El círculo virtuoso de Snowling y Hulme

Un círculo vicioso es una serie de acciones o hechos encadenados en la que la uno conduce a otro de modo que se repiten una y otra vez. Hay, por ejemplo un círculo vicioso en los problemas de lectura: el niño que tiene dificultades para leer no obtiene muchas cosas buenas de la lectura (no entiende bien los textos y se le llama la atención). Eso hace que pierda interés por leer. Como no tiene interés lee menos, y al leer menos su lectura no mejora mucho porque no hay suficiente práctica, de modo que sigue leyendo mal y vuelta a empezar.

Margaret Snowling (de su web en la Universidad de York)

¿Qué es un círculo virtuoso? Más o menos lo mismo, con el matiz de que en el círculo virtuoso la repetición de las actividades produce beneficios. El círculo virtuoso que proponen Margaret Snowling y Charles Hulme tiene que ver con la lectura, concretamente con la relación entre teoría y práctica. Estos investigadores de la Universidad de York han publicado recientemente un artículo titulado Evidence-based interventions for reading and language difficulties: creating a virtuous circle.

Se trata de un artículo teórico en el que comentan lo que se conoce en la actualidad acerca de la naturaleza, las causas, y los tratamientos de las dificultades de lectura infantiles. Un concepto fundamental de su exposición es el de “intervención bien fundamentada”. Para que una intervención se considere bien fundamentada debe basarse en una teoría sólida (mejor si se trata de modelos causales) que indique cómo se desarrolla una habilidad y qué se puede hacer para mejorarla en un niño que tenga dificultades para adquirirla. Pero la cosa no se para ahí. Antes de recomendar que una intervención se aplique en las escuelas es necesario que esté respaldada por la evidencia de estudios sobre su eficacia. La secuencia que proponen es que, en primer lugar, se realicen ensayos clínicos controlados y aleatorizados (diseños con grupos de control en los que los niños se asignan al azar a los grupos experimentales y de control y, preferentemente, en los que ni los alumnos ni las personas que valoran las posibles mejoras saben si un niño concreto está en el grupo experimental o no). Una vez que uno o mejor varios ensayos clínicos muestran que una intervención es eficaz se pueden comenzar a aplicar, y sería deseable que se hicieran otros estudios de seguimiento que evalúen cómo funciona la intervención en la realidad, a gran escala, en ambientes menos controlados.

Charles Hulme (de su web en la Universidad de York)

El círculo se cierra cuando la información acerca del funcionamiento real de la intervención llega a al primer punto y permite modificar y refinar la teoría que dio lugar a las recomendaciones que inspiró los ensayos que fundamentaron la intervención escolar. Así se formaría un ciclo de mejora continua.

Una buena parte del artículo se dedica a comentar este enfoque con respecto a las dificultades de aprendizaje de la lectura, pero también se habla acerca de la comprensión lectora. Según los autores, dejando de lado los problemas de comprensión ocasionados por dificultades en la descodificación, hay hipótesis sobre el origen de la mala comprensión lectora. La primera es que los problemas de comprensión se pueden remontar a dificultades anteriores con el lenguaje oral. La segunda hipótesis es que se deben a debilidades en el uso de las estrategias metacognitivas y de inferencia.

La mayor parte de la investigación sobre mejora de la comprensión lectora se ha centrado en la enseñanza de estrategias metacognitivas, pero existen razones para considerar que una intervención centrada en la mejora del lenguaje oral podría producir resultados más duraderos. Esa intervención en el lenguaje oral podría incluir actividades relacionadas con el vocabulario, el lenguaje figurado y la narración oral. Resulta interesante pensar que estas habilidades se pueden trabajar desde educación infantil.

En resumen, una mejora a gran escala de la comprensión lectora tendría los siguientes pasos:

  1. Disponer de modelos sobre la comprensión lectora y sus causas, o sus antecedentes.
  2. Diseñar programas de mejora basados en esos modelos.
  3. Comprobar la eficacia de los programas de mejora mediante estudios controlados y aleatorizados.
  4. Difundir el uso de los programas que hayan obtenido resultados positivos.
  5. Supervisar la eficacia de los programas en la práctica real.
  6. Controlar la existencia de grupos de alumnado que no obtengan mejoras con los programas (alumnos resistentes a la intervención).
  7. Utilizar los datos extraídos de los estudios y la supervisión para mejorar los modelos de comprensión lectora.

La propuesta de Snowling y Hulme es muy interesante, pero creo que necesita mayor desarrollo para poderse aplicar. Por una parte es necesario establecer el “quién”. En algunos casos resulta fácil: es muy probable que los modelos los construyan los investigadores o científicos y que el uso real de los programas corresponda al profesorado. Parece sensato pensar que los ensayos clínicos corresponderán a los investigadores, pero hay bastantes dificultades prácticas para realizarlos.

Normalmente los investigadores no tienen acceso directo al alumnado. Pueden trabajar con voluntarios que acudan a los centros de investigación, pero entonces se está valorando una muestra sesgada. Realizar una investigación en un colegio supone un esfuerzo extra en la gestión de permisos, sobre todo de las familias de los alumnos, y la organización escolar por aulas, con un horario poco flexible, encaja muy mal con la asignación al azar de los alumnos a los distintos tratamientos.

Otro punto en el que se puede romper el ciclo es la difusión de los resultados, ya que la difusión en medios especializados tiene poca incidencia en las decisiones de las administraciones educativas y del profesorado. Una forma radical de mejorar esto es al estilo de Estados Unidos, con el acta No Child Left Behind, que destina los fondos federales a programas escolares basados en la investigación científica, algo que obliga a los colegios a buscar esa información y a la administración a facilitarla.

La supervisión de los programas podría ser relativamente sencilla, ya que en los colegios se recoge una cantidad inmensa de información sobre el rendimiento de los alumnos. El problema es que hace falta alguien que seleccione y analice la información pertinente.

Por último, el uso de los datos para mejorar los modelos es algo común en el caso de investigaciones controladas, pero no suele ser habitual utilizar datos escolares para contrastar modelos psicolingüísticos.

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