar en el texto.

Fluidez
“Si nos ponemos a leer y en la primera tarea de descifrar las tiras de dibujitos (letras) gastamos el 70% de nuestros recursos atencionales y memoria, nos quedará sólo 30% para los procesos de comprensión. Por eso, a un niño con dificultades de decodificación no es necesario mejorarle la comprensión lectora; debemos primero lograr que automatice la decodificación para liberar capital para entender”, dice Gerardo Aguado, experto de la U. de Navarra.

Pamela Aravena Bolívar,

El Mercurio, Cuerpo A, Página 12, Domingo 03 de junio

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